EVANDRO. — CRATINO. — POPILIA. — DAVO. — PINARDO.

_Evand._ Mozos, mozos, ¿estais ahí?

_Crat._ A la puerta de la sala estábamos, ¿qué mandas, señor?

_Evand._ ¡Oh cómo me abraso en el fuego que veo á la clara proceder

de los ojos de Serafina! ¡oh cómo sirviéndola pensé valer más y

todo me ha sucedido al contrario! ¡oh cómo la misma discordia está

predominando en mi pecho! ¡oh cómo la confusion me acompaña! no me

veo capaz de salud, el remedio de mi consuelo della depende, mi salud

recobrarse imposible es: ¡oh cómo me sería agradable la muerte! ¡oh

cómo en cosa la temo, por cierto tan grata me sería su vista qual fué

la del gran vandálico Duque al católico Rey, nuevamente pasado en la

provincia antiguamente Latina llamada! Pero ya, ya ahinojándose van

unas pasiones sobre otras, poner habrán término en mi vivir, porque

cierto es que las cosas que ya van de vencida y no pueden mucho

tiempo durar permaneciendo en un sér, declinar habrán, porque todas

las cosas del mundo celeste y sublunar por cierta órden se rigen, y

por la Providencia divina, ya á cada un sér le está limitada la obra

y fuerza para que ha de provechar; y el norte y trion y planetas,

por cierto órden se rigen, la qual exceder en un punto imposible

cosa es, segun natura. Si, que la vida, amancillada con tan sobradas

angustias, fatigada con tan demasiados trabajos, cargada de tan

contínuos dolores, enflaquecida de las contínuas vigilias, decaida

de las enojosas lágrimas, no puede durar ni estar tan firme que no

fenezca, porque al hombre términos le están constituidos, los quales

no puede traspasar.

_Pin._ Mejor sería, señor, entender en buscar algun conviniente

remedio á tu salud, que estar añadiendo materiales al fuego y

atizándolo con tan nuevos géneros de querellas.

_Evand._ ¿Qué mejor remedio que desear la muerte? ¿qué mejor consuelo

que desear del todo el fin de mis tristes y miserables dias? pues

tanto le aplace á aquella que, con sola su vista me tiene aherrojado

en tan áspera prision, que la servidumbre del crudo tirano no fué más

dañosa á los vecinos de Agrigento.

_Dav._ Para todas las cosas hay medio, para todas las enfermedades

hay sus medicinas aplicadas, para todas las llagas hay cura y

defensivos, y áun no hay dolor tan grande al qual el tiempo y su

discurso no lo disminuya y ablande; por tanto, esfuerza, esfuerza y

no te desmayes, que áun Serafina mujer es, del género de las quales

dixo Salomon, de cien hombres he hallado uno bueno, pero de mil

mujeres ninguna he hallado buena.

_Evand._ Calla, calla, boca sin verdad, que entendiendo las cosas y

autoridades al desuso infamas al sexu femíneo, mediante el qual se

sustenta la humana natura, y no sabes que áun el mismo Salomon dixo:

el que halló buena mujer halló alegría, y el que echa la buena mujer

echa todo el bien de su casa; y áun el Augustino dixo: ninguna cosa

habia en el mundo peor ni mejor que la mujer; pues ¿qués lo que estás

diciendo? ¿qué estás profazando? porque si quieres mirar y notar

con atencion lo que diré, la perfecion de Serafina abasta adornar

las faltas de todas las que podrias recitar por culpadas, porque

ella es prudente en todo género de disciplina, la qual virtud mucho

resplandece en la hembra.

_Dav._ A osadas, enhoramala, ¡y cómo la tienes bien entendida! Si

prudente fuese, de otra manera se habria gobernado en esta jornada.

_Evand._ Pues está atento, por mi vida, y no murmures ni hables entre

dientes, que por extenso te quiero informar de las virtudes y de las

gracias de natura, de que Serafina está asazmente adornada; ella

es muy pacífica y amiga de toda concordia, de la qual virtud está

escripto: bienaventurados los pacíficos, porque ellos poseerán el

reino de los cielos.

_Pin._ A la fe pacífica, pero no quiere consentir contigo en la paz y

áun creo que lo acierta.

_Evand._ Está atento, Pinardo, así la ventura próspera te acompañe.

Es honesta en su habla y traje, más que la mujer del ateniense

Focion, de la qual se escribe que unas amigas suyas le mostraban muy

grandes atavíos y joyas de sus personas, y ella no teniendo ninguna

de aquellas cosas, dixo: yo no curo de más atavíos de ser mujer de

Focion.

_Pop._ Mucho holgaria, señor, que nos informases quién era ese

Focion, de quien tanto contentamiento tenía la venerable matrona.

_Evand._ Focion fué ciudadano de Aténas, y sabido en derecho y asaz

adornado de la moral filosofía, y áun fué capitan de la ciudad, y fué

tan moderado en sus cosas, aunque era pobre, que enviándole el Grande

Alexandre setenta talentos de oro, no los quiso recebir, y despues

le envió trescientos y ménos los recibió; á cuya causa fué tan

estimado, que, despues que el universal monarca venció la segunda vez

en batalla al gran Rey Dario, no se halla que en las cartas á nadie

escribiese saludes si no fuese á Antipatro y á Focion.

_Pop._ ¡Oh, qué agradable me ha sido, señor, oir historia de varon

tan digno de fama! agora puedes tornar al presupuesto primero.

_Evand._ Es constante en sus propósitos; de la qual virtud dice

el Tulio que ninguna cosa hay de tanta estima ni tan digna en los

hombres como la constancia, y cerca desta virtud está escripto en las

escrituras lacedemónicas del Licurgo, que habiendo dado las leyes

á los de Lacedemonia, con temor que no las quebrantasen les tomó

juramento que las guardarian hasta que él volviese, y él se fué á la

ínsula de Delfos y nunca más volvió; y al tiempo que murió, mandó que

sus cenizas fuesen echadas en la mar, porque los de Lacedemonia no

las juntasen y las truxesen, y quebrantasen las leyes que las habia

dado.

_Pin._ Mia fe, desa virtud mejor fuera que estuviera falta Serafina,

para que mejor se efectuára vuestro propósito.

_Evand._ Y es muy templada en todas sus obras y muy humilde en la

conversacion, no presuntuosa, no soberbia, no vanagloriosa, no

lisonjera, no dura de cerviz, ántes muy piadosa y acompañada de

misericordia; muy liberal con sus servidores, no avara, no enojosa,

no airada, ántes muy mansa en todas las razones, muy justificada

en sus obras; no lisonjera en las palabras; muy verdadera en la

razon, muy leal á sus parientas y amigas; no engañosa, no parlera,

no desabrida, no de malas respuestas á sus criadas, no loca, no

envidiosa, no inconstante, no triste ni con alteracion en sus hechos,

y ¡qué fornida de castidad, virtud tan resplandeciente en la hembra!

_Pin._ Luego ¿en qué andas como Pedro, por demas corriendo tras la

esperanza vana y navegando por parte adonde ninguno halló puente?

correr en caballo sin freno me parece á mí todo aquesto, sino sólo

querer pescar en el golfo con delicada caña.

_Pop._ Dexalo que, como dices, ¿quién loára la novia sino su madre?

pues que, á buena fe, si hobiésemos de volver la hoja, que áun la

linda Serafina no se quedase fuera del coco, ántes le alcanzaria

buena parte de la colacion.

_Pin._ Agora, pues, diga lo que quisiere, que quien de locura

enferma, tarde ó nunca sana.

_Crat._ ¿Qué has estado hablando, Popilia? ¿parécete que me

contradigo en algo?

_Pop._ Digo, señor, que allende de ser la misma verdad lo que es

dicho, Serafina es muy hermosa y graciosa, y en verdad la blanca flor

del azucena ni la muy colorada del rosal ni la del lirio, del olor

tan suave, no resplandece más en mi vista, pero cosa conviniente

sería que te apartases, señor, desta demanda, porque el agua desta

balsa muy pesada es á los que de ella beben; pues estas pendencias

con mujeres casadas no engendran sino bandos y discordias en los

pueblos, especialmente cuando son emparentadas de nobles parientes

de la manera que Serafina; así que, señor, trabajar debrias por la

olvidar, que en verdad bien suele amargar á las veces este adobado, y

áun quemar los rostros la cocina de la tal boda.

_Evand._ ¿Olvidar dices, Popilia? ántes se olvidará la noble Diana

de dar claridad á las tinieblas noturnas, y ántes los polos se

olvidarán de ser guias de los errados mareantes, y ántes el quarto

planeta se olvidará de dar la vuelta en el zodiaco, que á mí me pase

por pensamiento olvidar á mí señora Serafina; ni ningun temor ni

peligro, ni las amenazas de la misma muerte no me son inconveniente

para en cosa retroceder de lo ya comenzado, venga lo que viniere,

suceda fortuna próspera ó contraria, que ántes las siete pléyades

dexarán de parecer con la bruma que yo dexe de seguir la voluntad y

mando de Serafina.

_Pin._ No le hables, Popilia, más á la mano, déxalo, cada loco con

su tema, y si mal le fuese en la mercaduría, su bolsa lo sentirá,

cada uno es juez y físico de sí mismo; ande el torno, que yo no me

entiendo de salir del juego entre tanto que bulleren los dineros

ajenos.

_Pop._ Pues tan determinado estás de echar la soga tras el caldero,

porque no vaya todo de mal en peor, gástese el tiempo en buscar

remedio conviniente á tu enfermedad y no se entienda de hablar en lo

escusado.

_Crat._ Poco te parece que has dicho, Popilia, á buena fe, en medio

del hito has dado, no sé si tirabas allá, pero ¿á dó el remedio?

¿adolo? que yo no siento ni pienso que en el mundo nadie tendrá tan

recto ni esperto juicio que con harta parte pueda en esta conjuntura

acertar, y grandes y muy oscuros nublados tienen ofuscada la puerta

deste tan incierto remedio, el camino desta negociacion tambien está

muy cubierto de malezas, más ásperas que las de la montaña Ida; así

que venga Dios y véalo, que todo lo veo turbio y avena por escardar.

_Evand._ La verdad te ha fablado Cratino, amiga Popilia, porque como

Artemia, suegra y madrasta de Serafina, sintióla casada, no la pierde

de vista, y tiene tanto cuidado della, que no solamente ha hecho lo

que digo, pero há más de un mes que ni por pensamiento sale de casa;

pues tener pensamiento de vella en ventana ni en celosía es pensar

subir al cielo con escalera; y no solamente pasa esto, pero tráela

tan acosada y vale en todo tanto á la mano, que nunca la madre del

César tanto persiguió ni temió la deshonestidad de la nuera, quanto

Artemia tiene y recela la honra del único hijo.

_Crat._ Y áun allende deso es tan celosa de su natura, que siempre

está temblando sobre Serafina.

_Dav._ Bien hace en corregirla, que así despues hallará en ella

gracia, segun afirma Salomon, y como persona discreta se há en la

negociacion, porque el castigo al amigo en secreto ha de ser; y así

decia Diógenes, que el que quisiere ser amado de su amigo castíguelo

secretamente, porque la correccion secreta engendra amor; y así

amonestaba el divino Platon, que ninguno á su amigo lo castigase en

público, ni ménos cuando estuviese sañudo. De manera que asaz lo hace

como persona prudente en querer castigar en cabeza ajena.

_Pin._ Viña y niña y habar malo era de guardar, canta el andaluz, y

áun Salomon dice: guarda á la mujer luxuriosa y valerte ha poco, así

que quanto ellas quieren todo sin más pensallo es hecho, peores son

de guardar que casa de dos puertas; mándole yo á la vieja bruxa que

si la otra quiere no dexará de hacer sus mangas, y áun bien anchas, y

áun nunca Dios me diese otra pena sino tenella engañada ántes de tres

dias, aunque ponga más guarda que el alcalde de Atienza.

_Evand._ Mira lo que dices, Pinardo, atiéntate; gran virtud es saber

refrenar la lengua, especialmente que no estamos en tiempo de hablar

palabras ociosas.

_Pin._ Como ociosas de verdad lo afirmo por los santos de Dios, que

me atreveré de traerte respuesta de Serafina, aunque Artemia la tenga

en el vientre de la ballena.

_Evand._ ¡Oh qué agradable me es ese sermon! por cierto el de

Demóstenes no fué más grado en el senado ateniense, quando el rey

Filipo pedia que diesen en rehenes á los oradores de la ciudad; pero

imposible cosa prometes, que por tan imposible lo tengo como querer

trabajar en que el primer movimiento de la natura dé fin á su curso,

en ménos espacio de veinte y cuatro horas.

_Pin._ Pues yo, señor, me encargo de la negociacion, y desde luégo me

parto en casa de Artemia: mira qué mandas que diga, mira qué mandas

que haga, y si buen recaudo no truxere, no esperes verme; pero aunque

sepa abaxar al triste barquero, y aunque sepa ir á hacer compañía á

los que andan vagorosos en la ribera Letea, tengo de cumplir la mi

palabra.

_Evand._ ¡Oh cómo tengo por fé lo que Pinardo ha dicho! ¡Oh cómo

se duele de mi mal! Y pues tan fiel amigo tengo, que pocas veces

lo hallan las atribulados, ya ni temo á la desabrida fortuna, ni

áun al amor, que tan riguroso se demuestra contra mí, ni ya tengo

pensamiento de ver contraria zozobra. E las ánsias tristes, que así

desacompañaban de todo consuelo al atribulado corazon, huyendo van

como los glebos vapores, heridos de los rayos del rutilante Febo. Y

el grandísimo tormento en que el miserable vivir estaba padeciendo á

la contínua, afloxado ha sus muy ásperas ligaduras.

_Pin._ Ce, ce, Popilia.

_Pop._ ¿Qué me dices?

_Pin._ Entre tanto que ese ciego de razon y falto de entendimiento es

tan devaneando, como suele, anda acá á tu cámara, y vestirme he tus

vestidos, que así entiendo ir á verme con Artemia.

_Pop._ Anda allá; pero guarda por malos de tus pecados no te conozcan.

_Evand._ ¡Oh con quánta diligencia, con quánta solicitud procura

Pinardo mi salud! ¡Oh cómo tengo pensamiento que ha de dar fin á mis

desconsolados sospiros! ¡Oh cómo á mi ver ya mi vida está colgando de

la lengua de Pinardo!

_Dav._ Aosadas, señor, aunque es mozo y de poca edad, yo le tengo por

tan astuto, y por tan entendido en todo, que bien hará lo que tiene

prometido, y áun tan cumplidamente, que yo fiador quel quede sin

vergüença y tú sin quexa; pero recia cosa es amar y estar ausente,

aunque tambien dicen que la ausencia suele causar olvido.

_Crat._ Bien lo creo en el que livianamente ama, y en el que fué

tocado en los esteriores sentidos; pero en el que fué tocado en las

potencias intelectuales y dentro en la misma ánima, al contrario es y

delante está aosadas el verdadero ejemplo, y la verdadera experiencia

de lo que tengo dicho.

_Evand._

_Al morir viendo la vida,

Y qu’el hilo nunca corta,

Del tal dolor condolida,

Ni se acuerda, ni se olvida,

Ni el bien ni el mal la deporta._

Porque estar de vos ausente

Es llorar el bien pasado;

Y el sentido que tal siente,

De lo que siente consiente,

Qu’el sentir sienta cuidado,

Y la vida enmudecida,

Viendo qu’el mal no se acorta,

Del angustia dolorida,

_Ni se acuerda, ni se olvida,

Ni el bien ni el mal la deporta_.

Mas si mi fuego y mi llama,

Y sentir teneis sentido,

Claro está, graciosa dama,

Qu’el ausencia al que bien ama

Ni le da, ni causa olvido;

Ni el olvido no me olvida,

Ni olvidar no me conhorta;

Mas mi vida con tal vida,

_Ni se acuerda, ni se olvida,

Ni el bien ni el mal la deporta_.

Porque do toca el amor,

Tal fuego y tal plaga dexa;

Que más crece el disfavor

Y el ánsia y grave dolor

Mientra el triste más se alexa.

Y áun crece tan sin medida,

A la luenga y no á la corta,

Que la vida, ya sin vida,

_Ni se acuerda, ni se olvida,

Ni el bien ni el mal la deporta_.

Y cresciendo la esperanza,

Siempre crece la tal quexa,

Porque con la confianza

De ver tiempo de bonanza,

Siendo ausente más se aquexa;

Y de ya descaecida

La vida no se conforta;

Y de estar tan decaida,

_Ni se acuerda, ni se olvida,

Ni el bien ni el mal la deporta_.

_Dav._ ¡Oh cómo nos ha quitado Evandro de la duda en que estamos! ¡Oh

cómo ha dicho maravillas, y por tan sotil estilo que la sentencia de

tan sublimados versos trasciende á todo entendimiento humano!

_Evand._ ¡Jesus! ¡Jesus! Y cómo vienes, Pinardo, ¿qué, en hábito de

mujer tiendes seguir este viaje?

_Pin._ Mira qué quieres que diga ó haga, que desta manera entiendo

engañar la grosa, porque ella me tendrá por moza desas que andan

picando los cantones, y no se recelará, y yo dalle he con la mayor,

por tanto no es tiempo que me detenga; mira ques lo que me mandas.

_Evand._ Que des esta carta á Serafina, y me traigas respuesta si me

cumple vivir ó si mi espíritu abaxe á visitar las infernales furias.

_Pin._ Pues yo me voy, y ruega á Dios por salud, que lo demas yo te

lo daré hecho de cera, ó mal me andarán las manos.

_Evand._ El ángel de la Paz te acompañe, y vaya y venga en tu guarda.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 67 / 85 题