CAPÍTULO IV

_En que se responde á lo que se alega de la Escritura

contra la redondez del Cielo._

Mas volviendo á la figura del Cielo, no sé de qué autoridades de la

Escritura se haya podido colegir que no sea redondo, y su movimiento

circular. Porque llamar San Pablo[34] al Cielo un tabernáculo ó

tienda que puso Dios, y no el hombre, no veo que haga al caso, pues

aunque nos digan que es tabernáculo puesto por Dios, no por eso hemos

de entender, que á manera de toldo cubre por una parte solamente la

tierra, y que se está allí sin mudarse, como lo quisieron entender

algunos. Trataba el Apóstol la semejanza del tabernáculo antiguo de

la ley, y á ese propósito dijo, que el tabernáculo de la ley neuva de

gracia, es el Cielo, en el cual entró el Sumo Sacerdote Jesu-Christo

de una vez por su sangre, y de aquí infiere que hay tanta ventaja del

nuevo tabernáculo al viejo, cuanto hay de diferencia entre el Autor

del nuevo, que es Dios, y el obrador del viejo, que fué hombre. Aunque

es verdad, que también el viejo tabernáculo se hizo por la sabiduría

de Dios, que enseñó á su maestro Beseleél[35]. Ni hay para qué buscar

en las semejanzas ó parábolas ó alegorías, que en todo y por todo

cuadren á lo que se traen, como el bienaventurado Crisóstomo[36] á otro

propósito lo advierte escogidamente. La otra autoridad que refiere San

Agustín, que alegan algunos, para probar que el Cielo no es redondo,

diciendo[37]: Extiende el Cielo como piel, de donde infieren que no es

redondo, sino llano en lo de arriba, con facilidad y bien responde el

mismo Santo Doctor[38], que en estas palabras del Salmo, no se nos da

á entender la figura del Cielo, sino la facilidad con que Dios obró un

Cielo tan grande, pues no le fue á Dios más difícil sacar una cubierta

tan inmensa del Cielo, que lo fuera á nosotros desplegar una piel

doblada. O pretendió quizá, darnos á entender la gran majestad de Dios,

al cual sirve el Cielo tan hermoso y tan grande, de lo que á nosotros

nos sirve en el campo un toldo ó tienda de pieles. Lo que un Poéta

galanamente declaró diciendo:

_El toldo del claro Cielo._

Lo otro que dice Isaías[39]: El Cielo me sirve de silla, y la tierra de

escabelo para mis pies, si fuéramos del error de los Antropomorfitas,

que ponían miembros corporales en Dios segun su divinidad, pudiera

darnos en qué entender para declarar, cómo era posible ser la tierra

escabelo de los pies de Dios, estando en medio del mundo, si hinche

Dios todo el mundo, porque había de tener pies de una parte y de otra,

y muchas cabezas al derredor, que es cosa de risa y donaire. Basta,

pues, saber que en las divinas Escrituras no hemos de seguir la letra

que mata, sino el espiritu que da vida, como dice San Pablo[40].

Historia natural y moral de las Indias (vol. 1 of 2) · 第 57 / 229 题