_Que el mundo hácia ambos polos tiene tierra y mar._
No está hecho poco, pues hemos salido con que acá tenemos Cielo, y nos
cobija como á los de Europa y Asia y Africa. Y de esta consideración
nos aprovechamos á veces, cuando algunos ó muchos de los que acá
suspiran por España, y no saben hablar sino de su tierra, se maravillan
y aun enojan con nosotros, pareciéndoles que estamos olvidados, y
hacemos poco caso de nuestra comun patria, á los cuales respondemos,
que por eso no nos fatiga el deseo de volver á España, porque hallamos
que el Cielo nos cae tan cerca por el Perú, como por España. Pues,
como dice bien San Gerónimo, escribiendo á Paulino, tan cerca está la
puerta del Cielo de Bretaña, como de Jerusalén. Pero ya que el Cielo
de todas partes toma al mundo en derredor, es bien que se entienda,
que no por eso se sigue que haya tierra de todas partes del mundo.
Porque siendo así que los dos elementos de tierra y agua, componen un
globo ó bola redonda, como los más y los mejores de los Antiguos, según
refiere Plutarco[42], lo sintieron, y con demostraciones certísimas se
prueba; podríase pensar que la mar ocupa toda la parte que cae al polo
Antártico ó sur, de tal modo, que no deje lugar alguno á la tierra por
aquella banda, según que San Agustín, doctamente arguye[43], contra la
opinión de los que ponen Antípodas. No advierten, dice, que aunque se
crea ó se pruebe, que el mundo es de figura redonda como una bola, no
por eso está luego en la mano, que por aquella otra parte del mundo
esté la tierra descubierta y sin agua. Dice bien, sin duda, San Agustín
en ésto. Pero tampoco se sigue, ni se prueba lo contrario, que es no
haber tierra descubierta al polo Antártico, y ya la experiencia á los
ojos lo ha mostrado ser así, que en efecto la hay. Porque aunque la
mayor parte del mundo, que cae al dicho polo Antártico, esté ocupada
del mar, pero no es toda ella, antes hay tierra, de suerte que á
todas partes del mundo la tierra y el agua se están como abrazando,
y dando entrada la una á la otra. Que de verdad es cosa para mucho
admirar y glorificar el arte del Criador soberano. Sabemos por la
Sagrada Escritura[44], que en el principio del mundo fueron las aguas
congregadas, y se juntaron en un lugar, y que la tierra con esto se
descubrió. Y también las mismas sagradas letras nos enseñan, que estas
congregaciones de aguas se llamaron mar, y como ellas son muchas,
hay de necesidad muchos mares. Y no solo en el Mediterráneo hay esta
diversidad de mares, llamandose uno el Euxino, otro el Caspio, otro el
Erythréo ó Bermejo, otro el Pérsico, otro el de Italia, y otros muchos
así; mas también el mismo Océano grande, que en la divina Escritura
se suele llamar abismo, aunque en realidad de verdad sea uno, pero en
muchas diferencias y maneras, como respecto de este Perú y de toda la
América es uno el que llaman mar del norte, y otro el mar del sur. Y
en la India Oriental, uno es el mar Índico, otro el de la China. Yo
he advertido, así en lo que he navegado como en lo que he entendido
de relaciones de otros, que nunca la mar se aparta de la tierra más
de mil leguas, sino que donde quiera, por mucho que corre el Océano,
no pasa de la dicha medida. No quiero decir, que no se navegan más de
mil leguas del mar Océano, que esto sería disparate, pues sabemos que
las naves de Portugal navegan cuatro tanto y más, y aun todo el mundo
en redondo se puede navegar por mar, como en nuestros tiempos lo hemos
ya visto, sin poderse dudar en ello. Mas lo que digo y afirmo es, que
en lo que hasta ahora está descubierto, ninguna tierra dista por línea
recta de la tierra firme ó Islas que le caen cerca, sino á lo sumo mil
leguas, y que así entre tierra y tierra nunca corre mayor espacio de
mar, tomándolo por la parte que una tierra está más cercana de otra,
porque del fin de Europa, y de Africa y de su costa no distan las Islas
Canarias y las de los Azores, con las del Cabo verde, y las demás en
aquel paraje, más de trescientas ó quinientas leguas, á lo sumo de
Tierra-firme.
De las dichas Islas haciendo discurso hacia la India Occidental, apenas
hay novecientas leguas hasta llegar á las Islas que llaman Dominica,
y las Vírgenes, y la Beata, y las demás. Y éstas van corriendo por
su orden hasta las que llaman de Barlovento, que son de Cuba, y
Española, y Boriquen. De éstas, hasta dar en la tierra firme apenas
hay doscientas ó trescientas leguas, y por partes, muy mucho menos.
La tierra firme luego corre una cosa infinita desde la tierra de la
Florida hasta acullá á la tierra de los Patagones, y por estotra parte
del sur, desde el estrecho de Magallanes hasta el cabo Mendocino, corre
una tierra larguísima, pero no muy ancha, y por donde más ancha, es
aquí en esta parte del Perú, que dista del Brasil obra de mil leguas.
En este mismo mar del Sur, aunque no se halla ni sabe fin la vuelta
del Poniente, pero no ha muchos años que se descubrieron las Islas que
intitularon de Salomón, que son muchas y muy grandes y distan de este
Perú como ochocientas leguas. Y porque se ha observado y se halla así,
que donde quiera que hay Islas muchas y grandes, se halla no muy lejos
tierra firme, de ahí viene, que muchos, y yo con ellos, tienen opinión,
que hay cerca de las dichas islas de Salomón, tierra firme grandísima,
la cual responde á la nuestra América por parte del poniente, y sería
posible que corriese por la altura del sur hacia el estrecho de
Magallanes. La nueva Guinea se entiende que es tierra firme, y algunos
doctos la pintan muy cerca de las Islas de Salomón. Así que es muy
conforme á razón, que aún está por descubrir buena parte del Mundo.
Pues ya por este mar del Sur navegan también los nuestros á la China
y Filipinas; y á la ida de acá allá no nos dicen que pasan más largo
mar que viniendo de España á estas Indias. Mas por donde se continúan
y traban el un mar Océano con el otro, digo el mar del sur con el mar
del norte, por la parte del polo Antártico bien se sabe que es por el
estrecho tan señalado de Magallanes, que está en altura de cincuenta
y un grados. Pero si al otro lado del mundo al polo del norte también
se continúan y corren estos dos mares, grande cosa es, que muchos la
han pesquisado; pero que yo sepa, nadie hasta ahora ha dado en ella,
solamente por conjeturas, y no sé qué indicios, afirman algunos, que
hay otro estrecho hacia el norte, semejante al de Magallanes. Para
el intento que llevamos, bástanos hasta ahora saber de cierto, que
hay tierra de esta parte del sur, y que es tierra tan grande como
toda la Europa y Asia, y aun África; y que á ambos polos del mundo se
hallan mares y tierras abrazados entre sí, en lo cual los Antiguos,
como á quienes les faltaba experiencia, pudieron poner duda, y hacer
contradicción.