Después de las infinitas sandeces y extravagancias con que los del
vecino imperio acostumbran á pasar ratos tan frecuentes de buen humor á
costa de nuestro país, apenas se concibe que no haya habido algun
escritor español que dijera de ellos tantas verdades, cuantas son las
mentiras que ellos han dicho de nosotros.
Lo más que han hecho ciertos celosos escritores nacionales, ha sido
vindicarnos de aquellas ingeniosas imposturas, de aquellos novelescos
despropósitos, como quien repele una invasión extraña; pero ninguno (que
sepamos) ha hecho una expedición á sus tierras, con ánimo deliberado de
ver y de decir lo que por allí pasa, porque algo que merezca la pena de
verse y de decirse debe pasar.
Esto es lo que, con escasísimos recursos y muy endebles fuerzas, vamos á
hacer nosotros.
Ellos han venido á nuestra casa. Nosotros irémos á la suya, aunque hay
una diferencia capitalísima en el pensamiento y en la intencion con que
ellos han venido, y nosotros vamos.
Ellos han venido á oler y fisgar, para decir luego entre los suyos, no
lo que han visto, sino lo que han soñado, ó lo que han querido soñar
para escribir una novela y producir un efecto cómico, á expensas de la
honra de un pueblo noble y generoso, brusco quizá, inculto tal vez, pero
generoso y confiado; tan generoso y tan confiado, que recibe con palmas
y olivas á los que le insultan.
Nosotros irémos á oler y fisgar, para decir sencilla y buenamente lo que
hemos olido y fisgado. Si es malo para ellos, que tengan paciencia; si
es bueno, con su pan se lo coman, y nosotros procurarémos comer tambien
lo que podamos, porque lo bueno es pan que debe comer todo el mundo.
Ellos han venido á burlarse.
Nosotros irémos á estudiar.
Ellos han sido novelistas.
Nosotros serémos historiadores.
Ellos han dicho la pura mentira, si es que hay mentiras puras.
Nosotros dirémos la pura verdad; la verdad sin dimes ni diretes, á la
buena de Dios, _á la pata la llana_, como dice la gente por estas buenas
tierras de _Morería_.
_Las mil y una noches_ que ellos han contado de nosotros, repugnan de
tal modo á la evidencia de los hechos, que si no pusieran el nombre de
nuestro asaeteado país, los mismos españoles no conoceriamos que se
hablaba de España. Los mismos españoles creeriamos que se nos hacia la
descripcion de cómo viven algunas tribus de la Polinesia ó de las
Molucas.
Lo que nosotros dirémos de los franceses será un retrato tan al natural,
un retrato tan _candorosamente_ parecido, que no habrá persona, por poco
instruida que esté en materia de caractéres nacionales, que no eche de
ver por instinto que hablamos de Francia, aunque nosotros supusiéramos
que la escena pasaba en la Nigricia. Todo eso tendrémos á nuestro favor:
pagarémos deudas antiguas, dando verdades á trueque de embustes,
agradeciendo y recomendando lo que juzguemos que debamos recomendar y
agradecer.
Sufra, pues, el civilizadísimo Paris, el tan culto y refinado Paris, el
Paris tan sutil, tan impalpable y tan vaporoso; sufra, decimos, que un
_tosco africano_ se le entre por las puertas, sin decir tú ni mú, ni
saco de paja, y le desdoble ciertos pliegues, y le adivine ciertas
cuitas, y le ponga el dedo en ciertas llagas, y quite la tierra de
ciertas sepulturas, y descubra ciertos cadáveres.
Lo vamos á decir con vergüenza; pero lo vamos á decir. Tenemos miedo, lo
que se llama miedo, de vernos en Paris. Nos parece (y lo hemos anotado
en nuestra cartera de viaje como un suceso previsto y corriente) que
aquel coloso nos va á confundir con una mirada, si es que no se digna
aplastarnos con un pié; y que aún cuando tenga la indulgencia de no
aplastarnos ó de no confundirnos, no vamos á saber por dónde entrar, ni
por dónde salir en aquel laberinto formidable; de todo lo cual
resultará que tendrémos que volvernos á nuestra humilde casa con los
tiestos en la cabeza.
Presumimos que nos va á suceder lo que á los monos de poco tiempo: se
suben al árbol para coger cocos, y las más de las veces son aplastados
por la misma fruta que quieren coger.
Pero, en fin, lector mio, pecho al agua; vamos al maravilloso y
estupendo Paris, á ese Paris que tantas veces habrá sonado en tus
orejas, en tu pensamiento, en tu corazon, en tu fantasía ... sobre todo
en tu conciencia y en tu bolsillo. La ignorancia es muy atrevida, y lo
suplirá todo. ¡Buen ánimo, lector! ¡vamos á Paris!
Si vale juzgar por el plan que nos hemos formado anticipadamente, estos
estudios comprenderán las siguientes séries.