_Fun._ Dime, Risdeño, ¿cómo ha estado tu señor esta noche? ¿hale
venido algun desmayo despues que yo y su hermana le dexamos?
_Risd._ Señora, con ayuda de Dios, mejor se ha sentido.
_Fun._ Dios sea bendito por siempre jamas, amén, que cierto de
cuidado en toda la noche no he dormido sueño; entra, por tu fe, hijo
Risdeño, y mira si duerme ó qué hace, que le quiero ver.
_Risd._ Señora, ya voy; hablando está entre sí, ¡ay Dios! y ¿qué
dice?
_Selv._
Pues mi fuerza se ve fuerte,
Forzando siendo forzada,
Con fuerzas fuerce la muerte
Y será beatificada.
_Risd._ ¡Gran Dios, y que sentenciosa cancion temporalmente
fabricada! de cierto que las muy famosas del poeta castellano de
nuestros tiempos no la igualan, ni áun llegan á ella con cien azotes;
quiero callar, que parece que prosigue en su propósito.
_Selv._
Levántate, corazon,
Por esos aires y vuela;
Y descubre tu pasion
A tu muy dulce Isabela.
_Risd._ En eso habias de parar, que es lo que más te duele; agora
bien, quiero decirle á lo que vengo, no le tome la venida de su madre
inopinadamente. ¿Señor, señor? dexa por agora tus elevamientos, mira
que tu madre Funebra te viene á visitar.
_Selv._ Dame, pues, de vestir, Risdeño, no me halle á tal hora en la
cama y barrunte algo de mi dolencia.
_Risd._ Donoso estás, por mi fe, con haberte ya llorado por muerto.
_Selv._ ¿Qué me dices? ¡cómo! ¿y mi mal le fué manifiesto?
_Risd._ Bien parece que todos tus sentidos tienes ocupados en la
contemplacion de Isabela; pues ¿no te acuerdas de anoche quando con
la venida de Flerinardo estuviste sin sentido?
_Selv._ Ya caigo en lo que dices, vé, pues, mira si saldré yo allí
fuera.
_Risd._ No será menester, señor, que ya viene.
_Selv._ Pues iráste de aquí tú, que quiero comunicar con ella algunos
secretos.
_Fun._ Mi hijo, en buena hora esteis, pláceme que os veo levantado y
fuera del peligro de anoche.
_Selv._ Mi señora, por ello doy muchas gracias á Dios, que de
vuestras lágrimas se dolió, no mirando mi grave malicia, de mayor
castigo merecedora; mas si, señora, tuviéredes por bien, os querria
dar parte de un pensamiento que tengo, que no poco me tiene cuidoso
por lo mucho que á vos y á mí toca.
_Fun._ Pues, hijo, luégo me le declarad; que siendo como decís,
razones que en él sea yo certificada, porque si fuere cosa en que
consejo quadre, especialmente el mio, en ello está bien aparejado.
_Selv._ Madre señora, dexados los preámbulos y largos razonamientos
que en tales casos suelen ser traidos, pues al presente para con
vos no son necesarios, considerando en el trance que ayer mi vida
se vido puesta, y que sería gran dolor para mí, si la muerte me
llamase, dexar vuestra persona junto con la de Rosiana desmamparadas,
yo determino, si dello fuéredes contenta, á vos un buen hijo, y á
ella un honrado y noble marido dexar, con quien no sólo nuestro
claro linaje será ennoblecido, mas en muy sublime gloria ensalzado,
habiendo al presente en ella oportunidad bastante; lo que si de las
manos se dexa agora, dubdo que tan presto otro semejante caso se nos
ofrezca.
_Fun._ Mi hijo y mi buen señor, bien sabes que despues de la muerte
de vuestro buen padre, en vos ella y yo toda nuestra esperanza hemos
tenido, pues esto claramente se nos muestra; en lo que á mí toca, yo
lo dexo en vuestras manos, porque sé que seréis tan celoso en mirar
lo que á vuestra hermana conviene, como el cercano parentesco lo
demanda; solamente quiero de vos saber quién la parte sea, porque
mas, habiéndose ordenado por vos, sabiéndolo, me goce.
_Selv._ Sabed, señora, que con quien yo tengo pensado que este
negocio se execute, es con el generoso y muy noble caballero
Flerinardo, íntimo de mis amigos, cuyas virtudes y magnificencias si
hobiese por entero de mostrar, ántes tiempo que materia me faltaria;
solamente quiero que sepais que él solo es el que á mi hermana
meresce, y si él no, pienso que otro que más que él sea áun no ha
nascido, y pues esto tan á la clara se demuestra, lo que falta es que
della su intencion y postrera voluntad sepais, porque más en contento
de las partes se ponga por obra, quedándome á mi cargo de lo mesmo de
Flerinardo saber, para que más presto se confirme.
_Fun._ Hijo mio, en estremo soy gozosa de vuestras palabras, por
tanto yo quiero luégo poner por obra lo que por vos me es encargado,
y con lo que hobiere tornaré á vos.
_Selv._ Mi señora, así os lo encomiendo, rogándoos que con gran
vigilancia colijais si Rosiana dello es contenta, porque, sin su
voluntad, no quiera Dios que yo haga cosa contra ella.
_Fun._ Así lo haré, hijo mio, y agora esforzaos y comed, pues se hace
tiempo que yo voy á lo poner por obra.
_Risd._ ¿Señor, señor? Flerinardo viene.
_Selv._ A mejor tiempo no podia ser su venida.
_Risd._ Vesle, ya entra.
_Fler._ ¡Oh mi señor Selvago! eso sí que me contenta, y no mostrar
la flaqueza de ayer.
_Selv._ Mi señor Flerinardo, á ira de Dios, como dicen, no hay casa
fuerte; mas pues de mí, poco más ó ménos, podréis conocer como en mi
pena me ha pasado, resta que cómo en vuestra fatiga os ha contescido
me declarés.
_Fler._ Por lo que vos sentis, mi señor, quiero que eso conozcais;
pues la dolencia es tal, que más por esperiencia se puede devisar que
por palabras ajenas entender.
_Selv._ Pues sabed, señor, que no puse en olvido lo que me dixistes;
ca sabed que lo comuniqué con mi señora Funebra, y viene bien en ello.
_Fler._ ¡Oh mi señor Selvago! ¿y es verdad lo que decis, ó haceislo
por me conhortar?
_Selv._ Cierto, señor, así pasa; por tanto sed alegre, que si tan
seguro estuviese yo en mi pena como vos en vuestro deseo, no me sería
trabajosa, porque desde aquí os doy por vuestra á mi hermana, y yo
por tal os recibo.
_Fler._ Mi señor Selvago, si las mercedes que de vos contino he
recebido por entero hobiese de gratificar ó servir, muy más grande
habia de ser mi valor; solamente con esto os pienso de pagar, que
es ponerme en vuestro poder para que de mí y de lo que poseo podais
enteramente á vuestra voluntad disponer; pues no sólo hoy con vuestro
prometimiento me habés dado la vida, mas de muy cruda muerte redemido.
_Selv._ Señor Flerinardo, más que eso merece vuestra generosa
persona; mas decidme, ¿habeis visto á vuestro criado Escalion?
_Fler._ Agora en el camino me vido, y pienso que se vino tras de mí.
_Selv._ Risdeño, mira si está Escalion en la posada.
_Risd._ Con el señor Flerinardo vino, y díxome que le diese de comer,
que estaba ayuno por andar en vuestro servicio.
_Selv._ Él tiene mucha razon; vé tú, mira si se le dió, y en habiendo
comido, dile que se allegue aquí.
_Risd._ Luégo se hará.
_Fler._ Decidme, señor Selvago, ¿y qué concertastes con aquella buena
vieja?
_Selv._ No más de que tomó, al parecer, muy á pechos el negocio, y á
eso quiero enviar á Escalion para que sepa si se ha negociado algo.
_Fler._ Bien me parece; sea pues luégo, que veisle viene.
_Esc._ Señor Selvago, ¿qué me quereis mandar, que presto soy?
_Selv._ Que reciba de tí tanta gracia, que te llegues en casa de
Dolosina á ver lo que ha negociado.
_Esc._ ¡Oh señor, y cómo soy afligido en no poder cumplir vuestro
mandamiento!
_Selv._ ¿Cómo así?
_Esc._ Mandé ayer once varas de anascote á una su criada con
protestacion de se las llevar hoy, y no sólo no las tengo, mas ni
áun de qué comprallas, que por la santa letanía más pobre estoy que
puta en cuaresma; no sé si la moneda ha tomado miedo de mí, como los
hombres, que así huye de verse en mis manos.
_Selv._ Pues por eso no quede, que si de anascote se las mandastes, á
fin de que vaya adelante tu palabra, yo te las daré de carisea para
que se las dés.
_Esc._ Señor, bésote las manos por la merced, que por venir á tal
tiempo la estimo en más.
_Selv._ Pues anda, Risdeño, á mi recámara y dáselas, y otras tantas
para él, con que se vista, que más le debo yo por andar tan de buena
gana en mi servicio.
_Esc._ ¡Oh señor Selvago! agora digo que me has puesto en tanta
obligacion que, por las encendidas brasas de San Lorenzo, si
Dolosina no trae buen recaudo de ir yo con mano armada á casa de
Polibio, y á pesar de quien me lo quisiere estorbar, sacar á su hija
Isabela, y la poner en tu poderío, mamparándote de todo el mundo que
sobre el caso te quiera dañar; pues sólo con saber que soy yo de tu
parte, no habrá alguno tan fuera de sentido que contra tí quiera ser,
por no desmamparar su cabeza.
_Selv._ Bien se cree de tí, Escalion, que harias como dices; mas
agora, como te hayan proveido, irás donde te tengo dicho.
_Esc._ Señor, pues así lo quieres, así sea; mas mejor fuera de una
vez echar á un cabo estos negocios. Alto, señor Risdeño, agora se
verá vuestra amistad, que, pues está en vuestro poder, no sea la
carisea de lo peor, no se diga por vos, bueno os lo dan; ¿entendéisme?
_Risd._ Por mi fe, Escalion, que es de lo mejor que alza cola en esta
tierra; veis aquí veinte y dos varas en dos partes.
_Esc._ Bien es como dicis; mas lo uno se me quede aquí hasta la
vuelta, y quedaos á Dios, que voy de priesa. Mi fe, Escalion, á
muchas destas pedradas podria ser que te echasen los sesos de fuera,
mas por mi fe, bien mirando en ello, que es gran liberalidad para
mí ésta, que dé carisea por anascote, y tanto en quantidad á la
coxita de Livina: cierto que será mejor tramontallo sin dalle cosa,
que seguro estoy que no me pida delante el alcalde la palabra: mas
¡qué digo yo! ¿no es aquélla Dolosina? ella es, que aldear trae. ¡Oh
señora Dolosina! vengas en buen hora, que bien has sido deseada, y á
buscarte iba á tu casa, y á cumplir mi palabra con Livina y darla por
anascote carisea, porque sienta á quién hizo placer.
_Dol._ Hijo Escalion, placer he que cumplas lo que con ella pusiste,
por ser de hombre de bien; mas si te parece, porque no trabajes
tanto, déxalo en aquella casa á guardar hasta la vuelta.
_Esc._ Bien será, así lo quiero hacer.
_Dol._ Y áun de estos bobos son los que yo he menester, que por
hacerse liberales y ser tenidos por generosos, hinchen mi casa, y
dejan la suya vacía.
_Esc._ Madre, ya lo dejé, vamos presto á la posada, que si has
negociado bien, yo te mando por tus albricias doscientos pesantes de
oro.
_Dol._ Lo que fuese sonará, y allá lo sabrás.
_Risd._ Señor Selvago, ya viene Escalion y la vieja.
_Selv._ ¿Qué me dices, Risdeño? ¿es posible?
_Risd._ Sí, por cierto, que ya llegan cerca.
_Selv._ ¿Miraste qué rostro traien, alegre ó triste?
_Risd._ Bien placentero á lo que parece.
_Fler._ Señor Selvago, salgamos á la recebir, que estos que poco
pueden, tienen en mucho cuando alguno de nosotros les hace alguna
vénia, que para ellos sea grande.
_Selv._ Bien decis, señor, así se haga.
_Esc._ ¿No ves, madre, á Selvago y á mi señor cómo nos salen á
recebir?
_Dol._ Así me parece.
_Selv._ ¿Qué me dices, madre? ¿no me pides albricias? Mira que lo
tendré por mala señal.
_Dol._ Áun tiempo hay para todo, entremos allá dentro, que si no las
he pedido, no es porque no hay de qué, sino porque estoy segura que
otro venga á me las ganar.
_Selv._ ¿Qué me dices, madre? Mira que saldré de sentido. Por Dios
que me digas en una palabra si me traes buen recaudo, ó por el
contrario, porque de una gran congoxa en que estoy pueda ser libre.
_Dol._ ¿Y qué tendries, señor, por buena nueva?
_Selv._ Que hobiese mi señora con algun engaño recebido mi carta.
_Dol._ ¿Y si la hobiese recebido sabiendo ser tuya?
_Selv._ No lo creo.
_Dol._ Luego ménos tendrás por verdad lo restante, quando en eso
pones dubda; mas si te diese yo un testimonio firmado de su mano,
¿daríesle crédito?
_Selv._ Entónces sí; mas porque eso es imposible, por tal esto otro
tengo.
_Dol._ Si yo te lo diese aquí, luégo ¿qué mercedes me daries?
_Selv._ Ningunas serien bastantes.
_Dol._ ¿A lo ménos?
_Selv._ Lo que mi posibilidad pudiese.
_Dol._ Pues agora quiero ver en tus mercedes quánto la nueva estimas,
y cómo galardonas á quien en el filo de la muerte se ha visto hoy por
tu causa; mas dejadas razones por escusadas, sábete que Isabela te
ama cordialmente.
_Selv._ ¡Oh santo Dios, y qué oigo! ¿Y es esto posible? Por tu te,
madre y señora, dime la verdad, y no quieras por darme alguna pequeña
esperanza al presente, hacer que en lo venidero reciba muerte cruda y
dolorosa.
_Dol._ Pues más te hago saber, que esta noche has de ir por su
mandado á la hablar por la fenestra de su aposento, al punto de la
media noche.
_Selv._ Ya, ya, ya, agora digo que es ficcion todo lo que me has
dicho; pues eso es tan imposible como sería posible baxar los
planetas y signos celestes á tomar asiento acá en la tierra.
_Fler._ Señor Selvago, no tengais tan poca confianza en esta noble
dueña, que en sus palabras pongais dubda, quanto más que cosa es
virisímil, si Isabela os ama, daros este favor, mereciéndole vos tan
bien.
_Selv._ ¡Oh mi señor Flerinardo, no me digais tal, que no puede ser
que mi señora tantas mercedes, siendo tan pequeño mi valor, me quiera
conceder!
_Dol._ Pues sabe, señor, que así es verdad, como tengo dicho, y por
esta carta escrita por su mano lo podrás fácilmente conocer.
_Selv._ ¡Oh mi buena señora! ahora os creo, agora siento que decis
verdad, agora bien conozco mi mucha infidelidad y engaño manifiesto.
_Dol._ Toma, señor, léela, y siendo certificado de mis palabras, veré
en quánto la nueva, para tí tan dichosa, estimas.
_Selv._ ¡Oh papel bienaventurado, pues fuiste merecedor de tocar
aquellas diafanas y ebúrneas manos de mi seráfica dea! dime, yo te
ruego, en un punto, por aquella gran gloria que en aquel tiempo
recebiste, el secreto que en tí viene esculpido; porque más presto mi
fin ó mi vida gloriosa se cumpla.
_Fler._ Señor, mirad lo que dentro viene y dejaos de palabras, que
traen poco fruto.
_Selv._ ¡Oh mi señor! dejadme gozar por entero de tan gran
bienaventuranza como tengo presente, pues con ello solo mi vida
bienaventurada consiste.
_Fler._ Lugar habrá para todo, haced agora esto.
_Selv._ Quiero, pues, hacer vuestro mandado.