_De qué modo pudieron venir á Indias los primeros hombres, y que no
navegaron de propósito á estas partes._
Ahora es tiempo de responder á los que dicen, que no hay Antípodas, y
que no se puede habitar esta region en que vivimos. Gran espanto le
puso á San Agustin la inmensidad del Océano, para pensar que el linaje
humano hubiese pasado á este nuevo Mundo. Y pues por una parte sabemos
de cierto, que ha muchos siglos que hay hombres en estas partes, y por
otra no podemos negar lo que la divina Escritura claramente enseña[88],
de haber procedido todos los hombres de un primer hombre, quedamos
sin duda obligados á confesar, que pasaron acá los hombres de allá de
Europa, ó de Asia, ó de Africa; pero el cómo, y porqué camino vinieron,
todavía lo inquirimos, y deseamos saber. Cierto no es de pensar que
hubo otra arca de Noé en que aportasen hombres á Indias: ni mucho
menos que algun Angel trajese colgados por el cabello, como al Profeta
Abacúch[89], á los primeros pobladores de este mundo. Porque no se
trata, qué es lo que pudo hacer Dios, sino qué es conforme á razon, y
al orden y estilo de las cosas humanas. Y así se deben en verdad tener
por maravillosas, y propias de los secretos de Dios ambas cosas: una
que haya podido pasar el género humano tan gran inmensidad de mares
y tierras: otra que habiendo tan innumerables gentes acá, estuviesen
ocultas á los nuestros tantos siglos. Porque pregunto yo, ¿con qué
pensamiento, con qué industria, con qué fuerza pasó tan copioso mar
el linaje de los Indios? ¿Quién pudo ser el inventor y movedor de
pasage tan extraño? Verdaderamente he dado, y tomado conmigo y con
otros en este punto por muchas veces, y jamás acabo de hallar cosa que
me satisfaga. Pero en fin diré lo que se me ofrece: y pues me faltan
testigos á quien seguir, dejareme ir por el hilo de la razon, aunque
sea delgado, hasta que del todo se me desaparezca de los ojos. Cosa
cierta es, que vinieron los primeros Indios por una de tres maneras
á la tierra del Perú. Porque ó vinieron por mar, ó por tierra: y si
por mar, ó acaso, ó por determinación suya: digo acaso, echados con
alguna gran fuerza de tempestad, como acaece en tiempos contrarios y
forzosos: digo por determinacion, que pretendiesen navegar é inquirir
nuevas tierras. Fuera de estas tres maneras, no me ocurre otra posible,
si hemos de hablar segun el curso de las cosas humanas, y no ponernos
á fabricar ficciones poéticas y fabulosas: si no es que se le antoje á
alguno buscar otra aguila, como la de Ganimedes, ó algun caballo con
alas, como el de Perséo, para llevar los Indios por el aire: ó por
ventura le agrada aprestar peces Sirenas y Nicolaos, para pasarlos
por mar. Dejando, pues, pláticas de burlas, examinemos por sí cada
uno de los tres modos que pusimos: quizá será de provecho y de gusto
esta pesquisa. Primeramente parece que podriamos atajar razones con
decir, que de la manera que venimos ahora á las Indias, guiándose los
pilotos por la altura y conocimiento del Cielo, y con la industria de
marear las velas conforme á los tiempos que corren, así vinieron, y
descubrieron y poblaron los Antiguos pobladores de estas Indias. ¿Por
qué no? ¿Por ventura, solo nuestro siglo y solos nuestros hombres han
alcanzado este secreto de navegar el Océano? Vemos que en nuestros
tiempos se navega el Océano para descubrir nuevas tierras, como pocos
años há navegó Alvaro Mendaña y sus compañeros, saliendo del puerto
de Lima la vuelta del poniente, en demanda de la tierra que responde,
leste oeste, al Perú: y al cabo de tres meses hallaron las Islas que
titularon de Salomon, que son muchas y grandes: y es opinion muy
fundada, que caen junto á la nueva Guinea, ó por lo menos tienen
tierra firme muy cerca: y hoy dia vemos, que por órden del Rey y de su
Consejo, se trata de hacer nueva jornada para aquellas Islas. Y pues
esto pasa así, ¿porqué no diremos que los Antiguos con pretension de
descubrir la tierra que llaman Antictona opuesta á la suya, la cual
habia de haber segun buena Filosofía, con tal deseo se animaron á hacer
viaje por mar, y no parar hasta dar con las tierras que buscaban?
Cierto ninguna repugnancia hay en pensar, que antiguamente acaeció lo
que ahora acaece. Mayormente que la divina Escritura refiere[90], que
de los de Tiro y Sidon recibió Salomon maestros y pilotos muy diestros
en la mar, y que con estos se hizo aquella navegacion de tres años.
¿A qué propósito se encarece el arte de los marineros y su ciencia, y
se cuenta navegacion tan prolija de tres años, si no fuera para dar
á entender, que se navegaba el gran Océano, por la flota de Salomon?
No son pocos los que lo sienten así, y aún les parece que tuvo poca
razon San Agustin de espantarse y embarazarse con la inmensidad del mar
Océano, pues pudo bien congeturar de la navegacion referida de Salomon,
que no era tan difícil de navegarse. Mas diciendo verdad, yo estoy de
muy diferente opinion, y no me puedo persuadir, que hayan venido los
primeros Indios á este nuevo Mundo por navegacion ordenada y hecha de
propósito, ni aun quiero conceder que los Antiguos hayan alcanzado la
destreza de navegar, con que hoy dia los hombres pasan el mar Océano,
de cualquiera parte á cualquiera otra que se les antoja, lo cual hacen
con increíble presteza y certeza, pues de cosa tan grande y tan notable
no hallo rastros en toda la antigüedad. El uso de la piedra imán, y
del aguja de marear, ni la hallo yo en los Antiguos, ni aun creo que
tuvieron noticia de él: y quitado el conocimiento del aguja de marear,
bien se ve que es imposible pasar el Océano. Los que algo entienden de
mar, entienden bien lo que digo. Porque así es pensar, que el marinero
puesto en medio del mar sepa enderezar su proa á donde quiere, si le
falta la aguja de marear, como pensar, qne el que está sin ojos muestre
con el dedo lo que está cerca, y lo que está lejos acullá en un cerro.
Es cosa de admiracion, que una tan excelente propiedad de la piedra
imán la hayan ignorado tanto tiempo los Antiguos, y se haya descubierto
por los modernos. Haberla ignorado los Antiguos, claramente se entiende
de Plinio[91], que con ser tan curioso Historiador de las cosas
naturales, contando tantas maravillas de la piedra imán, jamás apunta
palabra de esta virtud y eficacia, que es la mas admirable, que tiene
de hacer mirar al norte el hierro que toca. Como tampoco Aristóteles
habló de ello, ni Teofrasto, ni Dioscórides, ni Lucrecio[92], ni
Historiador, ni Filósofo natural, que yo haya visto, aunque tratan
de la piedra imán. Tampoco San Agustin toca en esto, escribiendo por
otra parte muchas y maravillosas excelencias de la piedra imán, en los
libros de la Ciudad de Dios[93]. Y es cierto, que cuantas maravillas
se cuentan de esta piedra, todas quedan muy cortas respecto de esta
tan extraña de mirar siempre al norte, que es un gran milagro de
naturaleza. Hay otro argumento tambien, y es, que tratando Plinio[94]
de los primeros inventores de navegacion, y refiriendo allí de los
demás instrumentos y aparejos no habla palabra del aguja de marear, ni
de la piedra imán: solo dice, que el arte de notar las estrellas en la
navegacion salió de los de Fenicia. No hay duda sino que los Antiguos
lo que alcanzaron del arte de navegar, era todo mirando las estrellas,
y notando las playas, y cabos, y diferencias de tierras. Si se hallaban
en alta mar, tan entrados que por todas partes perdiesen la tierra de
vista, no sabian enderezar la proa por otro regimiento, sino por las
estrellas, y Sol, y Luna. Cuando esto faltaba, como en tiempo nublado
acaece, regianse por la cualidad del viento, y por conjeturas del
camino que habian hecho. Finalmente, iban por su tino, como en estas
Indias tambien los Indios navegan grandes caminos de mar, guiados de
sola su industria y tino. Hace mucho á este propósito lo que escribe
Plinio[95] de los Isleños de la Taprobana, que ahora se llama Sumatra,
cerca del arte é industria con que navegaban, escribiendo en esta
manera: Los de Taprobana no ven el norte, y para navegar suplen esta
falta llevando consigo ciertos pájaros, los cuales sueltan á menudo,
y como los pájaros por natural instinto vuelan hácia la tierra, los
marineros enderezan su proa tras ellos. ¿Quién duda, si estos tuvieran
noticia del aguja de marear, que no tomaran por guias á los pájaros,
para ir en demanda de la tierra? En conclusion, basta por razon, para
entender que los Antiguos no alcanzaron este secreto de la piedra imán,
ver que para cosa tan notable, como es el aguja de marear, no se halla
vocablo latino, ni griego, ni hebráico. Tuviera sin falta algun nombre
en estas lenguas cosa tan importante, si la conocieran. De donde se
verá la causa, porqué ahora los pilotos para encomendar la via al que
lleva el timon, se sientan en lo alto de la popa, que es por mirar de
allí el aguja, y antiguamente se sentaban en la proa, por mirar las
diferencias de tierras y mares, y de allí mandaban la via, como lo
hacen tambien ahora muchas veces al entrar ó salir de los puertos. Y
por eso los Griegos llamaban á los pilotos _Proritas_, porque iban en
la proa.