_De los Temblores de tierra._
Algunos han pensado, que de estos volcanes que hay en Indias, procedan
los temblores de tierra, que por allá son harto frecuentes. Mas porque
los hay en partes tambien que no tienen vecindad con volcanes, no puede
ser esa toda la causa. Bien es verdad, que en cierta forma tiene lo uno
con lo otro mucha semejanza, porque las exhalaciones cálidas que se
engendran en las íntimas concavidades de la tierra, parece que son la
principal materia del fuego de los volcanes, con las cuales se enciende
tambien otra materia mas gruesa, y hace aquellas aparencias de humos y
llamas que salen; y las mismas exhalaciones, no hallando debajo de la
tierra salida fácil, mueven la tierra con aquella violencia para salir,
de donde se causa el ruido horrible que suena debajo de la tierra, y el
movimiento de la misma tierra agitada de la exhalacion encendida, así
como la pólvora tocándola el fuego rompe peñas y muros en las minas,
y como la castaña puesta al fuego salta, y se rompe, y da estallido,
en concibiendo el aire, que está dentro de su cáscara, el vigor del
fuego. Lo mas ordinario de estos temblores ó terremotos suele ser en
tierras marítimas que tienen agua vecina. Y así se ve en Europa y en
Indias, que los pueblos muy apartados de mar y aguas sienten menos
de este trabajo, y los que son puertos, ó playas, ó costa, ó tienen
vecindad con eso, padecen mas esta calamidad. En el Perú ha sido cosa
maravillosa y mucho de notar, que desde Chile á Quito, que son mas
de quinientas leguas, han ido los terremotos por su órden corriendo,
digo los grandes y famosos, que otros menores han sido ordinarios. En
la costa de Chile, no me acuerdo qué año, hubo uno terribilísimo, que
trastornó montes enteros, y cerró con ellos la corriente á los rios,
y los hizo lagunas, y derribó pueblos, y mató cuantidad de hombres, y
hizo salir la mar de sí por algunas leguas, dejando en seco los navíos
muy lejos de su puesto, y otras cosas semejantes de mucho espanto. Y
si bien me acuerdo, dijeron habia corrido trescientas leguas por la
costa el movimiento que hizo aquel terremoto. De ahí á pocos años el
de ochenta y dos fué el temblor de Arequipa, que asoló cuasi aquella
ciudad. Despues el año de ochenta y seis, á nueve de Julio, fué el de
la ciudad de las Reyes, que segun escribió el Virey, habia corrido
en largo por la costa ciento y setenta leguas, y en ancho la sierra
adentro cincuenta leguas. En este temblor fué gran misericordia del
Señor prevenir la gente con un ruido grande, que sintieron algun poco
antes del temblor, y como están allí advertidos por la costumbre, luego
se pusieron en cobro, saliéndose á las calles, ó plazas, ó huertas,
finalmente, á lo descubierto. Y asi aunque arruinó mucho aquella
ciudad, y los principales edificios de ella los derribó ó maltrató
mucho; pero de la gente solo refieren haber muerto hasta catorce ó
veinte personas. Hizo tambien entonces la mar el mismo movimiento que
habia hecho en Chile, que fué poco despues de pasado el temblor de
tierra, salir ella muy brava de sus playas, y entrar la tierra adentro
cuasi dos leguas, porque subió mas de catorce brazas, y cubrió toda
aquella playa, nadando en el agua que dije, las vigas y madera que
allí habia. Despues el año siguiente hubo otro temblor semejante en el
Reino y ciudad de Quito, que parece han ido sucediendo por su órden en
aquella costa todos estos terremotos notables. Y en efecto es sujeta
á este trabajo, porque ya que no tienen en los llanos del Perú la
persecucion del Cielo de truenos y rayos, no les falte de la tierra que
temer, y así todos tengan á vista Alguaciles de la divina justicia,
para temer á Dios, pues como dice la Escritura[137]: _Fecit hæc, ut
timeatur_. Volviendo á la proposicion digo, que son mas sugetas á estos
temblores las tierras marítimas; y la causa á mi parecer es, que con
el agua se tapan y obstruyen los agujeros y aperturas de la tierra por
donde habia de exhalar y despedir las exhalaciones cálidas, que se
engendran. Y tambien la humedad condensa la superficie de la tierra,
y hace que se encierren y reconcentren mas allá dentro los humos
calientes, que vienen á romper encendiéndose. Algunos han observado,
que tras años muy secos viniendo tiempos lluviosos, suelen moverse
tales temblores de tierra, y es por la misma razon, á la cual ayuda
la experiencia, que dicen, de haber menos temblores donde hay muchos
pozos. A la ciudad de Méjico tienen por opinion, que le es causa de
algunos temblores que tiene, aunque no grandes, la laguna en que está.
Aunque tambien es verdad, que ciudades y tierras muy mediterráneas, y
apartadas de mar, sienten á veces grandes daños de terremotos, como
en Indias la ciudad de Chachapoyas, y en Italia la de Ferrara, aunque
ésta, por la vecindad del rio, y no mucha distancia del mar Adriático,
antes parece se debe contar con las marítimas para el caso de que se
trata. En Chuquiavo, que por otro nombre se dice la Paz, ciudad del
Perú, sucedió un caso en esta materia raro el año de ochenta y uno,
y fué caer de repente un pedazo grandísimo de una altísima barranca
cerca de un pueblo llamado Angoango, donde habia Indios hechiceros
é idólatras. Tomó gran parte de este pueblo, y mató cantidad de los
dichos Indios; y lo que apenas parece creíble; pero afírmanlo personas
fidedignas, corrió la tierra que se derribó continuadamente legua
y media, como si fuera agua ó cera derretida, de modo que tapó una
laguna, y quedó aquella tierra tendida por toda esta distancia.