Adiós

¡Cosa rara, inaudita! La Nela que nunca había tenido cama, ni ropa, ni

zapatos, ni sustento, ni consideración, ni familia, ni nada propio, ni

siquiera nombre, tuvo un magnífico sepulcro que causó no pocas envidias

entre los vivos de Socartes. Esta magnificencia póstuma fue la más

grande ironía que se ha visto en aquellas tierras calaminíferas. La

señorita Florentina, consecuente con sus sentimientos generosos, quiso

atenuar la pena de no haber podido socorrer en vida a la Nela, con la

satisfacción de honrar sus pobres despojos después de la muerte. Algún

positivista empedernido, criticona por esto; pero nosotros vemos en tan

desusado hecho una prueba más de la delicadeza de su alma.

Cuando la enterraron, los curiosos que fueron a verla ¡esto sí que es

inaudito y raro! la encontraron casi bonita; al menos así lo decían. Fue

la única vez que recibió adulaciones.

Los funerales se celebraron con pompa, y los clérigos de Villamojada

abrieron tamaña boca al ver que se les daba dinero por echar responsos a

la hija de la Canela. Era estupendo, fenomenal que un ser cuya

importancia social había sido casi semejante a la de los insectos,

fuera causa de encender muchas luces, de tender muchos paños y de poner

roncos a sochantres y sacristanes. Esto, a fuerza de ser extraño, rayaba

en lo chistoso. No se habló de otra cosa en seis meses.

La sorpresa y... dígase de una vez, la indignación de aquellas buenas

muchedumbres llegaron a su colmo cuando vieron que por el camino

adelante venían dos carros cargados con enormes piezas de piedra blanca

y fina. ¡Ah! En el entendimiento de la Señana se verificaba una

espantosa confusión de ideas, un verdadero cataclismo intelectual, un

caos, al considerar que aquellas piedras blancas y finas eran el

sepulcro de la Nela. Si ante la Señana volara un buey o discurriera su

marido, ya no le llamaría la atención.

Revolvieron los libros parroquiales de Villamojada, porque era preciso

que después de muerta tuviera un nombre fijo la que se había pasado sin

él en vida, como lo prueba esta misma historia, donde se la nombra de

distintos modos. Hallado aquel requisito indispensable para figurar en

los archivos de la muerte, la magnífica piedra sepulcral que se

ostentaba orgullosa en medio de las rústicas cruces del cementerio de

Aldeacorba tenía grabados estos renglones:

R. I. P.

MARÍA MANUELA TÉLLEZ

RECLAMOLA EL CIELO

EN 12 DE OCTUBRE DE 186...

Una guirnalda de flores primorosamente tallada en el mármol coronaba

esta inscripción. Algunos meses después, cuando ya Florentina y Pablo

Penáguilas se habían casado y cuando (dígase la verdad, porque la verdad

es antes que todo)... cuando nadie en Aldeacorba de Suso se acordaba ya

de la Nela, fueron viajando por aquellos países unos extranjeros de esos

que llaman _turistas_, y luego que vieron el soberbio túmulo de mármol

alzado en el cementerio por la piedad religiosa y el afecto sublime de

una ejemplar mujer, se quedaron embobados de admiración, y sin más

averiguaciones escribieron en su cartera de apuntes estas observaciones,

que con el título de _Sketches from Cantabria_ publicó más tarde un

periódico inglés.

«Lo que más sorprende en Aldeacorba es el espléndido sepulcro erigido en

el cementerio, sobre la tumba de una ilustre joven, célebre en aquel

país por su hermosura. _Doña Mariquita Manuela Téllez_ perteneció a una

de las familias más nobles y acaudaladas de Cantabria, la familia de

Téllez Girón y de Trastamara. De un carácter _espiritual_, poético y

algo caprichoso, tuvo el antojo (_take a fancy_) de andar por los

caminos tocando la guitarra y cantando odas de Calderón, y se vestía de

andrajos para confundirse con la turba de mendigos, buscones,

_trovadores_, toreros, frailes, hidalgos, gitanos y _muleteros_, que en

las _kermesas_ forman esa abigarrada plebe española que subsiste y

subsistirá siempre, independiente y pintoresca, a pesar de los _rails_ y

de los periódicos que han empezado a introducirse en la península

occidental. El _abad_ de Villamojada lloraba hablándonos de los

caprichos, de las virtudes y de la belleza de la aristocrática

ricahembra, la cual sabía presentarse en los saraos, fiestas y _cañas_

de Madrid con el porte (_deportment_) más aristocrático. Es incalculable

el número de bellos _romanceros_, sonetos y madrigales compuestos en

honor de esta gentil doncella por todos los poetas españoles.»

Bastome leer esto para comprender que los dignos _reporters_ habían

visto visiones. Traté de averiguar la verdad, y de la verdad que

averigüé resultó este libro.

Despidámonos para siempre de esta tumba, de la cual se ha hablado en

_El Times_. Volvamos los ojos hacia otro lado, busquemos a otro ser,

rebusquémosle, porque es tan chico que apenas se ve, es un insecto

imperceptible, más pequeño sobre la faz del mundo que el _philloxera_ en

la breve extensión de la viña. Al fin le vemos; allí está, pequeño,

mezquino, atomístico. Pero tiene alientos y logrará ser grande. Oíd su

historia, que es de las más interesantes....

Pues señor....

Pero no: este libro no le corresponde. Acoged bien el de Marianela y a

su debido tiempo se os dará el de Celipín.

Marianela(#17340) · 第 27 / 28 题