PINARDO. — CRATINO. — EVANDRO. — DAVO. — POPILIA.

_Pin._ No me parece sino que salgo de la galera, en verdad que

hago cuenta que hoy me he nacido, grandes cosas he despachado en

poco tiempo, pero, de que Dios quiere con todos aires llueve;

¿quién pensára que Artemia, con toda su honestidad y con todo el

autoridad del mundo, hubiera picado en el anzuelo tan de presto?

pues ¿quién nunca jamas pensó que Violante, doncella hermosa y de

buenos parientes, conociéndome á la clara, me otorgára, de su propia

voluntad, su persona sin ser compelida ni inducida con palabras? ¡Oh

amor, amor, y quán sotil y delicada es el aguja con que labras! ¡oh

quán prima es la vira con que hieres! ¡oh cómo es invisible á la

vista humana! ¡oh cómo tu ponzoña no se siente hasta que tiene hecha

impresion en las entrañas! ¡oh cómo lo veo á la clara! ¡oh cómo no

te ha bastado por esperiencia, haberme instruido en haberme enseñado

la caida de Artemia y la desenfrenada voluntad de Violante, sino

que al presente, por vista de ojos, para que no culpe á nadie, me

quieres contar en el número de tus cuentos y prisioneros! pero ¿qué

haré? porque, como dicen, guardeos Dios de, hecho es; quiero encubrir

mi dolor lo mejor que podré y entrarme en casa, que éste es el mejor

remedio: ¡oh quán fuera de seso veo ir corriendo á Cratino! pienso

que va á pedir las albricias, á buen almendro seco se llega, mejor

viene quien trae en la bolsa la paga, y por esto podria decir quien

lo supiese: sobre cuernos siete sueldos, y sobre cornudo apaleado.

_Crat._ Esfuerza, esfuerza, señor, y torna en tí; cata que viene

Pinardo, tu solícito intercesor, y áun á buen seguro que ha recaudado

bien, que el alma me lo da.

_Evand._ ¿Qué, viene Pinardo? ¡oh cómo no lo puedo creer, y por

tan imposible lo tengo como querer tocar con el puño en el cielo!

mil sospechas se me engendran de su tardanza, temor tengo de algun

infortunio ó desastrado acaescimiento, porque ir de la manera que iba

es como el que va entre la cruz y el lecho, y en verdad ninguna buena

esperanza tengo de su tardanza.

_Crat._ ¿Que no, señor? pues cátalo ahí tan sano como una manzana, y

tan fresco como una rosa, y áun podrian jugar con él á, vivo te lo

doy, y áun quedalle el brazo sano.

_Evand._ ¡Oh mi Pinardo! ¡oh mi fiel criado! ¡oh todo mi abrigo y

mamparo! tu venida sea con tanta prosperidad qual fué la del nuestro

gran Cárlos en las Españas, nuevamente, llamándose Rey; dime, dime:

¿soy de muerte, ó soy de vida, ó soy libre, ó condenado á perpétua

servidumbre? Dilo ya, que de tu lengua depende á la clara mi vida

ó mi muerte, mi salud ó enfermedad, mi tristeza perpétua ó gozo

infinito, el reposo ó el contínuo trabajo, el sosiego ó el atribulado

vivir; ¡oh cómo estoy tal, que con qualquiera cosa con tanto que te

apresurases sería contento!

_Pin._ Yo fuí, y entré en tal pié en casa de Artemia, que di la carta

á Serafina, y lo que te responde es que esta noche en anochesciendo,

desfrazado vayas comigo, porque en su cámara, á solas, me parece que

lo quiere haber contigo; débeslo poner por obra, y dexando todos

esotros círculos rodeos: aquésta es la verdad, y á la corta lo he

dicho como vizcaíno, pero no tienes que pensar más de en dar recaudo

á la moza, que pienso que voluntad no le falta.

_Evand._ ¡Oh inmenso y maravilloso Dios! ¿qué me está diciendo

Pinardo? ¡si estoy aquí ó si estoy durmiendo! ¡oh incomprensible

deidad! ¡oh suma y soberana omnipotencia, que de tanto bien haya yo

de gozar! imposible me parece segun natura, por no ser proporcionado

á mi capacidad.

_Pin._ Todo eso es gastar tiempo en balde y repicar en el broquel.

_Evand._ Déxame, Pinardo, que me hallo indigno de parecer ante

la luz, que con su demasiado y extraño resplandor encandela mis

sentidos, de la misma manera que el artero cazador á la no recelosa

perdiz; pero dexados estos inconvenientes tan grandes que de parte

de aquella angélica imágen me ocurren, ¿qué me dirás de Artemia?

¿llevarás medio que con ella concertásemos treguas, aunque fuese por

pequeña distancia de tiempo?

_Pin._ ¿Cómo treguas? á la fe paces perpétuas y firmadas, con más que

juramento, quedan concertadas entre mí y ella, pues de quebrantallas,

no más pensamiento que el rey de los bohemios eximirse del mando de

nuestro gran César.

_Evand._ Cosas estás razonando, Pinardo, dignas y más que dignas de

la cautela de Horacio. Pero en verdad tan atordido estoy de lo que

me dices, como el piadoso Enéas oyendo la respuesta de Apolo quando

tentó de abaxar á la ribera, donde halló vagando al buen Palinuro,

saje y maestro de su flota. Así que mucho holgaria de muy por

estenso ser avisado de lo que al entendimiento humano, en la primera

apariencia, parece imposible.

_Pin._ Pues así quieres, y estás de gana de comer alcarchofas, sabe

que Artemia me llamó, y queriendo ser informada de quién era, le

dixe dos mil mentiras; abaste que conmovida de compasion me hizo

dar de cena, y áun despues echar á sus piés donde, los más abajes

desechados, quedamos tan amigos como dos hermanos; y áun no le abastó

la burla, sino que ya yo despedido hoy de Serafina, con tan buena

respuesta como has oido, hizo á Violante que me tornase á llamar con

propósito de rehacer la chaza, que no pienses que es mujer desas ni

se contenta ménos, aunque el un pié en la huesa, sino una en el saco

y otra en el papo.

_Evand._ ¿Y díceslo de verdad?

_Pin._ Y áun, por las reliquias de Roma y por la casa santa de

Hierusalen, lo juro.

_Evand._ Agora digo que no fué tan gran hazaña la del Teseo de matar

el Minotauro, ni la del gran Hércules en vencer al Gedeon, ni Acastus

su hermano la hazaña de la muerte del puerco de Calidonia, es meaja

en capilla de fraile, en comparacion del hecho tan digno de fama

inmortal acabado por Pinardo; por cierto no tengo en tanto el Alcídes

domar los fuertes y bravos leones de su natural, ni desterrar las

arpías del rey Sineo, quanto haber tú amansado la cabeza de aquella

indómita serpiente que me dices, que para tanto eres y á tanto se

estendieron las tus fuerzas.

_Pin._ Pues es verdad que me contenté con andar jugando con ella á la

zueca pella solamente.

_Evand._ Pues ¿á qué más podia pasar la burla adelante?

_Pin._ ¿Á qué? burlandillo es la cosa, á la fe, que le hice dar

señal, así como hacen los nigrománticos al conjurado espíritu, y

como quien no quiere la cosa, no me dió sino treinta doblas y en la

burjada vienen.

_Dav._ Sí, por la pasion de Cristo, en la bolsa las trae.

_Evand._ ¡Por el omnipotente Dios, tanto milagro me paresce eso como

ver volar un buey! y más has hecho que si en la plaza de Túnez las

ganáras cativando algun moro; y pues tan buen recaudo has puesto,

llama acá al contador y hágate una libranza de trecientas dramas de

oro, para cumplir tus necesidades.

_Pop._ Eso tengo yo, en buena fe, por mayor milagro, y áun por obra

bien sobrenatural.

_Pin._ Dios, señor, te consuele y te acreciente la vida y estado, y,

como creo, que vienen á pedir de boca para lo que allá dexo medio

tramado ó texido del todo.

_Evand._ ¿Qué, por tu vida? cuéntamelo en presencia de todos y sin

que cosa dexes por recitar, que muy agradable me será oirte.

_Pin._ Has de saber que yo que me abaxaba, andando de bien en mejor,

llamóme Violante á su cámara, diciéndome Ilia, porque aquel nombre

era el que allá me llamaban, y yo, pensando que queria otra cosa, ni

quitó ni puso, salvo cerrar la puerta y ventanas, y abrazóse comigo

fingiendo que no sabía quién yo me era habiéndome visto en la lucha

con Artemia; y mia fe, yo no supe del fuero de que vi que aquella

bobilla se cebaba del aire, salvo encabestralla, porque se acordase

del juego, y en fin, nos venimos á conocer, y la apacigüé con que la

di la palabra de casarme con ella.

_Dav._ Luego de corro en corro te has andado, quanto que desa manera

á mi ver por tí ha cantado el cuquillo.

_Pin._ Pues ¿qué piensas, que me duermo en las pajas? no, sino échate

á dormir sin perro.

_Evand._ Por la ley sagrada, aunque á sabiendas hobieras querido

hacer tanto estrago no hobieras hecho más. Pero, pues que así

es, tambien te den para Violante dos piezas de seda, y cumple la

palabra que le diste, que Dios lo remediará todo; mas cierto estoy

maravillado de cómo Artemia se enlazó seyendo dueña tan honrada y tan

honesta, y de tanto consejo y de tanta autoridad, y tan antigua en

los dias, y habiendo sido tan casta todos los dias de su vida.

_Pop._ Aosadas enhoramala, ¡y cómo la conoces y sabes la manera de su

vida!

_Evand._ ¿Qué hablas entre dientes, Popilia? que áun tú bien sabes la

verdad y tienes entera noticia de las cosas de Artemia.

_Pop._ No es permiso al femenil hábito hablar en perjuicio, y así

quiero dexarte con tu porfía dando pasada; pero so el sayal hay al.

_Evand._ Santa María del Socorro, ¿qué es eso que me dices á cabo de

rato, que no sé bien la verdad?

_Dav._ La verdad, hablando contigo, señor, Artemia es una mala

bestia, envidiosa, rencillosa, soberbia, avarienta, mentirosa,

deshonesta, perezosa, enojosa, enemiga en conclusion de toda bondad,

enemiga de todo sosiego, y áun se ha picado un poquito de andar

de digme en digme, y despues en cada colada ha querido echar sus

manteles; que ni se contentó de doncella ir al tálamo vírgen como

el portal de Cuarte, sino que áun despues, con mil autos y hechos

deshonestos, ensució el lecho del noble marido; pues notorio es

asimismo que á su padre de Serafina no le guardó mucha lealtad,

pues despues que enhorabuena enviudó ha emendado el avieso, qual

sea su negra vida, qual ella lo ha hecho ántes y despues, que ni se

contenta con tener en su casa por huésped, de que viene á visitar,

al provisor del obispo, ni se contenta con la demasiada conversacion

del vicario, ni con la contínua visita del guardian de ya sabeis, ni

con la amistad antigua del otro cabez mordido, que ya me entendeis,

sino que agora de nuevo ha tomado al que pide para las ánimas de

purgatorio, y para acabar de subir el paño de color á ser refregado

con estotro, por probar estotro género de gentes de palacio, y áun

habrá dicho con su cara sin vergüenza, yo aseguro: quien se muda Dios

le ayuda.

_Evand._ Por la Vírgen Nuestra Señora, no has dicho cosa que

nuevamente no viene á mi memoria, ¿y es verdad esto, Popilia?

_Pop._ Lo que se dice, ó es, ó quiere ser; las gentes hablan por ahí

lo suyo y lo ajeno, levantando testimonios sobre cuerpo hechor. Por

esto dicen que la caña oxalá quebrada y no sonada.

_Dav._ Ciertamente ha vendido bien barato su hilado Artemia, y ni

ha curado de regatear mucho ni de pararse en las meajas, y áun á lo

quel vulgo dice no le llega la renta á la mitad del año, dando á los

unos haldas, á los otros mangas, á los otros hábitos de diversos

colores, á cada uno segun que su religion lo manda; á los otros dando

sobre-pellices fechas á las mil maravillas, de lienzo sevillano, del

lino del Guadalcanal, que cuesta á moneda de oro la vara; pues los

presentes que envia por año, ¿quién lo podria contar? las cargas

de ansarones, enteras, de pollos, de anadones, de lechones, de

capones, de palominos, de gallinas, las cestas de huevos frescos,

la docena de las perdices, el par de los carneros, la media docena

de los cabritos, la ternera entera, las ubres de puerca en adobo,

las piernas de venado en cecina, los jamones de dos y de tres años,

las cargas de vino tinto, blanco, aloque, clareas, vin grec, otros

quella hace hacer adobados en casa con mil aromatizados olores; pues

las frutas que les envia á cada uno en su estado, ya es cosa de

locura, codoñate, calabazate, citronate, costras de poncil, nueces

moxcadas, limones en conserva, pastas de confaciones de cien mil

maneras, priscos, peras, membrillos de diversas maneras confacionados

y cocidos en el azúcar, y á las vueltas muchas frutas de sarten de

mil cuentos de maneras, trayendo las mujeres de en cabo la ciudad,

diestras en aquellos menesteres escogidas, como dicen, á moco de

candil; y todo para contentar, porque mejor le sobasen la pelleja,

queriendo suplir con las riquezas el defecto y fealdad de la natura,

porque vella es como la cimbarra del Córpus Cristo y de hechura

de almario, larga y desvaida, y el color y gesto como máxcara mal

pintada, el talle como rocinazo de molinero, la vista como ídolo del

tiempo antiguo, el andar y vision de estantigua y fantasma de la

noche, en verdad que tanto temiese encontralla de noche como ver una

mandrágula. ¡Jesus, Jesus, Dios me libre de tan mal encuentro!

_Crat._ Pues harto en suma en la verdad has procedido, Davo, que yo

no sé quién sin mentir la enxabonára mejor.

_Evand._ Por la Verónica sancta de Jaen, no estoy en mí en oir lo

que vosotros decis, pero lo que más creo es ver la bolsa de Pinardo

poblada y su corazon caliente.

_Pin._ Tiempo es, señor, que vayas y te dexes de más rondallas,

porque ya anochece y has de ir solo y sin esas ropas de seda,

désnudate luégo, y en calzas y jubon y con una capa de camino te

irás, y yo me voy á quitar estas ropas de gallina; entre tanto te

debes aderezar, porque sin dubda tardamos, y mira que á quien dan no

escoge.

_Evand._ Bien me parece que ha dicho Pinardo; sácame, Cratino, una

capa y todo lo que vieres que cumple para ir algo demudado, que sano

consejo es, y por tal lo tengo, el que Pinardo me da, y cierto de los

ángeles ha sido guiado en toda esta su peregrinacion.

_Dav._ Como la intencion era buena y los pasos en servicio de Dios,

no me maravillo.

_Pop._ Déxalos que ellos hierven sin fuego y andan sin andalid, y en

tal pararán.

_Pin._ Desa manera, señor, vas bien desfrazado, vamos que delante voy

por descubrir la tierra.

_Evand._ Pues vosotros os quedad, y tú, Popilia, ruega á Dios por

todos, y que en todo se cumplan y efectuen mis deseos.

_Pop._ Como son muy justos no es maravilla.

_Dav._ Ida sin venida.

_Crat._ ¡Oh Davo, como nunca en cosa das buen tercio, siquiera por

bien parecer!

_Evand._ Alarga el paso, Pinardo, y procura de ir, como suelen decir,

á sombra de tejados, y aunque algo se dilate la cura, vé siempre por

las calles más angostas, porque el que mal hace siempre aborrece la

luz, y áun es justo que se recele.

_Pin._ Agora me parece, señor, que eches el pié derecho delante, que

á la puerta estamos, por eso cúbrete el rostro, y Dios nos tenga de

su mano.

_Evand._ Ó la vista con las noturnas tinieblas me engaña, ó es

Violante la que anda por los corredores.

_Pin._ Ella es, ya viene, que ya yo la tenía avisada; y sin dubda

todas las cosas ocurren felices, y de los prósperos principios

siempre suelen avenir fortunados sucesos.

_Viol._ Ce, ce, Pinardo, andas tras mí.

_Pin._ ¿Hay alguna cosa de nuevo?

_Viol._ Que está Serafina en la talaya, media hora há, y ya sabe de

la venida de Evandro. Por tantos derechos os id á su cámara, que

Artemia retraida está, y todos los de casa tengo retraidos en la

cocina baxa.

_Pin._ Éste, señor, es el aposento de Serafina; ya ella sabe que

estás aquí, debes entrarte, que yo y Violante aquí nos quedamos por

ver si son bravos los toros, y mirarémos asimismo si es verdad lo

que se dice, que de cosario á cosario no se pueden ganar salvo los

barriles.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 77 / 85 题