Los de Quíos, de Lesbos y del Helesponto piden a los lacedemonios que
les envíen una armada para resistir a los atenienses, contra los cuales
querían rebelarse. -- Orden que sobre esto fue dada.
Mientras estas cosas se hacían de una parte y de otra, apresurando
lo necesario, como si la guerra hubiera de comenzar al momento, los
eubeos, antes que todos los otros aliados de los atenienses, enviaron
mensajeros a Agis diciéndole que querían unirse a los lacedemonios.
Agis los recibió benignamente y mandó que fuesen ante él dos de los
principales hombres de Lacedemonia para enviarlos a Eubea. Estos
eran Alcámenes, hijo de Estenelaidas, y Melantes, los cuales fueron,
llevando consigo cuatrocientos libertos o emancipados de esclavitud.
Los lesbios, que también deseaban rebelarse, enviaron igualmente a
pedir a Agis gente de guarda para ponerla en su ciudad, y Agis, a
persuasión de los beocios, se la otorgó, suspendiendo entretanto la
empresa de Eubea y ordenando a Alcámenes, que debía ir allá, fuese
a Lesbos con veinte naves; de las cuales Agis abasteció diez y los
beocios otras diez.
Todo esto lo hizo Agis sin decir cosa alguna a los lacedemonios, porque
tenía el poder y autoridad de enviar gente a donde él quisiese, y de
reclutarla también, y de cobrar el dinero y emplearlo según juzgase
necesario todo el tiempo que estuviese en Decelia, durante cuyo tiempo
todos los aliados le obedecían, en parte más que a los gobernadores de
la ciudad de Lacedemonia, porque como tenía la armada a su voluntad, la
mandaba ir donde él quería. Por ello se concertó con los lesbios, según
se ha dicho.
Por su parte, los de Quíos y los de Eritras, que asimismo querían
rebelarse contra los atenienses, hicieron un tratado con los
gobernadores y consejeros de la ciudad de Lacedemonia sin saberlo
Agis; con ellos fue a la misma ciudad Tisafernes, que era gobernador
de la provincia inferior por el rey Darío, hijo de Artajerjes. Andaba
Tisafernes solicitando a los peloponesios para que hiciesen la guerra
contra los atenienses, y les prometía proveerles de dinero, de lo cual
él tenía buena suma, a causa de que por mandato del rey su señor, poco
tiempo antes había cobrado un tributo de su provincia, con intención
de emplear el dinero del mismo contra los atenienses, a quienes tenía
odio y enemistad porque no permitieron que pagaran el tributo las
ciudades griegas de la provincia, y porque sabía que eran los que le
habían impedido que Grecia le fuese tributaria. Parecíale a Tisafernes
que más fácilmente cobraría el tributo si viesen que le quería emplear
contra los atenienses, y también que de esta manera lograría la amistad
entre los lacedemonios y el rey Darío. Por este camino esperaba además
apoderarse de Amorges, hijo bastardo de Pisutnes, el cual, siendo por
el rey gobernador de la tierra de Caria, se había rebelado contra él,
y recibió orden Tisafernes de hacer lo posible para cogerle vivo o
muerto. Sobre esto, Tisafernes se había concertado con los de Quíos.
En estas circunstancias, Calígito de Mégara, hijo de Laofonte, y
Timágoras de Cícico, hijo de Atenágoras, ambos desterrados de sus
ciudades, fueron a Lacedemonia de parte de Farnabazo, hijo de Farnaces,
que los envió de su tierra con objeto de demandar a los lacedemonios
barcos y llevarlos al Helesponto, ofreciéndoles hacer todo lo
posible para ganar las ciudades de su provincia, que estaban por los
atenienses, y deseando también por esta vía hacer amistad entre el rey
Darío, su señor, y ellos.
Al saberse estas demandas y ofrecimientos de Farnabazo y Tisafernes en
Lacedemonia, sin que los que hacían la una supiesen nada de la otra,
hubo discordia entre los lacedemonios, porque unos eran de opinión
que primeramente se debían enviar los barcos a Jonia y Quíos, y otros
opinaban que se enviasen al Helesponto. Finalmente, el mayor número
fue de opinión que se debía primero aceptar el partido de Quíos y
de Tisafernes, en especial por la persuasión de Alcibíades, el cual
habitaba a la sazón en la casa de Endio, que aquel año era éforo, y
su padre también había habitado allí, por razón de lo cual se llamaba
Endio, y también por sobrenombre Alcibíades[18].
Pero antes de que los lacedemonios enviasen sus barcos a Quíos,
ordenaron a uno que era vecino de aquella ciudad, nombrado Frinis,
que fuese a espiar y ver si tenían tan gran número de naves como
daban a entender, y también si su ciudad era tan rica y tan poderosa
como decía la fama. Volvió Frinis, y dándoles cuenta de que todo era
conforme a lo que la fama pública aseguraba, hicieron en seguida
alianza y confederación con los quiotas y eritreos, y ordenaron enviar
cuarenta trirremes para reunirlos con otros sesenta que los quiotas
decían tener, de los cuales habían de enviar al principio cuarenta, y
después otros diez con Meláncridas, su capitán de mar, y en vez de este
eligieron después a Calcideo, porque Meláncridas murió. De diez naves
que había de llevar Calcideo, no llevó más que cinco.
Mientras esto pasaba se acabó el invierno, que fue el decimonono año de
la guerra que Tucídides escribió.
Al comienzo de la primavera los de Quíos pidieron a los lacedemonios
que les enviasen los barcos que les habían prometido, porque temían
mucho que los atenienses fuesen avisados de los tratos que tenían con
ellos, y de los cuales ninguna cosa habían sabido hasta entonces. Por
esta causa enviaron tres ciudadanos a los de Corinto para avisarles
que debían pasar por el Istmo todos los barcos, así los que Agis había
dispuesto para enviar a Lesbos, como los otros de la mar a donde ellos
estaban, y encaminarlos a Quíos, cuyos barcos eran cuarenta y nueve.
Pero porque Calígito y Timágoras no quisieron ir en aquel viaje, los
embajadores de Farnabazo tampoco quisieron dar el dinero que les había
enviado para pagar la armada, que montaba a veinticinco talentos[19],
deliberando hacer con aquel dinero otra armada y con ella ir a donde
tenían determinado.
Cuando Agis supo que los lacedemonios habían deliberado enviar primero
los barcos a Quíos, no quiso ir contra su determinación, y los
aliados, habiendo celebrado consejo en Corinto, opinaron también que
Calcideo fuera primero a Quíos, el cual había armado cinco trirremes
en Laconia y tres Alcámenes, a quien Agis había escogido por capitán
para ir a Lesbos, y finalmente, que Clearco, hijo de Ranfias, fuese
al Helesponto. Mas ante todas cosas ordenaron que la mitad de sus
buques pasaran con toda diligencia el Istmo antes que los atenienses
lo supiesen, temiéndose que estos diesen sobre ellos y sobre los otros
que pasasen después. En la otra mar, los trirremes de los peloponesios
irían descubiertamente sin ningún temor de los atenienses, porque no
veían ni sabían que tuviesen ninguna armada en parte alguna que fuese
bastante para combatirles.