_De diversos pescados, y modos de pescar de los Indios._
Hay en el Océano innumerables pescados, que solo el Hacedor, puede
declarar sus especies y propiedades. Muchos de ellos son del mismo
género que en la mar de Europa se hallan, como lizas, sábalos, que
suben de la mar á los rios, dorados, sardinas, y otros muchos. Otros
hay, que no sé que los haya por acá, como los que llaman cabrillas, y
tienen alguna semejanza con truchas, y los que en Nueva-España llaman
bobos, que suben de la mar á los rios. Besugos, ni truchas no las
he visto; dicen que en tierra de Chile las hay. Atunes hay algunos,
aunque raros, en la costa de el Perú, y es opinion que á tiempos suben
á desovar al Estrecho de Magallanes, como en España al Estrecho de
Gibraltar, y por eso se hallan mas en la costa de Chile, aunque el atún
que yo he visto traído de allá, no es tal como lo de España. En las
Islas que llaman de Barlovento, que son Cuba, la Española, Puerto-Rico
y Jamaica, se halla el que llaman manati, extraño género de pescado, si
pescado se puede llamar animal que pare vivos sus hijos, y tiene tetas,
y leche con que los cria, y pace yerba en el campo; pero en efecto
habita de ordinario en el agua, y por eso le comen por pescado, aunque
yo cuando en Santo Domingo lo comí un viernes, cuasi tenia escrúpulo,
no tanto por lo dicho, como porque en el color y sabor no parecian sino
tajadas de ternera, y en parte de pernil, las postas de este pescado:
es grande como una vaca. De los tiburones, y de su increible voracidad,
me maravillé con razon, cuando ví que de uno que habian tomado en el
puerto que he dicho, le sacaron del buche un cuchillo grande carnicero,
y un anzuelo grande de hierro, y un pedazo grande de la cabeza de
una vaca con su cuerno entero, y aun no sé si ambos á dos. Yo vi por
pasatiempo echar, colgado de muy alto, en una poza que hace la mar, un
cuarto de un rocin, y venir á él al momento una cuadrilla de tiburones
tras el olor; y porque se gozase mejor la fiesta, no llegaba al agua la
carne del rocin, sino levantada no sé cuantos palmos; tenía en derredor
esta gentecilla que digo, que daban saltos, y de una arremetida en el
aire cortaban carne y hueso, con extraña presteza, y así cercenaban el
mismo jarrete de el rocin, como si fuera un troncho de lechuga; pero
tales navajas tienen en aquella su dentadura. Asidos á estos fieros
tiburones andan unos pececillos, que llaman romeros, y por mas que
hagan, no los pueden echar de sí: estos se mantienen de lo que á los
tiburones se les escapa por los lados. Voladores son otros pececillos
que se hallan en la mar dentro de los Trópicos, y no sé que se hallen
fuera. A estos persiguen los dorados, y por escapar de ellos saltan de
la mar, y van buen pedazo por el aire, por eso los llaman voladores:
tienen unas aletas como de telilla ó pergamino, que les sustentan un
rato en el aire. En el navío en que yo iba, voló ó saltó uno, y ví la
faccion que digo de alas.
De los lagartos ó caimanes que llaman, hay mucho escrito en Historias
de Indias; son verdaderamente los que Plinio y los Antiguos llaman
crocodilos. Hállanse en las playas y rios calientes; en playas ó rios
frios no se hallan. Por eso en toda la costa de el Perú no los hay
hasta Payta, y de allí adelante son frecuentísimos en los rios. Es
animal ferocísimo, aunque muy torpe: la presa hace fuera de el agua,
y en ella ahoga lo que toma vivo; pero no la traga sino fuera de el
agua, porque tiene el tragadero de suerte, que fácilmente se ahogaría
entrándole agua. Es maravillosa la pelea de el caimán con el tigre, que
los hay ferocísimos en Indias. Un religioso nuestro me refirió haber
visto á estas bestias pelear cruelísimamente á la orilla de la mar. El
caimán con su cola daba recios golpes al tigre, y procuraba con su gran
fuerza llevarle al agua; el tigre hacía fuerte presa en el caimán con
las garras, tirándole á tierra. Al fin prevaleció el tigre, y abrió al
lagarto, debió de ser por la barriga, que la tiene blanda, que todo lo
demas no hay lanza, y aun apenas arcabúz que lo pase. Mas excelente
fué la victoria que tuvo de otro caimán un Indio, al cual le arrebató
un hijuelo, y se lo metió debajo del agua, de que el Indio lastimado
y sañudo se echó luego tras él con un cuchillo, y como son excelentes
buzos, y el caimán no prende sino fuera del agua, por debajo de la
barriga le hirió, de suerte que el caimán se salió herido á la ribera,
y soltó el muchacho, aunque ya muerto y ahogado. Pero mas maravilloso
es la pelea que tienen los Indios con las ballenas, que cierto es
una grandeza del Hacedor de todo, dar á gente tan flaca como Indios,
habilidad y osadía para tomarse con la mas fiera y disforme bestia de
cuantas hay en el universo; y no solo pelear, pero vencer y triunfar
tan gallardamente. Viendo esto, me he acordado muchas veces de aquello
del Salmo[133], que se dice de la ballena: _Draco iste, quem formasti
ad illudendum ei_. ¿Qué mas burla que llevar un Indio solo con un
cordel vencida y atada una ballena tan grande como un monte? El estilo
que tienen, segun me refirieron personas expertas, los Indios de la
Florida, donde hay gran cantidad de ballenas es, meterse en una canoa,
ó barquilla, que es como una artesa, y bogando llégase al costado de
la ballena, y con gran ligereza salta, y sube sobre su cervíz, y allí
caballero, aguardando tiempo, mete un palo agudo y recio, que trae
consigo, por la una ventana de la naríz de la ballena, llamo naríz á
aquella fistula por donde respiran las ballenas; luego le golpea con
otro palo muy bien, y le hace entrar bien profundo. Brama la ballena,
y da golpes en la mar, y levanta montes de agua, y húndese dentro con
furia, y vuelve á saltar, no sabiendo qué hacerse de rabia. Estáse
quedo el Indio y muy caballero, y la enmienda que hace del mal hecho es
hincarle otro palo semejante en la otra ventana, y golpearle de modo,
que le tapa del todo, y le quita la respiracion; y con esto se vuelve
á su canoa, que tiene asida al lado de la ballena con una cuerda; pero
deja primero bien atada su cuerda á la ballena, y haciéndose á un lado
con su canoa, va así dando cuerda á la ballena. La cual, mientras está
en mucha agua, da vueltas á una parte y á otra, como loca de enojo y
al fin se va acercando á tierra, donde con, la enormidad de su cuerpo
presto encalla, sin poder ir, ni volver. Aquí acuden gran copia de
Indios al vencido para coger sus despojos. En efecto la acaban de
matar, y la parten, y hacen trozos, y de su carne harto perversa,
secándola y moliéndola hacen ciertos polvos que usan para su comida,
y les dura largo tiempo. Tambien se cumple aquí lo que de la misma
ballena dice otro Salmo[134] _Dedisti eum escam populis Æthiopum_.
El Adelantado Pedro Melendez muchas veces contaba esta pesquería, de
que tambien hace mencion Monardes en su libro. Aunque es mas menuda,
no deja de ser digna de referirse tambien otra pesquería que usan de
ordinario los Indios en la mar. Hacen unos como manojos de juncia, ó
espadañas secas bien atadas, que allá llaman balsas, y llévanlas á
cuestas hasta la mar, donde arrojándolas con presteza suben en ellas, y
así caballeros se entran la mar adentro, y bogando con unos canaletes
de un lado y de otro, se van una y dos leguas en alta mar á pescar;
llevan en los dichos manojos sus redes y cuerdas, y sustentándose
sobre las balsas, arrojan su red, y están pescando grande parte de la
noche, ó del dia, hasta que llenan su medida, con que dan la vuelta
muy contentos. Cierto, verlos ir á pescar en el Callao de Lima era
para mí cosa de gran recreacion, porque eran muchos, y cada uno en
su balsilla caballero, ó sentado á porfia cortando las olas del mar,
que es bravo allí donde pescan, parecian los Tritones, ó Neptunos que
pintan sobre el agua. En llegando á tierra, sacan su barco á cuestas,
y luego le deshacen; y tienden por aquella playa las espadañas para
que se enjuguen y sequen. Otros Indios de los valles de Ica solian ir
á pescar en unos cueros, ó pellejos de lobo marino hinchados, y de
tiempo á tiempo los soplaban como á pelotas de viento para que no se
hundiesen. En el valle de Cañete, que antiguamente decian el Guarco,
habia innumerables Indios pescadores; y porque resistieron al Inca,
cuando fué conquistando aquella tierra, fingió paces con ellos, y ellos
por hacerle fiesta, hicieron una pesca solemne de muchos millares de
Indios, que en sus balsas entraron en la mar: á la vuelta, el Inca tuvo
apercibidos soldados de callada, é hizo en ellos cruel estrago, por
donde quedó aquella tierra tan despoblada, siendo tan abundante. Otro
género de pesca ví, á que me llevó el Virey Don Francisco de Toledo;
verdad es, que no era en mar, sino en un rio, que llaman el Rio Grande,
en la Provincia de los Charcas, donde unos Indios Chiriguanas se
zabullían debajo del agua, y nadando con admirable presteza seguian los
peces, y con unas fisgas, ó harpones que llevaban en la mano derecha,
nadando solo con la izquierda herían el pescado; y así atravesado lo
sacaban arriba, que cierto parecían ellos ser mas peces, que hombres de
la tierra. Y ya que hemos salido de la mar, vamos á esotros géneros de
aguas que restan por decir.