_Cratino._ ¡Oh amor halaguero, oh cruel, oh soberbio, oh enojoso,
oh desabrido, oh altivo, oh airado, oh vergonzoso, oh de poca
vergüenza, oh amargo, oh dulce, oh enojoso y triste, oh alegre y
deleitoso, oh presuntuoso, oh humano, oh turbio en tus cosas, oh
de dulce y de agradable conversacion, oh desatinado, oh de gran
concierto, oh temeroso, oh humilde, oh esquivo y terrible, oh manso
y lisonjero, oh de poco sosiego, oh reposado y no presuroso en tus
cosas, oh inicuo, oh justo, oh inconstante y antojadizo, oh firme
en tus cosas, oh apresurado y movible, oh constante y moderado en
tus hechos, oh vario, oh firme, oh piélago y golfo de tempestad y
contínuo tormento, oh puerto seguro y sin temor de contraria bonanza,
oh pobre de juicio, oh acompañado de prudencia y de toda crianza,
oh mísero y pobre, oh rico y pródigo y muy liberal, oh ajeno de
razon, oh acompañado de toda la discrecion del mundo, oh embarazado
en tus obras, oh desenvuelto de conclusion, oh amigo de brevedad,
oh enemigo de la concordia, oh cauteloso, oh llano negociador! ¡oh
cómo nos ligas, oh cómo nos atas y sueltas, oh cómo aprietan tus
ligaduras, oh cómo afloxas tus atamientos, oh cómo nos atormentas, oh
cómo nos libras de tus prisiones y fuertes cadenas, oh cómo ciegas y
trastruecas el entendimiento, oh cómo nos alumbras con tu luz de la
manera quel rutilante Febo, alumbrando de claror al sublunar mundo
fugados loglevos vapores!
_Popilia._ Altas maravillosas cosas anda investigando Cratino, y
tanto inculca unas con otras, tan contrarias y repunantes entre
sí, que no sé adónde se dirige sermon tan ofuscado; pero oigamos,
que cada camino, como dicen, suele descobrir sus sendas y hondos
barrancos.
_Davo._ Mil chimeras estoy revolviendo en la imaginacion, y mil
sospechas se me engendran de la novedad no acostumbrada; porque
quien vido á Cratino estar inquiriendo con demasiada atencion las
potencias y poderío del amor y las obras, y acto en sí tan confuso y
repunante, no es sin misterio; causa hay, y áun no de pequeña carga;
yo aseguro agradable me sería que á tantas enigmas diese conclusion;
pero él procede, prestémosle el oido benigno, porque el sermon no
perezca, y si alguna duda ó cosa que le parezca resultáre, allí nos
quedamos, él juega armado y los compañeros en la tabla, y áun le
podemos sobre ello decir el sueño y la soltura, y siquiera porque vea
en qué feria vende su mercadería, porque la verdad hija es de Dios,
y al amigo ó al enemigo no se le debe decir cosa al contrario del
verdadero camino; pero grandes aceleraciones me ocurren con velle
tan desatinado, Dios lo convierta todo en sosiego, mas el alma me da
que desta vuelta no lloremos duelos ajenos, y yo aseguro que no nos
loemos de haber pasado el vado sin mojarnos la zapata.
_Pinardo._ Así burlando, como si nuestro mal lo pudiésemos echar á
puerta ajena, suelen decir que cada buhonero alaba sus agujas; pero
al presente ni las nuestras ni las ajenas, sino oye á Cratino y verás
si tenemos necesidad de abrir el ojo, porque, á lo que siento, la
nuestra no toca en el hito ni en el blanco; y si lo miras, conocerás
á la clara en lo que está, porque por la víspera se conoce el
disanto, y, como dicen, harto es de ciego el que no ve por tela de
cedazo.
_Dav._ Pues oye, oye, que á sus nuevas querellas se torna de la
manera que primero.
_Pin._ Pues diga bien y gaste su almacen, que ésas son mis misas, y
áun podrán decir por mí, el harto del ayuno no tiene cuidado ninguno.
_Dav._ ¿Que almorzado has, á lo que parece?
_Pin._ Mas qué, ¿me tengo de mantener del aire como camaleon, ó
andarme haciendo papo de aire como cuervo en el verano? á la fe, no
lo niego, que lo primero que hago, en poniendo los piés en el suelo,
es guachapear con aquello blanquillo de Madrigal, y despues venga
Dios y véalo, que, por mi fe, como dice la otra, ántes beberé que
me toque; y esto hecho, lo demas dé do diere y ruede el mundo como
quisiere y á la mano que por bien tuviere, que de lo demas yo tener
pena, así puedes llamar al rey compadre.
_Dav._ De manera que el que quisiere tu saliva ayunas ha de ser en la
cama.
_Pin._ Pues ¿qué quieres, que pise el sapo en ayunas? así puedes
pedir cerezas por Navidad; pero apriesa habla Cratino, oigamos,
porque, como dicen, quien escucha, de su mal oye.
_Crat._ ¡Oh amor, y cómo escedes los límites de tu jurisdiccion!
¡oh cómo nos distraes en feos actos y en torpes hechos! ¡oh cómo á
tu causa se tuerce nuestro triste y miserable vivir! agora digo que
no culpo á Lamech, que en la edad primera contraxo bigamia, casando
con dos mujeres, contra la dotrina dada á nuestro primer padre en el
huerto de los deleites, «serán dos é una carne»; ni ménos inculpo al
aceleroso Catilina, que, por amor de casar con la romana matrona,
mató al hijo; ni pongo culpa á Clodio, que dió causa á que el César
repudiase su legítima mujer; pues trocadas de tu frecha, y llagados
de tu áspera mano, excedieron en estremo los límites y términos de la
razon; pero no sé qué diga, confuso estoy, porque esta tan suprema
potestad del divino consistorio, de la soberana justicia te está
permitida, y tú, mandado eres, subjeto estás; por ajeno mando te
riges y gobiernas; cállome, cállome, porque quien tras otro cabalga
no ha silla, que, do quieres, la subjeccion te releva de culpa, mil
defensas tienes, notorias están, á la clara parescen, no digo más;
pues que el que sufrió venció, y vido lo que quiso, y á buen callar
llaman Sancho, y en boca cerrada no entra mosca. Especialmente que,
andando á escuras, presto tropieza hombre, y caminando por donde
no es el camino pisado, pocas veces se acierta, y áun Diógenes lo
reprobaba; pues tambien hablar hombre en lo que no sabe cosa escusada
me parece; allá se avenga, si mal ó bien tiene, él se lo buscó, sé
que no tengo de cegar llorando duelos ajenos, de do diere, venga lo
que viniera, que lo que fuere de los otros será de mí; porque, á lo
que siento, no son tan necios, que cada uno no querrá guardar su
cabeza.
_Pop._ A solas piensas que estás, amigo Cratino, y tienes las espías
de las puertas adentro, y pensando que nadie tenias, has hablado,
como entre compadres, lo tuyo y lo ajeno, y has revuelto tantas
materias ofuscando lo claro, cubriendo de color á lo prieto; y así
tan confusamente te has habido en el proceder, que resumir las dudas
que de tus sentencias resultan sería querer tomar truchas con haldas
enjutas; por tanto, no me revuelvo contigo, porque sería enojarte
á tí herirme en el ojo, pero mal suena eso que con tanta eficacia
estás afirmando, que, tornándolo de latin en romance, dices que no
culpas á los hombres porque ciegamente aman, y parece que los escusas
con matizado lustre, diciendo que Dios gobierna todas las cosas. Al
cabo estás, entendida me tienes, y si ése es buen coger de agraces,
tú lo ves; fea cosa es y mal parece reprobar á la clara la fuerza y
poder, franca libertad y libre albedrío, de fino quiebras, y mira que
muchas veces por conservar la cosa, se pone en parte que en la mayor
necesidad no paresce; torna, torna en tí, y mira lo que dices, y
emienda lo dicho, que más vale ser tenido por necio que por porfiado,
y áun si miras, del sabio es mudar el consejo.
_Crat._ Pues cómo, ¿no sabes que Dios permitió que el primer hombre
amase nuestra primera madre y así lo formó con una inclinacion
natural? verdad es que nunca desordenadamente se amaron en el estado
de la gracia.
_Pop._ Tú te lo dirás todo, de manera que confiesas que despues
del pecado, y así por quebrantar el precepto de Dios, vino la
desenfrenada luxuria de la carne y el tan libidinoso apetito.
_Crat._ Así lo digo, así lo afirmo, y cosa en contrario no la siento.
_Pop._ Satisfecha estoy para comigo, y di ya lo que quisieres, que yo
cuenta hago que me he librado de las manos del gavilan, ó como dicen,
de los cuernos del toro.
_Pin._ ¡Oh cómo estoy enojado, Cratino, de las cosas que te has
dexado decir contra el amor! en verdad no quisiera que tan á rienda
suelta hobieras en esta materia caminado, porque serás tenido por
maldiciente, especialmente en decir mal de lo bueno; y ¿cómo no sabes
que dice el filósofo que el amor es fundamento de todas las virtudes?
y ¿cómo no sabes que ninguna cosa puede ser virtuosa si en ella no
mora amor? en tanto que decia Salomon: en todo no vi sino vanidad,
y humo, y viento, y miseria, y vi que debaxo del sol no habia cosa
estable, salvo el amor de Dios. Y áun si miras los dos preceptos
mosaicos de donde depende toda la ley, dicen; amarás á Dios y al
próximo, de manera que mediante el amor somos salvos, y sin él, mia
fe, por demas es la citola en el molino de que el molinero es sordo;
pues si del amor tenemos tan grandes bienes, tan grandes provechos,
y mediante él esperamos el reposo perpétuo, y la holganza sin fin, y
la gloria y quietud perpétua, ¿para qué has estado profazando? ¿por
qué murmuras? ¿por qué contradices á la ley de la razon? ¿no miras
que es cosa peligrosa nadar agua arriba y seguir la opinion del vulgo
tan ajena del camino de la verdad? ¿qué dices, qué dices? ¿embazado
estás? ¿por qué? ¿pensabas que no hay más de hablar á sabor de
paladar?
_Crat._ No habria palabra mal dicha si no fuese repetida, esto digo;
en lo demas, alta me la levantas, por altanería vuelas; abáxate,
abáxate y gozarémos de tu conversacion, porque áun los bienes quieren
ser comunicados para que el poseedor mejor comunique dellos, porque
yo no hablo dese amor tan caritativo, ántes es mi sermon dirigido
contra el amor natural, y si la lengua erró, el corazon no pecó.
_Pin._ Eso digo yo, que es buen emendar de avieso, por saltar del
fuego dar en las brasas; y ¿cómo no sabes que el amor natural es el
que inclina el ánimo de cada uno á amar su semejante, así que cada
hombre se mueve á amar á otro, por natura ó por costumbre, aunque
no espere deleite carnal? así parece por las aves y animalias, que
las verás en manadas, y aunque no tienen entendimiento, por fuerza
y por virtud del amor natural, se acompañan unas con otras y se
deleitan con su semejante, sin pensamiento de apetito carnal, porque
no hay cosa criada que no tome placer destar con su semejante, y así
decia Salomon que qualquiera cosa deseaba su semejante; y áun este
amor natural, más te digo, que no es en la mano del hombre, y así
dice el filósofo que las personas engendradas so una constelacion,
naturalmente son de una voluntad y siempre se aman; y así, decia
Platon, ¿quiéres saber quien es semejable á tí? mira quién te ama,
porque suficiente causa es para inducir y causarse amor el deleite
intelectual, y por eso, como sabes, decia el Ciceron, el amor
perfecto no es, salvo amar á otro, no por fuerza, no por miedo,
no por interese que esperes dél: así queste amor natural con los
requisitos y condiciones que has visto, justo y lícito es, y áun asaz
virtuoso, y en él no hay que increpar ni dél tienes que decir, ni por
ello culpar en cosa.
_Crat._ Mucho andas, Pinardo, sotil, y áun no con pequeña diligencia
por me tomar á las palabras, y pues andas con tantos circunloquios
trastornando las filosóficas cartas, no hablo, no hablo ni ménos en
cosa culpo, salvo al amor abominable, que, en su torno á la contínua,
sin descansar un punto está torciendo y moviendo á la voluntad
humana, induciéndola al amor de las hembras, solamente por el deleite
que dellas se espera; ésta es mi intencion, ésta es la pleita para
que he estado aderezando el esparto, ésta es la madexa que ando por
devanar, ésta es la tela que con tanto ahinco ando tramando; agora
puedes decir lo que quieres, que no uso de circunferencia, ántes
hablo pan por pan y vino por vino al uso de mi tierra.
_Pin._ Léxos andabas, mi Cratino, de la verdad, mucho dexabas y áun
bien apartado del trillado y llano camino por te ir por las ásperas
sendas, pues no hay atajo sin trabajo; mándote yo, por tanto, usar de
los propios términos, y á cada uno llámale su nombre y responderte
ha; y de lo blanco no quieras hacer negro, ni por el contrario, ni
del vicio no quieras hacer virtud, ni á la virtud, usurpándole su
nombre, no la cuentes en el número de los vicios; y como que, con
tus manos lavadas y tu cara sin vergüenza, á dos por tres llamas al
deleite y desenfrenada luxuria amor, por Dios, andas bueno, eso me
parece el enjabonar la viuda los tocados negros, pues sabe, sabe que
ese apetito que mueve á la voluntad humana se llama amores, y no
amor, y el deleite del tal amor consiste en el cuerpo, y por eso no
se puede ni debe llamar amor; porque Aristóteles decia que amor no
es sino querer que la persona que hombre ama haya bien, y el que ama
solamente por interese corporal, que espera del que ama, no lo ama
de la manera que comunmente y por la mayor parte se aman los hombres
y hembras, que no es sino por saciar su carnal y dañado apetito; así
que esta concupicencia desordenada ni es amor ni áun cosa que le
semeje. Porque el verdadero amor grandes cosas hace por amor de la
persona á quien ama, y si no las hace no es amor; en tanto que decia
el Apóstol que ninguno podia forzar el corazon del que ama mucho,
y que áun la muerte no lo podia sobrepujar; y de aquí, si se te
miembra, decia el Salomon en los _Cánticos_, el amor es fuerte como
la muerte.
_Crat._ Atento estoy, amigo Pinardo, á tan altas doctrinas de tan
resplandecientes colores como estás matizando, trabajando de ingerir
tan frescos rosales y tan suaves olores entre mis ramas emponzoñadas
procedientes de la misma raíz del baladro; el amor verdadero y
honesto quál sea, por maravillosos términos lo has esplanado, al cabo
estoy, satisfecho me has y áun bien alumbrado de la ceguedad que así
me ofuscaba los sentidos; y así decia el maestro del divino Platon
hablando de la desenfrenada lujuria, no hay mayor captiverio que ser
sometido á amor, y que no tienen ojos los que sensualmente aman,
decia asimismo, porque aquel amor de concupicencia no es virtud, mas
es vicio.
_Pin._ Algo me vas entendiendo, y pues te satisfacen bien mis
sentencias, ¡oh, qué propósito! piensas que decia el Augustino
en el libro de las respuestas, amor no es al, salvo el que ama
transtornarse en la cosa amada por conformidad de vivir; pero en lo
demas ilícito y inhonesto, á que tú quieres llamar amor hermoseándole
el nombre, digo que ensucia el ánima y consume el cuerpo, quita la
virginidad, roba la fama, enoja á Dios, y así decia el Ciceron:
quel siervo de la lujuria no puede enseñorear á otro, y que el que
della usa es más esclavo que el comprado; y así decia Sant Pablo que
los deleites del mundo puso Dios en la lujuria. E Aristóteles al
gran Alexandre, ya que conquistaba el mundo, le escribió diciendo:
¡Oh clemente Emperador, no te inclines á la lujuria, porque es
destruicion del cuerpo, abreviamiento de la vida, corrompimiento
de virtudes, traspasamiento y quebrantamiento de ley, y engendra
costumbres de hembra! así que guárdate, guárdate de tal lazo, que
Salomon dice que ni se puede esconder el fuego en el seno sin que se
queme la ropa, ni puede estar el hombre con las mujeres sin pecar;
por tanto, hermano, el tal tercio húyelo de tu carga, que mal está
la estopa cabo el fuego, pues el encomendar la oveja al lobo, ya ves
que procede de notoria simpleza, y querer tú andar los piés descalzos
por cima de las brasas, sin quemarte la planta de los piés, cosa
imposible parece, así que destos juegos huye, huye, que, á buena fe,
desta manera se hacen los cogombros retuertos.
_Crat._ Ya veo de dónde tiras; tan olvidado estuviese el enemigo
de la humana natura de mi ánima quanto yo estoy apartado de lo que
piensas; más honda, más honda va la conseja, más honda va, ¡ojalá en
mí se ensolviera todo, y nuestro señor Evandro estuviera desenredado
desa red ó los piés fuera del lazo!
_Pop._ ¿Qué me dices, que áun todavía dura esta conseja? malo se
pára este arroz, sobre que yo pensé que no tienen cosa más olvidada
se torna agora al regosto; bien le debiera saber las ojuelas, pues
lo que él ganáre en esa mercaduría poco vivirá quien no lo verá, y
áun podrá ser que nadára y se ahogára á la orilla, y eso piensa y en
eso entiende, y por mi fe, donoso está; el pecar humana cosa es, el
perseverar en el mal, obra es del diablo; esto me parece: de lo que
ganará en esta venta, no quiero parte, que al gallarin le saldrá.
Como creo en Dios, no está en sí ni lo tengo por hombre cuerdo.
_Crat._ Adivinar agora, en hora mala lo ves; buena andas, Popilia, en
tal tiempo pidiendo seso á tanto yerro, me parece eso como preguntar
al israelita si sabe oficio de cantero.
_Pin._ Burlando estais de la feria teniendo en poco el mal de nuestro
amo; pues yo seguro que le valiera más estar de quartanas ó herido
de landre, que no tornar á entender en esos embarazos, que ni tienen
cabo ni medio, especialmente que la envidia de algunos, que ya me
entendeis, daña más de lo que se puede pensar.
_Dav._ Contigo estoy; por eso decia el vandálico preceptor de la
moral filosofía, que el envidioso se paga de decir mal de lo bueno
y decir bien de lo malo, y el beato Gregorio decia, no hay mayor
tormento que la envidia, y cierto, como la polilla gasta la ropa, así
la envidia gasta al hombre que della usa, y do mora envidia no puede
morar amor.
_Pin._ Bien dicen que ni el envidioso medró, ni quien cabe él
moró; pero hágote saber que la mayor venganza que puedes tomar del
envidioso es hacer buenas obras, por eso, hermano Davo, échate bien á
dormir, no te guardes, que á buena fe, que dice Séneca que te has de
guardar más de la envidia de los amigos y parientes que de la de los
enemigos.
_Dav._ Bien veo que dese vicio nació el primer derramamiento de
sangre sobre la haz de la tierra á causa del hijo del primer hombre;
pero ¿quién se guardará del ladron de casa, y quién se guardará
de la indignacion y ódio de su madrastra? que ya todos sabeis que
Serafina es una cordera mansa y una paloma sin hiel, pero el aya que
la gobierna guarda fuera, Dios te libre ni áun de encontralla en la
calle.
_Pin._ No sé qué tema teneis vosotros tanto tiempo há con esta mujer,
porque yo algunas veces le he hablado, pero no la hallo sino tan
justificada y tan apuesta en la razon como si fuese una santa.
_Dav._ El santo de Pajares, que se quemaba él y no las pajas, y como
eso sabe hacer; y por tomarte á las palabras, en buena fe, dé siete
vuelcos en el infierno; Dios me guarde del diablo, y despues della y
de su ira.
_Pin._ Eso dexado para en su tiempo, dí que goces, Cratino, que ha
sido la causa de tornar Evandro al juego viejo con los naipes nuevos.
_Crat._ La imaginacion en la cosa siempre suele refrescar las llagas,
esto de una parte, y tambien ver á la clara la voluntad de Serafina,
han dado causa á que el viejo dolor, cobrando aliento de nuevo con
recientes fuerzas, ha tornado á lo atormentar de tal manera, que toda
esta noche ni él ha dormido ni á mí dexó pegar los ojos; pues despues
que el polo encomenzó á enseñar la gentilidad y resplandeciente cara
de Apolo, como los sentidos, con sobrevenir la luz, se divertieron
algo de la especulacion en que con tanto ahinco estaban ocupados,
¿quién te podrá decir las lástimas que ha dicho, las lágrimas que ha
derramado, los desmayos que de rato en rato le ocupaban la potencia
de los vitales espíritus, gimiendo y sollozando y sacando tantos
sospiros y tan tristes de enmedio de las entrañas, que tras cada
uno parecia que ya la carne, condolida de tantos trabajos, quedaba
desmamparada y convertida en su primera composicion? ¿y quién podria,
con mil lenguas que tuviese, contar las grandes pasiones y en sí tan
repugnantes que le he visto estar padeciendo? Mi fe, hermanos, viendo
la causa en tal estado y el negocio en términos no convenientes á
la salud de Evandro, como me doliese su cuita, como si sobre mis
sentidos la tal pena se estuviera ministrando, tomé por mejor remedio
salirme de la sala y entrarme aquí, como veis, llorando ventura tan
fuerte y tan contraria y tan áspera y de dañosa zozobra; pero si
quereis ver lo que digo y la razon de mi cuita, vení, vení, que desde
la puerta veréis que de cien partes no digo la una de lo que pasa.
_Pin._ Vamos, vamos, que no es tiempo de andar á la flor del berro, y
llegados á la puerta seguirémos el consejo más sano, conformándonos
con la disposicion en que viéremos estar la cosa.
_Pop._ Hablando está entre sí, oigamos, sabrémos en qué ley vivimos.
_Evand._
La muerte con sus fervores,
Con mal que punto no olvida,
Ya me abraça;
Y en ver tantos disfavores,
La desconsolada vida
Se embaraça;
Y el sentido dice: «Vén
Vén, vén y habe compasion
Del ya vencido.
Esperanza mia por quien
Padece mi corazon
Dolorido.»
Porque con el tal favor,
Que será qual nunca es vido
Acá jamas,
Luégo cesará el dolor,
Y las ánsias del sentido
Habrán compas.
Y pues ellas me dicen
Qu’en viendo tu perficion
Sería guarido,
¡Oh señora, ten por bien
De me dar el galardon
Que te pido!
Y si aquesto se me niega,
Venga ya la confesion
Y su extremo;
Pues la muerte ya se allega,
Y en hallarme en tal sazon,
No la temo.
Y estando en tanta porfía,
Porque tus bienes alexas,
Triste estoy;
Y pues punto de alegría
No tengo, si tú me dexas,
Muerto soy.
Pero no, que pensamiento
De lo tal en mí se cuaje
Ni se sienta,
Mas está el entendimiento
Esperando el tal mensaje
En gran afrenta;
Y áun qu’el triste bien confia,
Dice con ánsias muy viejas,
Pues no erró:
«Vida de la vida mia,
¿A quién contaré mis quexas
Si á tí no?
»Mas para questé contento,
Pues que mi triste vivir
A nadie aplace,
Otra salud no la siento.
Salvo aceptar el morir,
Pues te place;
Ó haz qu’el fuego que m’arde
Lo apague de mis sentidos,
Con favores,
Aquel dios de amor tan grande,
Que consuela los vencidos
Amadores.
»El qual siente lo que siento,
Y siente qu’el mi sentir
Ya no siente,
Y siente qu’el sentimiento
Del sentido y consentir,
Bien consiente
En que la muerte no tarde;
Y á tí, pues tienes sentidos,
Mis dolores,
De mando asoluto mande,
Que hieran en tus oidos
Mis clamores.
»Y si aquesto no concedes,
El alma, con tal querella,
Se me arranca;
Pero mira que bien puedes
Atender, si tú quies vella,
Como basca;
Y venga tu gran bondad
A ver la rabia espantosa
Que no fenece,
Y la justa pïedad
Que á persona tan hermosa
Pertenece.
»Y á la cuita que á mi alma,
De las carnes ya la aparte
Y la alexa,
Vuestra merced ponga calma,
Y tambien el fuego aparte,
Que me aquexa;
Y la muy gran crüeldad,
Que de angustia temerosa
Me fornece,
Incline tu voluntad
A mi vida dolorosa,
Que padece.
»Por qu’el sentido me priva
El sentir que estais airada,
Mi señora;
Y con pena tanto esquiva,
La mi vida amancillada
S’empeora;
Por tanto, el grave pensar
Haz que cese, y el cuidado
Tan pujante,
Y aquel tanto desear,
Que hace ser porfiado
Al amante,
»Haciendo que ya no crezca
La pena, que así se muestra
Mi enemiga,
Y el sentido ya aborrezca
El mal que á mi vida adiestra,
Y no lo siga;
Y haz el daño, avadar,
Que al corazon ha ligado,
Más que ante,
Que no lo dexa mudar,
Sino quanto más penado
Más constante.»
_Pin._ ¡Oh alto y maravilloso fabricador de las cosas criadas, y
qué gran manera de metrificar, por cierto los sonetos del Serafino
toscano no se igualaron, con harta parte, en la sentencia ni en la
gentileza, ménos se pueden equiparar los metros del galano Petrarca!
¡qué manera tan grande ha tenido para decir lo que quiere! por
cierto, si á noticia de Serafina viniese esta glosa tan alta, que en
el mismo instante concediese en su voluntad, porque le constaria á la
clara que la pasion que por ella se siente da causa de inventar lo
que no se pensó.
_Pop._ Sin duda estoy muy contenta de lo que entre sí le he visto
estar metrificando, pero bien será que entremos por consolalle,
porque, como dicen, llagas untadas duelen y no tanto.
_Dav._ Bien será, y anda adelante, Pinardo, que cierto la compañía
mucho desecha toda pasion y todo género de tristeza, y, como dicen,
todos los duelos con pan son buenos.