_Que en la region de la equinoccial se vive vida muy apacible._
Si guiaran su opinion por aqui los que dicen, que el Paraíso terrenal
está debajo de la equinoccial[119], aún parece que llevaran algun
camino. No porque me determine yo á que está allí el Paraíso de
deleites que dice la Escritura, pues sería temeridad afirmar eso por
cosa cierta. Mas dígolo, porque si algun Paraíso se puede decir en la
tierra, es donde se goza un temple tan suave y apacible. Porque para
la vida humana no hay cosa de igual pesadumbre y pena, como tener un
Cielo y aire contrario, y pesado, y enfermo; ni hay cosa mas gustosa
y apacible, que gozar de el Cielo y aire suave, sano, y alegre. Está
claro, que de los elementos ninguno participamos mas á menudo, ni
mas en lo interior de el cuerpo, que el aire. Este rodea nuestros
cuerpos: éste nos entra en las mismas entrañas, y cada momento visita
el corazon, y así le imprime sus propiedades. Si es aire corrupto,
en tantico mata: si es saludable, repara las fuerzas; finalmente,
solo el aire podemos decir que es toda la vida de los hombres. Así
que aunque haya mas riquezas y bienes, si el Cielo es desabrido y mal
sano, por fuerza se ha de vivir vida penosa y disgustada. Mas si el
aire y Cielo es saludable, y alegre y apacible, aunque no haya otra
riqueza, da contento y placer. Mirando la gran templanza, y agradable
temple de muchas tierras de Indias, donde ni se sabe qué es invierno,
que apriete con frios, ni estío que congoje con calores: donde con una
estera se reparan de cualesquier injurias del tiempo: donde apenas hay
que mudar vestido en todo el año, digo cierto, que considerando esto,
me ha parecido muchas veces, y me lo parece hoy dia, que si acabasen
los hombres consigo de desenlazarse de los lazos que la codicia les
arma, y si se desengañasen de pretensiones inútiles y pesadas, sin duda
podrian vivir en Indias vida muy descansada y agradable. Porque lo que
los otros Poétas cantan de los campos Eliseos, y de la famosa Tempe, y
lo que Platón, ó cuenta, ó finge de aquella su Isla Atlántida, cierto
lo hallarían los hombres en tales tierras, si con generoso corazon
quisiesen antes ser señores, que no esclavos de su dinero y codicia.
De las cualidades de la equinoccial, y del calor, y frio, sequedad, y
lluvias, y de las causas de su templanza, bastará lo que hasta aquí
se ha disputado. El tratar mas en particular de las diversidades de
vientos, y aguas, y tierras: item, de los metales, plantas, y animales
que de ahí proceden, de que en Indias hay grandes y maravillosas
pruebas, quedará para otros libros. A este, aunque breve, la dificultad
de lo que se ha tratado, le hará por ventura parecer prolijo.