ESCALION. — DOLOSINA. — CLAUDIA. — LELIA. — LIBINA.

_Esc._ Ahora que ya Flerinardo se ha entrado á su aposento, quiero ir

á casa de Dolosina con el recaudo de Selvago, ca mejor se negociará

agora que de mañana, y áun podria ser que del porte de los diez

escudos tuviésemos buena cama hasta el alba. Buen acuerdo es éste;

alto, via á caminar por esta calle, pues será á ménos peligro. Bien

está, que ya veo la puerta, y á Dios si están acostadas; mas poco se

perderá en que llame, pues venimos con provecho. Tá, tá.

_Dolosina._ ¿Hija Lelia, hija Lelia? corre presto, por tu vida, mira

quién llama á tal hora á la puerta, y si es el mercader de quien te

dixe hoy.

_Lelia._ Madre señora, si es él, más vale que vaya á le abrir Claudia

que yo.

_Dol._ Bien has dicho; vé pues, Claudia, mira quién es.

_Claudia._ Ya voy, madre, mas por mi salud, que en el llamar más

semeja al bachiller desta mañana que al que decis.

_Dol._ Sea quien fuere, asómate á esa fenestra y vello has.

_Claud._ ¿Quién está allá baxo?

_Esc._ Gente de paz es, señora Claudia; abrid á Escalion si sois

servida.

_Claud._ ¡Válale el demonio al desuella caras! ¿y qué quiere á tal

hora? Madre, Escalion es, ¿mandas que abra?

_Dol._ Vé, hija, que no se pierde cosa; veamos qué demanda es la suya.

_Claud._ Entra, señor Escalion, y sube si fueres servido.

_Esc._ ¡Oh perla, y cómo eres graciosa! mas dime, ¿está Hetorino y la

madre en casa?

_Claud._ Señor Escalion, él hoy se partió fuera de la ciudad; la

madre está arriba; sube si eres servido.

_Esc._ A ella he yo menester, señora; por tanto allá subo. Muy buenas

noches, señora Dolosina, y á la compañía y todo.

_Dol._ Muy buenas te las dé Dios, hijo Escalion; ¿qué es lo que

mandas en mi pobre casa, que ya sabes que todo está á tu mandar?

_Esc._ Madre señora, cierto negocio provechoso que se ha recrecido;

mas primero que dél te dé cuenta, quiero que me digas quién es

esta hermosa doncella, que por la ley del cuaderno, muy bien me ha

parecido.

_Dol._ ¡Ay traidor, cómo se te van los ojos tras la carne nueva! Bien

dicen que la tal aplace; mas sábete que es doncella bien quitada

de todo ruido, que me ha rogado que la tenga aquí en mi casa algun

tiempo recogida, que por ser huérfana de padre y madre, sin algun

arrimo de pariente, fuérale trabajoso pasar en su honra la vida, que,

mal pecado, tenemos un mundo tal, que las semejantes, estando solas,

poca seguridad tienen de las malas lenguas y perversas intenciones,

de que se sigue que la mala llaga sana, y la mala fama mata; que lo

uno está en causa propia, y lo otro en ajena lengua.

_Esc._ ¿Cómo es su gracia?

_Dol._ Libina.

_Esc._ Pues á fe de gentil-hombre, que si la señora Libina por suyo

me recibiese, que no perdiese en ello cosa, ántes se podria alabar

que tenía señorío sobre quien no consentiria que su chapin abajase á

ménos.

_Dol._ Hijo Escalion, muy contrarias van tus palabras de lo que yo te

he dicho; mas si te parece, dime á qué fué tu venida, porque es hora

que dés la vuelta y acá nos recojamos.

_Esc._ Madre, á solas lo quiero haber contigo, por tanto mira dó

quieres que sea.

_Dol._ Entraos, hijas, en esa pieza miéntras hablamos dos palabras.

Ya está hecho, bien puedes decir tu recaudo.

_Esc._ Madre señora, has de saber que de parte de Selvago, único

amigo de mi señor Flerinardo, á tí soy venido, que te ruega

excesivamente que luégo de mañana á su posada te llegues, que será

cosa bien de tu provecho, á lo que, de mi oido, por lo bien que te

quiero, dixe que alguna cosa comigo adelantada te enviase, lo qual

fué tan cumplidamente como su generosa persona demanda, por tanto ves

aquí diez escudos de presente que te envia, y largos ofrecimientos

de futuro si remedio en su fatiga pusieres, que á lo que yo imagino

es de amor; por tanto, mira qué me respondes, que cierto tú lo debes

hacer, pues provecho no pequeño dello se te seguirá.

_Dol._ Aunque, hijo Escalion, ya tenía por mí de no ponerme en

semejantes tratos, por rogármelo tú al presente, yo mudaré mi

propósito concediendo en tu ruego; y á lo que dices que por mí

heciste, yo lo tengo en soberana gracia, y quedaré obligada á ser

presta en todo lo que te cumplirá.

_Esc._ Pues, señora, entre otras mercedes que de tí espero, es una,

que hables por mí á Libina, esta doncella que aquí tienes, que cierto

della estoy muy pagado, y si no recibiese algun favor sería puesto en

toda congoxa.

_Dol._ Porque veas, hijo, lo que te amo, yo haré por tí lo que por

mi padre fuera escusado, por tanto reposa un poco, que yo te tornaré

alegre, porque sientas qué es hacer placer á la madre Dolosina, que

lo sabe muy bien pagar con el doblo. ¿Hija Libina?

_Libina._ ¿Qué es lo que mandas, señora?

_Dol._ Quiero de tí tanta gracia que hables á este señor y le

quieras, que en ello no perderás cosa.

_Lib._ Por mi salud, madre señora, que en otra cosa puedes mandar,

que eso es bien escusado.

_Esc._ Haz, señora Libina, lo que la madre te ruega, que juro por los

temidos barbotes de Pluton, de te servir bien y lealmente, fuera de

lo que tu valor vale, porque he sabido que eres quitada de semejantes

tratos.

_Lib._ Gentil hombre, poca necesidad tengo al presente de vuestros

servicios, por tanto mudad vuestro propósito; y de vos, madre, estoy,

y con razon, bien afrentada, que sabiendo mi condicion me probais con

tales palabras.

_Dol._ Ea, hija, haz lo que te digo, que yo fiadora, que dello no

quedes pesante.

_Lib._ Por mi vida, madre, que es en vano; ¡cómo! ¿y así habia de

poner mácula en mi fama? Jesú, tal no me mandeis, que moriré de pesar.

_Esc._ Madre, así Dios te dé buena postrimería, que no cesen tus

palabras en mi favor, y toma la capa mia, porque miéntras más se

escusa, más su amor me abrasa.

_Lib._ ¿Qué te dice ese señor de secreto? que, por mi fe, su

pensamiento es en vano.

_Dol._ Díceme que se tiene por bienaventurado en tener tales

pensamientos, que al fin piensa que tu crueldad será contra él

amansada.

_Lib._ Sí, sí, sí; dichoso él, como cera de todos santos, no se vaya

de por ese camino; espéreme en pié, que yo le aseguro que de tal

pecado no lo acusen.

_Dol._ Bien veo yo, hija Libina, ser esto fuera de tu condicion; mas

has de mirar que te lo ruego yo, que algun dia me habrás menester,

que aunque te sea cuesta arriba, bien habrás oido que mano besa

hombre que la quirrie ver cortada, quanto más que yo conozco de tí

que no querrias que lo fuese la suya.

_Lib._ Por mi vida, madre, que no estás en lo cierto, que si no

mirase á no darte á tí enojo, ya de aquí me habria partido por no oir

tales razones.

_Dol._ Pues por mi salud, que aunque más santa te muestres, que has

de recibir de nosotros fuerza; alto, hijo Escalion, vén comigo, que

yo la dexaré donde haya menester las manos.

_Lib._ ¡Ay madre! ¿por que me haces tanto mal?

_Dol._ Por tu bien es, hija.

_Lib._ ¿Qué mucho ganar es hacer placer á este gentil hombre?

_Dol._ Agora quiero, hijo, que delante de mí la abraces para ver

dónde llega tu diestra.

_Lib._ Ya en brazos de un toro de Xarama le vea yo, que corre siete

leguas tras una moxca.

_Dol._ Haz, hijo, lo que te digo.

_Lib._ No será él tan desmesurado.

_Dol._ ¿En mesuras me mirais? Alto, que en esta cárcel aprisionados

quedaréis, sin esperanza de que hasta el alba quedeis libertados, que

yo me llevo la llave.

_Esc._ Madre señora, ten cuidado de mi negocio.

_Dol._ Sí tendré, hijo; huelga, que siendo tiempo yo te llamaré.

_Claud._ Señora madre, ¿qué se hizo de Libina y Escalion?

_Dol._ Sabe, hija, que allá los dexo encerrados en la pieza de los

huéspedes.

_Lel._ ¿Dióte alguna cosa?

_Dol._ ¿Y qué me habia de dar, Lelia? ¿No soy más obligada á la

amistad que tiene con mi marido Hetorino, que á interes alguno?

_Lel._ No lo digo porque recibas pena, madre, sino que pensamos

Claudia y yo, quando llamó á la puerta, que fuese alguno de nuestros

huéspedes, y cayó la suerte á Libina, que dello estaba bien

descuidada.

_Dol._ Andá, locas, íos acostar, que vuestro san Martin os vendrá

otro dia.

_Lel._ Ya vamos, madre, quédate á buenas noches.

_Claud._ Por tu fe, Lelia, que nos lleguemos callando al aposento

donde sus mercedes están; veamos las razones que entre sí pasan,

pues él es tan taimado y ella no peca de necia.

_Lel._ En Dios y en mi conciencia que me lo quitaste de la boca, que,

como dicen, si bebo, en la taberna, si no, huélgome en ella; ya que

esta noche estamos vacantes, tomarémos un rato de pasatiempo oyendo

las bravosidades que entre sí tendrán.

_Claud._ Pues sea con mucho tiento, no sientan la celada que les

tenemos puesta.

_Lel._ ¿No le oyes, Claudia? ¿no le oyes al necio cómo se lamenta?

_Claud._ Óyete, no lo sientan, que al cabo estoy.

_Esc._ Por Dios, señora Libina, que no creyera que tan cruda habias

de ser para quien tanto como yo te quiere, especialmente en lugar tan

aparejado á batalla de amores, en que solos estamos; no, señora, por

tu vida, no seas de tal condicion, sino concede en mi voluntad, que

yo te aseguro que no te pese despues de habello hecho.

_Lib._ Donoso está, por mi vida, yo le digo que se vaya y él

descalzóse las bragas; mas decid, hombre de bien, por vuestra fe,

¿qué servicios ó qué dones he de vos recebido para concederos vuestro

ruego? ¿qué conocimiento de mí teneis, que así pensais? hoy venido y

cras garrido. Pues prométoos que no se hace la boda de hongos, sino

de buenos florines redondos, ó servicios, que en tanto los estimo, y

por tanto os podes tener por dicho que de mí al presente no habréis

más de lo habido.

_Esc._ Señora, si miras la buena voluntad que desde que te vi te he

tenido, á más me eres obligada.

_Lib._ Deso comerémos, por vida de mi agüelo; pues hágoos saber,

hermano, que en más estimo un real de plata que quantas voluntades

hay en el mundo, que no sé que color tienen.

_Esc._ Pues te muestras contra mí tan zahareña y no quieres hacer lo

que te digo, una cosa de tí quiero que no me sea negada, la qual es

que de tu voluntad, con que al presente seré contento, me dés una

docena de besos.

_Lib._ Xó que te estriego; por mi vida, que le solteis el freno y

escopirá, ó le asgais de la barba y deciros ha mil gracias; axó,

niño, dalde un tres, que dos merece; ya los diablos le besen, que no

tienen mocos.

_Lel._ ¿Pasa por tal cosa Claudia?

_Claud._ En verdad no lo creyera si ciento de á caballo me traxeran

por testigos; en Dios y en mi conciencia, mayor asno enalbardado que

éste no se halle en toda Arcadia, aunque el pastor Argos con sus

cien ojos le fuera á buscar.

_Lel._ Por mi salud, que tienes razon, que de verdad yo acá fuera en

oirlo tengo el mayor empacho del mundo.

_Claud._ Pues yo no, sino que parece que lo sueño, ca se ha oido

éste es en toda la ciudad por muy valiente y desenvuelto tenido; y

verdaderamente dicen que en donde se piensa que hay tocinos no hay

estacas, pues tan cobarde y atado al presente se muestra.

_Lel._ Así es, hermana Claudia, el vulgo inconstante, que lo bueno en

malo y lo malo en bueno suele mudar, dando á unos fama de santos y

graves varones, y no siendo vero lo que dice el pandero, tienen en su

pecho una hedionda piscina encubierta; y por el contrario, otros, por

hipócritas y malos tenidos, tienen su tribunal y asientos por electos

en la eterna beatitud.

_Claud._ Clara y manifiesta verdad es ésa; mas calla un poco, verémos

en qué paran los trajes, qué responde Escalion á lo dicho.

_Esc._ ¡Oh pesar del horrendo dragon domado por el fuerte

Belorofonte! ¿y cómo ía de ser verdad que con tus cruezas y desvíos

has de dar la muerte al más temido varon de toda Europa? no será,

sino que yo llame á la madre, que me dexe salir á tomar venganza de

quantos delante se me pusieren, pues de quien me causó el enojo no

conviene.

_Lib._ Ce, señor, por tu fe, no hagas tal cosa, sino llégate acá,

dime si há mucho que me conoces.

_Esc._ ¡Oh, Dios sea loado, que me dices que á tí me llegue!

_Lib._ Por mi vida, que ya dello me pesa. Ce, señor, por vuestra

vida, que os tengais en vos, que no soy de las que pensais.

_Esc._ ¡Oh qué blanco pecho que tienes, señora Libina! Juro por las

que en la cara tengo, que mejor no le vi en toda mi vida, aunque por

mis pecados he visto muchos; pues la delicadez dél es de olvidar,

sino que me parece tomar en las manos mantequillas de Guadalajara.

_Lib._ De verdad que con razon dice el proverbio, mete el gallo en el

muladar y saldrá heredero, ó lo que más le conviene, al judío, dalde

un palmo y toma cuatro. ¿Cómo, y tal ha de pasar, gentil hombre?

teneos allá, que por los huesos de mi madre (que pudren) he de dar

voces como una loca.

_Esc._ Señora mia, pídote de gracia que me digas, si fueres servida,

cómo de tu gentileza podré gozar, y toma de mí quanto quisieres, que

de verdad te digo que me tienen tus amores muerto.

_Lib._ Ya no os moristes vos, marido, por falta de caperuzas, que

siete teníades en vuestra arca.

_Esc._ ¡Oh pesar del mundo malo! ¿y que esté yo rabiando por tu

causa, y tú diciéndome gracias? por tu fe, no seas, señora, de tal

condicion, que me harás hacer una locura que llegue á orejas del

turco.

_Lib._ Agora, si tú por mí hacer quieres una cosa, yo concederé en tu

ruego; mas en otra manera será escusado.

_Esc._ No tardes, pues, en me lo decir, que, por el gorjal de Sant

George, ántes será hecho que dicho, y si es cosa de armas y tengo de

castigar algun atrevido, á mí por un cabo, y á que tangan por él por

otro, puedes enviar.

_Lib._ No es lo que piensas, sino que me hagas haber once varas de

anascote para un manto, y seda con que guarnecello, y serás luégo

sano; y no pienses que con otro hiciera esto, que cierto no es

ansí, que si no mirase tu gentileza y que me tienes buen amor, por

mi salud, fuera bien escusado, por ser yo persona tan quitada de

semejantes tratos.

_Esc._ ¡Válale el demonio á la coxita remilgada, y qué palabras

suelta! juro por mi verdad, que por ella se debió decir: pico de once

varas, y con qué guarnecelle.

_Lib._ ¿Qué dices entre dientes, señor? ¿parécete caro? Pues dilo

presto, que podrá ser, si te detienes, haber vuelto el propósito.

_Esc._ Digo, señora, que pudiéndome mandar un caso de honra, me

afrentas en pedirme una nonada.

_Lib._ Con eso seré yo contenta.

_Esc._ Pues ¿cómo será, que no lo tengo aquí?

_Lib._ Más dias hay que longanizas; tráelo tú, que luégo serás pagado.

_Esc._ Señora Libina, ves aquí cuatro reales para en señal, y yo te

prometo, á fe de quien soy, de te los enviar mañana.

_Lib._ No querria que me burlases.

_Esc._ Bien parece que no me has contratado mucho, pues dubdas en mi

palabra.

_Lib._ Agora, señor, muestra, que yo te fio; mas, por mi vida, que te

sosiegues un poco, que la noche es larga.

_Esc._ Así es menester, señora, para quien ha de caminar largo y

dormir en ella.

_Claud._ ¿No ves, Lelia, lo que pasa, y cómo ha sabido Libina traer

el agua á su molino haciéndole creer del cielo cebolla y que era una

religiosa?

_Lel._ Cierto es entendida, y ya se tiene cuatro reales para el pico

de la cañada.

_Claud._ Ansí me parece; mas si tuvieres por bien entrémonos en

nuestro albergue, que ya tienen sus mercedes pausa, y lo de aquí

adelante es más para gustallo de presencia que para oirlo de léjos.

_Lel._ Es bien acordado, sea luégo.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 28 / 85 题