ARTEMIA. — ILIA. — VIOLANTE. — SERAFINA.

_Art._ Pues, hija Ilia, ¿estais más consolada?

_Il._ ¡Oh desventurados huérfanos! que así como carecen de defensor

en faltalles el padre, así carecen de todo bien, y faltos de las

cosas necesarias y ajenos de todo sosiego, y acompañados de asaz

trabajos, pasan su desconsolada y ansiosa vida, procurando todo el

mundo de los danificar, y áun las gentes se traen por refran: á él, á

él, que no tiene padre; aosadas que no sin causa el derecho les llamó

miserables personas porque todos no entienden salvo en les acumular

unos agravios sobre otros; pues los tutores lo hacen bonico, qual

dicen duelos, tal les dé Dios la salud, que no gastan tiempo sino en

destruilles los bienes, y entre sí, ellos burlando, se andan diciendo

al menor vendelde la raíz, comelde lo mueble, y despues haga lo peor

que viere; no sin causa aosadas por grande maldicion está dicho en

el Salmo: sus hijos sean huérfanos y su mujer viuda.

_Art._ ¡Jesus, Jesus, y tanto sabes! y bachillera me parece esta

moza, maravillada me estoy; ¿y qué será esto, mezquina? y ha estado

en estudio.

_Il._ ¿Qué está la vieja razonando? sin cuentas ¿qué reza?

_Art._ Dios, hija, lo remedie todo, que bien estás en lo cierto; pero

el tiempo es largo, échate ahí á mis piés, y Dios nos recuerde á buen

sueño.

_Il._ Lo que sé quiere la mona piñones mondados; eso me dices por la

ley de Dios, como dice el beneficiado de San Polo, que amanecia el

mozo á la cabecera.

_Art._ Pues mira, fija Ilia, que no me descobijes.

_Il._ Y áun en eso ha de parar la conseja.

_Art._ Hacer honra á estas mozas tales recia cosa es, porque daisles

el dedo y tómanse la mano; y ¡amarga de mí, y creo que es loca, y acá

se sube, y á mi ver se quiere alzar á mayores! estendeos, veréis como

ruin en casa de su suegro; aosadas, como dixo la raposa, que si desta

escapo y no me muero, nunca más bodas al cielo.

_Il._ ¿Qué diablos dice la vieja? callando está, me parece, á todo,

y aunque le estoy tentando las piernas, no dice nada; creo que hace

del dormido, á otro perro con ese hueso.

_Art._ Sosiégate, Ilia, sosiégate y estate queda, que andas dando

vuelcos como si estuvieses de parto.

_Il._ Sosegar ó qué; ¿y así pensais que se ha de reposar la moza? á

buena fe, no huelgue hasta saltalle encima.

_Art._ Mira que me darás mala noche, que toda la ropa te has llevado;

y si miras, me has dexado en cueros.

_Il._ Pues ¿tras qué ando yo? y ¿tengo aquí otras ovejas que

trasquilar ni otras vacas que guardar? pero necesidad hay de hacer

del loco, porque así dicen: híceme albardar y comíme el pan; quiero

encomenzar á saltalle en las agujas, fingiendo que me toma espíritu,

que ella sin duda callará por no caer en tan gran vergüenza; y sús, á

los manojos, que aquí no espero buena nueva destarme como bozal.

_Art._ ¡Jesus, Jesus, y qué es esto. Madre de Dios! y el demonio la

toma á esta moza.

_Il._ Así, así, vieja cornera; ¿pensais que es todo estar hablando de

talanquera?

_Art._ Hija Ilia, hija Ilia, ¿por qué me quereis ahogar? ¿qué mal os

he hecho? no responde, el diablo tiene en el cuerpo; pero ¿qué tengo

de hacer? quiero callar, sino ahogarme ha, quiérola dexar pase su

mal; mas aosadas, que nunca más perro al molino.

_Il._ Bien calla y disimula la vieja, aunque ha sentido el chiste; y

paréceme que dexa obrar al mozo á su voluntad, y áun en tiempo está

que creo que volveria los gañivetes con pocas palabras.

_Art._ Ilia hermana, reposaos; mirá, pecadora de vos, qué mal es el

que os toma, que debe ser mal de fuera y me habeis cuidado ahogar.

_Il._ Mejor te ahorquen, que no tienes entendida quán honda va la

conseja; sobre que está metiendo tanta obra como caballo garví y

tengo necesidad de tenerme á las crines, está disimulando haciéndose

de nuevas; aosadas que dicen bien, que pajar viejo es malo de apagar,

pero ya es hecho tras lo que andaba, quiero hacer otra vuelta del

inocente y abaxarme á los piés, porque no sé qué me diga de lo

pasado, y haciendo esto veré en lo que para la negociacion, y como

viere así haré; mas mucho me paresce que está tascando en el freno,

bien toma la sal, pienso que poco habria que hacer para domalla, pues

para hacella andar, aosadas, que no soy yo el primero que le echa

las trabas, segun anda de dos en dos.

_Art._ Donosa moza es ésta, que bien talludo tiene el virgo; á la fe,

á los piés de su madre. ¿Vídose tal engaño jamas? Y aquesto no debe

ser sino alguno por burlar le hicieron vestir en hábito de mujer, y

debe ser algun mozo bonazo, y ándase de casa en casa como mostrenco;

áun no sé qué me diga, que mucho ha callado, lo qual es señal de gran

cautela. Pues lo poco que habló, un jurista no dixera más á mi ver.

Desatinada me tiene, no sé á qué fin fué su venida. Quiero metelle en

pláticas, y podrá ser que atine en algo de lo que me conviene saber,

y quiero hacer que no siento, y podré con él refregar un poco mi

hilado y jugar á la gana pierde, ó en el saco al pié del hoyo, porque

mozo me parece de muy buen fregado, y creo que no se hará mucho de

rogar, segun es redomado, como potro; de manera que complacelle

quiero y lavar bien mis madexas, que esto no es cada dia, y sacaré mi

vientre de mal año, que ya no puede ser más negro el cuervo que las

alas, y áun, aosadas, que pocos cocos son menester hacelle para que

torne al juego; pues en lo demas es falto, tómenlo por descaminado,

que tanto tiene como un borrico de dos años, y aosadas que dicen

bien, que boyezuelo malo en el cuerno cria; pero roncando está, y

aunque le doy del pié no siente, ¿qué será esto, si hace del ventero?

Hija, Ilia, ¿dormis? subíos un poco acá y contarme heis qué mal es el

vuestro, pues es bonico, hija, bonico; subíos paso.

_Il._ Si lo dixo al sordo, no al perezoso, que ya lo tengo adobilado.

_Art._ Bien será hacer que no siento, por mejor efectuar mi

propósito; paso, paso, Ilia, que no os corren moros ni va tras vos

el toro; con todo eso es pena con estos rapaces que no saben sino á

sordas y á locas cumplir su voluntad, y á los otros que los papen

duelos.

_Il._ Quien vido la vieja haciendo del estado, con las tocas largas,

con las haldas luengas, los ojos baxos, muy honesta en sus pláticas,

y á buena fe, la cordobesa no es tan disoluta en la cama, que no lo

puedo más encarecer, aunque está ganando á cuatro dineros como cada

hi de vecino; por mi fe, espantado estoy, y hame de comer, si así me

trata no amanezco vivo, que no me ha de dexar quitar de encima; por

esto se debiera decir: arregostóse la vieja á los bredos, ni dexó

verdes ni secos; bien será hacer del modorro y volverme de concha, y

así andaré granjeando, que ella quede contenta y yo bien pagado. Pero

mucho digo, porque Salomon dice que ni el infierno nunca se harta

de ánimas, ni el fuego de quemar, ni la tierra de agua, ni la mujer

desta salsa de lo mal cocinado, y á la clara parece, la experiencia

cada dia la vemos, y éste las debe dar causa á ser tan desolutas, de

que pierden la vergüenza; aosadas que por esto dice Sant Bernaldo,

más milagro es estar con las mujeres y no pecar, que no resucitar

muertos: así que bien es que por un rato se quede al sol de Dios.

_Art._ Volveos acá, hija mia Ilia, ¡oh cómo sois desamorada!

_Il._ Y él dalle; á esa otra puerta, que ésta no se abre; á buena fe,

aunque más sepais ni más traigais la mano por el lomo, no me tomés

allá hasta que sea el dia.

_Art._ Más sabe que una raposa, no puedo entender el fin; ello dirá,

que no es cosa ésta para pasalla como gato sobre brasas, yo fio que

yo sepa de qué pié coxquea la moza; pero gran dolor siento á su

causa, tocado me ha en el corazon, lastimadas tengo las entrañas, en

gran fuego me abraso. ¡Oh amor enojoso, que áun en mis envejecidas

canas no has querido perdonar! ¿en qué te erré? ¿qué hice contra tí?

¿por qué tan mal me tratas? ¡oh cómo eres odioso á toda edad, y en

todo estado de gentes procuras de inxerirte en el tiempo del mayor

descuido aunque no te llamen! ¡oh cómo estoy desatinada! ¡oh cómo no

es en mi mano dexar de cumplir el apetito de la voluntad desordenada!

Mas ya es el dia, la luz, desechando las noturnas tinieblas, entra

por la ventana. Ilia, Ilia, mira, hija, ques ya tarde, abre los ojos,

que áun pienso que estás durmiendo.

_Il._ Aun, hija, que habrá de ser, y si lo dice de verdad; mas gentil

pensamiento es el mio, habiéndola puesto quatro ó cinco veces en las

espinas de Santa Lucía, pensar agora que tiene creido que me llaman

Ilia; mas, pues ella hace del bobo por sacar las nueces del cántaro,

¿que me pena á mí? quien compra y miente, su bolsa lo siente; pero

para que un engaño se quite con otro, y una arte con otra, quiero

hacer todavía del necio sobre sello, y así verá en lo que está, y

quiero levantarme sin decille nada.

_Art._ Amiga Ilia, no, por mi vida, n’os levanteis, que áun es

gran mañana, y áun el hijo de Latona no resplandece, y Bóreas anda

delicado con la sazon del hieme, y áun llegaos acá, que algo habeis

estado fatigada esta noche, y contarme heis qué enfermedad es la

vuestra: ¡oid estas razones! ¿veis? al juego se torna la mochacha;

adoba esas barreras, que se va el toro.

_Il._ ¡Qué engullir tiene la vieja desto que no tiene huesos! pues

dése priesa, que por mucho madrugar no amanece más ayna. Mas lo que

me parece es que no se contenta con lo razonable, y tan caliente se

quiere sorber el caldo que le habrá de amargar, porque acabaré yo y

quedarse ha el papo al aire, cantando: dos ánades, madre, van por

allí.

_Art._ Mucho me habeis fatigado, hermana Ilia, ¿por qué lo haceis así?

_Il._ No, sino muchas veces Ilia, y apretar el torno porque salga

el mosto; pero con todo eso me quiero levantar, que mi partido se

ha asegurado, y desde aquí digo que está en mi mano meter moros en

la tierra, ó, cómo dicen, áun puedo pregonar vino y vender vinagre

y salirme con todo, pues cierto es que quien el padre tiene alcalde

seguro va á juicio; pero cara me cuesta la melcocha, que á muchas

noches destas podria hombre quedarse como Juan Alonso, en la playa, y

cantando: pésame de vos el conde.

_Art._ ¿Qué haréis ahora, hija Ilia, en qué quereis entender?

_Il._ Irme, señora, si mandas, porque allá en mi casa tendrán pena

por no saber dónde estoy, y puédome volver despues, si vos, mi

señora, estais en algo contenta de mi servicio.

_Art._ Por mis puertas, tal sea mi salud, qual vos, Ilia, me

pareceis; en mí por cierto, hija, tendréis madre y más que madre, y

todas vuestras necesidades se cumplirán, y bien me paresce que vais

donde decis, mas luégo, así goceis, os volved. Violante, Violante,

¿estais ahí?

_Viol._ Aquí estoy, ¿qué mandas, señora?

_Art._ Que aquesta pecadora de moza le deis de almorzar, que está

algo enferma, y pienso que en toda esta noche no ha pegado los ojos.

_Viol._ Andad acá, hermana.

_Il._ Ese mal me hagas; quanto que desa manera cada noche querria ser

el novio.

_Viol._ Estas tetillas de gallina podeis comer, hermana, y áun si

bebeis vino, cataldo aquí, y por mi fe, ques traido desde Madrigal.

_Il._ Así se me caerá la cola, por eso no hagais sino rogarme bien

que coma, que vergonzosa es la moza.

_Ser._ Ce, ce, Violante; por tu vida, que ántes que esa moza se vaya

me la traigas, que la quiero hablar.

_Viol._ Entraos un poco, hermana mia, ántes que os vais, en el

aposento de la señora Serafina.

_Il._ Mas pensé que eran badanas: ya voy, Violante, por cumplir lo

que mandas, aunque en verdad más necesidad hay de irme, que yo segura

que anda mi tio bebiendo los vientos por saber dónde estoy. Pero

quien malas mañas há, tarde ó nunca las perderá.

_Ser._ ¿Cómo te ha ido, Pinardo, cómo te ha ido, que pienso que has

estado más encogido que galgo en espuerta?

_Pin._ Heme concertado con la madre, señora, y pienso que hemos de

ser dos á dos, ó como dicen, tres al mohino.

_Ser._ ¿Qué me dices? ¿qué, estais amigos?

_Pin._ ¿Y cómo amigos? y me ha rogado que vuelva luégo, que en todo

su seso piensa que soy mujer.

_Ser._ ¡Mas, por tu vida!

_Pin._ Y áun por la de Dios.

_Ser._ ¿Pues á tí qué te parece?

_Pin._ Que nos ha Dios hecho señalada merced, si lo sabes conocer.

_Ser._ ¿Cómo es eso? ea, pasa adelante.

_Pin._ Estando la vieja desabrida es andar á caza con huron muerto, y

de la negociacion no se esperaban, salvo mil desconciertos; pero pues

ya yo puedo ser intercesor, y entrar y salir cada hora y cada rato,

debes, señora, pues claramente amas á Evandro, de abreviar la causa,

y, como dicen, lo que se habia de comer cocido hágase asado, y más se

podrán hacer las cosas con la brevedad; que la dilacion en aquestas

cosas, y el estar pidiendo pan de trastrigo siempre daña, miraldo

todo, y tu alma en tu palma, y nadie es tan buen juez como cada uno

de sí mismo. Al cabo estás; pero si mi consejo tomases, esta noche yo

traeré á Evandro, y á la hora que mandases te hablaria en tu misma

cámara. E pues tengo el mando y el palo, no dubdes que yo lo haré. En

esotro, señora, te determina, y no tengas temor, que á los corneros

quebrados y á lo otro hecho, bien me entiendes, señora, que nunca

faltan rogadores.

_Ser._ Burlando me parece que estás, Pinardo, de los de la feria; y

pues tanto quieres apurar el testigo y sacar el hijo del cuerpo, si á

eso te atreves, quanto por mí no te detengas más, porque mi voluntad

ya la sabes más há de tres pares de juéves, y si quieres sentir, bien

sabes que amo á Evandro como el agua á la tierra, pues quien bien

ama, tarde olvida, como habrás oido; porque donde el amor toca, tal

llaga, tal dolor, tanta fatiga, tal congoxa dexa, que más de diez

y nueve Mayos serian menester pasar para quel mal, envejecido y sin

calma, en un punto afloxase su dolorido exercicio; de mi voluntad

certificarás á Evandro, y á eso que dices, bien me parece, pero por

imposible lo tengo, conciértalo allá, y ver y creer, como santo

Tomas; pero Violante te llama, y á gran priesa, no te debes detener,

ántes disimuladamente te vé, y Dios lo remedie de la manera que es

menester, pero muy acompañada de mil sobresaltos me dexas.

_Viol._ Anda, Ilia, que Artemia te llama, que no sé qué te quiere

decir ántes que te vayas.

_Il._ ¿Áun si quiere que le dé otra vuelta y pague el escote del

almuerzo? y ¿áun habrán de ser las tetillas de la gallina los limones

del ventero?

_Viol._ Oir quiero desde esta rexa, que está en el retraimiento, qué

secretos son éstos, que no estoy bien con la venida de esta moza.

_Art._ ¡Oh amiga Ilia! llegaos acá, que no me he levantado á

causa del gran dolor de la madre, que me ha dado despues que os

levantastes, y áun, si quereis, con la mano podeis tentar de quán

levantada la tengo.

_Il._ ¿Que eso me dices?

_Art._ Mirá si me ha entendido la moza, que ya está encima, como

buitre encima la carne, y la verdad, no otro amor sino con mozos, que

ántes teneis necesidad de tentallos de freno que despuelas.

_Il._ Aunque me tenga por chocarrero, pues la vieja está á sus

vicios, ántes que pase el juego adelante le quiero dar un tiento.

_Art._ ¿Esperas alguna cosa, hija Ilia?

_Il._ Áun con Ilia se habrá de quedar; estó diciendo, señora, sino

que no me quieres entender, que jugué mis vestidos, y por no tener

qué traer ando desta manera, ¿que hay que negar la verdad?

_Art._ Pues, amigo mio, daos priesa, que yo lo remediaré todo, y deso

no paseis congoxo.

_Pin._ La pulga le he echado en la oreja, ó, como dicen, el agraz

en el ojo, bien está; pero dola á la muerte, que bien hace con la

hierba, y sabor toma con los caracoles: acabe, que aquí veré á lo que

se estienden sus pensamientos, porque el juego y el tentar al hombre

en la bolsa, gran toque y muy verdadero suele ser, y áun, amigo,

amigo suelen decir, pero no hableis en el dinero; y cierto esta

avaricia desordenada, ya tan condida en todas partes, mucho aparta al

género humano del camino de la virtud; porque procurando cada uno su

propio interese, ni se acuerda de amigo ni de Dios, y muy virtuoso,

muy virtuoso ha de ser el que en la mayor necesidad no pierde la

vergüenza; y por esto decia Sant Gregorio que en todas las cosas

del mundo se hallaba algun sí, salvo en el avaricia, pues es verdad

que es de la calidad de los otros vicios; llegaos á Sant Hierónimo

y diráos que todos los vicios se envejecen en los hombres, salvo el

avaricia, que siempre se renueva y crece, y áun acerca deste vicio

dice Salomon, que el que sigue la avaricia turba su casa, y el que

ama las riquezas no habrá fruto dellas; y Pitágoras dice que así como

el albarda redunda en daño del asno y en provecho del amo, así el

vicio de la avaricia es dañoso al avaro y provechoso á los estraños;

y á este propósito el moral Séneca decia, quel hombre debe mandar el

dinero y no obedecerlo, y áun dice que de dos linajes de gentes no

se puede haber bien, salvo mal, de los locos y de los escasos; y que

más era de estimar el hombre sin dineros que los dineros sin hombre

afirmaba Themístocles, filósofo y capitan ateniense. Así que veamos

lo que hará Artemia; pero á lo que parece, bien devanó esta madexa.

_Art._ Hijo mio, cata aquí treinta doblas, éstas tengo al presente

en esta bolsa que estaba á la cabecera; levantarme he y todas tus

necesidades se proveerán, por eso pierde cuidado.

_Pin._ La pella tengo, bueno es el páxaro en la mano, y de esperar

al buitre que va volando sazon hay, levantarme quiero, que ya rabio

por estar fuera desta prision, y allende de satisfacer á Evandro

encomenzaré á bullir con el dinero.

_Viol._ ¡Jesus, Jesus, y tal hay en el mundo! ¿que novia ha sido la

dueña honrada aquesta noche, y sobre todo áun págale el caballaje?

pero no me maravillo, que en tal lugar le han picado, mirá si era

buena mi sospecha; donosa es la moza, bobeaba, siempre tuve yo á

este Pinardo por mala bestia, mirá qué ha sabido; y las pláticas

de Serafina éstas son, todas eran en la conseja, y más la vieja;

pues, á buena fe, que me ha de alcanzar parte de la colacion, ó mal

me andarán las manos. ¿De casada jugais? pues á perro viejo no tús

tús, y si pensais que no os entienden, agua cogeis con arnero. Más

que empapada está la vieja, como agua en esponja, oyendo á esotro

que sabe más ruindad que Merlin, pero cállome; mas ántes que Pinardo

se vaya, en buena fe me ha de tentar el pulso, pues se pica de

cirujano, y haré de la boba con él, y así andarémos todas en la

danza, y luchando, como dicen, á más tomar.

_Pin._ ¡Oh pecador de mí, y en la rexa veo á Violante! acechando

está; bien ha visto lo que ha pasado, ya ella conosce que el

lobo anda en hábito de mansa oveja, temor tengo no redunde algun

inconveniente; pero cuerda es, y doncella bien mirada en todas

sus cosas, creo yo, que aunque no por mí, que podrá ser que no

haya conocido aún quién soy, pero, por la honra de Artemia, calle

disimulando otra cosa allende que lo siente.

_Art._ Fijo mio, pues de que hayais dado recaudo en vuestros negocios

n’os olvideis de acudiros hácia acá.

_Pin._ Yo, señora, lo llevo bien en cuidado, y á Dios quedeis, que ya

son casi las diez horas.

_Art._ Nunca pensára, si por vista de ojos no lo viera, que así

el amor me derribára, maravillada estoy de mí; ¿adónde estoy? ¡oh

qué ajena me hallo de la libertad en que primero estaba! ¡oh qué

falta me hallo de razon! ¡oh cómo el entendimiento está desatinado

con la incogitada novedad! pero harto haré si lo puedo encubrir

de Serafina, sino ¡ay! dirá ques cosa torpe el que reprende ser

reprendido de la misma culpa. Agora veo que la cuitada tiene razon de

amar á Evandro, porque recia cosa es moza y hermosa estar en dieta.

Pues ayunar y ver comer á los otros es tentacion y áun no pequeña,

me parece, pues levantar la liebre sin matalla cosa enojosa es, y

encender el fuego y matallo en encomenzando á arder cosa escusada

parece; pero la culpa fué mia, que quise nuera sin tener hijo, porque

harto es estar sin el ó tenello incapaz.

_Viol._ Hermana Ilia, hermana Ilia.

_Pin._ ¿Qué mandas?

_Viol._ Aquí en mi aposento te quiero dos palabras, y aunque está

todo revuelto, recibirás la voluntad.

_Pin._ ¿Y á qué propósito ha cerrado las ventanas y la puerta? ¿si

quiere que pague el pato?

_Viol._ ¿Qués lo que dices, Ilia, que hablas entre dientes?

_Pin._ Digo que todos estamos de un color, pero tambien me maravillo

de lo que has hecho.

_Viol._ Aquí en este estrado, que está delante mi cama, te asienta,

hermana; no te maravilles de cosa que veas, que las mujeres humanas

somos, y los secretos grandes á los amigos se han de decir en

secreto; dotrina tenemos del Salvador, que viniendo con grandes

compañas á Hierusalen, á los discípulos, sus muy amados, aparte de

las otras gentes, les dixo cómo iba á padecer y que habia de rescebir

muerte de cruz, y que habia de resucitar al tercero dia. Así que,

Ilia, bien es tener amistad unas personas con otras, y cosa dulce es

la conversacion entre los amigos y parientes.

_Pin._ Si las manos tuviese quedas y no me estuviese besando, bien me

paresce lo que dice Violante; pero véola tan encendida, que creo que

hobo envidia de lo de la vieja y quiere hacer la chaza, necedad será

no cumplille lo que desea; pero quiero encomenzar á jugar, véamos en

qué la hallaré.

_Viol._ Mirad, hermana, por la pasion de Dios, que estoy vírgen, no

me toqueis con el dedo.

_Pin._ ¿Vírgen? y ¡qué tacha! mas ¿dedo era? ni áun por eso, como si

no viese lo que es.

_Viol._ ¡Jesus, Jesus hijo de Dios! ¿y hombre érades, y eso habeis

hecho, y así me habeis destruido, y así me habeis querido deshonrar?

_Pin._ ¡Qué palabras, y estálo tomando con dos manos! pero con algo

han de cubrir sus vergüenzas.

_Viol._ ¡Oh cómo he perdido la virginidad, virtud tan resplandeciente

en la hembra! ¡Oh Pinardo, y cómo hasta en la hora presente no conocí

tus cautelas! por tí y otros tales se dice en la ley de gracia:

guardaros heis de los que andan vestidos como ovejas, y son como

lobos robadores.

_Pin._ Violante hermana, cada uno busca sus medios y procura lo que

bien le está, cada una guárdese y abra el ojo, la estopa cabe los

tizones en peligro está, ¿yo rogábate? tú me paresce que has estado

la golosa por tastar la fruta nueva; pero yo no sé nada, de mis viñas

vengo, lo que puedo hacer por amor de tí y por ser del linaje que

eres, descargar mi conciencia, que te juro de casarme contigo, porque

áun allende de lo que tengo dicho, estoy tan satisfecho de tu gran

beldad y de tu demasiada gracia y fermosura sin comparacion de tal

manera que ya estoy penando por tí, y me hallo falto de la libertad

de que poco ántes estaba asaz adornado, de tu voluntad querria ser

cierto, porque conformándome con tu intencion me gobernaré en la

presente jornada.

_Viol._ ¿Qué quieres que diga, señor mio, sino que seguiré tu

voluntad hasta la muerte, y que de mí ordenes lo que mejor te estará?

_Pin._ Pues el tiempo dilacion no la concede, en anocheciendo soy de

vuelta, porque tengo de cumplir lo encomendado; á Dios te quedes, que

peligro habrá en la demasiada tardanza.

_Viol._ El Espíritu Santo te acompañe.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 74 / 85 题