_Que se puede pensar, que los primeros pobladores de Indias aportaron á
ellas echados de tormenta, y contra su voluntad._
Habiendo mostrado que no lleva camino pensar, que los primeros
moradores de Indias hayan venido á ellas con navegacion hecha para ese
fin, bien se sigue, que si vinieron por mar haya sido acaso, y por
fuerza de tormentas el haber llegado á Indias. Lo cual, por inmenso
que sea el mar Océano, no es cosa increíble. Porque, pues, así sucedió
en el descubrimiento de nuestros tiempos, cuando aquel marinero (cuyo
nombre aun no sabemos, para que negocio tan grande no se atribuya á
otro Autor, sino á Dios), habiendo por un terrible é importuno temporal
raconocido el nuevo Mundo, dejó por paga del buen hospedage á Cristoval
Colón la noticia de cosa tan grande; así pudo ser, que algunas gentes
de Europa, ó de África antiguamente hayan sido arrebatadas de la
fuerza de el viento, y arrojadas á tierras no conocidas, pasado el
mar Océano. ¿Quién no sabe, que muchas, ó las mas de las regiones que
se han descubierto en este nuevo Mundo, ha sido por esta forma? ¿qué
se debe mas á la violencia de temporales su descubrimiento, que á la
buena industria de los que las descubrieron? Y porque no se piense que
solo en nuestros tiempos han sucedido semejantes viajes hechos por la
grandeza de nuestras naves, y por el esfuerzo de nuestros hombres,
podrá desengagarse facilmente en esta parte, quien leyere lo que Plinio
refiere[102] haber sucedido á muchos Antiguos. Escribe, pues, de esta
manera: Teniendo el cargo Gayo Cesar, hijo de Augusto, en el mar de
Arabia, cuentan haber visto y conocido señas de naves Españolas, que
habían padecido naufragio; y dice mas después: Nepóte refiere del rodeo
Septentrional, que se trajeron á Quinto Metelo Celere, compañero en
el Consulado de Gayo Afranio (siendo el dicho Metelo Proconsul en la
Galia) unos Indios presentados por el Rey de Suevia: los cuales Indios
navegando desde la India para sus contrataciones, por la fuerza de
los temporales fueron echados en Germania. Por cierto, si Plinio dice
verdad, no navegan hoy dia los Portugueses mas de lo que en aquellos
dos naufragios se navegó, el uno desde España hasta el mar Bermejo,
y el otro desde la India oriental hasAlemania. En otro libro escribe
el propio Autor[103], que un criado de Annio Plocanio, el cual tenia
arrendados los derechos de el mar Bermejo, navegando la vuelta de la
Arabia, sobreviniendo nortes furiosos, en quince dias vino pasada la
Carmania, á tomar á Hippuros, Puerto de la Taprobana, que hoy dia
llaman Sumatra. Tambien cuentan, que una nave de Cartaginenses de el
mar de Mauritania fué arrebatada de brisas hasta ponerse á vista del
nuevo orbe. No es cosa nueva para los que tienen alguna experiencia
de mar, el correr á veces temporales forzosos, y muy porfiados, sin
aflojar un momento de su furia. A mí me acaeció pasando á Indias, verme
en la primera tierra poblada de Españoles, en quince dias despues de
salidos de las Canarias, y sin duda fuera mas breve el viage, si se
dieran velas á la brisa fresca, que corria. Asi que me parece cosa
muy verosímil, que hayan en tiempos pasados venido á Indias hombres
vencidos de la furia de el viento, sin tener ellos tal pensamiento. Hay
en el Perú gran relacion de unos Gigantes, que vinieron en aquellas
partes, cuyos huesos se hallan hoy dia, de disforme grandeza cerca
de Manta, y de Puerto viejo, y en proporcion habian de ser aquellos
hombres mas que tres tanto mayores, que los Indios de ahora. Dicen
que aquellos Gigantes vinieron por mar, y que hicieron guerra á los
de la tierra, y que edificaron edificios soberbios, y muestran hoy un
pozo hecho de piedras de gran valor. Dicen más, que aquellos hombres
haciendo pecados enormes, y especial usando contra natura, fueron
abrasados y consumidos con fuego que vino del Cielo. Tambien cuentan
los Indios de Ica, y los de Arica, que solian antiguamente navegar á
unas Islas al poniente, muy lejos, y la navegacion era en unos cueros
de lobo marino hinchados. De manera, que no faltan indicios de que se
haya navegado la mar del sur, antes que viniesen Españoles por ella.
Así que podríamos pensar, que se comenzó á habitar el nuevo orbe de
hombres, á quien la contrariedad del tiempo, y la fuerza de nortes echó
allá, como al fin vino á descubrirse en nuestros tiempos. Es así, y
mucho para considerar, que las cosas de gran importancia de naturaleza
por la mayor parte se han hallado acaso, y sin pretenderse, y no por la
habilidad y diligencia humana. Las mas de las yerbas saludables, las
mas de las piedras, las plantas, los metales, las perlas, el oro, el
imán, el ambar, el diamante, y las demás cosas semejantes: Y así sus
propiedades y provechos, cierto mas se han venido á saber por casuales
acontecimientos, que no por arte é industria de hombres, para que se
vea, que el loor y gloria de tales maravillas se debe á la providencia
del Criador, y no al ingenio de los hombres. Porque lo que á nuestro
parecer sucede acaso, eso mismo lo ordena Dios muy sobrepensado.