11 Y todo lenguaje confiese que el Señor Jesús el Cristo está en la gloria de Dios, el Padre.

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, obrad vuestra salud con temor y temblor;

13 porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

14 Haced todo sin murmuraciones o dudas,

15 para que seáis irreprensibles e inocentes, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo;

16 reteniendo la Palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el día del Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.

17 Y aun si soy derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y congratulo por todos vosotros.

18 Y asimismo gozaos también vosotros, y regocijaos conmigo.

19 Mas espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, entendido vuestro estado. 20 Porque a ninguno tengo tan unánime, y que con sincera afición esté solícito por vosotros.

21 Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.

22 [Pero] la experiencia de él habéis conocido, que como hijo a padre ha servido conmigo en el Evangelio.

23 Así que a éste espero enviaros, luego que [yo] viere cómo van mis negocios;

24 y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros.

25 Mas tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, hermano, y compañero y consiervo mío, y vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;

26 porque tenía [gran] deseo [de veros] a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado.

27 Pues en verdad estuvo enfermo a la muerte, pero Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él, sino aun de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.

28 Así que le envío más pronto, para que viéndole os volváis a gozar, y yo esté con menos tristeza.

29 Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima a los tales,

30 porque por la obra del Cristo estuvo cercano a la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.

CAPÍTULO 3

1 Resta, hermanos, que os gocéis en el Señor. A mí, a la verdad, no [me] es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.

2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento.

3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos en espíritu a Dios, y nos gloriamos en el Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.

4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más [que nadie].

5 Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; [en] cuanto a la ley, fariseo;

6 [en] cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia; [en] cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.

7 Pero las cosas que para mí eran ganancias, las he apreciado pérdidas por Cristo.

8 Y ciertamente, aun aprecio todas las cosas [como] pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, para ganar a Cristo,

9 y por ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

10 por conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte,

11 si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos.

12 No que ya [lo] haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; mas sigo para asir [de aquello] como también soy asido del Cristo Jesús.

13 Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa [hago]: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

14 prosigo al blanco, al premio del soberano llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

15 Así que, todos los que somos perfectos, esto [mismo] sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os [lo] revelará Dios.

16 Pero en aquello a que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa.

17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo.

18 Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos del madero del Cristo,

19 cuyo fin [será] la perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria [esta en] su vergüenza; que sienten lo terrenal. 20 Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos el Salvador, al Señor Jesús, [el] Cristo;

21 el cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar a sí todas las cosas.

CAPÍTULO 4

1 Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así [firmes] en el Señor, amados.

2 A Evodia ruego, y a Síntique exhorto, que sientan lo mismo en el Señor.

3 Asimismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a éstas que trabajaron juntamente conmigo en el Evangelio, con Clemente también, y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

4 Gozaos en el Señor siempre; otra vez digo: Que os gocéis.

5 Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

6 Por nada estéis afanosos; sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en todo con oración y ruego y acción de gracias.

7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en el Cristo Jesús.

8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto ejercitaos.

9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.

10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

11 No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo.

12 Sé estar humillado, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para [estar] saciado como para [tener] hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

13 Todo lo puedo en el Cristo que me fortalece.

14 Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente a mi tribulación.

15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio del Evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna Iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.

16 Porque aun a Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.

17 No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20 Al Dios pues y Padre nuestro [sea] gloria por [los] siglos de [los] siglos. Amén.

21 Saludad a todos los Santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.

22 Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de la casa del César.

23 La gracia del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo sea con todos vosotros. Amén.

COLOSENSES

CAPÍTULO 1

1 Pablo, apóstol de Jesús, [el] Cristo, por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,

2 A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz a vosotros de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesús, [el] Cristo.

3 Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, siempre orando por vosotros;

4 habiendo oído vuestra fe en el Cristo Jesús, y la caridad [que tenéis] para con todos los santos,

5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos; la cual habéis oído ya por la palabra de la verdad del Evangelio;

6 el cual ha llegado hasta vosotros, como [está] por todo el mundo; y fructifica, como también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

7 como [lo] habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es para vosotros un fiel ministro de Cristo Jesús;

8 quien también nos ha declarado vuestra caridad en Espíritu.

9 Por lo cual también nosotros, desde el día que [lo] oímos, no cesamos de orar por vosotros, y [de] pedir [a Dios] que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y entendimiento espiritual;

10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en [el] conocimiento de Dios.

11 Corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y tolerancia con gozo;

12 dando gracias al Padre que nos hizo dignos para participar en la herencia de los santos en luz;

13 que nos libró de la potestad de las tinieblas, y nos traspasó en el Reino de su amado Hijo,

14 en el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados.

15 El cual es la imagen del Dios invisible, [el] Primogénito de toda criatura.

16 Porque por él fueron creadas todas las cosas que [están] en los cielos, y que [están] en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él.

17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas consisten por él;

18 y él es la cabeza, del cuerpo de la Iglesia, principio y primogénito de [entre] los muertos, para que en todo tenga el primado.

19 Por cuanto agradó [al Padre] que en él habitase toda plenitud, 20 y por él reconciliar todas las cosas a sí, pacificando por la sangre de su madero, así lo que [está] en la tierra como lo que [está] en los cielos.

21 A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero [os] ha reconciliado

22 en el cuerpo de su carne por medio de [la] muerte, para haceros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él;

23 si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del Evangelio que habéis oído; el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro.

24 Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las tribulaciones del Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia;

25 de la cual soy hecho ministro, por la dispensación de Dios la cual me es dada en vosotros, para que cumpla la palabra de Dios;

26 [a saber], el misterio escondido desde los siglos y generaciones y que ahora ha sido manifestado a sus santos,

27 a los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio en los gentiles; que es Cristo en vosotros, [la] esperanza de gloria,

28 el cual nosotros anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para hacer a todo hombre perfecto en el Cristo Jesús;

29 en lo cual aun trabajo, combatiendo por la operación de él, la cual él obra en mí poderosamente.

CAPÍTULO 2

1 Porque quiero que sepáis cuán grande solicitud tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y [por] todos los que nunca vieron mi rostro en carne;

2 para que tomen consolación sus corazones, unidos en caridad, y en todas [las] riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio del Dios y Padre, y del Cristo;

3 en el cual están escondidos todos los tesoros de [la] sabiduría y [del] conocimiento.

4 Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, [no obstante] en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro orden y la firmeza de vuestra fe en el Cristo.

6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesús, el Cristo, andad en él;

7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como [lo] habéis aprendido, creciendo en ella con acciones de gracias.

8 Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones [de] los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según el Cristo,

9 porque en él habita toda plenitud de [la] Divinidad corporalmente,

10 y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad.

11 En el cual también sois circuncidados de circuncisión no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de la carne, en la circuncisión del Cristo;

12 sepultados juntamente con él en [el] bautismo, en el cual también resucitasteis con él, por la fe de la operación de Dios que le levantó de los muertos.

13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

14 Rayendo la cédula de los decretos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en el madero;

15 y despojando los principados y las potestades, sacándolos a la vergüenza en público, confiadamente triunfando de ellos en él.

16 Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados;

17 lo cual es la sombra de lo [que estaba] por venir; mas el cuerpo es del Cristo.

18 [Que] nadie os gobierne a su voluntad con [pretexto de] humildad y religión de ángeles, metiéndose en lo que no ha visto, andando hinchado en el vano sentido de su carne,

19 y no manteniendo el vínculo [a] la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y unido por [sus] ligaduras y coyunturas, creciendo en aumento de Dios. 20 Pues si sois muertos con el Cristo a [los] elementos del mundo, ¿por qué como si vivieseis al mundo, decretáis ritos:

21 No toques, No gustes, No trates?

22 Los cuales perecen en el mismo uso por [ser] mandamientos y doctrinas de hombres.

23 Las cuales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto a la voluntad y humildad, y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

CAPÍTULO 3

1 Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está el Cristo sentado a la diestra de Dios.

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

3 Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con el Cristo en Dios.

4 Cuando se manifestare el Cristo, nuestra vida, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

5 Mortificad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, deleite [carnal], mala concupiscencia, y avaricia, la cual es servicio de ídolos;

6 por estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión.

7 En las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas.

8 Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras deshonestas de vuestra boca.

9 No mintáis los unos a los otros, despojándoos del viejo hombre con sus hechos,

10 y revestíos del nuevo, el cual por [el] conocimiento es renovado conforme a la imagen del que lo creó;

11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre; mas Cristo [es el] todo, y en todos.

12 Vestíos pues, (como escogidos de Dios, santos y amados) de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;

13 soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros, si alguno tuviere queja del otro, de la manera que el Cristo os perdonó, así también [hacedlo] vosotros.

14 Y sobre todas estas cosas [vestíos de] caridad, la cual es el vínculo de la perfección.

15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, en la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.

16 La palabra del Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.

17 Y todo lo que hagáis, sea de palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias al Dios y Padre por él.

18 Casadas, estad sujetas a vuestros propios maridos, como conviene en el Señor.

19 Maridos, amad [a vuestras] mujeres, y no seáis desapacibles con ellas. 20 Hijos, obedeced a [vuestros] padres en todo; porque esto agrada al Señor.

21 Padres, no irritéis a vuestros hijos, para que no se vuelvan de poco ánimo.

22 Siervos, obedeced en todo a [vuestros] amos carnales, no sirviendo al ojo, como los que agradan [solamente] a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo a Dios;

23 y todo lo que hagáis, hacedlo de [buen] ánimo, como al Señor, y no a los hombres;

24 estando ciertos que del Señor recibiréis el salario de herencia, porque al Señor Cristo servís.

25 Mas el que hace injuria, recibirá la injuria que hiciere; [ya] que no hay acepción de personas.

CAPÍTULO 4

1 Amos, haced lo que es justo y derecho con [vuestros] siervos, sabiendo que también vosotros tenéis amo en los cielos.

2 Perseverad en [la] oración, velando en ella con acción de gracias;

3 orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para que hablemos el misterio del Cristo, (por el cual aun estoy preso),

4 para que lo manifieste como me conviene hablar.

5 Andad en sabiduría para con los extraños, ganando la ocasión.

6 [Sea] vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; [para] que sepáis cómo os conviene responder a cada uno.

7 Todos mis negocios os [lo] hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Señor,

8 el cual os he enviado a esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones;

9 con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá pasa, os [lo] harán saber.

10 Aristarco, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé (acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle),

11 y Jesús, el que se llama el Justo; los cuales son de la circuncisión, éstos solos son los que me ayudan en el Reino de Dios, y me han sido consuelo.

12 Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solícito por vosotros en [sus] oraciones, [para] que estéis [firmes], perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere.

13 Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que [están] en Hierápolis.

14 Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.

15 Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas, y a la Iglesia que está en su casa.

16 Y cuando [esta] carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la Iglesia de [los] laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros.

17 Y decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido en el Señor.

18 La salutación de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia [sea] con vosotros. Amén.

1 TESALONICENSES

CAPÍTULO 1

1 Pablo, y Silvano, y Timoteo, a la Iglesia de los tesalonicenses [congregada] en Dios, el Padre, y en el Señor Jesús [el] Cristo: Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre y del Señor Jesús, el Cristo.

2 Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones;

3 sin cesar acordándonos de la obra de vuestra fe, y del trabajo y caridad, y del esperar con la esperanza del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, delante del Dios y Padre nuestro.

4 Estando ciertos, hermanos amados, de que sois escogidos de Dios.

5 Por cuanto nuestro Evangelio no fue entre vosotros en palabra solamente, mas también en potencia, y en [el] Espíritu Santo, y en gran plenitud; como sabéis cuáles fuimos entre vosotros por causa de vosotros.

6 Y vosotros fuisteis hechos imitadores de nosotros, y del Señor, recibiendo la palabra con mucha tribulación, con gozo del Espíritu Santo;

7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los que han creído en Macedonia y en Acaya.

8 Porque por vosotros ha sido divulgada la Palabra del Señor no sólo en Macedonia y en Acaya, mas aun en todo lugar vuestra fe, que es en Dios, se ha extendido; [de tal manera] que no tenemos necesidad de hablar nada.

9 Porque ellos cuentan de nosotros cuál entrada tuvimos a vosotros; y de qué manera fuisteis convertidos a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero.

10 Y esperar a su Hijo de los cielos, al cual resucitó de los muertos: a Jesús, el cual nos libró de la ira que ha de venir.

CAPÍTULO 2

1 Porque, hermanos, vosotros [mismos] sabéis que nuestra entrada a vosotros no fue vana,

2 pues aun habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el Evangelio de Dios con mucha diligencia.

3 Porque nuestra exhortación no fue de error, ni de inmundicia, ni por engaño;

4 sino por haber sido aprobados de Dios para que se nos encargase el Evangelio, así hablamos; no como los que agradan a los hombres, sino a Dios, el cual prueba nuestros corazones.

5 Porque nunca fuimos lisonjeros en la palabra, como sabéis, ni tocados de avaricia; Dios es testigo;

6 ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.

7 Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala a sus hijos.

8 Tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino aun nuestras propias almas; porque nos sois carísimos.

9 Porque ya, hermanos, os acordáis de nuestro trabajo y fatiga; que trabajando de noche y de día por no ser gravosos a ninguno de vosotros, predicamos entre vosotros el Evangelio de Dios.

10 Vosotros sois testigos, y Dios, de cuán santa y justa e irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que creisteis;

11 [así] como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, como el padre a sus hijos,

12 y os encargábamos que anduvieseis [como] es digno de Dios, que os llamó a su Reino y gloria.

13 Por lo cual, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, de que habiendo recibido de nosotros la palabra para oír de Dios, la recibisteis no como palabra de hombres, sino (como a la verdad lo es) como palabra de Dios, la cual obra en vosotros los que creisteis.

14 Porque vosotros, hermanos, habéis sido imitadores en Cristo Jesús de las Iglesias de Dios que están en Judea; que habéis padecido también vosotros las mismas cosas de los de vuestra propia nación, como también ellos de los judíos;

15 los cuales también mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos han perseguido; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres;

16 prohibiéndonos hablar a los gentiles, a fin de que se salven, para llenar [la medida de] sus pecados siempre, porque la ira (de Dios) los ha alcanzado hasta el extremo.

17 Mas nosotros, hermanos, privados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro.

18 Por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo a la verdad, una y otra vez; pero Satanás nos estorbó.

19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No [lo] sois vosotros, delante del Señor nuestro Jesús [el] Cristo en su venida? 20 Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.

CAPÍTULO 3

1 Por lo cual, no pudiendo esperar más, acordamos quedarnos solos en Atenas,

2 y enviamos a Timoteo, nuestro hermano, y ministro de Dios, [y colaborador nuestro] en el Evangelio del Cristo, a confirmaros y exhortaros en vuestra fe,

3 para que nadie se mueva en estas tribulaciones; porque vosotros sabéis que nosotros somos puestos para esto.

4 Que aun estando con vosotros, os predecíamos que habíamos de pasar tribulaciones, como ha acontecido y lo sabéis.

5 Por lo cual, también yo, no esperando más, he enviado a reconocer vuestra fe, no sea que os haya tentado el Tentador, y que nuestro trabajo haya sido en vano.

6 Pero volviendo de vosotros a nosotros Timoteo, y haciéndonos saber buenas noticias de vuestra fe y caridad, y que siempre tenéis buena memoria de nosotros, deseando vernos, como también nosotros a vosotros.

7 En ello, hermanos, recibimos consolación de vosotros en toda nuestra tribulación y necesidad por causa de vuestra fe;

8 porque ahora vivimos [nosotros], si vosotros estáis firmes en el Señor.

9 Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios,

10 orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta a vuestra fe?

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 152 / 160 段