EVANDRO. — SERAFINA. — PINARDO. — VIOLANTE. — ARTEMIA. — FILIPO. —
DAVO. — POPILIA. — CRATINO.
_Evand._ ¡Oh cómo de la inopinada vista se turba el sentido! ¡Oh cómo
la vista se disipa y los delicados ojos pierden su grato exercicio
con la clarífica lumbre, más rutilante que la de la cara de Apolo
morando en el signo del toro! ¡Oh cómo las potencias del ánima ya
no sienten, de privadas con el demasiado gozo que por ellas se va
derramando! ¡Oh cómo los miembros, frios del defecto que sienten en
no ser infusos de los superiores espíritus, están temblando con temor
que barrunta la segregacion del ánima del dementado cuerpo, como
veo á la clara ser verdad lo que los filósofos afirman, que ántes
morirá un hombre de alegría demasiada que de mucho enojo! ¡Oh cómo me
fuera más honesto morir ausente de mi señora, y no en parte donde mi
muerte se haya de hacer partícipe con quien no tiene culpa de mi tan
apasionado vivir!
_Pin._ ¿Paréscete que Serafina entra por astrologías, ó no sé por
dónde? en buena fe, mejor fuera diciendo y haciendo.
_Viol._ Todo es bueno dello con dello; mas Serafina habla, oigamos
del arte que enseña su plática, que acá entre nosotras por maestra la
tenemos.
_Pin._ Á la prueba, que á tiempo estamos.
_Ser._ ¡Oh cómo las angustias de la misma muerte se han aposentado
en mis entrañas! ¡Oh cómo las condolidas ánsias de todo en todo van
privando de sus potencias á las inteligencias de compostura más
nobles, porque, viéndote, señor, penado y el amanzillado corazon
fatigado de la tan vieja porfía, no puede resistir al predominante
dolor que, al alma, con nueva manera de acucia, al presente está
atormentando! Y así conviene á la ya enflaquecida carne de la
intolerable pasion que á la contina la está consumiendo, que sienta
usando de su natural á la fatiga triste de la demasiada desventura
que al presente le ocurre, la qual le causa, en medio del mismo
sentido, tal confusion, que no me paresce sino que los agentes de
la natura se han suspendido por acortar mi nueva querella, poniendo
término á mi ansioso y desconsolado vivir.
_Pin._ ¡Oh qué facundia tan grande ha tenido Serafina en el
razonar! ¡Oh qué elegancia en los vocablos! ¡Oh qué presteza de
entendimiento! ¡Oh por quán gentil y compendioso estilo, aunque en
breves palabras, ha explicado su intencion!
_Viol._ Medio sin habla paresce que está; ¿no ves cómo casi apénas
puede responder á lo que Evandro le está diciendo? Gran desmayo le ha
tomado; cierto verdaderamente le amaba.
_Pin._ Las manos me paresce que le andan á Evandro, y la lengua, á
lo que siento, está enmudecida; eso es lo que hace al caso, que no
el andar por las ramas; mucho me paresce que se quexa Serafina; ¿qué
será esto?
_Viol._ ¡Pues cuidas de mí! ¿no quieres que se quexe? estáse tan
vírgen como el dia en que nació.
_Pin._ Qué, ¿todavía os estais en vuestras trece, porfiorando que
Filipo es incapaz para novio?
_Viol._ Pregúntaselo á Evandro despues, que será el testigo de vista,
que yo lo que me dicen aquello digo.
_Ser._ ¡Oh señor mio, y cómo me lastimais mucho!
_Evand._ Por los angélicos sanctos, nunca pensára tal cosa. ¡Oh qué
virtud tan grande de hembra! haber sufrido la impotencia del marido
tanto tiempo, si por vista de ojos no lo viera, todo el mundo no
bastaba á hacérmelo creer.
_Pin._ Bien me paresce que se impone Serafina, que ya no gruñe;
y pues ya es de noche, y ellos se toman á la burla, bien será.
Violante, que nos vamos á tu cámara.
_Viol._ Todos los de casa há dos horas que duermen, la puerta está
abierta; anda delante y échate, que yo me voy á ver qué hace Artemia,
y así aseguraré las paradas.
_Pin._ Pues yo me voy.
_Art._ ¿En qué andas, hija Violante?
_Viol._ Venía señora, á ver si mandas algo.
_Art._ Dios te consuele y te haga bienaventurada; pero dime, ¿qué se
ha hecho Ilia? ¿cómo no ha vuelto?
_Viol._ De estas mozas cantoneras no hay, señora, que hacer pié; ya
estará aposentada en otra casa, porque, por la gracia de Dios, donde
quiera que llegan hallan la mesa puesta.
_Art._ Bien; pero quedó de venir, pena tengo en verdad de ver aquella
desventurada de moza andar tan desconsolada.
_Viol._ En otra parte te duele.
_Art._ Así que tendrás cuidado, hija, de en viniendo á casa traérmela
acá, porque lástima tengo de vella desconsolada y falta de consejo.
_Viol._ Buena harina le debria hacer el mozo, bien le debiera pesar
las ceceras, segun se vuelve á su tienda.
_Art._ ¿Qué estás diciendo. Violante?
_Viol._ Digo que haces bien en tener compasion del próximo, porque
por la boca del Salvador está dicho: bienaventurados los que habrán
misericordia, porque la hallarán en nuestro señor Dios. E por eso
decia San Pablo, que la piedad y misericordia aprovecha para recabar
de nuestro señor Dios los bienes deste mundo y del otro.
_Art._ Huélgome, hija, con lo que dices, y por eso te aviso muchas
veces que leas, porque el mejor exercicio de todos es, para todos
estados de gentes; pero la misericordia, pues que della hablas, en
dos maneras es, que una es espiritual y otra es temporal; porque
segun los sagrados doctores, perdonar las ofensas, castigar al que
yerra, consejar al que dubda, mostrar al que no sabe, consolar al
afligido, sufrir las injurias por amor de Dios, rogar á Dios por
amigos y enemigos, y por los muertos y por los vivos, obras son de
misericordia espirituales; pues dar de comer al que no tiene, y
vestir al que está desnudo, y dar de beber al que ha sed, y visitar
y servir al pobre, y visitar y librar al encarcelado, y sepultar los
muertos, obras son de misericordia corporales; pero la diferencia
que hay del cuerpo al ánima, ésa hay de las unas obras á las otras,
porque de mayor excelencia y dignidad son las espirituales. E acerca
de aquesta virtud decia el rey Alexandre que la hacienda de los
hombres se multiplicaba en tres maneras: por ganar amigos, por haber
compasion de otro, y por perdonar á los enemigos, que la venganza no
puede estar sin daño. Y decia Platon quel que desecha los ruegos del
pobre vendrá en pobreza. Así que, hija, esto te encomiendo, y muy
noche es, véte á dormir y Dios te consuele.
_Viol._ Si tales fuesen las obras como las palabras, todo estaria
bueno, mas ¿qué me pena á mí? que el predicador decia el otro dia:
hacé lo que digo y no lo que hago.
_Pin._ Agora, donosa bienes, que á buena fe no hay dos horas de aquí
al dia.
_Viol._ Hame detenido preguntándome por tí, y áun en todo su
seso te llama Ilia; y sobre ques bien haber misericordia de los
desconsolados, me ha estado rezando un sermon más largo que hoy y
mañana.
_Pin._ Déxala, huélguese y roiga agora en los granzones, que
amanecerá y medrarémos.
_Viol._ Paso, señor, por vuestra vida, mirá que no soy de hierro, no
me trateis desta manera.
_Pin._ Todas os quexais sin causa, ¿qué haria si os hiciesen mal?
_Viol._ ¿Mas paréscete ques buen andar por los abroxos descalza?
_Pin._ ¿Por abroxos? á la fe, por flores, y áun bien frescas, os
parece á vosotras que andais quando caminais por este tal camino,
sino que ya es vuestra costumbre por no agradecer el placer que se
os hace, decir mal de lo bueno, porque, la mejor y la peor, todas os
quereis hacer de rogar, aunque más os sobre la gana.
_Viol._ No pensé que tenias tan poca vergüenza, Pinardo; pero abasta,
ya sé que no has de hallar suelo.
_Pin._ Anda, que miéntras más moros más ganancia; pero levantémonos,
que el alba viene con su rostro muy tierno, y irémos á ver en qué
anda la letra dominical.
_Viol._ Bien has dicho; pero en mi conciencia, que lo fizo bien
contigo Evandro.
_Pin._ Hermana mia, de las dos piezas de seda te harás dos ropas,
y de los dineros y monedas que me dió, y con lo que tú tienes,
vivirémos á nuestro placer; y ántes de tres dias le digo á la vieja
que me case contigo, y hacello há, y áun todavía caerá de esquero con
algo para ayudar á rescatar el captivo, y áun pasarémos nuestra vida
á placer.
_Viol._ Placer tengo deso en verdad, y buen consejo me parece; pero
anda y darémos conclusion en lo que estamos, porque bien será
proveer esto, aunque quitemos de las haldas por añadir en las mangas.
_Ser._ Abasta ya, señor, por mi vida, sé que nos habeis de matar.
_Pin._ Áun se están repicando á concejo; deseoso viene mi amo, bien
le debe saber la ternera, como estaba manida sacado há su vientre de
mal año.
_Evand._ ¡Oh Vírgen María, señora, y cómo se ha ido la noche en un
soplo y ya es el dia claro!
_Ser._ Deso, señor, no tengas congoxa, que ya hoy aquí te estarás
hasta la noche, que esto no es cada dia.
_Viol._ Contenta está nuestra ama, que áun el dia le quiere
encerrado, uno en la cama y otro en el palacio me parece aquesto;
pues ándese ahí con su vihuela haciendo són á cada uno que quisiere
bailar.
_Pin._ Déxalos, que áun á tí no te amarga el adobado.
_Viol._ ¿Qué será bueno hacer?
_Pin._ Que te vayas á tu cámara, y yo voy al aposento de Artemia,
porque, aunque me pesa, ha de cumplir esta jornada.
_Viol._ Ojos hay que de lagaña se pagan.
_Pin._ Qué rezar que lleva, como si no supiese la voluntad con que
voy.
_Art._ ¿Quién toca á la puerta? ¡oh hijo y más que hermano, y tú seas
tan bien venido como el agua en el mes de Mayo! y ¿qué tardanza ha
sido ésta tan grande? ¿ha habido algun inconveniente?
_Pin._ He estado aguardando á mi amo Evandro, y con esto me he
detenido.
_Art._ ¡Que lo has estado aguardando! ¿y dónde está? ¿anda él tambien
á caza?
_Pin._ Yo os aseguro que está bien emboscado ó trasconejado, como
suelen decir.
_Art._ ¿Adónde, por tu vida?
_Pin._ Más te va en esto; espera y cura de tus duelos, y dexa á la
pecadora de Serafina goce de su hilaza, que todas os lo quereis hacer.
_Art._ ¿Y eso me dices? y creo que está en casa Evandro.
_Pin._ Adevinar, de una dubda me has sacado; déxala, sé que no has de
ser tú sola la novia, y á las otras que las papen duelos.
_Art._ Y ¿ques posible?
_Pin._ Otra vez doce, y creo que te pesa.
_Art._ En estar tú, hijo, en medio y haber sido el intercesor, me
place en verdad, y pues que así es, démonos de buen tiempo, que este
mundo no ha de durar para siempre; y esta vez pase, pero de aquí
adelante todo quiero que pase por mi mano, y anden todas, y así se
lo dí á Evandro, que de hoy más seamos buenos amigos, y que se quede
Pedro en casa y el diablo vaya para ruin. E si mi hijo es bobo,
que lo sea en buen hora, que esotra pecadora no ha de estar hecha
camaleon deseando lo que sobra á sus vecinas.
_Pin._ Mucho me huelgo en verdad, señora, de quan cuerdamente lo
miras.
_Art._ Pues ¿qué quieres? ¿téngome de matar por lo que no puedo
haber? Déxame, que hoy somos y mañana no; gocémosnos, que Dios sabe
en quál casa hay más dinero; pero eso que haces me parece bien, no
olvidar las piernas, porque es el caballo lerdo.
_Viol._ ¡Ah señora!
_Art._ ¿Qué dices, hija?
_Viol._ Que en esta hora viene Filipo del aldea y áun no se ha apeado.
_Pin._ ¡Oh cómo somos perdidos!
_Art._ Calla, bobo, que yo lo proveeré todo, como hecho de oro y de
azul.
_Pin._ ¿Y tan presto vas?
_Art._ Hijo, hijo.
_Filipo._ ¿Qué mandas, señora?
_Art._ Aquí, callando, te entra en este aposento.
_Fil._ ¿Hay algo de nuevo?
_Art._ Hoy le ha venido á Serafina su costumbre más desordenada que
otras veces; será gran bien que no la veas, y hay necesidad que ella
no sepa que eres venido, porque con el demasiado gozo sentirá grande
alteracion y podrá nacer de la demasiada alegría algun desastrado
caso.
_Fil._ ¡Oh señora, cómo está bien proveido! pues cerrad la puerta
tras vos.
_Viol._ El asno, con su alma de cántaro, áun sufrirla los cuernos á
ojos vistas.
_Pin._ Pues ¿tan presto vienes?
_Art._ Ya queda en el corral, y le he hecho creer que Serafina está
con su costumbre, y que hay necesidad que hasta mañana no la vea.
_Pin._ ¡Oh sotil invencion! ¡oh nuevo género de inventar cautelas!
¡oh astuta y aguda en todo género de maldad!
_Art._ ¿Maravíllaste, Pinardo? pues por esto dicen, algo va de Pedro
á Pedro.
_Pin._ Pues, señora, ya es tarde, quiero ir á decir á Evandro que nos
vamos, que ésta no es casa de por vida, si mandas algo dímelo; pero
yo cada dia me estaré en la posada, que Filipo mucho es mi señor.
_Art._ Pues vé en paz y estotro no pongas en olvido.
_Viol._ Cata, Pinardo, ques tarde y habrá necesidad que veas á
Evandro, ¿en qué andas atónito?
_Pin._ Pues vamos y sabrémos si está leuda la masa, ó si está cortido
el cordoban.
_Viol._ Áun les dura el dar de las martilladas, ¿son herreros?
_Pin._ Evandro habla, oigamos.
_Evand._
Ya se alexan los mis males,
Ya el dolor tambien se olvida,
Ya las ánsias tan mortales,
Ya las cuitas desiguales
No amenazan á la vida.
Y los dolores sin calma
Al bien no dan ya desvío,
Y el sentido en sí se pasma
De ver que dentro en el alma
Se me causa algun alivio:
Y los daños inmortales,
Que crecian muy sin medida,
Están tornados atales,
Que sus cuitas desiguales
No amenacen á la vida.
Porque con vuestra belleza,
El mal se alexa y destruye,
Y la tan grande tristeza
Y la muerte sin pereza,
Con sus angustias ya huye;
Y las tan descomunales
Ánsias ya van de vencida,
En saber que están ya tales,
Que sus cuitas desiguales
No amenacen á la vida.
_Viol._ ¡Oh, válame la pasion del hijo de Dios, y qué alta y qué
maravillosa cancion! ¡oh cómo los versos de aquel gran mantuano Maron
en la inflacion y pesadumbre, no se les igualan, y por qué sotil
y maravilloso estilo ha ensalzado la gloria de que al presente su
espíritu está triunfando!
_Pin._ Mas parece que se entienden á coplas.
_Viol._ Pues no seas tan pesado, que áun te pueden sentir de dentro;
ea, ya, ten alguna vergüenza, mira quál estoy, ni te ha de abastar la
cama ni poyos ni paredes.
_Pin._ Pues ya, señora mia, ya es hecho, y pues tanto te quexas,
quiero ir acá adentro, aunque sea el agua de por Sant Juan, y
esparciré todos estos ñublados, que hora es que diésemos parte al dia.
_Viol._ Y áun á la noche me parece á mí que es tiempo ya de dar
parte, porque el rutilante Febo, ya aposentado en el ocaso, no
resplandece en nuestro horizonte.
_Pin._ ¿Por ahí me entras? no estoy más aquí.
_Evand._ ¿Cómo vienes, Pinardo? ¿qué hora es?
_Pin._ ¿Agora preguntas eso? vámonos, mirá, señor, que anochece, y ya
Filipo es venido.
_Ser._ ¡Vírgen María!
_Pin._ Él vino habrá una hora del aldea, y Artemia á mi causa le
hizo entrar allá, en el postrer aposento de la casa, diciéndole que
tú, señora, estabas con tu costumbre, y porque no sintieses alguna
alteracion convenia que no te viese hasta mañana.
_Ser._ ¡Oh próspero suceso! mas dime, Pinardo, ¿qué, tan privado
estás?
_Evand._ Ya yo, señora, te he informado de lo que pasa, por eso
duerme á buen sueño.
_Pin._ A mí la fe, teniéndola en el degolladero, de que la vi á la
colla díxele cómo estabas en casa.
_Ser._ ¿Qué me dices?
_Pin._ A la fe, ni quité ni puse; pero lo que pasa díxeselo.
_Ser._ ¿Y qué te respondió? así no veas contraria ventura de las
cosas que más deseas.
_Pin._ Por el crucifijo de Búrgos, que se holgó como si viese el
cielo abierto, porque ella bien vido que su mercaduría no se podia
vender secreta; y por no jugar á calla y callemos que sendas nos
tenemos, no hay traicion que no hará. E por concluir, me dixo á la
clara que de hoy más quiere hablar á Evandro, y que la riña de Sant
Juan sea paz para todo el año.
_Ser._ De manera que todo lo has soldado y asegurado con el hábito de
hembra, y despues ándate ahí diciendo mal de las mujeres.
_Pin._ Yo, nunca Dios tal mande; pero vamos, señor, que el tiempo es
largo y ya sabes el camino.
_Evand._ ¡Oh! cómo se me arrancan las entrañas en pensar que, un
solo momento, me tengo de ver ausente de la vida en que mi triste y
miserable vivir se sostiene.
_Ser._ Yo, señor, soy la que quedo tan desconsolada con tu ausencia,
qual quedaron los caballeros del gran Alexandre en tierras ajenas
peregrinando, ya muerto el universal caudillo; pero, pues éste es
el mejor consejo, sigámoslo, y la Vírgen del Remedio te guie y lo
remedie todo, como todos deseamos, conservando tan demasiado gozo
como de tu vista se me ha causado.
_Evand._ Por el mismo camino que venimos te torna, Pinardo, que muy
encubierto es; pero por nosotros podrán decir, anoche fuí y agora
vengo, marido bueno.
_Pin._ Así acontece en estas casas recias, á la mañana la cocina y á
la noche la carne; pero sube, señor, que yo quedo á cerrar la puerta.
_Evand._ Davo, Davo, ¿estás ahí?
_Crat._ Todos estamos aquí, señor, esperando, y no poco recelosos de
tu tardanza.
_Evand._ ¡Cómo soy de todo bienaventurado! ¡oh cómo mi voluntad se ha
cumplido! ¡oh cómo he gozado de la más acabada y perfecta doncella
que en el mundo vive!
_Dav._ No sea el virgo postizo, por hacelle creer que truena.
_Evand._ Y pues ya mis pensamientos tristes hallaron vado, y mis
desconsoladas pasiones han cesado, con el demasiado gozo que por las
venas se va derramando, no es tiempo de más querellas ni de buscar
géneros de nuevas lamentaciones; alégrate, alégrate, Popilia, que no
hizo Dios á quien desmamparase.
_Pop._ Pues que ya, señor, la Vírgen sin mancilla lo ha remediado
todo, de hoy más con más acuerdo, con más consejo, con más
sufrimiento le gobierna, y hora es que reposes; si te parece,
salirnos hemos.
_Evand._ Cuerdamente has hablado, Popilia; ¿adónde vas, Pinardo,
adónde vas? mira no digan por tí que eres el mozo del escudero
gallego.
_Pin._ Con Violante me voy, porque de que te dan la vaquilla acude
con la soguilla.
_Dav._ Donde te quieren mucho no vayas á menudo, dice el otro,
porque la mucha familiaridad ódio engendra.
_Pin._ Entre los necios y hombres de poca estima es eso, y entre
los que andan jugando, á hurta cordel, el juego de la corre-vela,
pero, entre los discretos y nobles, miéntra más familiaridad y más
conversacion, más causa es de amistad, y así os quedá y holgaos entre
esta gente de palacio, y regocijaos bien, que yo, Pinardo, acabo de
representar la comedia Serafina llamada.
[Ilustración]