VALERA. — CECILIA. — ISABELA. — DOLOSINA. — LELIA.

_Val._ ¿Es la que allí viene Cecilia? ella es sin duda; ¿y adónde

endereza tan de priesa su camino? quiérola llamar, que, segun va de

cuidadosa, no me ha visto. Cecilia, Cecilia.

_Cec._ ¡Oh madre! por mi vida, que te iba á buscar, que mi señora

Isabela te ha necesidad.

_Val._ Alto, pues, hija, vamos quando quisieres, aunque se pierda

otro negocio bien importante que agora tenía.

_Cec._ Así cumple, madre, porque mucho eres menester.

_Val._ ¿Tiene otra nueva enfermedad, ó siéntese fatigada con la llaga

antigua?

_Cec._ Algo deso no puede faltar; mas agora vamos á la posada, que

della serás satisfecha en tu pregunta; ya parece la puerta, entra

presto, madre, que ya mi señora nos ha visto y nos llama.

_Val._ ¡Oh mi perla de oro y mi señora! ¿no me decis si os hallais

más sosegada con la operacion del conjuro? que, por mi salud, bien

segura estoy que os fué provechoso, por lo mucho que á mí de mi parte

me costó.

_Isab._ Madre señora, si lo que por mí has hecho te hobiese de pagar

por entero y como tú mereces, muy más grande habia de ser mi valor y

posibilidad; porque te certifico que fué grande la operacion de tu

obra, que, como tú ántes me denunciaste, así como me vido fué preso

de mi amor, y por palabra me lo demostró, de que yo soberanamente me

gozaba si la fortuna, enemiga de todo placer ajeno, no lo hobiera hoy

trabucado; ca sabe que una dueña en hábitos de mendicante me vino con

una carta suya, mas yo, ignorante que dél fuese, no sólo de palabra,

mas de obra, yo, y juntamente comigo, Cecilia, mi doncella, la

tratamos muy mal, hasta tanto que de las manos se nos fué dexándose

la carta en el suelo, por la qual he sabido todo el caso, de que

estoy la más afligida y atribulada mujer del mundo, con temor que si

de Selvago es sabido, viendo mi esquiveza, no haga mudamiento, que

causaria que mi vida otro tanto hiciese.

_Val._ Mi buena hija, sabe que ya lo tengo todo eso remediado.

_Isab._ ¡Oh mi buena madre! ¿y cómo has hecho tanto bien?

_Val._ Yo os diré: poco ántes que con Cecilia, que por vuestro

mandado á me buscar iba, encontrase, estuve con esa vieja que decis,

que muy íntima amiga mia se muestra, que siéndole por mí preguntado

la celeridad y estrañeza de su vestido, como entre nosotras ninguna

cosa haya secreta, por entero me lo declaró; y yo como vuestro

corazon tanto entendiese, viendo el mal que se puede seguir, porque

lo que con vos pasó no manifestase á Selvago, le prometí de vuestra

parte la respuesta de la carta, y ansí mesmo que esta noche con

vuestra licencia os podria hablar, por algun lugar secreto, lo

que ella os vinie á decir junto con os traer la carta; y si yo lo

prometí, no se os debe hacer grave, pues mayor mal fuera si á Selvago

le fuera descubierta la manera que en recebir su mensaje se tuvo.

_Isab._ ¡Ay amiga! Como por un cabo me has de cruda muerte hecho

libre, y por otro me das á pasar gran afrenta; que puesto caso

que de corazon á Selvago ame, no tampoco quisiera darle ansí tan

abiertamente mi libertad en conceder lo que por mí prometiste.

_Val._ Señora hija, si bien miras en ello, no es tan grande el

favor, si se le concede, como vos le pintais, que de hablallo de una

fenestra á vuestra honra ningun peligro se sigue.

_Isab._ Bien está, madre, lo que dices, mas debaxo esa hoja hay otra,

que quien para en eso le concede lugar, es causa á que en lo demas le

dé posesion; que será tan escusado como lo que más lo puede ser, si

vínculo de matrimonio no se pone de por medio.

_Val._ Mi señora, así se lo podés declarar, y qual el tiempo tal el

tiento; que si conforme á vuestro propósito respondiere, haréis lo

que por mejor y más honesto tuviéredes, y si no, podréisle vos de

su propósito desengañar, aunque para mí tengo que no será él tan

desmesurado, viendo que ántes gana que pierde en el negocio.

_Isab._ Hermana Cecilia, ¿qué dices tú en esto?

_Cec._ Digo, señora, que lo que se ha de hacer tarde que se haga

temprano no es mucho.

_Isab._ Pues dame papel y tinta, que más quiero por el consejo de

vosotras errar, que por el mio acertar en el caso.

_Cec._ Ves aquí, señora.

_Isab._ Por tu fe, Cecilia, que miéntras yo escribo saques algunas

conservas aquí á mi madre, en que entienda.

_Cec._ Ve, señora, que sí haré. Ce, madre, ¿hay posibilidad en tí

para poner en cobro estas rajas de poncil con estas pastillas? Por

señas que á mi señor le fueron enviadas desde Valencia.

_Val._ Hija Cecilia, aunque las muelas se me cayeron, encías me

quedaron, que tienen sus veces.

_Cec._ Pues toma, madre, y si quieres que las parta ó enternezca con

los dientes, porque no tomes trabajo, yo lo haré por amor de tí.

_Val._ Calla en mal hora, no te hagas tú Marta, la que de piadosa

maxcaba el azúcar á los dolientes; pues hágote saber que hablando

en véras, que fiase más en mis encías que tú en tus dientes, porque

ellos te pueden faltar, y á mí no tengo temor sino que de cada dia

más me sean mejores.

_Isab._ Madre Valera, ves aquí la carta, y á esa buena vieja dirás

que si viese el pesar que tengo de lo pasado, que fácilmente me

perdonaria, y darle has esta sortija de mi parte, porque algo de lo

pasado se enmiende; y dirá de mi parte á Selvago que á las doce, en

la fenestra de mi aposento, le espero. Tú, por lo que por mí has

hecho, aunque sea bien poco, tomarás esas cien piezas de oro que para

buxerías me dió mi madre Senesta este dia.

_Val._ Bésote, señora, las manos por mercedes tan cumplidas, que bien

en sí demuestran la parte de donde proceden.

_Isab._ Madre, déxate agora deso, y vé con el recaudo, que de mucho

más eres merecedora.

_Val._ Pues, hija señora, yo voy, plega á Dios que él cumpla vuestros

deseos con mucha honra vuestra y de todos los que bien os quieren,

porque á mí me quepa parte.

_Isab._ El ángel bueno te acompañe, madre.

_Val._ Y con vos quede, hija mia.

_Cec._ Madre, bien puedes salir, que no parece persona por el patio.

Dios vaya contigo, y dirás á Dolosina que no tenga de mí querella,

pues era mandada.

_Val._ Sí haré, hija, queda con Dios. ¿Qué te parece, Valera? ¿y

que rechaza ésta para perder el juego? Como tan de presto has sido

rica y fuera de laceria, no sino estáte en tu casilla fingiendo

santidad, que allí te irá la comida por vida del turco. Fuera, fuera

la burlería, sino que cada uno trabaje, y de lo que trabajáre coma

y negocie por el mundo, poniéndose en peligros y afrentas, que como

dicen: quien no se aventura no aventura, y quien no sufre trabajo,

no goce enteramente del descanso; yo cierto poco trabajé, mas púseme

en grave peligro de honra y vida, mas como la fortuna á los osados

favorezca, así truxo en tan buen órden mi deseo; mas agora cese esto,

que, si bien veo, la puerta de Dolosina es aquélla. Verdad es que en

su fenestra está puesta por atalaya esperando mi venida.

_Dol._ ¿Hija, Lelia? ¿hija, Lelia? Vé presto. Abre esas puertas.

_Lel._ ¿Viene tu marido Hetorino, madre?

_Dol._ ¡Anda, que no! haz lo que te digo.

_Lel._ ¡Oh, señora Valera! ¿Y tú eras? Sube, que allá está la madre.

_Val._ Así lo quiero hacer, hija Lelia.

_Dol._ ¿Qué tenemos, comadre, hijo ó hija?

_Val._ Hijo, y áun bien á nuestro provecho.

_Dol._ Donde vos estábades no podia ser otra cosa; mas merced

recibiré en que me declares por estenso lo que allá ha pasado.

_Val._ Es así que yo las hallé en gran alboroto, y penadas sobre lo

que en vos habian hecho, despues que supieron por la carta la parte,

y cierto que les pesa verdaderamente por ello.

_Dol._ No quiere Dios más del pecador, y eso les bastará para comigo,

aunque gravemente me habian injuriado.

_Val._ Yo les quité parte de su pena diciendo haberte aplacado con

que enviase respuesta, y á dar licencia que esa noche se viesen,

sobre lo qual pasamos muchas cosas más; en fin de razones quedó

convencida, y así escribió esta carta, encargándome que te la diese,

pidiéndote de su parte perdon; ansimesmo que digas á Selvago cómo á

las doce le aguarda en la fenestra de su aposento; mira si he bien

negociado, que en señal de lo dicho ser verdad te envia esta sortija,

y porque del todo tu rencor olvides.

_Dol._ Así me parece, por cierto, que pintado no podia ser mejor á

nuestro propósito; mas espantada estoy cómo no os dió á vos parte,

pues tanto por ella habeis hecho.

_Val._ Anda que sí dió, y áun razonable.

_Dol._ ¿Qué, por mi vida?

_Val._ No cosa.

_Dol._ Ea, dilo ya.

_Val._ Cien monedas de oro.

_Dol._ Desas estocadas que te tiren muchas, no será mucho que quedes

mal herida.

_Val._ Así me parece; mas por mi fe que te las trocase por las

albricias que de Selvago has de haber.

_Dol._ Sabes que veo que más vale páxaro en mano, que las tienes

seguras, y yo no sé lo que sucederá; mas mira si me mandas alguna

cosa, que quiero luégo allá llegarme.

_Val._ No más sino que vayas en buena hora, que en la mesma, á pesar

de gallegos, tornaré yo adonde salí; mañana voy allá á saber lo que

ha pasado, y luégo aquí á holgarme contigo un poco.

_Dol._ Pues vendrás ántes de comer, porque comas juntamente con

nosotros, que aunque no sea la comida como tú mereces, recebirás la

voluntad.

_Val._ Para conmigo no tienes necesidad de ofertas ni semejantes

convites; mas porque no me tengas por mal criada, yo acepto la

merced, y Dios quede contigo, que me parto.

_Dol._ Él te guie, hermana Valera, que por esta otra calle es mi

camino.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 40 / 85 题