_Del motivo que tuvo San Agustín para negar los Antípodas._
Muy otra fue la razón que movió á S. Agustín, como de tan alto ingenio,
para negar los Antípodas. Porque la razón que arriba dijimos, de que
andarían al revés los Antípodas, el mismo Santo Doctor la deshace en
su libro de los Predicamentos. Los Antiguos, dice él[48], afirman, que
por todas partes está la tierra debajo y el Cielo encima. Conforme á
lo cual los Antípodas, que según se dice, pisan al revés de nosotros,
tienen también el Cielo encima de sus cabezas. Pues entendiendo esto
San Agustín tan conforme á buena Filosofía, ¿qué será la razón por
donde persona tan docta se movió á la contraria opinión? Fue cierto el
motivo que tuvo tomado de las entrañas de la sagrada Teología, conforme
á la cual nos enseñan las divinas letras, que todos los hombres del
mundo descienden de un primer hombre, que fue Adan. Pues decir, que los
hombres habían podido pasar al nuevo mundo, atravesando ese infinito
piélago del mar Océano, parecía cosa increíble y un puro desatino. Y
en verdad, que si el suceso palpable, y experiencia de lo que hemos
visto en nuestros siglos, no nos desengañara, hasta el día de hoy se
tuviera por razón insoluble la dicha. Y ya que sabemos, que no es
concluyente ni verdadera la dicha razón, con todo eso nos queda bien
que hacer para darle respuesta, quiero decir, para declarar en qué
modo, y por qué via pudo pasar el linaje de los hombres acá, ó cómo
vinieron, y por dónde, á poblar estas Indias. Y porque adelante se ha
de tratar esto muy de propósito, por ahora bien será que oigamos lo que
el Santo Doctor Agustino disputa de esta materia en los libros de la
ciudad de Dios[49], el cual dice así: Lo que algunos platican, que hay
Antípodas, esto es, gentes que habitan de la otra parte de la tierra,
donde el Sol nace al tiempo que á nosotros se pone; y que las pisadas
de estos son al revés de las nuestras, esto no es cosa que se ha de
creer. Pues no lo afirman por relación cierta que de ello tengan, sino
solamente por un discurso de Filosofía que hacen, con que concluyen,
que estando la tierra en medio del mundo rodeada de todas partes del
Cielo igualmente, ha de ser forzosamente lugar más bajo siempre el que
estuviere más en medio del mundo. Y después añade: De ninguna manera
engaña la divina Escritura, cuya verdad en lo que refiere haber pasado,
se prueba bien, viendo cuan puntualmente sucede lo que profetiza que
ha de venir. Y es cosa de disparate decir, que de estas partes del
mundo hayan podido hombres llegar al otro nuevo mundo, y pasar esa
inmensidad del mar Océano, pues de otra suerte no es posible haber
allá hombres, siendo verdad que todos los hombres descienden de aquel
primer hombre. Segun esto toda la dificultad de San Agustin no fue otra
sino la incomparable grandeza del mar Océano. Y el mismo parecer tuvo
San Gregorio Nacianceno afirmando, como cosa sin duda, que pasado el
Estrecho de Gibraltar, es imposible navegarse el mar. En una Epístola
que escribe[50], dice á este propósito: Estoy muy bien con lo que
dice Píndaro, que despues de Cadiz es la mar innavegable de hombres.
Y él mismo, en la oracion funeral que hizo á San Basilio, dice, que á
ninguno le fue concedido pasar del Estrecho de Gibraltar, navegando
la mar. Y aunque es verdad que esto se tomó como por refran del Poéta
Píndaro, que dice, que así á sabios como á necios les está vedado saber
lo que está adelante de Gibraltar; pero la misma origen de este refran
da bien á entender cuan asentados estuvieron los Antiguos en la dicha
opinion; y así por los libros de los Poétas, y de los Historiadores, y
de los Cosmógrafos antiguos, el fin y términos de la tierra se ponen
en Cadiz la de nuestra España: allí fabrican las columnas de Hércules,
allí encierran los términos del Imperio Romano, allí pintan los fines
del mundo. Y no solamente las letras profanas, mas aún las sagradas,
tambien hablan en esa forma, acomodándose á nuestro lenguage, donde
dicen[51], que se publicó el edicto de Augusto Cesar, para que todo el
mundo se empadronase: y de Alejandro el Magno, que extendió su Imperio
hasta los cabos de la tierra[52]; y en otra parte dicen[53]: que el
Evangelio ha crecido y hecho fruto en todo el mundo universo. Porque
por estilo usado llama la Escritura todo el mundo á la mayor parte del
mundo, que hasta entonces estaba descubierto y conocido. Ni el otro mar
de la India oriental, ni este otro de la occidental, entendieron los
Antiguos, que se pudiese navegar, y en esto concordaron generalmente.
Por lo cual Plinio, como cosa llana y cierta, escribe[54]: Los mares
que atajan la tierra, nos quitan de la tierra habitable la mitad por
medio, porque ni de acá se puede pasar allá, ni de allá venir acá. Esto
mismo sintieron Tulio y Macrobio, y Pomponio Mela, y finalmente fue el
comun parecer de los Escritores antiguos.