_De las esmeraldas._
Aunque será bien primero decir algo de las esmeraldas, que así por ser
cosa preciada como el oro y plata de que se ha dicho, como por ser su
nacimiento tambien en minas de metales, segun Plinio[172], no viene
fuera de propósito tratar aquí de ellas. Antiguamente fué la esmeralda
estimada en mucho; y como el dicho Autor escribe, tenia el tercer lugar
entre las joyas despues del diamante y de la margarita. Hoy dia, ni
la esmeralda se tiene en tanto, ni la margarita, por la abundancia
que las Indias han dado de ambas cosas: solo el diamante se queda con
su reinado, que no se lo quitará nadie: tras él los rubíes finos, y
otras piedras se precian en mas que las esmeraldas. Son amigos los
hombres de singularidad, y lo que ven ya comun no lo precian. De un
Español cuentan, que en Italia al principio que se hallaron en Indias,
mostró una esmeralda á un Lapidario, y preguntó el precio: vista por
el otro, que era de excelente cualidad y tamaño, respondió, que cien
escudos; mostróle otra mayor, dijo que trescientos. Engolosinado del
negocio, llevóle á su casa, y mostróle un cajón lleno de ellas: en
viendo tantas dijo el Italiano: Señor, éstas valen á escudo. Así ha
pasado en Indias y España, que el haber hallado tanta riqueza de estas
piedras les ha quitado el valor. Plinio dice excelencias de ellas[173],
y que no hay cosa mas agradable, ni mas saludable á la vista, y tiene
razon; pero importa poco su autoridad mientras hubiere tantas. La
otra Lolia Romana, de quien cuenta[174], que en un tocado y vestido
labrado de perlas y esmeraldas echó cuatrocientos mil ducados de valor,
pudiera hoy dia con menos de cuarenta mil hacer dos pares como aquél.
En diversas partes de Indias se han hallado. Los Reyes Mejicanos las
preciaban, y aun usaban algunos horadar las narices, y poner allí una
excelente esmeralda. En los rostros de sus Idolos tambien las ponian.
Mas donde se ha hallado, y hoy en dia se halla mas abundancia, es en el
nuevo Reino de Granada, y en el Perú cerca de Manta y Puerto-viejo. Hay
por allí dentro una tierra que llaman de las Esmeraldas, por la noticia
que hay de haber muchas, aunque no ha sido hasta ahora conquistada
aquella tierra. Las esmeraldas nacen en piedras á modo de cristales,
y yo las he visto en la misma piedra, que van haciendo como veta, y
segun parece, poco á poco se van cuajando y afinando: porque ví unas
medio blancas, medio verdes: otras cuasi blancas: otras ya verdes y
perfectas del todo. Algunas he visto del grandor de una nuez, y aun
mayores. Pero no sé que en nuestros tiempos se hayan descubierto del
tamaño del catino ó joya que tienen en Génova, que con razon la precian
en tanto por joya, y no por reliquia, pues no consta que lo sea, antes
lo contrario. Pero sin comparacion excede lo que Teofrasto refiere de
la esmeralda que presentó el Rey de Babilonia al Rey de Egipto, que
tenia de largo cuatro codos, y tres de ancho, y que en el templo de
Júpiter una aguja hecha de cuatro piedras de esmeraldas, que tenia de
largo cuarenta codos, y de ancho en partes cuatro, y en partes dos; y
que en su tiempo en Tiro habia en el templo de Hércules un pilar de
esmeralda. Por ventura era, como dice Plinio[175], de piedra verde que
tira á esmeralda, y la llaman esmeralda falsa. Como algunos quieren
decir, que ciertos pilares que hay en la Iglesia Catedral de Córdoba,
desde el tiempo que fué mezquita de los Reyes Miramamolines Moros, que
reinaron en Córdoba, que son de piedra de esmeralda. En la flota del
año de ochenta y siete, en que yo vine de Indias, trajeron dos cajones
de esmeraldas, que tenia cada uno de ellos por lo menos cuatro arrobas,
por donde se puede ver la abundancia que hay. Celebra la divina
Escritura[176] las esmeraldas como joya muy preciada, y pónelas así
entre las piedras preciosas que traía en el pecho el Sumo Pontífice,
como en las que adornan los muros de la celestial Jerusalén.