CAPÍTULO VIII

_Del modo de labrar las minas de Potosí._

Bien dijo Boecio[159] cuando se quejó del primer inventor de minas:

_Heu primus quis fuit ille,

Auri qui pondera tecti,

Gemmasque latere volentes,

Pretiosa pericula fodit._

Peligros preciosos los llama con razon, porque es grande el trabajo y

peligro con que se sacan estos metal que tanto aprecian los hombres.

Plinio dice[160], que en Italia hay muchos metales; pero que los

Antiguos no consintieron beneficiarse por conservar la gente. De España

los traían, y como á tributarios hacian á los Españoles labrar minas.

Lo propio hace ahora España con Indias, que habiendo todavia en España

sin duda mucha riqueza de metales, no se dan á buscarlos, ni aun se

consiente labrar, por los inconvenientes que se ven; y de Indias traen

tanta riqueza, donde el buscarla y sacarla no cuesta poco trabajo,

ni aun es de poco riesgo. Tiene el cerro de Potosí cuatro vetas

principales, como está dicho, que son la Rica, la de Centeno, la del

Estaño, la de Mendieta. Todas estas vetas están á la parte oriental del

cerro, como mirando al nacimiento del Sol: á la occidental no se halla

ninguna. Corren las dichas vetas norte sur, que es de polo á polo.

Tienen de ancho por donde mas, seis pies; por donde menos, un palmo.

Otras diversas hay, que salen de estas, como de ramos grandes: los mas

pequeños suelen producirse en el árbol. Cada veta tiene diversas minas,

que son partes de ella misma, y han tomado posesion, y repartídose

entre diversos dueños, cuyos nombres tienen de ordinario. La mina mayor

tiene ochenta varas, y no puede tener mas por ley ninguna: la menor

tiene cuatro. Todas estas minas hoy dia llegan á mucha profundidad.

En la veta Rica se cuentan setenta y ocho minas: llegan á ciento y

ochenta estados en algunas partes, y aun á doscientos de hondura. En

la veta de Centeno se cuentan veinte y cuatro minas. Llegan algunas

á sesenta, y aun ochenta estados de hondura, y así á este modo es de

las otras vetas y minas de aquel cerro. Para remedio de esta tan gran

profundidad de minas se inventaron los socavones, que llaman, que

son unas cuevas que van hechas por bajo desde un lado de el cerro,

atravesándole hasta llegar á las vetas. Porque se ha de saber, que las

vetas, aunque corren norte sur, como está dicho; pero esto es bajando

desde la cumbre hasta la falda y asiento del cerro, segun se cree que

serán segun congetura de algunos, mas de mil y doscientos estados. Y á

esta cuenta, aunque las minas van tan hondas, les falta otro seis tanto

hasta su raíz y fondo, que segun quieren decir, ha de ser riquísimo,

como tronco y manantial de todas las vetas. Aunque hasta ahora antes

se ha mostrado lo contrario por la experiencia, que mientras mas alta

ha estado la veta, ha sido mas rica, y como va bajando en hondo, va

siendo su metal mas pobre; pero en fin, para labrar las minas con menos

costa, y trabajo y riesgo, inventaron los socavones, por los cuales

se entra y sale á paso llano. Tienen de ancho ocho pies, y de alto

mas de un estado. Ciérranse con sus puertas, sácanse por ellos los

metales con mucha facilidad, y págase al dueño de el socavon el quinto

de todo el metal que por él se saca. Hay hechos ya nueve socavones, y

otros se están haciendo. Un socavon, que llaman del Venino, que va á

la veta Rica, se labró en veinte y nueve años, comenzándose el año de

mil quinientos cincuenta y seis, que fueron once despues de descubrirse

aquellas minas, y acabándose el año de ochenta y cinco en once de

Abril. Este socavon alcanzó á la veta Rica en treinta y cinco estados

de hueco hasta su fondo, y hay desde donde se juntó con la veta hasta

lo alto de la mina otros ciento treinta y cinco estados, que por todo

este profundo bajaban á labrar aquellas minas. Tiene todo el socavon,

desde la boca hasta la veta, que llaman el Crucero, doscientas y

cincuenta varas, las cuales tardaron en labrarse los veinte y nueve

años que está dicho, para que se vea lo que trabajan los hombres por ir

á buscar la plata á las entrañas del profundo. Con todo eso, trabajan

allá dentro, donde es perpétua obscuridad, sin saber poco ni mucho

cuando es dia, ni cuando es noche. Y como son lugares que nunca los

visita el Sol, no solo hay perpétuas tinieblas mas tambien mucho frio,

y un aire muy grueso, y ageno de la naturaleza humana; y así sucede

marearse los que allá entran de nuevo, como á mí me acaeció, sintiendo

bascas y congojas de estómago. Trabajan con velas siempre los que

labran, repartiendo el trabajo, de suerte que unos labran de dia, y

descansan de noche, y otros al revés. El metal es duro comunmente, y

sácanlo á golpes de barreta quebrantándole, que es quebrar un pedernal.

Despues lo suben á cuestas por unas escaleras hechas de tres ramales

de cuero de vaca retorcido, como gruesas maromas, y de un ramal á otro

puestos palos como escalones, de manera que puede subir un hombre, y

bajar otro juntamente. Tienen estas escalas de largo diez estados, y

al fin de ellas está otra escala del mismo largo, que comienza de un

relej, ó poyo, donde hay hechos de madera unos descansos á manera de

andamios, porque son muchas las escalas que se suben. Saca un hombre

carga de dos arrobas atada la manta á los pechos, y el metal que va en

ellas á la espalda: suben de tres en tres. El delantero lleva una vela

atada al dedo pulgar para que vean, porque como está dicho, ninguna luz

hay del Cielo, y vánse asiendo con ambas manos; y así suben tan grande

espacio, que como ya dije, pasa muchas veces de ciento y cincuenta

estados; cosa horrible, y que solo pensarla pone espanto: tanto es el

amor del dinero, por cuya recuesta se hace y padece ta. No sin razon

exclama Plinio tratando de esto[161]: Entramos hasta las entrañas de la

tierra, y hasta allá en el lugar de los condenados busca las riquezas.

Y despues en el mismo libro[162]: Obras son mas que de Gigantes las

que hacen los que sacan los metales, haciendo agujeros y callejones

en lo profundo, por tan grande trecho barrenando los montes á luz de

candelas, donde todo el espacio de noche y dia es igual, y en muchos

meses no se ve el dia, donde acaece caerse las paredes de la mina

súbitamente, y matar de golpe á los Mineros. Y poco despues añade:

Hieren la dura peña con almadanas que tienen ciento y cincuenta libras

de hierro: sacan los metales á cuestas trabajando de noche y de dia,

y unos entregan la carga á otros, y todo á obscuras, pues solos los

últimos ven la luz. Con cuños de hierro, y con almadanas rompen las

peñas y pedernales, por recios y duros que sean; porque en fin es mas

recia y mas dura la hambre del dinero. Esto es de Plinio, que aunque

habla como Historiador de entonces, mas parece Profeta de ahora. Y no

es menos lo que Focio de Agatárchides refiere, del trabajo inmenso que

pasaban los que llamaban Crisios en sacar y beneficiar el oro, porque

siempre, como el sobre dicho Autor dice, el oro y plata causan tanto

trabajo al haberse, cuanto dan de contento al tenerse.

Historia natural y moral de las Indias (vol. 1 of 2) · 第 174 / 229 题