Y DICE EL DUQUE.

Señora, si le parece, enviemos á las damas y caballeros á rogalles que

sea el sarao y máxcara despues de mañana, por no poderse hacer más; y

vaya el canónigo Ester de parte de vuestra alteza, y de la mia el paje

del mal recaudo, que no les faltarán motes y apodos, á la giba del uno

y al mal nombre del otro, y ternémos parte de las burlas por relacion

de los burladores, que yo comenzaré la plática para que riamos.

Dixo la Reina: Paréceme tan bien como al canónigo Ester no le parecerá,

que siempre dice le hago ir á convidar damas para fiestas, que no las

querria mandar, por hallar criadas que se desmandan con su giba. Hélos

aquí á los dos; por su mal vienen los que para bien nunca se hallan.

Canónigo, diréis de mi parte á las damas que mañana habian de venir

á la fiesta, que el Duque, mi señor, la manda alargar hasta despues

de mañana, por estar ocupado, y que no dejen de acudir por nos hacer

placer.

Respondió el canónigo Ester: Senyora, tos temps me posa vostra altesa á

les banyes dels bous pera que burlen de la mia gepa. Doneli quitasio,

puix li han posat nom, la gepa Stera mana festes. Yo iré ab la ballesta

parada, puix no faltarán á la mia gepa aljaba, virots quem tirarán pera

tornarlos á tirar.

Dixó el Duque: Paje de mal recaudo, irás de mi parte á don Luis Milan,

y á Juan Fernandez, y á don Diego, y á don Francisco, á decilles lo

mismo que la Reina, mi señora, envia á decir á las damas, y en cuanto

has de hacer ten buen seso.

Respondió el Paje: Señor, lo uno hará, mas el otro, que es tener buen

seso, no sé si podré yendo en compañía del canónigo Ester, que para

defender su giba, manos y lengua sería menester.

Dixo el Canónigo: ¿Com se pot comportar asó, que la Reina vulla fer

corro de bous tot l’any ab mí, enviantme á convidar dames, que par que

sia andador de festes, y ara, per millor adobaro, lo Duch, mon senyor,

fa venir en ma companyía aquest tava del patje, que tos temps me va

picant en la gepa, quem fa rabejar com á macho de lloguer? Renegau de

senyors que pera riure donen ocasió ques riguen de sos criats.

El paje le respondió: Vamos, señor Canónigo, y, aunque me ha dicho que

soy tavano de su giba, yo le prometo de no picar esta jornada en ella,

sino cuanto podré para defendella, y por señal que lo haré, quiero

cantar, para daros placer, esta cancion catalana:

Bella, de vos so enamoros,

Gibeta mia,

Tos temps sospir pensant en vos

La nit y’l dia.

Dixo el Canónigo: Puix tú has cantat pera mí, yo vull cantar pera tú.

Tot lo mon me stá mirant

Com si fos una donsella,

Si bem veu anar galant,

Lladre so per maravella.

El paje le dixo: ¿Qué es eso, Canónigo? ¿ladron me dices? Para ésta,

que yo lo diga á nuestro obispo de Fez que os excomulgue y no os

absuelva hasta que me hayais restituido la fama, irregular, tartuga de

mujeres, que por vuestro vecindado siempre les andais en torno de las

haldas con una guitarra tañendo y cantando este cantar:

Comed de mi tartugado,

La de lo verdugado.

El Canónigo le dixo: Vesten, endemoniat, davant de mí, _per Deum

vivum_, _per Deum vivum_; Jesus, Jesus, desaparegut es. Per cert ara

crech que deu ser lo familiar del italiá que tenim en casa. Y o’m

vull donar presa en lo que tinch de fer, per tornar pres á contar al

Duch, mon senyor, ques’ guarde del patje del mal recaudo y li fasa la

creu si li ve davant; que cert deu ser dimoni, puix ab conjurs me ha

desaparegut. A Joan Fernandez veig á la finestra de sa casa, ab sa

muller, espantat estich, pau es esta de hostaler cathalá, que may la fa

ab sa muller sino quant la vol engañar. ¡Ah señor Joan Fernandez! ¡ah

señor! entrat sen es de la finestra, nom’ ha degut conexer, ó nom’ ha

oit, que no sen fora entrat.

Dixo Joan Fernandez: Ántes de haberos oido os he huido y me soy

entrado; subí y guardaos de Maricorta, mi criada, que bien lo habeis

menester.

El Canónigo dixo: Vejam qui es esta Maricorta, que si les paraules son

tals com lo seu nom, cerca quit parle. ¡Ah senyora Maricorta! ¿estam

segures? Fora d’aquí, fora d’aquí, ¿quin diable de gosa es ésta que ma

exquexada la clocha?

Salió riendo Joan Fernandez y dixo: Hexe d’ahí, hexe d’ahí, Maricorta;

diablo haya parte en el cazador y en tí, que no te tiene atada estando

parida. Perdone, señor Canónigo, que pensaba que le queríades hurtar

sus hijos, que dicho le han que sois hurta perrillos.

Respondió muy enojado el Canónigo: Hábit de sent Pere, ¿asó es la

Maricorta criada vóstra? ¿desta manera feu lo graciós? Altres grasies

pensaba que tenien millors en vostra casa; persous ha posat nom vostra

muller, Encasamalo.

Dixo la señora doña Hierónima: Par vos que tinch rahó, señor Canonge.

¿Qui ha de comportar estes fredors, fer soltar la gosa parida pera que

esquexe cloches? Puix habeu fet lo grasiós, donauli una nova.

Dixo Joan Fernandez: Ya sin esto se la debia por un recuado que llevó

de parte mia donde él sabe, y porque se la tengo aparejada nueva,

le he hecho rasgar á Maricorta esa vieja que trae; que así como puse

nombre proprio al paje del mal recaudo, por los malos recaudos que me

traia, así por los buenos que vuestra reverencia me trae, le quiero

decir de aquí adelante, el canónigo del buen recaudo.

El Canónigo respondió: Vos per altrem preniu; nous burleu ab mí de tal

manera, que pera repondre á mots que fan alcabot al motejar, abat y

ballester so. Que en ma terra un temp nom deyen mosen Ster sino mosen

Ballester. Que sta gepa que tinch, no es sino aljaba de passadors, pera

passar apodadors daquest mon en laltre.

Dixo la señora doña Hierónima: Riñen las comadres y dícense las

verdades. O com he pres plaer de haber sabut que lo canonge Ster no

es alcabot en les obres, sino en les paraules, perque los alcabots da

paraules tots parlen com alcabotes. Cert y hoy peccaba, perdone senyor

Canonge, que per tal lo tenia.

Respondió el Canónigo: Cercau quius perdone, pera una sou los dos,

que yo men vaig dient: _Quos diabolus conjungit homo non separet_. Lo

recaudo que portaba men tornaba á casa, y es que la Reina y lo Duch,

mos senyors, han allargat la festa pera despus demá; preguenvos que noy

falteu, y que porteu millors mots que á mí me habeu donat. Ab por vaig

á casa de don Diego, que per troneres tiren les mots les moces; que

tostemps están en aguait, com á gent ques recela. Ya so prop la casa,

senyar la vull ans que entre en ella. ¿Ah de casa? ¿Ah de casa?

Respondió Marimancha, criada: ¿Ha de caso? ¿ah de caso? ¿para qué

cruzais la casa? guardad n’os crucen la cara; si ya no lo haceis por

entrar el diablo en ella, que sois vos.

El canónigo dixo: ¿Qué tanta por teniu á la creu? ¿Per ventura han vos

tret ab ella al cadafal?

Dixo Marimancha: Rabo rastrando heme aquí, que no traigo sambenito. Mas

porque veo sanmaldito, que sois vos, yo haré la señal de la cruz, que

pienso que huiréis como á diablo, pues lo pareceis.

Dixo el canónigo: ¿Ah senyor don Diego? ¿sou en casa? ¿sou en casa? Par

que noy haja amo en ella, segons los criats fan á son plaer.

Respondió don Diego, y dixo: ¿Qué es esto, señor Canónigo Ester? ¿A qué

viene vuestra merced, y con quién está enojado?

Respondió el Canónigo: Senyor don Diego, vaig y vinch, y vinch y vaig,

y res no fas.

Don Diego le respondió: Señor Canónigo, yo no entiendo este lenguaje;

volvé á decirme por lo que venis, y declaraldo mejor que se deje

entender.

Salió Martineta, criada de casa, y dixo: Senyor yo declararé lo que vol

dir. Vaig burlant, y vinch fredas, y res no fas.

El Canónigo se santiguó, y dixo: No mes, no mes. Yo so nat en mala

planeta, fins á Martineta burla de mí; yom despediré de la Reina y del

Duch, si mes tinch de anar per cases de orats, convidant á festes que

tan mal profit me fan, y vos senyor don Diego, enfrenau estes gates de

vostra casa, que arrapen la cara, sino vindrem á creure que elles vos

tenen enfrenat. Lo que you digui que no volgues entendre, es azó: Que

vaig y vinch convidant á festes, y vinch y vaig á mon desgrat, y res

no fas á mon plaer. Lo Duch vos fa saber, que allargat la festa pera

despues demá; hy voldreu ser, sino á Deu siau que bens veurem. Per

labit de sent Pere que si en casa de don Francisco me parlen de tal

manera les criades, yols reganyaré les dents; ya veig una delles á la

porta ab una mona que sta quocant, y reganyant les dents, y si ab mí

les ha, yo so de bodes. Un patje veig á la finestra quey prench plaer.

¿Hola, hola, patje, com te dius, no respons? ¿es tom amo en casa,

Malfaras?

Dixo el paje: Mossen tartugo, ó tartuga, ¿quién os ha dicho que á mi me

dicen mal farás? Pues venis tan bien hablado como mal carado, y peor

dispuesto á pedir de mi amo, preguntaldo á la mona, pues teneis cara de

mona. Quocalo mona, quocalo mona.

Respondió el Canónigo: Rapaz aballau azí, que yous mostraré com habeu

de parlar, y puix per vostres tacanieries la mona me ha squexat la

clocha, si vostre amo no lam paga yo sé lo que faré. Senyor don

Francisco, mirau quines bondats se fan en vostra casa, venint de par

del Duch á fer vos saber que allargat la festa para despus demá; que

demanant aquest patje vostre si stabeu en casa, la resposta quem a

donat es que a embregat la mona ab mí, yam esquexat la clocha.

Dixo don Francisco: Señor Canónigo, no tome enojo, que al paje yo le

haré dar doscientos azotes, y mañana yo os pagaré la loba para que os

hagais otra nueva, y podréis hacer paz con la mona, porque es muy

aparentada en esta tierra con muchos monos que hay; y por quitar mal,

ya que no teneis vergüenza, será bien que seais amigos vos y ella.

Dixo el Canónigo: Algun dia tindrán fi estes fredors, y si lo Duch nou

remedia, yo y posaré remey ab uns quants delats del camp de Tarragona,

parents meus; y no passará axi com pensau, que dret men vaig al Duch.

Señor yom vinch á despedir de vostra Excellencia, si nom llevau lo

carrech de convida festes. Y lo demes quem resta á dir sobre azó, será

contar les burles que man fet los criats destos cortesans, davant ells

depus demá, que sitant de cor fossen com ells se pinten, no serien tan

descortesos sos criats. Que en los servidors se veu lo senyor quál es.

Dixo el Duque: Canónigo, descansad, que yo haré con la Reina que no

tengais más ese oficio, sino guarda damas, ó guarda polvo.

Dixo el Canónigo: ¿Yo nou dich que lo primer que burla de mí es vostra

Excellencia? Guarda dames me ha fet com si fos molle de sastre, y

guarda polvo pera ques seguen sobre mí. Yo men vaig á clamar á la

Reina, y será exir del foch y donar en les brases.

La Reina le dixo: ¿Qué es esto, canónigo Ester? por mi vida que no

esteis enojado, sino haceros he cantar:

¿Quién os ha mal enojado,

Mi buen amor,

Quién os ha mal enojado?

Yo que debia enojarme con vos por haberme hecho brasas de fuego, no lo

estoy; ¿y vos enojaisos? El raton caza el gato; pues vos sois el uno, y

el otro el Duque mi señor.

Dixo el Duque: Canónigo, desenojaos, pues tambien hay para mí de las

burlas de la Reina, mi señora, como para vos, que á mí me ha hecho

gato, y á vos raton; y si lo dice por lo que vos sabeis, adevinado ha.

El Canónigo respondió: Senyor, yo vull parlar clar, perque nom tinga

per alcabot la Reina ma senyora, que si á vostra Excellencia diu

gat per ser cazador de ses criades, yo no so rata que les rosegue

de alcaboteríes. Yo men vaig á reposar, que si fora de casa me han

verguejat, ací me han espalmat, que no ma restat pel en la roba.

Dixo la Reina: Canónigo, quedemos en paz, que no os faltará pelo en

la ropa, y hacé que no le tengais en la lengua, para burlar de los

caballeros que decis que os han enojado por las casas que habeis ido.

Y si les ganais en las burlas, yo os daré un vestido muy de véras,

y será una lobera, y cuera de martas, y calzas de grana, y chapeu de

terciopelo carmesí, con pluma y medalla, y mote que dirá: Soy canónigo

d’amor, por una Hierónima que muerto me ha.

El Canónigo respondió: Bese les mans de vostra altesa, ab ninguna cosa

me podia desenujar sino ab la dama que ha nomenat, que l’mor ab lo que

enuja desenuja.

Dixo el Duque: Canónigo, espabilar os quiero, que gran pábilo teneis de

muy encendido de amor.

Respondió el Canónigo: Señor, pera demá será millor, y anem á dormir,

que hora es.

El paje del mal recaudo dixo: Señor don Luis Milan, vuestra merced

sabrá que el canónigo Ester y yo salimos hoy de palacio, de parte del

Duque y de la Reina, para que la máxcara se alargase hasta despues de

mañana, dímosnos de motes y enojóse conmigo, porque el hombre que toma

las burlas de véras, las véras toma de burlas, y fuíme para entender en

lo que á vuestra merced diré: Yo tengo un amigo que tiene un familiar,

y habemos concertado él y yo de hacer por arte mágica la máxcara de la

montería de Troya, que vuestras mercedes querian hacer, y harémosla

contrahecha al natural, cada uno de los troyanos en su propia

figura, como por esta arte se puede hacer; y tras éstos, entrará una

contramáxcara de los más fuertes y valientes griegos, que sobre Troya

estuvieron y la tomaron, y combatirán un torneo de pié, uno á uno, y

serán: El rey Priamo, troyano, con el rey Agamenon, griego, y Páris con

el rey Menalao, porque robó á la reina Helena, su mujer; y Trohilo,

troyano, con el rey Diomedes, griego; y Héctor con Achíles, y Enéas,

troyano, con Ayax Thalomon, griego, y acabarán con una folla; vuestras

mercedes no saquen la suya, pues más al natural será ésta; y diga al

Duque lo que yo le he dicho, y cada vez que mandára cesar el combatir,

haga señalar á un trompeta; y acabado el torneo, oirán una música y

cantarán un romance de cada uno de los troyanos y griegos, y acabará la

fiesta. Yo me voy á ponello por obra.

Dixo don Luis Milan: Don Diego, á vuestra casa soy venido para lo

que oiréis; el paje del mal recaudo no lo será agora, pues con él lo

ternemos muy bueno, que no se halla ninguno de quien no se pueda haber

algun placer, y por esto es bien no dar ocasion de estar con nadie

mal, sino con quien no se puede estar bien. Hame dicho que no tomemos

trabajo de hacer la máxcara nosotros, que él la hará más al natural,

con un amigo suyo que tiene familiar; por eso avisad á don Francisco y

á Joan Fernandez de lo que pasa.

Dixo Joan Fernandez: Avisados estamos, que todo lo habemos oido don

Francisco y yo, y parésceme que la debemos vender al Duque y á la Reina

por nuestra, por ser la más importante máxcara que haya sido, en ver

tan valerosos caballeros en su propia forma.

Don Francisco le respondió:

Engañado andais en trajos,

Mi buen amigo,

No digais que n’os lo digo.

¿No veis que vuestra disposicion no parescerá á la de los troyanos ni

griegos, ni ménos las fuerzas? pues se dice d’ellos que arrojaban en

aquel tiempo con la mano una piedra tan grande como vos sois, cuando

en amores os volveis de piedra; aunque don Luis Milan no puede creer

que en vos pueda entrar amor, por más que os haya hecho embojar y

encasillar una ramera; perdonad, que romera quise decir, y la razon

que dice es ésta, que cada uno se inclina más á su semblante, como el

caballero á la dama, y que no puede ser verdadero amor de hombre alto

con mujer baja, que yo más le diré vicio que voluntad verdadera, la que

tuvo Anníbal á la ramera que le detuvo en Cannas, cuando no siguió la

victoria de la batalla que venció á los romanos, que pudiera entrarse

por Roma como por su casa, segun dice Petrarcha en este soneto: _Vince

Anníbal, et non sepe usar poi_.

Dixo don Luis Milan: Don Francisco, porque no piense Joan Fernandez

que me haceis placer en irle á la mano, yo la quiero tomar por él, y

responderos á quanto le habeis culpado. A lo que le dixistes:

Engañado andais en trajos,

Mi buen amigo,

No digais que n’os lo digo.

A esto os respondo, que si él dixo que vendiésemos por nuestra la

máxcara de los troyanos y griegos al Duque, fué bueno para malo, y pues

tuvo esta bondad, vos no la tuvistes en corregirlo; y si le dixistes

que su disposicion y fuerzas no son tan grandes como las de Héctor,

bien podria ser tenido por él, pues defiende lo que nadi defenderia

para ofender á buenos ojos, que no es menester poco valor defender

malos trajos y baxos amores, segun vos decis; que yo no digo sino que

de ser buen maestro de trajos, podria ser mayoral de los sastres y

provincial de los amores, que por más que digais que los tiene bajos,

la baja dél es alta, pues los danza remedando á tan grandes hombres

como oiréis, que si él encasilló y embojó por amores en Liria, Hércules

hiló, y Virgilio estuvo en un cesto, y Aristótil enfrenado y ensillado;

que, por remedar á grandes hombres, á nadi deben culpar si se puede

desculpar, sino dígalo mastre Zapater que viene por la calle, veisle

allá, llamémosle. ¡Ah, señor mastre Zapater! vuestra merced viene á tan

buen tiempo, como la nave que nuestro sanct Vicente Ferrer dixo que

venia preicando en Barcelona, que fué gran remedio para matar la hambre

que tenian los catalanes.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, pues si supiésedes cómo sabe matar

la hambre el señor mastre Zapater, con más razon lo podríades decir;

tan buenos manjares da en su hortecico para los cuerpos de sus amigos,

como en el púlpito para los espíritus; vos más querríades los que da

para el cuerpo que los que le quereis pedir agora para el espíritu.

Dixo don Diego: Joan Fernandez, yo quiero responder por don Luis Milan,

vos no dejais de tener buen palacio, mas teneis malas cámaras, pues

huelen á mal decir, ¿de dónde sabeis vos que don Luis Milan querria más

que el señor mastre Zapater le matase la hambre del cuerpo que la del

espíritu? Yo bien sé que os ha movido á decillo por jugar del vocablo

de la hambre que don Luis Milan sacó; y vos, por mostrar que es mucho

del palacio levantar conversacion jugando del vocablo, hablais como

diablo. Pues el buen dejo del avisado ha de ser dulce, y no como del

truhan, que es amargo; que lo mejor del cortesano es que el burlado

quede contento del burlador, y quien esto no sabe hacer, déjese de

burlar si no quiere enojar, que si malas burlas apénas se pueden sufrir

á ley de honra de un truhan, no es razon se sufran á un galan, que lo

que enoja no es cortesanía sino descortesía, que puesto que no obliga

á honra uno que vive de hacer el loco, pero no se le ha de sufrir que

desautorice la autoridad, porque la reputacion no se pierda en ser

reida de quien debe ser acatada, que los ignorantes no tienen ojo sino

á la risa; y por lo que se puede decir que entre avisados se sufre

burlar lo que entre simples no se debe hablar, tengo por bien que don

Luis Milan disimule y dé en callar, y Joan Fernandez en no enojar, que

la cólera en todos tiempos se debe templar.

Dixo don Francisco: Don Diego habló tan bien como entiende, y entiende

tan bien como habla; no se ha dicho mejor licion sobre el caso. Lo

que yo querria añadir con su licencia es esto: El cortesano no es

obligado sino á callar, quando no está para bien hablar si no es á

juego forzado, que no hay muestra quando la honra y obligacion obligan

á responder, como es á satisfacer injurias, ó á preguntas que sois

obligado á dar respuestas.

Dixo mastre Zapater: Yo alabo esta conversacion, por la mejor que he

oido sobre el caso, en lo que es buena, y no puedo alabarla en lo que

es mala, y en lo que es buena es en aquello que hace un cortesano

buen cristiano, y en lo que es mala es en lo que hace un cortesano

mal cristiano. Todo lo que don Diego habló es tan bueno, que no hay

que reprender, sino alabar; pues no puede ser buen cortesano que

sea avisado para el cuerpo y nescio para el alma, que si vamos tras

agudezas de palacio perjudiciales á nuestro prójimo, para hacer reir á

los cuerpos hacen llorar á las almas, pues en la córte celestial dan

grandes penas por las culpas; que tan buen cortesano ha de ser para la

córte del cielo como para la de la tierra, porque nunca contentará al

Criador el que deshace la criatura burlando della. Que las burlas que

hacen

Perder la reputacion

Al burlado y burlador,

Castígalas el Criador.

Pues las más veces el burlado queda honrado del burlador por justicia

del Señor; que si el burlado queda para los necios derreputado, el

burlador es condenado de los sabios por malhechor. La conclusion d’esto

es ésta: Lo que no querria nadi para sí, no le quiera para otri, pues

para ser verdadero sabio, no puede ser sino haciendo lo qu’este dicho

dice:

Esta vida tan penada,

Si quereis que en bien acabe,

Aquel que se salva sabe

Qu’el otro no sabe nada.

Dixo don Luis Milan: Señor mastre Zapater, gran jornada ha sido ésta,

en ser vuestra merced en ella, pues vuestro decir ataja porfías y

vuestro saber adoba razones. Mucho debe á Dios por lo que le dió,

pues por él tanto alcanzó; y pues tan bueno es para todo, téngase por

corregidor de la gala, porque algunos la hacen ginagala. Unos hay

que dicen malicias encubiertas con palabras á dos sentimientos, para

salvarse con decir: Yo no dixe á mala fin lo que me han tomado por mal,

y si á vuestras mercedes parece, con éstos se debe disimular por no

obligarnos á responder. Hay otros que declarando la malicia dicha por

otro, con boca ajena dicen mal por la suya; y por esto hay un refran

en valenciano que dice: Qui la splana la gasta, como hizo don Diego,

que, interpretando la hambre que dixo que me mataria el señor mastre

Zapater, hizo malicia de lo que no debia ser; y por esto no es bien

hablar por otri, sino en absencia de vuestro amigo si le perjudican,

como en este cuento diré: Un caballero castellano dixo una malicia con

palabras cubiertas á un portugues competidor suyo, y no respondiéndole,

quiso un otro castellano responder por el portugues, declarando la

burla encubierta que su competidor le habia dicho, y enojado d’esto el

portugues dixo al castellano que por él habia respondido: Castelau, vos

falais con tres bocas, con la vostra é con la miña é con vuestro rabo,

que en Portugal rabo é quien fala mal. Y pues tal Zapater tenemos, que

sabe calzar á la medida de cada uno, declárenos si hay errores que

tengan desculpa ó no, que por esto llamamos á vuestra merced.

Dixo mastre Zapater: Yo diré cristianamente lo que d’esto siento; pues

los cortesanos no dejan de sello por ser buenos cristianos, mucho deben

huir todos de los errores que no tienen desculpa, como son aquellos por

quien se pierde la honra y el alma, que agora oireis: Nadi debe venir

á ménos de su palabra sino en lo que no se debe cumplir, como prometer

lo imposible y obligarse á lo que no podéis; que si uno prometiese

dar su hija por mujer, ó hacerla religiosa, y ella no quisiese uno ni

otro, no’s tenido á tener su palabra, y si la tuviese, sería ir al

infierno; ni ménos debe tenella quien prometiera casarse por tercera

persona, si ántes de ser casado mudase de parecer; verdad es que son

tenidos por muy vanos y de poco saber los que prometen lo que no deben

ni pueden tener, y por esto es de muy sabio prometer lo que se puede y

debe tener, y despues de prometido, no dexarlo de cumplir por ninguna

cosa, porque el hombre sin verdad, cuando la dice no’s creido y queda

sin autoridad, que sin ella todas las habilidades de los hombres son

tenidas en poco, y muestran ser poco de la misma verdad los que no son

della. Tambien derreputa mucho la traicion, pues el cielo y la tierra

no la pueden sufrir, no tardando en dalle la pena que merece. No’s de

callar el ladronicio, pues el ladron es tan derreputado y aborrecido,

que Alexandre, príncipe muy bueno, tuvo tan gran ódio con los ladrones,

que, segun Elio Lampidio escribe d’él, en viendo uno dellos, luego

iba para sacarle el ojo con su dedo, y tan gran rencor tenía á los

infamados de algunos hurtos, que si acaso les veia se le alteraba el

corazon, que venía á echar cólera por la boca, y así se le abrasaba el

gesto con la gran ira, que no podia hablar. ¡Oh noble enojo y de ánimo

generoso, como en este cuento oiréis! Un varon de los que falsamente

nombran honrados, habiendo sido algunas veces culpado de hurtos, quiso

presumptuosamente, con favor de algunos reyes, sus amigos, subir á la

órden de caballería, y como fuese luégo tomado por ladron, preguntó

Alexandre á los reyes, por cuyo favor habia sido caballero aquel varon,

que le dixesen que pena tenian entre ellos los ladrones, y respondieron

que la horca, y así le mandó luégo ahorcar diciendo: No merece honrada

muerte quien tuvo deshonrada caballería. No’s de callar la cobardía

cuán vil cosa es, pues apoca y derreputa tanto cualquier hombre, que

no se debria dar honra alguna á quien no tiene ninguna, pues no está

bien dar oficio honrado á quien no le puede honrar; que los cargos y

oficios y gobiernos no los debrian tener los de flaco ánimo, habiendo

tanto menester la fortaleza como la sabiduría para dar buena cuenta de

sí, que muy poco aprovecha la sabieza para gobernar, si falta la osadía

para esecutar; y considerando los reyes de España cuanto conviene la

fortaleza de ánimo al caballero para dar buena cuenta de su oficio,

no se da la cruz de Santiago á quien se le pruebe que haya perdido

honra, como en este cuento oiréis: Vino un caballero á demandar la

cruz, y probadas todas las cosas que suele probar la órden, si era

bueno para recibille por comendador, determinaron de dársela, y estando

para recibilla, él les demandó á que era obligado, y ellos le dixeron:

Primeramente habeis por fuerza de ser valiente; y él les respondió:

Si quereis que lo sea de grado, si no quedaos con Dios, que no quiero

valentía por fuerza, y así se fué que no le recibieron, pues mostró ser

cobarde. Gran virtud es la fortaleza de corazon, mas ha de ir siempre

apegada con virtudes, pues no puede ser buena si no es virtuosa, ni

ser alabada sino entrando en los peligros que puedan honrar y no

deshonrar; y así se determina, de los que son obligados por oficios

y gobiernos y cargos, que se hayan de ofrecer á los peligros por sus

repúblicas y fidelidades, y no temer la muerte, que para siempre hace

vivir, y en general obliga á todos conservar honra virtuosa conforme á

su estamento, y no irla á buscar, que son locos los que las más veces

que la buscan la pierden, pues quien busca honra con perjuicio de otri,

la pierde con daño suyo; piérdense muchos en no medir su corazon con su

poder, que gran corazon sin gran poder es gran locura.

Dixo Joan Fernandez: Señor mastre Zapater, preguntaron á uno que

habia oido preicar á san Bernardo, que dixese cómo le habia parecido,

y respondió: _Vidi hominem, et audivi angelum_. Así me ha parecido

vuestra merced.

Dixo don Diego: Decí, Joan Fernandez, ¿cómo hablais latin? ó vos

le teneis ó no; si vos le teneis, ¿dónde le tuvistes tanto tiempo

escondido? ¿fué en Andilla ó en Liria, donde vos sois Leriano, ó en

casa de mosen Rodela, de quien sois vos rodelero?

¿Ó en casa de don Anton,

Donde vos sois un Sanson,

No faltando Dalida,

Que siempre vendido os há?

Y si latin no teneis,

Suplíco’s que no le hableis.

Que veo reir al Paje del mal recaudo y apodaros há el Papagayo del papa

Paulo, veneciano, que habló en latin muy cortesano.

Dixo el Paje del mal recaudo: Señores, _pax vobis para nobis_, tras la

puerta oí un latin que dixo mi señor Joan Fernandez, y no esté nadí

espantado, que mucho há que es latinado y muy buen griego, que su

maestro fué Diego y Juan de Sevilla.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, hacé buen broquel, pues habeis sacado

contra mí vuestra lengua espada; luenga queria decir, y la teneis tan

larga como la mula del portugues, que en este cuento oiréis: Tenía

un portugues una mula que lo más cabalgaba con ella porque la hacia

rebuznar cuando le daban de motes, y tenía la lengua tan larga, que

la traia colgando fuera de la boca; y sirviendo á una dama, competia

con él un otro portugues, gran motejador, que por no respondelle daba

siempre en callar, y fatigándose un dia de muchos motes que le daba

delante la dama que servian, dió ocasion su competidor que un paje le

motejase como vos lo habeis hecho agora conmigo, por el latin que ha

sacado el Paje del mal recaudo á causa vuestra, y diciéndole su dama

cómo no respondia por sí á los motes que le daban, respondió: A motes

mulos responda meu mula, que ten larga lengua é muito rebuzna.

Dixo don Francisco: Departir querria á don Diego y Joan Fernandez con

un otro cuento que diré: Competian don Antonio de Velasco y don Juan

de Mendoza sirviendo á una dama de la reina doña Isabel, mujer del Rey

Católico, y dándose de motes un dia delante el Rey y la Reina donde

estaba su dama, dixo don Antonio á don Juan:

_Pregunta._ Decidme, pues sois galan,

Por vida d’una Doñana,

A deciros doña Juana,

¿Fuera yo vuestro don Juan?

_Respuesta._ Don Antonio de Velasco,

Vos seríades buen hombre,

Sino por vuestro renombre,

Que diciendo está Ve lasco.

_Preg._ Don Juan, adeviná,

Por vida de nuestra dama,

A cuál de los dos desama,

Pues adevinado está.

_Resp._ Adevino que á los dos,

Qu’es el pago que esperamos,

Que pensando que burlamos,

Burlará de mí y de vos.

_Preg._ Otra cosa decir quiso

Vuestra boca, si mandais,

Que segun lo que mostrais,

Vos creeis ser un Narciso.

_Resp._ Para yo bien responder,

Lo que vos callais me toca,

Uno teneis en la boca,

y otro es vuestro parecer.

_Preg._ ¿Para qué vais sospirando

Por amores noche y dia,

Que yo no sospiraria,

Para sospirar burlando?

_Resp._ Más nos dais vos que decir

Con los ojos lloradores,

Pues que no llorais d’amores,

Sino es de mucho reir.

_Preg._ Pañizuelos sois d’amor,

Siempre traeis pañizuelo,

No llorais d’amor un pelo,

Y mostrais ser llorador.

_Resp._ Mi llorar es de manera

Como yo siento l’amor,

Quien adentro es llorador,

Nunca llora lo de fuera.

_Preg._ Al cielo siempre mirais,

Digan os tan blanco el ojo,

¿Para qué tomais enojo

De lo que n’os enojais?

_Resp._ Si yo voy mirando al cielo,

Vos tambien sois estrellero,

Vais buscando aquel lucero

Que perdisteis en el suelo.

_Preg._ Vuestro amor es estafeta,

Que de gran desdicha trota,

No correis á la extradiota,

Sino siempre á la jineta.

_Resp._ Si estafeta soy d’amor,

Soy lo siempre de aventaja,

Pues á vos os dan la paja,

Y á mí el grano d’amador.

_Preg._ Si una dama sospirase,

Por cierto yo creeria

Que por vos sospiraria,

Aunque de mí se acordase.

_Resp._ Aunque sois engañador,

Vos n’os engañais agora,

Que dama sospiradora

No será de vuestro amor.

_Preg._ Estais d’amor tan relleno,

Que podeis dar á los dos,

Y teniéndole de vos,

Para malo será bueno.

_Resp._ Del relleno que burlais,

Que por burla lo quereis.

Tan vacío quedaréis,

Como vos d’amor estais.

_Preg._ Desengaños desde agora,

No vivais más engañado,

No estais mas enamorado

De lo que en vos enamora.

_Resp._ Nunca vi mayor engaño,

Vos mirais con tal antojo,

Veis un no sé qué en mi ojo,

Y no veis vuestro mal año.

_Preg._ La mano os daré de grado,

Si vos no le dais del pié,

Que de porfiar gané,

Más que no de porfiado.

_Resp._ Yo no quiero vuestra mano,

Ántes y’os daré la mia,

Que en tomarla perdería

La que yo gané de mano.

_Preg._ En paz debemos quedar,

Y en amores en abierto,

De los motes quedo muerto,

Pero no del motejar.

_Resp._ De la paz yo no me esquivo,

Sea como vos mandais,

Cuando más muerto quedais,

Dais á entender que sois vivo.

Dixo don Luis Milan: Don Francisco, don Francisco, ¡quién no te las

entendiese! Mostrastes querer departir, y daréis más que partir;

habeis sacado los motes de los más galanes cortesanos que en el mundo

fueron, ¿y quereis con tizones matar tizones, y con carne departir

carne y perro? Vos no buscastes sino guerra; que envidiosos no sufren á

mayores, que por no mostrar que lo fueron don Antonio de Velasco y don

Joan de Mendoza, se matarán á motes don Diego y Joan Fernandez.

Dixo Joan Fernandez: Mirá qué duda, apercibíos don Diego que ya soy con

vos; y si quereis ayudador, sea don Luis Milan, que cuanto más monos

más ganancia. Perdonad que moros quise decir, pues lo sois en amores.

Dixo don Diego: mucho estais gallardo, Joan, mucho estais gallardo, y

no sé de qué, pues cuando fuistes á la córte, lo ménos que parecistes

fué de lo que más os confiais. Que la ocasion muestra el varon, como

dice este mote:

Nadie se confie, no,

Hasta ver dónde allegó,

Que no está en el parecello,

Sino en sello.

Y por qué no es bien disimular lo que no se debe, responderé á vuestros

donaires, pues van por los aires cantando:

Mi gavilan, señora,

Por los aires vola.

Y él no vuela sino de noche como murciégalo, cazando moscas de ramo,

que son rameras. Perdonad que romeras quise decir, que Joan Fernandez

es romero en amores, que el otro dia le cantaba la cortesana de su

córte doña Antona de don Anton de Vilaragut y de Heredia:

Romerico, tú que vienes

De donde serrana está,

Di, ¿cómo d’amor te va?

Y n’os maravilleis si me he destemplado con vos en sacar vuestras

romeras, pues tambien os destemplastes con don Luis Milan y conmigo,

apodándonos á monos, que’s un género de milicias, que dan un bofeton

con un perdon, como este dicho dice:

Al juego del abejon

Parece el muy mal burlar,

Perdon piden para dar

Un bofeton.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, más motes teneis en el cuerpo que un

meson de camino, para general de mesoneros seríades bueno, pues no hay

meson que no esté don Diego Ladron en este mote:

Ladron de nadi

Sino de mí.

De manera que si os perdemos, hallarémos á don Diego Ladron de meson en

meson, que por cierto

Mas es gala

Mesonera,

Que de sala;

el que va escribiendo por mesones en carbon sus intinciones.

Merece ser muy burlada la gala qu’es mascarada, como oiréis en este

cuento: Un portugues era muy galan, sobre callado, y un castellano

competia con él en amores, y era galan muy fanfarron que jamas callaba;

y estando los dos un dia delante la dama que servian, el castellano,

pensando ganalle la dama por decidor, dábale muchos motes; y el

portugues en acabar el castellano, le corrió con este apodo que le

hizo: Castelau, heu vos apodo á meson de camino geno de motes. Don

Diego, tenéme por entendido, pues sabeis á resabido.

Dixo don Luis Milan: Más cortesano fué el portugues que no el

castellano, que la trecha para matar un verboso decidor es callarle

hasta que ha revesado toda su verbosidad, y en acabar darle con un

apodo, ó con un cuento tal, que sienta el hierro con que no saque

sangre, como hizo este portugues, que le apodó muy al natural al

verboso castellano que pensaba ganalle la dama á motes; esto es la cosa

que más debria enfadar á las damas, y no sólo no reirse de servidores,

motejadores pesados, mas debrian mostrar enojarse, porque se pierde el

acato que se debe tener delante la dama, y la autoridad del motejador

por parecer truhan más que galan, y tambien la del motejado, pues

parece atambor de guerra que tocan alarma con él. Lo que yo haria en

tal necedad, hacer lo que hizo este portugues, que callando por no

parecer truhan, como su competidor, tuvo más saber y más autoridad

y más vergüenza y crianza, que son cuatro cosas, que teniéndolas un

servidor feo, le hacen parecer hermoso, y no tenellas, á un hermoso

hacen parecer feo, como en este cuento oiréis.

Tenía una dama dos servidores, el uno muy galan, sobre callado, y el

otro muy verboso decidor, y el callado no era hermoso y el verboso era

gentil-hombre; y como algunas veces el verboso fatigase á motes al

callado, delante la dama que servian, oyéndolo un dia una muy amiga

suya le dixo: Señora, ¿há mucho tiempo que tura esta farza? y ella

respondió: Muy poco para lo que yo me doy cata d’esto, y mucho para lo

que me enfada d’ello; mostrando que nadi se debe catar de lo qu’es bien

disimular y mostrar enojarse de lo que puede desacatar. Y turando mucho

este mal palacio, díxole el servidor callado á la dama que servian:

Señora, aunque á mí me cueste la vida dejar de serviros, más quiero

perdella que enojaros, ¿qué manda vuestra merced que se haga d’este mal

palacio? ¿irnos hemos ó quedarémos en vuestro servicio? Dixo ella: pues

á mí habeis dexado el cargo, oid lo que diré á los dos: Quedad vos para

feo hermoso, y vos íos para hermoso feo; y así se fué el verboso bien

pintado, pues la locura hace feo al hermoso, y quedó por servidor el

callado, pues la cordura hace hermoso al que es feo.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, aunque don Luis Milan ha embarrerado

esta lanza de conversacion, tan deleitosa como provechosa para estorbar

nuestros motes, no se deben excusar los caballeros dejar de hacer lo

que la honra les obliga, porque no parece caballero sin ella, y aunque

don Francisco se reirá que nos ha hecho picar, mejor es que se ría de

lo que honrar nos puede, que d’aquello que deshonrar nos podria; si

dejásemos de vernos en el campo de la gala que las armas son buenos

motes que han de señalar sin sacar sangre; como en las armas de burlas

de la esgrima, no parece bien ejecutar las veras porque no digan: No’s

hombre de véras quien en las burlas muestra las véras; y pues esto es

lo mejor, reciba este mote como á servidor:

Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros · 第 54 / 130 题