6 Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos.

7 Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.

8 Por tanto no te avergüences de [dar] testimonio del Señor nuestro, ni de mí, que estoy preso por él; antes sé participante de los trabajos del Evangelio por el poder de Dios,

9 que nos ha librado, y nos llamó a la santa vocación; no por nuestras obras, sino según el intento suyo y por la gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos;

10 mas ahora es manifestada por la venida de nuestro salvador Jesús, el Cristo, el cual asimismo anuló la muerte, y sacó a luz la vida y la incorrupción por el Evangelio;

11 del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los gentiles.

12 Por lo cual así mismo padezco esto, pero no me avergüenzo; porque yo sé a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.

13 Retén la forma de las sanas palabras que de mi oíste, en la fe y caridad que [es] en Cristo Jesús.

14 Guarda el buen depósito consignado [a ti] por el Espíritu Santo que habita en nosotros.

15 Ya sabes esto, que me han sido contrarios todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.

16 Dé el Señor misericordia a la casa de Onesíforo; que muchas veces me refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena;

17 antes, estando él en Roma, me buscó solícitamente, y me halló.

18 Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto [nos] ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.

CAPÍTULO 2

1 Pues tú, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.

2 Y lo que has oído de mí entre muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que serán idóneos para enseñar también a otros.

3 Y tú pues, trabaja como fiel soldado de Jesús el Cristo.

4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de [esta] vida por agradar a aquel que lo tomó por soldado.

5 Y aun también el que compete en [juegos públicos], no es coronado si no hubiere competido legítimamente.

6 El labrador, para recibir los frutos, es necesario que trabaje primero.

7 Entiende lo que digo; que el Señor te dará entendimiento en todo.

8 Acuérdate que Jesús, [el] Cristo, resucitó de los muertos, [el cual fue] de la simiente de David, conforme a mi Evangelio;

9 en el que sufro trabajo, hasta las prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa.

10 Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salud que es en el Cristo Jesús con gloria eterna.

11 [Es] palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos con él;

12 si sufrimos, también reinaremos con él; si [le] negáremos, él también nos negará;

13 si fuéremos infieles, él permanece fiel; no se puede negar a sí mismo.

14 Esto aconseja, protestando delante del Señor. No tengas contienda en palabras, que para nada aprovecha, [antes] trastorna a los oyentes.

15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, [como] obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de la verdad.

16 Mas evita profanas y vanas palabrerías; porque muy adelante irán en la impiedad.

17 Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto;

18 que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección es ya hecha, y trastornaron la fe de algunos.

19 Pero el fundamento de Dios está firme, el cual tiene este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 20 Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y asimismo unos para honra, y otros para deshonra.

21 Así que, el que se limpiare de estas cosas, será vaso para honra, santificado, y útil para los usos del Señor, y aparejado para toda buena obra.

22 Huye también [de] los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de limpio corazón.

23 Pero las cuestiones locas y sin sabiduría, desecha, sabiendo que engendran contiendas.

24 Que el siervo del Señor no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido;

25 que con mansedumbre enseña a los que se resisten, si por ventura Dios les dé que se arrepientan y conozcan la verdad,

26 Y se conviertan del lazo del diablo, en que están cautivos, para [hacer] su voluntad.

CAPÍTULO 3

1 Esto también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos:

2 Que habrá hombres amadores de sí [mismos], avaros, vanagloriosos, soberbios, maldicientes, desobedientes de sus padres, ingratos, impuros.

3 Sin afecto natural, desleales, calumniadores, sin templanza, sin mansedumbre, sin bondad,

4 traidores, arrebatados, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios;

5 teniendo apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella; y a éstos evita.

6 Porque de éstos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas las mujercillas cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias;

7 que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad.

8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos acerca de la fe.

9 Mas no prevalecerán; porque su locura será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos.

10 Pero tú has conocido plenamente mi doctrina, conducta, propósito, fe, largura de ánimo, caridad, paciencia,

11 persecuciones, aflicciones, [las] cuales me fueron hechas en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido; y de todas me ha librado el Señor.

12 Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.

13 Mas los malos hombres y los engañadores, irán de mal en peor, engañados y engañando a [otros].

14 Permanesca tú en lo que has aprendido y [en lo que] te ha sido encargado, sabiendo de quién has aprendido;

15 y que sabes las Sagradas Escrituras desde la niñez, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por [la] fe que es en Cristo Jesús.

16 Toda Escritura [es] inspirada divinamente y [es] útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia,

17 para que el hombre de Dios sea perfecto, perfectamente equipado para toda buena obra.

CAPÍTULO 4

1 Requiero yo, pues, delante de Dios, y del Señor Jesús, [el] Cristo, que ha de juzgar a los vivos y los muertos en su manifestación y en su Reino.

2 Que prediques la Palabra; que apresures a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende [duramente]; exhorta con toda paciencia y doctrina.

3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo las orejas sarnosas, se amontonarán maestros [que les hablan conforme] a sus concupiscencias,

4 y así apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

5 Tú por tanto vela en todo, trabaja, haz [la] obra del evangelista, cumple tu ministerio,

6 porque a mí ya me sacrifican, y el tiempo de mi desatamiento está cercano.

7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.

8 Desde ahora, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que desean su venida.

9 Procura venir pronto a mí,

10 porque Demas me ha desamparado, amando este siglo, y se ha ido a Tesalónica; Crescente a Galacia, Tito a Dalmacia.

11 Lucas sólo está conmigo. Toma a Marcos, y traéle contigo; porque me es útil para el ministerio.

12 A Tíquico envié a Efeso.

13 Trae, cuando vinieres, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo; y los libros, mayormente los pergaminos.

14 Alejandro el calderero me ha causado muchos males: Dios le pague conforme a sus hechos.

15 Guárdate tú también de él; que en grande manera ha resistido a nuestras palabras.

16 En mi primera defensa ninguno me ayudó, antes me desampararon todos; no les sea imputado.

17 Mas el Señor me ayudó, y me esforzó para que por mí fuese cumplida la predicación, y todos los gentiles oyesen; y fui librado de la boca del león.

18 Y el Señor me librará de toda obra mala, y me salvará para su Reino celestial, al cual [sea] gloria por [los] siglos de [los] siglos. Amén.

19 Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo. 20 Erasto se quedó en Corinto; y a Trófimo dejé enfermo en Mileto.

21 Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, y Lino, y Claudia, y todos los hermanos.

22 El Señor Jesús, [el] Cristo, [sea] con tu espíritu. La Gracia sea con vosotros. Amén.

TITO

CAPÍTULO 1

1 Pablo, siervo de Dios, y apóstol de Jesús, [el] Cristo, según la fe de los escogidos de Dios, y el conocimiento de la verdad que es según la piedad,

2 para la esperanza de la vida eterna, la cual prometió el Dios, que no puede mentir, antes de los tiempos de los siglos,

3 y la manifestó a sus tiempos: Es su palabra por la predicación, que me es a mí encomendada por mandamiento de nuestro salvador Dios;

4 a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia, y paz del Dios Padre, y del Señor Jesús, el Cristo, salvador nuestro.

5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo que falta, y pusieses ancianos por las villas, así como yo te mandé;

6 el que fuere irreprensible, marido de una mujer, que tenga hijos fieles que no pueden ser acusados de disolución, ni contumaces.

7 Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como dispensador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no heridor, no codicioso de ganancias deshonestas;

8 sino hospedador, amador de los buenos, templado, justo, santo, continente;

9 retenedor de la doctrina conforma a la fiel palabra, para que también pueda exhortar con sana doctrina, y convencer a los que contradicen.

10 Porque hay aún muchos contumaces, y habladores de vanidades, y engañadores (de las almas), mayormente [los] que son de la circuncisión,

11 A los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras; enseñando lo que no conviene, por ganancia deshonesta.

12 Dijo uno de ellos, su propio profeta: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, vientres perezosos.

13 Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe,

14 no atendiendo a fábulas judaicas, y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.

15 Porque todas las cosas son limpias a los limpios; mas a los contaminados e infieles nada es limpio; antes su alma y conciencia son contaminadas.

16 Profesan conocer a Dios; mas con [los] hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, y reprobados para toda buena obra.

CAPÍTULO 2

1 Pero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina:

2 Que los viejos sean templados, venerables, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la tolerancia.

3 Las ancianas, asimismo, [se distingan] en un porte santo; no calumniadoras, no dadas al mucho vino, maestras de honestidad;

4 que enseñen a las mujeres jóvenes a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,

5 a que sean templadas, castas, que tengan buen cuidado de la casa, excelentes, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

6 Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean templados;

7 mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, seriedad, pureza,

8 palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo ninguno mal que decir de vosotros.

9 [Exhorta] a los siervos a que sean sujetos a sus señores, que agraden en todo, no respondones;

10 en nada defraudando, antes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios.

11 Porque la gracia de Dios que trae salvación, se manifestó a todos los hombres.

12 Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, justa, y píamente,

13 esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesús, [el] Cristo.

14 Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras.

15 Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.

CAPÍTULO 3

1 Amonéstales que se sujeten a los príncipes y potestades, que obedezcan, que estén prontos a toda buena obra.

2 Que a nadie infamen, que no sean pendencieros, sino modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.

3 Porque también éramos nosotros locos en otro tiempo, rebeldes, errados, sirviendo a [las] concupiscencias y [los] deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciéndonos los unos a los otros.

4 Pero cuando se manifestó la bondad del Salvador nuestro Dios, y su amor para con los hombres,

5 no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia, nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;

6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesús, el Cristo, nuestro Salvador,

7 para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.

8 La palabra es fiel, y esto quiero que afirmes que los que creen a Dios procuren conducirse en buenas obras. Esto es lo bueno y útil a los hombres.

9 Mas las cuestiones locas, y las genealogías, y contenciones, y debates [acerca] de la ley, evita; porque son sin provecho y vanas.

10 El hombre hereje, después de una y otra corrección, deséchalo;

11 estando cierto que el tal es trastornado, y peca, [siendo] condenado de su propio juicio.

12 Cuando enviare a ti a Artemas, o a Tíquico, procura venir a mí, a Nicópolis, porque allí he determinado invernar.

13 A Zenas doctor de la ley, y a Apolos, envía delante, procurando que nada les falte.

14 Y aprendan asimismo los nuestros a conducirse en buenas obras para los usos necesarios, para que no sean inútiles.

15 Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia [sea] con todos vosotros. Amén.

FILEMÓN

CAPÍTULO 1

1 Pablo, preso [por causa] de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo, a Filemón amado, y ayudador nuestro;

2 y a la amada Apia [hermana], y a Arquipo, compañero de nuestra milicia, y a la Iglesia que está en tu casa:

3 Gracia y paz halléis del Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.

5 Oyendo tu caridad, y la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos;

6 que la comunicación de tu fe sea eficaz, para conocimiento de todo el bien que [está] en vosotros, por Cristo Jesús.

7 Porque tenemos gran gozo y consolación en tu caridad, de que por ti, oh hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos.

8 Por lo cual, aunque tengo mucha resolución en Cristo de mandarte [en] lo que te conviene,

9 ruego antes por la caridad porque soy tal, es a saber, Pablo ya anciano, y aun ahora preso [por amor] de Jesús, [el] Cristo;

10 lo que ruego [es] por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mi prisión,

11 el cual en otro tiempo te fue inútil, mas ahora a ti y a mí [nos] es útil;

12 el cual te vuelvo a enviar; tú pues, recíbele como a mí mismo.

13 Yo quisiera detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en la prisión del Evangelio;

14 mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario.

15 Porque quizás para esto se apartó de ti por [algún] tiempo, para que le vuelvas a tener para siempre;

16 ya no como siervo, antes más que siervo, [a saber como] hermano amado, mayormente de mí, y cuánto más de ti, en la carne y en el Señor.

17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí.

18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.

19 Yo Pablo lo escribí de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun a ti mismo te me debes demás. 20 Así, hermano, yo [me] goce de ti en el Señor; que recrees mi corazón en el Señor.

21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun harás más de lo que digo.

22 Y asimismo prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido.

23 Te saludan Epafras, mi compañero en la prisión por el Cristo Jesús.

24 Marcos, Aristarco, Demas, y Lucas, mis ayudadores.

25 La gracia de nuestro Señor Jesús [el] Cristo [sea] con vuestro espíritu, Amén.

HEBREOS

CAPÍTULO 1

1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

2 en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó por heredero de todo, por el cual asimismo hizo los siglos;

3 el cual siendo el resplandor de su gloria, y la [misma] imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas,

4 hecho tanto más excelente que los ángeles, [por] cuanto alcanzó [por herencia] más excelente nombre que ellos.

5 Porque ¿A cuál de los ángeles dijo [Dios] jamás: Mi Hijo eres tú, hoy yo te he engendrado, Y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo?

6 Y otra vez, cuando metiendo al Primogénito en la redondez de la tierra, dice: Y adórenlo todos los Angeles de Dios.

7 Y ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.

8 Mas al Hijo: Tu trono, oh DIOS; por el siglo del siglo; vara de equidad la vara de tu Reino;

9 amaste [la] justicia, y aborreciste la maldad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.

10 Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obras de tus manos;

11 ellos perecerán, mas tú eres permanente; y todos [ellos] se envejecerán como una vestidura;

12 y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años nunca se acabarán.

13 Pues, ¿A cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

14 ¿No son todos espíritus servidores, enviados en servicio por amor de los que son los herederos de la salud?

CAPÍTULO 2

1 Por lo cual es necesario que tanto con más diligencia guardemos las cosas que hemos oído, para que no nos escurramos.

2 Porque si la palabra dicha por [el ministerio de] los ángeles, fue firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de su galardón,

3 ¿cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande? La cual, habiendo comenzado a ser publicada por el Señor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que [lo] oyeron a él mismo;

4 testificando Dios juntamente con ellos con señales y milagros, y diversas maravillas, y con dones del Espíritu Santo repartiéndolos según su voluntad.

5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos.

6 Testificó sin embargo uno en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, que te acuerdas de él? ¿O el hijo del hombre, que lo visitas?

7 Tú lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos;

8 todas las cosas sujetaste debajo de sus pies; porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él. Mas aun no vemos que todas las cosas le son sujetas.

9 Pero vemos a aquel Jesús coronado de gloria y de honra, quien fue hecho un poco menor que los ángeles por pasión de muerte, para que por [la] gracia de Dios gustase la muerte por todos.

10 Porque convenía que aquel por amor del cual son todas las cosas, y por el cual son todas las cosas, habiendo de traer en [su] gloria a muchos hijos, perfeccionase por aflicciones al autor de la salud de ellos.

11 Porque el que santifica y los que son santificados de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12 Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré.

13 Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

14 Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

15 Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre.

16 Que no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham.

17 Por lo cual, debía hacerse en todo semejante a los hermanos, ser hecho misericordioso y fiel Sumo sacerdote en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo;

18 porque en cuanto él mismo padeció y fue tentado, es poderoso para socorrer también a los que son tentados.

CAPÍTULO 3

1 Por tanto, hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús,

2 Fiel al que lo constituyó sobre toda su casa, como también [lo fue] Moisés.

3 Porque de [tanto] mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó.

4 Porque toda casa es edificada de alguno; y el que creó todas las cosas, es Dios.

5 Y, Moisés a la verdad fue fiel sobre toda su casa, como siervo, [pero] para testificar lo que se había de decir;

6 mas Cristo, como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el fin retuviéremos firme la confianza y la esperanza gloriosa.

7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,

8 no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,

9 donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras, cuarenta años.

10 A causa de lo cual me enemisté con esta generación, y dije: Siempre yerran ellos de corazón, y no han conocido mis caminos.

11 Y les juré en mi ira: No entrarán en mi Reposo.

12 Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de infidelidad para apartarse del Dios vivo;

13 antes exhortaos los unos a los otros cada día entre tanto que se dice: Hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado;

14 (porque participantes del Cristo somos hechos, si empero retuviéremos firme hasta el fin el principio de su sustancia.)

15 Entre tanto que se dice: Si oyereis HOY su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

16 Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron; aunque no todos.

17 Mas ¿con cuáles se enemistó por cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?

18 ¿Y a cuáles juró que no entrarían en su Reposo, sino a aquellos que no obedecieron?

19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de [su] incredulidad.

CAPÍTULO 4

1 Temamos, pues, alguna vez, [que] dejando la promesa de la entrada en su Reposo, parezca alguno de vosotros haberse apartado.

2 Porque también a nosotros nos ha sido anunciado como a ellos; mas no les aprovechó el oír la palabra a los que la oyeron sin mezclar fe.

3 (Pero entramos en el Reposo los que hemos creído,) de la manera que dijo: Así que les juré en mi ira, no entrarán en mi Reposo, aun acabadas las obras desde el principio del mundo.

4 Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.

5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi Reposo.

6 Así pues, resta que algunos han de entrar en él, y que aquellos a quienes primero fue anunciado, no entraron por causa de la incredulidad,

7 Determina otra vez un cierto día, [diciendo]: HOY por David tanto tiempo después, como está dicho: Si oyereis HOY su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

8 Porque si Jesús {Josué en el Heb.} les hubiera dado el Reposo, no hablaría después de otro día.

9 Así que queda el sabatismo para el Pueblo de Dios.

10 Porque el que ha entrado en su Reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

11 Apresurémonos, pues, de entrar en aquel Reposo, que ninguno caiga en semejante ejemplo de incredulidad.

12 Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma y el espíritu, y las coyunturas, y [los] tuétanos; y [que] discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas [están] desnudas y abiertas a sus ojos, de lo cual hablamos.

14 Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos esta profesión (de nuestra esperanza).

15 Porque no tenemos Sumo Sacerdote que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; [mas] tentado en todo según [nuestra] semejanza, PERO SIN PECADO.

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 154 / 160 段