8 porque como a vestidura, los comerá polilla, como a lana, los comerá gusano; mas mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salud por siglos de siglos.

9 Despiértate, despiértate, vístete de fortaleza, oh brazo del SEÑOR. Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó al soberbio, y el que hirió al dragón?

10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que a lo profundo del mar tornó en camino, para que pasasen los redimidos?

11 Cierto, tornarán los redimidos del SEÑOR; volverán en Sion cantando, y gozo perpetuo [será] sobre su cabeza; poseerán gozo, y alegría; y el dolor, y el gemido huirán.

12 Yo, yo [soy] vuestro consolador. ¿Quién [eres] tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, del hijo del hombre, [que por] heno será contado?

13 Y te has ya olvidado del SEÑOR tu Hacedor, que extendió los cielos, y fundó la tierra; y todo el día tuviste temor continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. Mas ¿A dónde está el furor del que aflige?

14 El preso se da prisa para ser suelto, por no morir en la mazmorra, [ni] que le falte su pan.

15 Y yo, el SEÑOR, [soy] tu Dios, que parto el mar, y suenan sus ondas, soy tu Dios; el SEÑOR de los ejércitos [es] su nombre.

16 Que puse en tu boca mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí; para que plantases los cielos y fundases la tierra; y que dijeses a Sion: pueblo mío [eres] tú.

17 Despiértate, despiértate, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano del SEÑOR el cáliz de su furor, las heces del cáliz de angustia bebiste, y chupaste.

18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la gobierne, no hay quien la tome por su mano, entre todos los hijos que crió.

19 Estas dos cosas te han acaecido, ¿quién se dolerá de ti? Asolamiento, y quebrantamiento: hambre y espada. ¿Quién te consolará? 20 Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como buey montés en la red, llenos del furor del SEÑOR, de ira del Dios tuyo.

21 Oye, pues, ahora esto, miserable, ebria, y no de vino:

22 Así dijo tu Señor, YO SOY tu Dios, el cual pleitea por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de angustia, la hez del cáliz de mi furor, nunca más lo beberás.

23 Y lo pondré en la mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Encórvate, y pasaremos. Y tú pusiste tu cuerpo, como tierra, y como camino, a los que pasan.

CAPÍTULO 52

1 Despiértate, despiértate, vístete tu fortaleza, oh Sion; vístete tus ropas de hermosura, oh Jerusalén, ciudad santa, porque nunca más acontecerá, que venga en ti incircunciso, ni inmundo.

2 Sacúdete del polvo, levántate, siéntate, Jerusalén; suéltate de las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.

3 Porque así dice el SEÑOR: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados.

4 Porque así dijo el Señor DIOS: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para peregrinar allá; y el Assur lo cautivó sin razón.

5 Y ahora ¿qué a mí aquí? Dice el SEÑOR: que mi pueblo sea tomado sin por qué; y los que en él se enseñorean, [lo] hacen aullar, dice el SEÑOR, y continuamente mi nombre es blasfemado todo el día.

6 Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.

7 ¡Cuán hermosos [son] sobre los montes los pies del que trae [alegres] nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salud, del que dice a Sion: Reina tu Dios!

8 ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente jubilarán; porque ojo a ojo verán, como torna el SEÑOR a traer a Sion.

9 Cantad alabanzas, alegraos juntamente las soledades de Jerusalén; porque el SEÑOR ha consolado [a] su pueblo, ha redimido a Jerusalén.

10 El SEÑOR desnudó el brazo de su santidad ante los ojos de todos los gentiles. Y todos los términos de la tierra verán la salud del Dios nuestro.

11 Apartaos, apartaos; salid de allí; no toquéis cosa inmunda. Salid de en medio de ella; sed limpios los que lleváis los vasos del SEÑOR.

12 Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque el SEÑOR irá delante de vosotros, y el Dios de Israel os ayuntará.

13 He aquí, que mi siervo será prosperado, será engrandecido, y ensalzado, y será muy sublimado.

14 Como te abominaron muchos, en tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura, de los hijos de los hombres.

15 Pero él rociará [a] muchos gentiles. Los reyes cerrarán sobre él sus bocas, porque verán lo que nunca [les] fue contado; y entenderán, lo que nunca oyeron.

CAPÍTULO 53

1 ¿Quién creerá a nuestro dicho? ¿Y sobre quién será manifestado el brazo del SEÑOR?

2 Con todo eso subirá, como renuevo, delante de él; y como raíz de tierra seca. No [hay] parecer en él, ni hermosura. Le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.

3 Despreciado, y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en flaqueza; y como que escondimos de él el rostro, [fue] menospreciado, y no lo estimamos.

4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

5 Mas él herido [fue] por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz [fue] sobre él; y por su llaga hubo cura para nosotros.

6 Todos nosotros nos perdimos, como ovejas; cada cual se apartó por su camino; mas el SEÑOR traspuso en él el pecado de todos nosotros.

7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca. Como oveja, fue llevado al matadero; y como cordero delante de sus trasquiladores enmudeció; y no abrió su boca.

8 De la cárcel y del juicio fue quitado. Y su generación, ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes. Por la rebelión de mi pueblo fue herido.

9 Y puso con los impíos su sepultura, y su muerte con los ricos; aunque nunca hizo él maldad, ni [hubo] engaño en su boca.

10 Con todo eso, el SEÑOR lo quiso moler, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su alma por expiación, verá linaje, vivirá por largos días; y la voluntad del SEÑOR será en su mano prosperada.

11 Del trabajo de su alma verá y será saciado. Y con su conocimiento justificará mi Siervo justo a muchos; y él llevará las iniquidades de ellos.

12 Por tanto, [yo] le daré parte con los grandes, y a los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su alma hasta la muerte, y fue contado con los rebeldes, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

CAPÍTULO 54

1 Alégrate, oh estéril, la que no daba a luz: levanta canción, [y da voces de] júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más [serán] los hijos de la dejada, que los de la casada, dijo el SEÑOR.

2 Ensancha el sitio de tu cabaña, y las cortinas de tus tiendas sean extendidas, no seas escasa; alarga tus cuerdas, y fortifica tus estacas.

3 Porque a la mano derecha y a la mano izquierda has de crecer; y tu simiente heredará gentiles, y habitarán las ciudades asoladas.

4 No temas, que no serás avergonzada; y no te avergüences, que no serás afrentada; antes te olvidarás de la vergüenza de [tu] juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

5 Porque tu marido [será] tu Hacedor; el SEÑOR de los ejércitos [es] su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra será llamado.

6 Porque como a mujer dejada y triste de espíritu te llamó el SEÑOR; y [como] a mujer joven que [es] repudiada, dijo el Dios tuyo.

7 Por [un] pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias.

8 Con [un] poco de ira escondí mi rostro de ti por [un] momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor, el SEÑOR.

9 Porque esto me será [como] las aguas de Noé, que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así [también] juré que no me enojaré [mas] contra ti, ni te reprenderé.

10 Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo el SEÑOR, el que tiene misericordia de ti.

11 Pobre, fatigada con tempestad, sin consuelo, he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo; y sobre zafiros te fundaré.

12 Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y todo tu término de piedras de gran precio.

13 Y todos tus hijos [serán] enseñados del SEÑOR; y multiplicará la paz de tus hijos.

14 Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no [la] temerás; y de temor, porque no se acercará a ti.

15 Si alguno conspirare contra ti, [será] sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá.

16 He aquí que yo crié al herrero, que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo crié al destruidor para destruir.

17 Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prosperará; y tú condenarás toda lengua que se levantare contra ti en juicio. Esta [es] la heredad de los siervos del SEÑOR, y su justicia de por mí, dijo el SEÑOR.

CAPÍTULO 55

1 A todos los sedientos: Venid a las aguas. Y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.

2 ¿Por qué gastáis el dinero [en lo que] no es pan, y vuestro trabajo [en lo que] no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien; y se deleitará vuestra alma con grosura.

3 Inclinad vuestros oídos, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma. Y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

4 He aquí, que yo [lo] di por testigo a [los] pueblos, por capitán y por maestro a pueblos.

5 He aquí, que llamarás a gente que no conociste; y gentiles que no te conocieron correrán a ti, por causa del SEÑOR tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.

6 Buscad al SEÑOR, mientras se halla; llamadle en tanto que está cercano.

7 Deje el impío su camino; y el varón inicuo, sus pensamientos; y vuélvase al SEÑOR, el cual tendrá de él misericordia; y al Dios nuestro, el cual será grande en perdonar.

8 Porque mis pensamientos no [son como] vuestros pensamientos; ni vuestros caminos, [como] mis caminos, dijo el SEÑOR.

9 Como son [más] altos los cielos que la tierra, así son más altos mis caminos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

10 Porque como desciende de los cielos la lluvia, y la nieve, y no vuelve allá, sino [que] riega la tierra, y la hace engendrar, y producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come;

11 así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, mas hará lo que [yo] quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo [os] aplaudirán con las manos.

13 En lugar de la zarza crecerá haya; y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será al SEÑOR por nombre, por señal eterna [que] nunca será raída.

CAPÍTULO 56

1 Así dijo el SEÑOR: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse.

2 Bienaventurado el hombre, que esto hiciere; y el hijo del hombre, que esto abrazare; que guarda el sábado de contaminarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.

3 Y el hijo del extranjero, allegado al SEÑOR, no hable diciendo: Me apartará totalmente el SEÑOR de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo [soy] árbol seco.

4 Porque así dijo el SEÑOR a los eunucos que guardaren mis sábados, y escogieren lo que [yo] quiero, y abrazaren mi pacto:

5 [Yo] les daré lugar en mi casa, y dentro de mis muros, y nombre, mejor que a los hijos y a los hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá.

6 Y a los hijos de los extranjeros, que se allegaren al SEÑOR, para ministrarle, y que amaren el nombre del SEÑOR, para ser sus siervos; todos los que guardaren el Sábado de contaminarlo, y abrazaren mi Pacto,

7 [yo] los llevaré al monte de mi santidad; y los recrearé en la Casa de mi oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi Casa, Casa de oración será llamada de todos los pueblos.

8 Dice el Señor DIOS, el que junta los echados de Israel, Aun juntaré sobre él sus ayuntados.

9 Todas las bestias del campo, todas las bestias del monte, venid a devorar.

10 Sus atalayas [son] ciegos; todos ellos [son] ignorantes; todos ellos [son] perros mudos, no pueden ladrar; dormidos, echados, aman el dormir.

11 Y esos perros ansiosos son insaciables; y los mismos pastores no supieron entender; todos ellos miran a sus caminos, cada uno a su provecho, [cada uno] por su cabo.

12 Venid, [dicen], tomaré vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como éste, [o] mucho más excelente.

CAPÍTULO 57

1 Perece el justo, y no [hay] quien eche de ver; y los píos son recogidos, y no [hay] quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo.

2 Vendrá la paz, descansarán sobre sus camas todos los que andan delante de él.

3 Y vosotros, llegaos acá, hijos de la agorera; generación del adúltero y de [la] fornicaria.

4 ¿De quién [os] habéis burlado? ¿Contra quién ensanchasteis la boca, [y] alargasteis la lengua? ¿No sois vosotros hijos rebeldes, simiente mentirosa,

5 que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?

6 En las pulimentadas piedras del valle [está] tu parte; ellas, ellas [son] tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas?

7 Sobre el monte alto y empinado pusiste tu cama; allí también subiste a hacer sacrificio.

8 Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo; porque [a otro y no] a mí te descubriste, y subiste, [y] ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos alianza; amaste su cama dondequiera que [la] veías.

9 Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta lo profundo.

10 En la multitud de tus caminos te cansaste; mas no dijiste: No hay remedio; hallaste lo que buscabas, por tanto no te arrepentiste.

11 ¿Y a quién reverenciaste y temiste? ¿Por qué mientes; que no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he disimulado [desde tiempos antiguos], y nunca me has temido?

12 Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán.

13 Cuando clamares, líbrente tus allegados; pero a todos ellos llevará el viento, [los] tomará la vanidad; mas el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el Monte de mi santidad.

14 Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino; quitad los tropiezos del camino de mi pueblo.

15 Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita en eternidad, y cuyo nombre [es] El Santo, que tengo por morada la altura y la santidad; y con el quebrantado y abatido de espíritu [habito], para hacer vivir el espíritu de los abatidos, y para hacer vivir el corazón de los quebrantados.

16 Porque no contenderé para siempre, ni para siempre enojaré; porque el espíritu por mi vistió el cuerpo, y yo hice las almas.

17 Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí; escondí [mi rostro] y me ensañé; y fue él rebelde por el camino de su corazón.

18 Miré sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y le daré consolaciones, [a él] y a sus enlutados.

19 Crío fruto de labios, paz; paz al lejano y al cercano, dijo el SEÑOR, y le sanó. 20 Mas los impíos, [son] como el mar en tempestad, que no puede reposar; y sus aguas arrojan cieno y lodo.

21 No [hay] paz, dijo mi Dios, para los impíos.

CAPÍTULO 58

1 Clama a alta voz, no [te] detengas; alza tu voz como trompeta, y predicad a mi pueblo su rebelión; y a la casa de Jacob su pecado.

2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado el derecho de su Dios; pregúntanme derechos de justicia, y quieren acercarse a Dios.

3 ¿Por qué, [dicen], ayunamos, y no hiciste caso? ¿Humillamos nuestras almas, y no [lo] supiste? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis lo que queréis; y todos demandáis vuestras haciendas.

4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente. No ayunéis como hasta aquí, para que vuestra voz sea oída en lo alto.

5 ¿Es tal el ayuno que [yo] escogí? ¿Para que el hombre aflija su alma? ¿Que encorve su cabeza, como junco; y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable al SEÑOR?

6 ¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar los líos de impiedad, deshacer los haces de opresión, y soltar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

7 Que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras; y no te escondas de tu hermano.

8 Entonces nacerá tu luz, como el alba; y tu sanidad reverdecerá presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria del SEÑOR te recogerá.

9 Entonces invocarás, y oirás al SEÑOR; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad:

10 Y [si] derramares tu alma al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad [será] como el mediodía;

11 y el SEÑOR te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan.

12 Y edificarán de ti los desiertos antiguos, los cimientos [caídos] de generación y generación levantarás; y serás llamado Reparador de portillos, Restaurador de calzadas para habitar.

13 Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso [día] del SEÑOR, y lo venerares no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando [tus propias] palabras.

14 Entonces te deleitarás en el SEÑOR: y [yo] te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te haré comer la heredad de Jacob tu padre, porque la boca del SEÑOR ha hablado.

CAPÍTULO 59

1 He aquí que no es acortada la mano del SEÑOR para salvar, ni es agravado su oído para oír;

2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho cubrir su rostro de vosotros, para [no] oiros.

3 Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos, de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, y vuestra lengua habla maldad.

4 No [hay] quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben trabajo, y dan a luz iniquidad.

5 Ponen huevos de áspides, y tejen telas de arañas; el que comiere de sus huevos, morirá; y si [se] lo apretaren, saldrá un basilisco.

6 Sus telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán cubiertos; sus obras [son] obras de iniquidad, y obra de iniquidad [está] en sus manos.

7 Sus pies corren al mal, y se apresuran para derramar sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad; destrucción y quebrantamiento son sus caminos.

8 No conocieron camino de paz; ni hay derecho en sus caminos; sus veredas torcieron a sabiendas, cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz.

9 Por esto se alejó de nosotros el juicio, y justicia nunca nos alcanzó, esperamos luz, y he aquí tinieblas, resplandores y andamos en oscuridad.

10 Tentamos como ciegos la pared, y como sin ojos andamos a tiento; tropezamos en el mediodía como de noche; en sepulcros como muertos.

11 Aullamos, como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas; esperamos juicio, y no lo hay; salud, y se alejó de nosotros.

12 Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque nuestras iniquidades están con nosotros, y conocemos nuestros pecados:

13 Rebelar, y mentir contra el SEÑOR, y tornar de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia, y rebelión, concebir, y hablar de corazón palabras de mentira.

14 Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir.

15 Y la verdad fue detenida; y [el que] se apartó del mal, [fue] puesto en presa. Y [lo] vio el SEÑOR, y desagradó en sus ojos, porque pereció el derecho.

16 Y vio que no había hombre, y abominó que no [hubiera quien] se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia.

17 Y se vistió de justicia, como de loriga, con capacete de salud en su cabeza; y se vistió de vestido de venganza [por] vestidura, y se cubrió de celo como de manto,

18 como para [dar] pagos, como para tornar venganza de sus enemigos, [y] dar el pago a sus adversarios; a las islas dará el pago.

19 Y temerán desde el occidente el nombre del SEÑOR; y desde el nacimiento del sol, su gloria; porque vendrá como río violento impelido por [el] aliento del SEÑOR. 20 Y vendrá [el] Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dijo el SEÑOR.

21 Y éste será mi Pacto con ellos, dijo el SEÑOR: el Espíritu mío que [está] sobre ti; y mis palabras, que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, y de la boca de tu simiente, y de la boca de la simiente de tu simiente, dijo el SEÑOR, desde ahora y para siempre.

CAPÍTULO 60

1 Levántate, resplandece; que viene tu lumbre, y la gloria del SEÑOR ha nacido sobre ti.

2 Que he aquí, que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos; y sobre ti nacerá el SEÑOR, y sobre ti será vista su gloria.

3 Y andarán los gentiles a tu lumbre, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.

4 Alza tus ojos en derredor, y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas sobre el lado serán criadas.

5 Entonces verás, y resplandecerás; y se maravillará y ensanchará tu corazón, que se haya vuelto a ti la multitud del mar, que la fortaleza de los gentiles haya venido a ti.

6 Multitud de camellos te cubrirá, dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Seba; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas del SEÑOR.

7 Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con gracia sobre mi altar, y glorificaré la Casa de mi gloria.

8 ¿Quiénes [son] éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas?

9 Porque a mí esperarán las islas, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata, y su oro con ellos, al nombre del SEÑOR tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.

10 Y los hijos de los extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te herí, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.

11 Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que sea traída a ti fortaleza de gentiles, y sus reyes guiados.

12 Porque la gente o el reino que no te sirviere, perecerá; y del todo serán asolados.

13 La gloria del Líbano vendrá a ti, hayas, pinos, y bojes juntamente, para honrar el lugar de mi Santuario; y [yo] honraré el lugar de mis pies.

14 Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron; y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad del SEÑOR, Sion del Santo de Israel.

15 En lugar de que has sido desechada y aborrecida, y [que] no había quien por ti pasase, te pondré en gloria eterna, [en] gozo de generación y generación.

16 Y mamarás la leche de los gentiles, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo [soy] el SEÑOR, el Salvador tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.

17 Por el bronce traeré oro, y por hierro plata, y por madera bronce, y por las piedras hierro; y pondré paz [por] tu gobierno, y justicia [por] tus opresores.

18 Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción y quebrantamiento en tus términos; mas a tus muros llamarás Salud, y a tus puertas Alabanza.

19 El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; mas te será el SEÑOR por luz perpetua, y por tu gloria el Dios tuyo. 20 No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque te será el SEÑOR por perpetua luz, y los días de tu luto serán acabados.

21 Y tu pueblo, todos ellos [serán] justos, para siempre heredarán la tierra; serán renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme.

22 El pequeño [será] por mil; el menor, por gente fuerte. Yo, el SEÑOR, a su tiempo haré que esto sea presto.

CAPÍTULO 61

1 El espíritu del Señor DIOS [es] sobre mí, porque me ungió el SEÑOR; me envió a predicar a los abatidos, a atar [las llagas] de los quebrantados de corazón; a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;

2 a publicar [el] año de la buena voluntad del SEÑOR, y [el] día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados.

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 96 / 160 段