8 Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que el SEÑOR había hecho al Faraón y a los egipcios por causa de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y [cómo] los había librado el SEÑOR.

9 Y se alegró Jetro de todo el bien que el SEÑOR había hecho a Israel, que lo había librado de mano de los egipcios.

10 Y Jetro dijo: Bendito [sea] el SEÑOR, que os libró de mano de los egipcios, y de la mano del Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los egipcios.

11 Ahora conozco que el SEÑOR [es] grande más que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron [prevaleció] contra ellos.

12 Y tomó Jetro, el suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios; y vino Aarón y todos los ancianos de Israel a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.

13 Y aconteció que otro día se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.

14 Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?

15 Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios.

16 Cuando tienen negocios, vienen a mí; y [yo] juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.

17 Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien.

18 Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que [está] contigo; porque el negocio es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.

19 Oye ahora mi voz; [yo] te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los negocios a Dios. 20 Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer.

21 Además considera tú de [entre] todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y pondrás sobre [el pueblo] príncipes sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez.

22 Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo; y será que todo negocio grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así [la carga] de sobre ti, y la llevarán ellos contigo.

23 Si esto hicieres, y Dios te mandare, tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz a su lugar.

24 Entonces Moisés oyó la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.

25 Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y los puso por cabezas sobre el pueblo, príncipes sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez.

26 Los cuales juzgaban al pueblo en todo tiempo; el negocio arduo lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño.

27 Y despidió Moisés a su suegro, y se fue a su tierra.

CAPÍTULO 19

1 Al mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí.

2 Porque partieron de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y se asentaron en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.

3 Y Moisés subió a Dios; y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la Casa de Jacob, y denunciarás a los hijos de Israel:

4 Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y [cómo] os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.

5 Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi [especial] tesoro sobre todos los pueblos; porque mía [es] toda la tierra.

6 Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas [son] las palabras que dirás a los hijos de Israel.

7 Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras que el SEÑOR le había mandado.

8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que el SEÑOR ha dicho haremos. Y Moisés refirió las palabras del pueblo al SEÑOR.

9 Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en [una] nube espesa, para que el pueblo oiga mientras [yo] hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés denunció las palabras del pueblo al SEÑOR.

10 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos;

11 y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día el SEÑOR descenderá, a ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí.

12 Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis a su término; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá.

13 No le tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. En habiendo sonado [largamente] la trompeta, subirán al monte.

14 Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.

15 Y dijo al pueblo: Estad apercibidos para el tercer día; no lleguéis a mujer.

16 Y aconteció al tercer día cuando vino la mañana, que vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y [un] sonido de trompeta muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que [estaba] en el real.

17 Y Moisés sacó del real al pueblo a recibir a Dios; y se pusieron a lo bajo del monte.

18 Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque el SEÑOR había descendido sobre él en fuego; y el humo de él subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera.

19 Y el sonido de la trompeta iba esforzándose en extremo: Moisés hablaba, y Dios le respondía en voz. 20 Y descendió el SEÑOR sobre el monte de Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó el SEÑOR a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.

21 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Desciende, requiere al pueblo que no traspasen [el término] por ver al SEÑOR, porque caerá multitud de ellos.

22 Y también los sacerdotes que se llegan al SEÑOR, se santifiquen, para que el SEÑOR no haga en ellos estrago.

23 Y Moisés dijo al SEÑOR: El pueblo no podrá subir al monte de Sinaí, porque tú nos has requerido diciendo: Señala términos al monte, y santifícalo.

24 Y el SEÑOR le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen [el término] por subir al SEÑOR, para que no haga en ellos estrago.

25 Entonces Moisés descendió al pueblo y habló con ellos.

CAPÍTULO 20

1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:

2 Yo [soy] el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.

3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza [de cosa] que [esté] arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo [soy] el SEÑOR tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, de los que me aborrecen,

6 y que hago misericordia en millares [de generaciones] a los que me aman, y guardan mis mandamientos.

7 No tomarás el Nombre del SEÑOR tu Dios en vano; porque no dará por inocente el SEÑOR al que tomare su Nombre en vano.

8 Te acordarás del día del reposo, para santificarlo:

9 Seis días obrarás, y harás toda tu obra;

10 mas el séptimo día [será] sábado al SEÑOR tu Dios; no hagas [en él] obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que [está] dentro de tus puertas;

11 porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos [hay], y reposó en el séptimo día; por tanto el SEÑOR bendijo el día del sábado y lo santificó.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean alargados sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No hurtarás.

16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

18 Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la trompeta, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos.

19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, que [nosotros] oiremos; y no hable Dios con nosotros, para que no muramos. 20 Entonces Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por probaros vino Dios, y para que su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis.

21 Entonces el pueblo se puso de lejos, y Moisés se llegó a la oscuridad en la cual estaba Dios.

22 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros.

23 No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.

24 Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en cualquier lugar donde [yo] hiciere que esté la memoria de mi Nombre, vendré a ti, y te bendeciré.

25 Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares tu pico sobre él, tú lo ensuciarás.

26 Y no subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no sea descubierta junto a él.

CAPÍTULO 21

1 Y estos [son] los derechos que les propondrás.

2 Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre de balde.

3 Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él.

4 Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le hubiere dado a luz hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo.

5 Y si el siervo dijere: [Yo] amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre.

6 Entonces su amo lo hará llegar a los jueces, y le hará llegar a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lezna, y será su siervo para siempre.

7 Y cuando alguno vendiere su hija por sierva, no saldrá como suelen salir los siervos.

8 Si no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare.

9 Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas.

10 Si le tomare otra, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal.

11 Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia sin dinero.

12 El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá.

13 Mas el que no armó asechanzas, sino que Dios [lo] puso en sus manos, entonces [yo] te pondré lugar al cual ha de huir.

14 Además, si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo, y lo matare con engaño, de mi altar lo quitarás para que muera.

15 Y el que hiriere a su padre o a su madre, morirá.

16 Asimismo el que robare una persona, y la vendiere, o si fuere hallado en sus manos, morirá.

17 Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá.

18 Además, si algunos riñeren, y alguno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y no muriere, pero cayere en cama;

19 si se levantare y anduviere fuera sobre su bordón, entonces será el que le hirió absuelto; solamente le satisfará lo que estuvo parado, y hará que le curen. 20 Y si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, y muriere bajo su mano, será castigado;

21 mas si durare por un día o dos, no será castigado, porque su dinero es.

22 Si algunos riñeren, e hiriesen a [alguna] mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, será penado conforme a lo que le impusiere el marido de la mujer y pagará por jueces.

23 Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida,

24 Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,

25 quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.

26 Y cuando alguno hiriere el ojo de su siervo, o el ojo de su sierva, y lo dañare, le dará libertad por razón de su ojo.

27 Y si sacare el diente de su siervo, o el diente de su sierva, por su diente le dejará ir libre.

28 Si [un] buey acorneare hombre o mujer, y [a causa de ello] muriere, el buey será apedreado, y no se comerá su carne; mas el dueño del buey [será] absuelto.

29 Pero si el buey [era] acorneador desde ayer y antes de ayer, y a su dueño le fue hecho requerimiento, y no lo hubiere guardado, y matare hombre o mujer, el buey será apedreado, y también morirá su dueño.

30 Si le fuere impuesto rescate, entonces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto.

31 Haya acorneado hijo, o haya acorneado hija, conforme a este juicio se hará con él.

32 Si el buey acorneare siervo o sierva, pagará treinta siclos de plata su señor, y el buey será apedreado.

33 Y si alguno abriere [alguna] cisterna, o cavare cisterna, y no la cubriere, y cayere allí buey o asno,

34 el dueño de la cisterna pagará el dinero, restituyendo a su dueño, y lo que fue muerto será suyo.

35 Y si el buey de alguno hiriere al buey de su prójimo, y [éste] muriere, entonces venderán el buey vivo, y partirán el dinero de él, y también partirán el muerto.

36 Mas si era notorio que el buey era acorneador de ayer y antes de ayer, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey por buey, y el muerto será suyo.

CAPÍTULO 22

1 Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas.

2 Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, [el que lo hirió] no será culpado de su muerte.

3 Si el sol hubiere salido sobre él, el [matador] será reo de homicidio; [el ladrón] habrá de restituir cumplidamente; si no tuviere, será vendido por su hurto.

4 Si fuere hallado con el hurto en la mano, [sea] buey o asno u oveja vivos, pagará el doble.

5 Si alguno hiciere pastar tierra o viña, y metiere su bestia, y comiere la tierra de otro, [de] lo mejor de su tierra y [de] lo mejor de su viña pagará.

6 Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinas quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado.

7 Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón se hallare, pagará el doble.

8 Si el ladrón no se hallare, entonces el dueño de la casa será presentado a los jueces, [para jurar] si ha metido su mano en la hacienda de su prójimo.

9 Sobre todo negocio de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando [uno] dijere: Esto es [mío], la causa de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo.

10 Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier [otro] animal a guardar, y se muriere o se perniquebrare, o fuere llevado sin verlo nadie;

11 juramento del SEÑOR tendrá lugar entre ambos de que no metió su mano a la hacienda de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el [otro] no pagará.

12 Mas si le hubiere sido hurtado, [lo] pagará a su dueño.

13 Y si le hubiere sido arrebatado [por fiera], le traerá testimonio, [y] no pagará lo arrebatado.

14 Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere perniquebrada o muerta, ausente su dueño, la pagará.

15 Si el dueño estaba presente, no la pagará. Si era alquilada, él vendrá por su alquiler.

16 Cuando alguno engañare a alguna virgen que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla [y tomarla] por mujer.

17 Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme al dote de las vírgenes.

18 A la hechicera no darás la vida.

19 Cualquiera que cohabitare con bestia, morirá. 20 El que sacrificare a dioses, excepto sólo al SEÑOR, será muerto.

21 Y al extranjero no engañarás, ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis [vosotros] en la tierra de Egipto.

22 A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.

23 Que si tú llegas a afligirle, y él a mí clamare, ciertamente oiré [yo] su clamor;

24 y mi furor se encenderá, y os mataré a cuchillo, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.

25 Si dieres a mi pueblo dinero prestado, al pobre [que está] contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura.

26 Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a puestas del sol se lo volverás;

27 porque sólo aquello es su cubierta, es aquel el vestido para [cubrir] sus carnes, en [el] que ha de dormir; y será que cuando él a mí clamare, [yo] entonces le oiré, porque soy misericordioso.

28 No maldecirás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo.

29 No dilatarás la primicia de tu cosecha, ni de tu licor, me darás el primogénito de tus hijos.

30 Así harás [con el] de tu buey [y] de tu oveja: siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.

31 Y habéis de serme varones santos; y no comeréis carne arrebatada [de las fieras] en el campo; a los perros la echaréis.

CAPÍTULO 23

1 No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso.

2 No seguirás a los muchos para mal hacer; ni responderás en pleito acostándote tras los muchos para hacer tuerto;

3 ni al pobre honrarás en su causa.

4 Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo.

5 Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás entonces desamparado? Sin falta ayudarás con él a levantarlo.

6 No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito.

7 De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque [yo] no justificaré al impío.

8 No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos.

9 Y no angustiarás al extranjero; pues vosotros sabéis [cómo se halla] el alma del extranjero, [ya] que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.

10 Seis años sembrarás tu tierra, y allegarás su renta;

11 mas el séptimo la dejarás [libre] y [la] soltarás, para que coman los pobres de tu pueblo; y [de] lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás de tu viña y de tu olivar.

12 Seis días harás tus hechos, y al séptimo día reposarás, a fin que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero.

13 Y en todo lo que os he dicho seréis avisados. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá en vuestra boca.

14 Tres veces en el año me celebraréis fiesta.

15 La fiesta de los ázimos guardarás: Siete días comerás los panes sin levadura, como [yo] te mandé, en el tiempo del mes de Abib; porque en él saliste de Egipto; y ninguno comparecerá vacío delante de mí.

16 También la fiesta de la cosecha de los primeros frutos de tus labores que hubieres sembrado en el campo; y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando habrás recogido tus labores del campo.

17 Tres veces en el año comparecerá todo varón tuyo delante del Señor DIOS.

18 No sacrificarás sobre [pan] leudado la sangre de mi sacrificio, ni el sebo de mi cordero quedará de la noche hasta la mañana.

19 Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la Casa del SEÑOR tu Dios. No guisarás el cabrito con la leche de su madre. 20 He aquí yo envío el Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que [yo] he preparado.

21 Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión; porque mi Nombre [está] en él.

22 Pero si en verdad oyeres su voz, e hicieres todo lo que [yo] te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

23 Porque mi Angel irá delante de ti, y te introducirá a [la tierra del] amorreo, y del heteo, y del ferezeo, y del cananeo, y del heveo, y del jebuseo, a los cuales [yo] haré cortar.

24 No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrantarás del todo sus imágenes.

25 Mas al SEÑOR vuestro Dios serviréis, y [él] bendecirá tu pan y tus aguas; y [yo] quitaré [toda] enfermedad de en medio de ti.

26 No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y [yo] cumpliré el número de tus días.

27 [Yo] enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde tú entrares, y te daré la cerviz de todos tus enemigos.

28 [Yo] enviaré la avispa delante de ti, que eche fuera al heveo, y al cananeo, y al heteo, de delante de ti.

29 No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las bestias del campo.

30 Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que [te] multipliques y tomes la tierra por heredad.

31 Y [yo] pondré tu término desde el mar Bermejo hasta el mar de Palestina, y desde el desierto hasta el río; porque pondré en vuestras manos los moradores de la tierra, y [tú] los echarás de delante de ti.

32 No harás alianza con ellos, ni con sus dioses.

33 En tu tierra no habitarán, [para que] por ventura no te hagan pecar contra mí sirviendo a sus dioses; porque te será de tropiezo.

CAPÍTULO 24

1 Y dijo a Moisés: Sube al SEÑOR, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos.

2 Mas Moisés sólo se llegará al SEÑOR; y ellos no se lleguen cerca, ni suba con él el pueblo.

3 Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del SEÑOR, y todos los derechos; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijeron: Haremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho.

4 Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR, y levantándose de mañana edificó [un] altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel.

5 Y envió a los jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y sacrificaron becerros como sacrificios de paz al SEÑOR.

6 Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la [otra] mitad de la sangre sobre el altar.

7 Y tomó el libro de la alianza, y leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que el SEÑOR ha dicho, y oiremos.

8 Entonces Moisés tomó la sangre, y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre de la alianza que el SEÑOR ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

9 Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel;

10 y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.

11 Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron.

12 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles.

13 Y se levantó Moisés, y Josué su ministro; y Moisés subió al monte de Dios.

14 Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur [están] con vosotros; el que tuviere negocios, lléguese a ellos.

15 Entonces Moisés subió al monte, y [una] nube cubrió el monte.

16 Y la gloria del SEÑOR reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube.

17 Y el parecer de la gloria del SEÑOR [era] como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel.

18 Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

CAPÍTULO 25

1 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:

2 Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.

3 Y ésta [será] la ofrenda que tomaréis de ellos: Oro, y plata, y cobre,

4 y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, y [pelo] de cabras,

5 y cueros de carneros teñidos de rojo, y cueros de tejones, y madera de cedro;

6 aceite para la luminaria, especias para el aceite de la unción, y para el sahumerio aromático;

7 piedras de onix, y piedras de engastes, para el efod, y para el pectoral.

8 Y me harán un santuario, y [yo] habitaré entre ellos.

9 Conforme a todo lo que yo te mostrare, la semejanza del tabernáculo, y la semejanza de todos sus vasos, así lo haréis.

10 Harán también un arca de madera de cedro, cuya longitud [será] de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.

11 Y la cubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la cubrirás; y harás sobre ella una corona de oro alrededor.

12 Y para ella harás de fundición cuatro anillos de oro, que pondrás a sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado.

13 Y harás [unas] varas de madera de cedro, las cuales cubrirás de oro.

14 Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas.

15 Las varas se estarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella.

16 Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.

17 Y harás [una] cubierta de oro fino, cuya longitud [será] de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.

18 Harás también dos querubines de oro, [labrados] a martillo los harás, en los dos cabos de la cubierta.

19 Harás, pues, un querubín al extremo de un lado, y un querubín al otro extremo del lado opuesto; harás los querubines en sus dos extremidades. 20 Y los querubines extenderán por encima las dos alas, cubriendo con sus alas la cubierta; sus caras la una enfrente de la otra, mirando a la cubierta las caras de los querubines.

21 Y pondrás la cubierta sobre el arca, y en el arca pondrás el testimonio que [yo] te daré.

22 Y de allí me testificaré a ti, y hablaré contigo de sobre la cubierta, de entre los dos querubines que [estarán] sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandaré para los hijos de Israel.

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 11 / 160 段