SONETO.

Es tan comun burlar de quien os ama,

Que deste mal las más andais dolientes,

Y no burlais hablándolo entre dientes,

Que siempre vais tras ciervos á la brama.

No es mal decir lo qu’es pública fama,

Hay un refran comun entre las gentes,

Haz siempre bien y á quien no pares mientes,

Que bien hacer da buena mesa y cama.

Pues es perder seguir un mal camino

Que va á parar al más profundo infierno

¿Por qué quereis salir de vuestro estado?

Y aunque yo soy de merecer indino,

Pues vos teneis de mí todo gobierno,

Tenga de vos no ser d’amor burlado.

Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Mencía, ¿qué le parece cómo nos

trata en este soneto don Luis Milan de burladoras, diciéndonos que las

más de nosotras andamos dolientes deste mal burlando de quien nos ama?

y por más encarecello dice que burlamos tan de véras, como los monteros

del rey don Alfonso iban tras ciervos y osos, segun dice este cantar:

Tres monteros

Matan el oso,

Monteros son

Del rey don Alfonso.

Y si él fuese el oso, yo le cantaria: Villanos le maten al oso.

Dixo la señora doña Mencía Señora doña Luisa, paréceme que nos ha hecho

mataciervos, y ellos no se dejan matar, por ser muy grandes corredores,

que no hay saeta de amor que los alcance, que los hombres muy de burlas

no pueden ser muy de véras, y éstos son los que toman las burlas de

véras y las véras de burlas; y de esto que nos alevanta nunca nos

pedirá perdon, pues escusa su pecado diciendo, que no es maldecir de

aquello qu’es pública fama, ser nosotras burladoras de quien nos ama,

qu’es la mayor infamia que puede ser, pues la ley nos manda que amemos

á quien nos desama; cierto él se irá al infierno por donoso y no le

valdrán sus donaires para salvarse de las penas que á los infamadores

dan.

Dixo la señora doña Castellana: Pues lo bueno es que se nos ha hecho

consejero diciendo que sigamos aquel refran que dice: Haz siempre bien

y no mires á quién, que bien hacer da buena mesa y cama. Tras eso anda

él, y merece, por lo que nos alevanta, que el amor le dé cama de galgo

y mesa de hospital.

Respondió la señora doña Violante: Él verná á ser confesor, pues nunca

fué mártir en amores; ermitaño de Monte Olivete le querria ver, que

yo iria á confesarme con él, pues preica tan bien como veis, diciendo

que irémos al más profundo infierno si no vamos por el camino de su

voluntad, y es que amemos á quien nos ama, y debe ser que á él le debe

ir mal en amores y querria ser amado, como muestra á la fin del soneto

diciendo á su dama: Que pues ella tiene el gobierno suyo bien mandado

y enfrenado, hecho caballo de amor, que no le ensille burlando dél,

como hacia Laura á su Petrarca, que lo gobernaba como á caballo bien

enfrenado, que, en desmandarse de confiado, le daba una sofrenada, y

en acobardarse de triste, le aflojaba la rienda, segun nos contaba don

Luis Milan un dia delante su Margarita, que de velle muy triste le

dixo: Alégrate, que pues escribes como el Petrarca, yo leeré tus obras

como Laura.

Dixo don Diego: Señoras, mudar de bien en mejor es gran cordura; si

parece á vuestras mercedes, vamos al Real y presentemos al Duque y á la

Reina la farsa, y nosotros harémos otra con sus damas, porque sepan

nuestro palacio ser tan bueno como el suyo.

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, yo soy de su parecer,

que tan bueno es mudar de bien en mejor, como es malo de mal en peor.

Ya querria que estuviésemos allá por meter la guerra en casa ajena y

sacarla de la nuestra, pues aquí ya estaba comenzada contra don Luis

Milan y sus valedores, y vos, señor don Diego, empezaréis la escaramuza

con las amazonas de la Reina que pelean diciendo: Que no se pueden

decir damas sino las de palacio, y nosotras entrarémos á pelear con

ellas como á valedoras vuestras.

Dixo don Diego: Señora doña Mencía con tal valenza la victoria tenemos

cierta, vamos: Que mucho se gasta en tardar lo que se debe ejecutar.

Hé aquí el Duque que ya sale del Real, á buen tiempo allegamos: Señor,

mande vuestra excelencia que se haga la farsa en el Real y será sacar

de necesidad á don Luis Milan, que las damas que traemos habian movido

una escaramuza contra él, que no podia acampar de muerto ó preso, y

pues aquí verá cara de rey, será salvo, puesto que más vale ser buen

preso que mal libertado.

Dixo el Duque: Bien me parece lo que habeis determinado, id al apear

de la Reina.

Joan Fernandez llegó primero y dixo: Vuestra alteza sírvase de mí para

tablas de apear y serémos el Cristóbal y el Jesus, pues siempre le

tiene en la boca cuando me ve, como si yo fuese el enemigo.

Dixo la Reina: Por mi fe yo no me fiaria de vos por un refran que dicen

en valenciano; doña Hierónima, adevinaldo y responded á vuestro marido,

que yo no acertaré.

Respondió la señora doña Hierónima: Mes val ase quem porte, que caball

quem derroque; no se si acerti á dir lo que vostra altesa volia.

Dixo Joan Fernandez: Mirad qué duda, para decir mal del marido, si

habia de acertar la mujer.

Dixo don Diego: Vuestra alteza y su excelencia sean nos jueces quien

terná más razon, ó las damas de su casa ó las de Valencia, en lo que

dirémos.

Señora doña Beatriz de Osorio: Vuestra merced y estas otras señoras

de palacio, lo quieren ser tanto, que emprenden á defender que no

se pueden decir damas sino las que están en él; y seréis la torre

de Babilonia que quiso subir tan alto cuanto abajó: Que no se debe

comenzar lo que no se puede acabar.

Respondió la señora doña Beatriz: Don Diego, pues decis que somos la

torre de Babilonia, vos sois el que la mandó hacer, que de soberbio era

un Lucifer; lo de nosotras no es soberbia, sino ley.

Dixo don Francisco: Señora doña Beatriz, no puede ser ley lo que en

ley no está; en Castilla debe ser hecha sólo para contra Valencia, que

segun las gentes dicen, suegra y nuera son entrambas.

Dixo la señora doña Joana de Guzman: Don Francisco, en Castilla no

hacen leyes para contra Valencia, y si yo las hiciese diria: Don

Francisco y burlador padre y hijo son entrambos.

Dixo Joan Fernandez: Si vuestra merced hiciese esa ley, aquí le harian

otra que diria:

Doña Joana de Guzman

Ley no tiene á su galan.

Dixo doña Joanilla de Dicastillo, y es esta á quien la reina decia

marido:

Reina, pues le soy marido,

Si más sufre esta porfía,

De vos me descasaría.

La Reina le dixo: Doña Joanilla,

No lo tengo á maravilla,

Que ley no quieras tener

En marido ser.

Dixo la señora doña María de Tobar: No hablemos más de leyes, que en

los hombres se perdieron, y volvamos en lo que primero hablamos;

Que en Castilla no se llama

Si no es de palacio, dama.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Merina:

Mucho va eso al reves,

Que el palacio no hace dama,

Sino la que dama es.

Dixo el Duque: No se hable más desto, que don Luis Milan me ha quitado

de la boca lo que yo queria decir, y vuestra alteza, pues es juez

conmigo, no sea amiga del amigo de pasion, sino enemiga del enemigo de

razon.

Dixo la Reina: Yo no me apartaré de la razon, que por mis damas no

quiero tener pasion:

Sino por don Pedro Milan,

Que es mi galan.

Dixo la señora doña Mencía: Pues su excelencia y alteza han determinado

que pasemos por damas, pasarémos á servirlas como galanes, que yo

quiero requebrarme con la señora doña Beatriz de Osorio,

Que es tan hermosa,

Que es muy poco hacella rosa.

Respondió doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía:

Los ojos que nos verán

Nunca vieron,

Y los que os vieron ménos

Si n’os conocieron.

Dixo la señora doña Luisa: Señora Doña Joana:

Si yo fuese tan galan

Como vos sois muy galana,

Sería el mejor Guzman

Por tal Guzmana.

Respondió doña Joana de Guzman: Señora Doña Luisa:

Nos dirán como al frisado:

Cayó la frisa

Y queda la risa,

Pues sois brocado.

Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tobar:

Quien á vos ha de llevar,

Muerto no estará en marina

De vuestra mar.

Respondió doña Merina de Tobar: Señora doña Violante:

Pues sois otra Bradamente,

Querria ser

Para vos otro Rugier.

Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo:

Mucho quedará ufano

Quien será de su castillo

El castellano.

Respondió la señora doña Joana: Señora doña Castellana:

De mi dedo sois anillo,

Vos sereis de mi castillo

El castellana.

Dixo don Diego: Estos amores que se dicen las damas de Valencia con las

del Real, se encienden mucho; Joan Fernandez, pues sois llorador en

amores, llorad y matarán vuestras lágrimas este fuego.

Respondió Joan Fernandez: Don Diego, mejor sería matalle con el hielo

de vuestra frialdad, pues os pueden hoy cantar:

Fuente fria, fuente fria,

Fuente fria sois, señor;

Pues atravesais con hombres

Donde hay damas de primor.

Dixo don Francisco: Yo voy por la farsa para atajar la que hacen don

Diego y Joan Fernandez, y no será menester, que ya me parece que

entran. Todo el mundo esté atento y sin mucho reir, que don Miramucho,

que es el Milan, si reimos demasiado nos terná por hombres de farsa y

burlará de nuestras risadas con aquello que dice:

Un reir demasiado

Juzgan por muy alocado.

Guardemos, pues, la autoridad y vergüenza, que donde se pierde, tarde

se cobra, y callemos, que ya comienzan.

* * * * *

El Capitan de las galeras de la religion de Sanct Joan comienza y dice:

Duque, todo rey sin falta,

Hoy son justos veinte dias,

Que con grandes alegrías

Partimos todos de Malta.

Y saliendo de Isladeras

Dió al través la Capitana

Y las otras tres galeras

Con fortuna tan de véras

Van corriendo Tramontana.

La fortuna ya pasada

Fletamos un bergantin,

Y embarcámonos á fin

Para hacer esta jornada.

Medio dia no pasó

Que acudió Griego y Levante,

Y en un punto nos echó

Que sueño me pareció

Ser tan presto en Alicante.

Demos gracias á Dios

Y hacer siempre buena cara,

Pero quién no se alegrára

Sino en ver, señor, á vos.

Caballeros esforzados,

Hagamos cara de hierro,

Que tras casos desastrados

Parecer regocijados

Nadi lo terná por yerro.

Si hacemos de donosos

N’os debeis maravillar,

Que así suelen espantar

La fortuna valerosos.

Y fortuna de espantada

En no darnos cata della,

Nos ha puesto en tal posada

Que si es el Real nombrada,

Es por quien hoy posa en ella.

Lo que agora diré yo

Es de estar enamorado,

Que si el mar no m’anegado

Fué por quien negado so.

Y tened esto por cierto,

Como es muy cierto el morir,

Que la mar, como á muerto,

Por echarme á tan buen puerto,

He cobrado aquí el vivir.

Dixo otro Comendador:

Perdone sobre este paso

Por la parte que me toca,

Que no es bien calle mi boca

Pues d’amores me traspaso.

Si no me negó este mar,

Fué tambien por ser negado

En aquella del amar,

Donde amor hace tragar

El morir que ya he tragado.

Dixo otro Comendador:

¡Ay amor! ¿yo qué diré?

Habla tú por mi agora,

Negóme una señora

Que yo nunca la negué.

Y al tiempo que me negaba

En mi alta mar de amor

De lo mucho que lloraba,

Un paje se me ahogaba

Si no fuera nadador.

Dixo otro Comendador:

No es mi pena así tan poca

Como la que se ha contado,

Pues de sed me só ahogado

Teniendo el agua á la boca.

¿Como me negára aquí

En aquesta mar salada,

Pues huye el agua de mí,

Si por la que no bebí

Siento mi vida negada?

Dixo otro Comendador:

Nunca fuera acontecido

Ni jamas ojos lo vieran,

Que los peces me comieran

Siendo ya d’amor comido.

Que donosa cosa fuera,

Todo fuera por demas,

Que ballena me comiera,

Y si fuera que tal fuera

Verme por vos un Jonas.

Dixo otro Comendador:

Yo solo fuí sabidor

De lo que nos sucedió,

Pues á mí me apareció

Por Santelmo, el Dios d’amor.

Díxome que no quisiese

Esta aparicion contar,

Porque en tal fortuna viese

Quién sería el que dixese

Amor nos puede salvar.

Dixo otro Comendador:

Pensamientos fueron vanos

Sino en mar d’amor negarnos,

Pues no podemos negarnos

Muertos d’amorosas manos.

Pues negar no nos podemos

Mártires enamorados,

De reir es que pensemos,

Por mucho que naveguemos,

Que podamos ser negados.

Dixo Otro Comendador:

Mucho fuera gran dolor

Que muriéramos negados,

Siendo tan enamorados,

Si no fuera en mar d’amor.

Y pues no podia ser,

Ya yo estaba confiado

Que no me podia perder;

Que en la mar de mi querer

Ya estoy hecho un pescado.

Prosigue el Capitan:

Como al eco parecieron,

Desculpados son, señor,

Que en oir hablar d’amor

Todos ellos respondieron.

Y tambien porque se vea

Que coxquean en amar,

Que cojo d’amor no afea

Cuando la dama no es fea

La que hace coxquear.

Las damas por quien andamos

En amores tan de véras

Vienen en las tres galeras

Por ver cómo peleamos.

Peleando en su presencia

Serémos fuertes guerreros

Contra toda otra potencia;

Que no hallan resistencia

Amadores caballeros.

Suplicamos su excelencia

Por un correo sin tardar,

Mande luégo atalayar

Por la costa de Valencia.

Que de todos tomen lenguas

Si habrán visto las galeras,

Porque algun aviso venga,

Que sería muy gran mengua

Descuidarse en las de véras.

Gilot y Joan de Sevilla

Podrán ir en tal despacho,

Que harán muy poco empacho

Al caballo ni á la silla.

Tan ligeros siempre están

De cabezas y de piés,

Que sin duda volarán

y por donde pasarán

Cada cual dirá quién es.

Mándeles, señor, venir,

Vaya un paje bien criado,

Tráiganles mucho á su grado

Los que han de hacer reir.

Si me da la comision,

Presto los despacharé,

Porque haré la provision

Más conforme á la razon

Que yo en ellos hallaré.

Manda el Duque que partais

Para hacer luégo un viaje,

Por correos de aventaje,

Pues siempre en todo volais.

Iréis hasta á Gibraltar

Muy en seso y muy de véras

Orillas siempre á la mar,

Y mandad atalayar

Si verán nuestras galeras.

Vuelven Joan de Sevilla y Gilot, y dicen que una armada de turcos han

tomado las tres galeras y están en Dénia, y dice el capitan:

A consejo, á consejo,

Que bien será menester,

Dadme todos parecer

Cada cual como hombre viejo.

Que el consejo en perficion

En los viejos floresció,

Que en mozos hay confusion

Si no fué el de Scipion

Cuando á Roma libertó.

Dixo Otro Comendador:

Caballeros de Sanct Joan,

Oyan todos este mote,

Á las armas moriscote,

Que bien menester serán.

Por armas quiero mi dama

Del turco que la tuviere,

Que ganalla por la fama

Es mejor que por la cama,

Véngame lo que viniere.

Dixo Otro Comendador:

Yo pedir quiero la mia,

Que no vivo ya sin ella,

Porque estar tanto sin vella

Ya parece cobardía.

Batallar será por fe,

Pues por fe será el motivo,

Y si muero ganaré,

Y si preso, ya yo sé

Á qué sabe ser cativo.

Dixo otro Comendador:

Yo tambien no veo el hora,

Pues que sé que ha de vencer

La que m’ha de dar poder

Para hacella vencedora.

Ella es la que vencerá

Con su fuerza y mi persona,

Pues á mí vencido m’há

Desta suerte dias ha

Mi dulce brava leona.

Dixo otro Comendador:

Por metelles más espanto

Vamos presto, que ya es tarde,

Que me dirá de cobarde

Mi señora en tardar tanto.

Suenen, suenen nuestras mallas,

Vaya, vaya muy de véras,

Peleemos por ganallas

Y será vencer batallas

Y cobrar nuestras galeras.

Dixo otro Comendador:

Ya veis que siento en tardar,

Pues que traigo yo en mis armas:

Mis arreos son las armas,

Mi descanso es pelear.

Mi costumbre esta es

Por vencer al Dios d’amor,

Ya veis si será gran pres

Libertar la que despues

Puede hacerme vencedor.

Dixo otro Comendador:

Yo tambien de armas me arreo,

Peleando por vencer,

Pero no para ofender

La que causa mi deseo.

Esta es ya mi condicion,

Mi señora la causó,

Pues ya veis si es gran razon,

Para salir de prision,

Que la deje presa yo.

Dixo otro Comendador:

Mi señora, ¿qué dirá,

Qué podrá decir de mí,

Sino que si estoy aquí,

Es por no estar todo allá?

Este mote contradice,

Que por oracion lo digo;

Pues que por ella lo hice,

Siempre mi boca lo dice:

Cuando ménos más contigo.

Dice el Capitan:

Pues teneis tanto en memoria

Cada uno vuestra dama,

Caballeros de gran fama,

Y’os prometo la victoria.

Yo no quedo en la posada,

De gana de verme en ello,

Primero será mi espada,

Por quien mi vida colgada

Tiene siempre de un cabello.

Va el Capitan, y viene con los turcos, con quien han de combatir los

Comendadores uno á uno, para lo que veréis, y dice:

Caballeros, sedlo en todo,

Ya veis qu’el turco me espera,

Si Dios quiere que aquí muera,

Regíos con muy buen modo.

Turco, vuélvete cristiano

Y dame mi linda amada,

Que esto te será más sano,

Y sino, pon luégo mano

Como yo pongo á mi espada.

Vence el Capitan al turco y cobra su dama griega, y dícele:

Gracias hago á mi Dios,

Gran victoria me ha dado,

Pues que vos la habeis ganado,

Que yo no venzo sin vos.

Respóndele su dama:

Caballero de verdad,

De muy alto corazon,

Siempre estuve en libertad,

Porque en vuestra gran bondad

Nunca se siente prision.

Pelea otro Comendador.

Si tan turco más no fueses,

Como hasta aquí has sido,

Harás muy mejor partido

Si mi dama me volvieses.

Y sino, pon mano luégo

Al espada como yo,

Y verás que si te ruego,

Es porque no vayas ciego

Para aquel que te crió.

Dice á su dama:

Vuestra es esta mi victoria,

Vos, señora, la vencistes,

Pues que siempre lo tuvistes

De vencer en mi memoria.

Su dama responde:

Caballero, vuestra es,

Nunca vos seréis vencido

De valiente y muy cortés,

Porque muy tarde verés,

Cortesano ser perdido.

Pelea otro Comendador.

Turco, oye lo que digo,

Deja tu secta enemiga,

Y á mí vuélveme mi amiga

Y yo volverm’he tu amigo.

Y sino, guarte de mí,

Que de tí guardado estoy,

Que la ley en que nascí

Me defenderá de tí

Por la fe que yo le doy.

Dice á su dama:

Gracias á Dios verdadero,

Mi dama llevó el mejor,

Qu’ella ha sido el vencedor

Siendo yo su prisionero.

Su dama responde:

Caballero, vos vencistes

A mí y al turco en verdad,

Á él, pues que lo rendistes,

Y á mí, porque causa distes

De cobrar yo libertad.

Pelea otro Comendador, y dice:

Lástima tengo de tí

Siendo tan turco en tu ley,

Yo terné contigo ley

Si tú la ternas con mí.

Déjame mi dama ya,

Que contigo va corrida,

Y sino, aquí estará

Quien dejártela hará,

Ó tú dejarás la vida.

Vence al turco y cobra su dama griega, y dícele:

Señora, ser no pudiera,

Pues que fuera sin razon

Ser vos en mi corazon

Y que turco me venciera.

Respóndele su dama:

Caballero vencedor,

Á vos se ha de atribuir,

Que teniendo tanto amor,

No habia matador,

Sino vos hacer morir.

Pelea otro Comendador, y dice:

Turco, no lo seas tanto,

Y conviértete á Dios,

Y pornáse entre los dos

Paz con l’Espíritu Sancto.

Y por dama cobrarás

La reina Vírgen María,

Y mi griega dejarás,

Y sino, conoscerás

Que rogar no es cobardía.

Gana en el combate á su dama, y dícele:

Señora, Dios que os crió,

Permitió lo que ha sido,

Que si el turco fué vencido,

Vos sois la que le venció.

Respóndele su dama:

Caballero, para dos,

Aunque fuesen más romanos,

Haced gracias á Dios,

Que no se dirá por vos:

Más tuvo lengua que manos.

Pelea otro Comendador, y dice:

Yo ternía por mejor,

Turco, que te convirtieses,

Y mi dama me volvieses,

Porque toda es desamor.

Créeme, que yo lo sé,

Déjala qu’es muy ingrata,

Y sino, aparejaté,

Que tal cual la cobraré,

Aunque más y más me mata.

Cobra su dama y dícele:

Lo que dixe engaño era,

Señora, para engañar,

Que de vos sale el matar,

Si el turco aquí muriera.

Respóndele su dama:

Buen caballero engañoso

Y muy sabio en combatir,

Vuestro engaño gracïoso

Á vos hizo venturoso

Y á mí me hizo reir.

Pelea otro Comendador.

¿Quién te puso en tal favor,

Turco mal aventurado?

¿Quién te hizo enamorado,

Siendo el mismo desamor?

Déxame, mi dama, Can,

Que no es hueso de roer;

Vuélvesela á su galan,

Que tus ojos no verán

Que yo te la deje ver.

Dice á su dama:

Vos, victorïosa dama,

Sois semblante al Amazona,

Que al gran Héctor en persona

Quiso ver por su gran fama.

Respóndele su dama:

Si yo el Amazona soy,

Vos sois Héctor ciertamente,

Que si tal renombre os doy,

Es por lo que hecistes hoy

Contra un turco tan valiente.

Pelea otro Comendador, y dice:

Pues que cada cual venció

Á su turco con gran fama,

Turco, vuélveme mi dama,

Pues que para mí nasció;

Y sino, sé convidado,

Que si me acampares vivo,

Nunca serás libertado

Por haber tú cativado

Á quien me tiene cativo.

Cobra su dama, y dícele:

Mi señora, ya me veis,

Que vos misma os libertastes,

Vos sois la que peleastes,

Pues que todo lo venceis.

Respóndele su dama:

Caballero, no burlais

Mucho, gran verdad decis,

Que los que d’amor penais,

Fuerzas son con que matais

Las fuerzas con que moris.

Quedan vencidos los turcos y cativos, y requiébranse los Comendadores

con sus damas.

Caballero:

Qué triunfo, qué victoria,

Toda de gloria tan llena,

Ganar damas para pena,

Que la pena toda es gloria.

Dama:

Caballero, bien mostrais

Cuánto en todo mereceis,

Pues que tanto nos honrais,

Que las penas que pasais

Por gran gloria las teneis.

Caballero:

Diga qué sintió, señora,

Ver á sus piés d’un reves,

Cuando el Turco vió á sus piés,

Siendo dél trïunfadora.

Dama:

Lo que yo podré decir,

Alabar, señor, á Cristo,

Que entre la muerte y vivir,

Vos me habeis hecho reir,

que en tal caso no s’ha visto.

Caballero:

Señora, bien es saber

Cóm’os fué de servidores,

Y á los turcos de favores,

Que otro no podia ser.

Dama:

A mi Turco le ha ido

Como vos lo habeis gustado,

Que segun me ha tenido,

Tan mandado l’he tuvido,

Que jamas s’ha desmandado.

Caballero:

Yo tambien tengo un dolor;

Pues ser otra no podia,

Que favor al Turco haria,

Más de miedo que de amor.

Dama:

Eso no pudiera ser

Que de miedo yo le amase;

Que esperando su valer,

No tenía qué temer,

Que más no me asegurase.

Caballero:

Turcos requiebros dirian,

Turcos tan enamorados,

Dama:

No merecen ser burlados,

Pues que tanto nos querian.

Caballero:

Celos querria tener

Si licencia me daïs.

Dama:

Bien los habeis menester,

Pues mostrais ménos querer

De lo que, señor, mostrais.

Caballero:

Señora, ¿qué le presento

El Turco su servidor?

Dama:

Lo que pudo y buen amor,

Pues con obras lo mostró,

L’arco y flechas que traia,

En mis manos todo estaba.

Caballero:

Ya vuestra merced tenía

Arco y flechas, pues heria

Con los ojos que miraba.

Caballero:

Señora, ¿quién me dirá

Este tiempo que n’os vi,

Si os acordastes de mí,

Que yo siempre estuve allá.?

Dama:

Nadi os lo dirá, señor,

Como yo con más razon,

Pues perdí todo temor,

Confiando en la valor

De vuestro gran corazon.

Caballero:

¡Oh quién supiese, señora,

Si sentistes unos tiros,

No de bronzo, mas suspiros

Que os tiraba cada hora!

Dama:

Sí sentí, pues allegaron

Las pelotas hasta mí,

Y á los turcos espantaron,

Que’en mi boca retumbaron,

Que por eco os respondí.

El Capitan:

Ea ya, señores, ea,

Vamos, vamos á danzar,

Porque yo quiero estorbar

Con danzar esta pelea.

Sea trisca, sí querrán,

Y cantemos en la fiesta,

Y las damas callarán,

Y callando mostrarán

Que el callar dan por respuesta.

Dama:

Fiesta de tanto placer

No se puede festejar

Con bailar y no cantar,

Por vengarme en responder.

Caballero:

Damas que vengar se quieren,

Pues no quieren amistades,

Respondan lo que quisieren,

Que pues matan y no mueren,

Cantar quiero las verdades.

Canta el caballero:

En mi gesto se os amuestra

Gran amor,

Y en el vuestro á culpa vuestra

Hay desamor.

Siempre estoy mirando al cielo

Cuando yo n’os puedo ver,

Y vos daisme por placer

Del pelillo pelo á pelo.

Callo y mi gesto os amuestra

Gran amor,

Y en el vuestro á culpa vuestra

Hay desamor.

Respuesta de la dama:

Si en el gesto se ha de ver

Cuanto quereis,

Poco mostrais el querer

Que me teneis.

Vos mostrais en vuestro gesto

que teneis muy poco amor,

Que tan sano servidor

No podrá estar mal dispuesto.

Ya por vos no puede ser

Que amor mostreis,

Pues que nunca por querer

Enflaqueceis.

Canta Otro caballero:

Yendo y viniendo

Vóyme enamorando,

Una vez riendo,

Y otra vez llorando.

N’es la de mi ciego

Voluntad pequeña;

Mas arde mi fuego

Si le añaden leña.

Vánmela añadiendo,

Mis ojos mirando,

Una vez riendo,

Y otra vez llorando.

Respuesta de la dama:

Cuando más os veo

Ir apasionado,

Más y ménos creo

Que estais namorado.

Más amor y ménos

Veo en su manera,

Más amor de fuera,

Y de dentro ménos.

Sois otro Teseo

Muy falsificado,

Más y ménos creo

Que estais namorado.

Canta otro caballero:

Cuando más y más os miro,

Más sospiro.

Tanto tengo que mirar

En su gesto muy hermoso,

Que me hace sospirar,

Pues no soy su venturoso.

Si me quiero retirar

De miraros, como os miro,

Más sospiro.

Respuesta de la dama:

Si os creyese cantaría,

Sospirastes Baldoínos

Las cosas que más queria.

No tengo mucha razon

De cantar este cantar,

Pues que vuestro sospirar

Muy falsos sospiros son;

Si n’os correis cantaria:

Sospirastes, Baldoínos,

Las cosas que más queria.

Canta otro caballero:

¡Ay que me matais!

Caballero, ¿qué teneis?

Señora, muerto m’habeis.

Por mi vida que os burlais.

¿Cómo puedo yo burlar

Burlas que son tan de véras,

Pues matais de mil maneras

Para más enamorar?

Cruelmente me matais.

Caballero, ¿qué teneis?

Señora, muerto m’habeis.

Por mi vida que os burlais.

Respóndele su dama:

Caballero burlador.

Mas lo sois vos, mi señora.

¿Para qué os burlais d’amor?

Porque vos sois burladora.

Huélgome que lo otorgais,

No habeis menester tormento.

Por vida vuestra, que miento,

Que vos sois la que burlais.

¿Para qué os burlais d’amor?

Tened vergüenza en mal hora.

Más burlais vos, mi señora,

Que yo no soy burlador.

Canta otro caballero:

Vaya, vaya, en hora mala,

Vaya, vaya.

He perdido mi dormir,

Y no le quiero cobrar.

Porque más quiero morir

Que vivir para penar.

No lo quiero más buscar

Si Dios me vala,

Vaya, vaya, en hora mala,

Vaya, vaya.

Respuesta de su dama:

Venga, venga, en hora buena,

Venga, venga.

Dicen si quiero un truhan,

Que burla de servidores,

Burlára de mi galan,

Que quiere morir d’amores.

Dalles ha, pues son traidores,

Mala strena,

Venga, venga, enhorabuena,

Venga, venga.

Canta otro caballero:

Loco estoy del mal que siento;

Piedras me haceis tirar,

Búscame mi entendimiento,

Yo no lo quiero cobrar.

Mucho más vale ser loco,

Que morir con la cordura,

Yo moria poco á poco,

Y hora vivo con locura.

Con ser loco estoy contento;

Pues no siento mi penar,

Búscame mi entendimiento,

Yo no lo quiero cobrar.

Respuesta de su dama:

Un loco tengo donoso,

Por amar

No quiere el seso cobrar.

Yo querria que sanase,

Vále buscando su seso,

Tírale piedras y vase

Como si fuese sabueso.

Muestra tener más reposo

En loquear,

No quiere el seso cobrar.

Canta otro caballero:

Con dolores descorteses

Voy cantando por las calles:

Mala la vistes, franceses,

La caza de Roncesvalles.

Tengo mal frances d’amor,

Qu’es peor que mal frances,

Que jamas curado es

Sino de quien da el dolor;

Deste mal há muchos meses

Que me sienten por las calles,

Mala la vistes, franceses,

La caza de Roncesvalles.

Respuesta de su dama:

Buena pro os haga, señor,

Buena pro.

Mal frances teneis d’amor,

Tenéoslo.

Mal frances d’amor no sé,

Buscad quién os l’ha pegado;

Yo n’os tengo enamorado,

Que nunca vistes por qué.

Buena pro os haga el dolor,

Buena pro,

Mal frances teneis d’amor,

Tenéoslo.

Canta otro caballero:

No sé qué me digo,

No sé qué me hago,

Dame amor un higo,

Y tómole por pago.

Tal os pague amor

Á cuantos burlais,

Pues que no tragais

Higos por amor.

Ya no estoy conmigo,

No sé qué me hago,

Dame amor un higo

Y tómole por pago.

Respóndele su dama:

Si l’amor n’os da un higo,

Y’os daré una castañeta,

Pues teneis falsa riseta

De enemigo.

Vos teneis muy buena paga,

Pues que de burlas servis,

Buena pro, señor, os haga,

Ya que todo os lo reis.

Vuestra cara es el testigo,

Tomad una castañeta,

Pues teneis falsa riseta

De enemigo.

* * * * *

No más trisca y acabemos

Con tener debida ley;

Pues vieron casa de rey,

Á los turcos libertemos.

Y mandémosles bailar,

Pues su mal volvió alegría,

Que no sentirán pesar,

Pues se vean libertar

Para volverse á Turquía.

Turcos, pues lo mereceis,

Cobrad vuestra libertad,

Y si lo mandais, bailad

Como en Turquía soleis.

Y por más regocijar

Dia, que tan dia fué,

Que en placer volvió el pesar,

Le podrémos acabar

Con un torneo de pié.

Esto es lo que hacer debemos,

Vamos por las armas, vamos,

Pues con armas nos honramos,

Con las armas acabemos.

Y vosotros no dejeis

De bailar, pues dais placer,

Que tambien pareceréis,

Con el baile que haréis.

Que podréis entretener.

Acabado el torneo se acaba la farsa con esta copla:

Si nos da, señor, licencia,

Volvernos hemos á Malta,

Aunque parece que falta

Vista en no ver su excelencia.

La fortuna que pasamos,

Pasarémos en no veros;

Que si dulce lo gustamos,

Muy amargo lo esperamos

Lo que se pierde en perderos.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, bien habeis mostrado que no son

farsas las que vos haceis, pues de vuestras burlas se pueden sacar

avisadas véras, y de las véras avisadas burlas, como mostraron: _Los

comendadores, por mi mal os vi_; que esto puede cantar Juan Fernandez,

vuestro competidor, pues los vió, para tener envidia de vos, por

habellos hecho tan cortesanos en las burlas como en las véras.

Dixo don Luis Milan: Si las de vuestra excelencia no fuesen burlas

para favorecer, creeria que son véras para burlar, que de reyes es

burlando hacer mercedes, como oirán en este cuento: Nuestro valenciano

Penarroja, comendador de Christus, viviendo con el rey Manuel de

Portugal, fuéle á demandar casamiento, y díxole: Decey, Comendador,

¿habeis casado por trato ó por amores? y respondióle: No, señor, sino

por trato; y el Rey le dixo: ¿He vídevos ella? Quiso decir con esta

burla, que si le habia visto ella ántes de casar, siendo tan feo, nunca

le tomára por marido, y si habia casado por amores, creyéralo, pues no

hay amor feo; y despues de haber burlado con él, le dió más de lo que

demandó; que burlas de reyes mercedes son.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, las burlas de su excelencia lo han

sido para mí, y no para vos, pues me ha dicho que vi los Comendadores

de vuestra farsa por mi mal, para tener envidia de vos; y téngola, pues

habeis sabido hacer lo que os diré con este romance:

Más pesar he de vos, Conde,

Pues no sois de envidiar

En armar las cortesanas

Damas para farsear.

Dixo don Luis Milan: Juan Fernandez, lo que yo hice de burlas vos lo

haceis de véras, como en este contra romance al vuestro oiréis:

Siempre os vi, señor don Juan,

Armado de cortesanas

Contra damas muy galanas

Por ser muy bajo galan.

Dixo don Diego: No teneis razon, Joan Fernandez, de buscar tachas

donde no las hay, que os tacharán; tachador real de córtes pareceis, ó

coracero en poner tachas en la coraza de don Luis Milan, teniendo tan

fuertes launas de respuestas, que no las pasarán vuestros hierros, que

por ser de amores bajos, cuentos son para burlar.

Dixo don Francisco: Don Diego, bien habeis defendido á don Luis Milan,

vuestro amigo, perro ropero me habeis parecido, de aquellos que les

dicen, guarda la ropa, guarda la ropa.

Dixo la señora doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía, donoso ha

sido don Francisco, que á don Luis Milan ha hecho hacer risa de perro,

y mereceria que se quedase con ella, pues los mofadores parece que

regañan riendo quando quieren mofar.

Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Beatriz, no puede parecer

don Luis Milan á lo que no paresce, que no siendo perras sus cosas,

haga risa de perro; más parece á risa de córte, que risas de avisados

reprensiones son.

Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tovar, ¿qué le

parece destas dos lanzas que han corrido estas señoras? ¿á quién daria

vuestra merced la mejoría,? que el merecimiento no debe estar sin

precio.

Dixo doña Merina de Tovar: La señora doña Mencía corrió mejor lanza,

pues socorrió á don Luis Milan, que estaba corrido de verse apodado á

risa de perro, por haber sido mucho reido. Y la señora doña Beatriz de

Osorio no corrió mala lanza, pues corrió á don Luis Milan, que ha sido

echar lanza en Fez, lo que yo les doy es lo que se traen consigo, que

el merecimiento no está sin precio. Dixo la señora doña Luisa: Señora

doña Joana de Guzman, adevinar querria lo que vuestra merced piensa y

debe ser; que tiene muy risueño el servidor, y es señal de poco amor.

Respondió la señora doña Joana de Guzman: Señora doña Luisa, mi

servidor no rie de poco amor, mas ríese de lo que sé.

Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo, ¿de

qué puede reir el servidor de la señora doña Juana de Guzman? ¿si se

rie que le dicen don Donoso, y nunca dice donaires?

Respondió la señora doña Joana de Dicastillo: Señora doña Castellana,

á jornadas es donoso, que el otro dia acertó á decir uno á su dama, y

fué que la apodó á saboga, que tenía gusto para contentar, y espinas

para ahogar, y ella le dixo: que tenía donaires de pescador. Y él

respondió:

Si pescase vuestro amor,

Sería buen pescador.

Y ella replicó:

No me dejaré pescar

En vuestra mar.

Y él se fué desavenido con ella, y así está como halcon encapirotado,

que no dice nada.

Dixo don Luis Milan: Muy contento estó de la señora doña Beatriz de

Osorio, que me apodó á risa de perro, porque me hizo mercurino, de la

propiedad del planeta Mercurio, que le pintan la cabeza de perro, por

ser muy sentido y entendido; y así risa de perro es de avisado, que

apénas ha de mostrar los dientes cuando rie, mostrando que siente lo

bueno y lo malo de la conversacion, y á lo bueno ha de reir como quien

alaba, y á lo malo como quien reprende. Dixo que yo reia regañando

cuando queria mofar, y en esto quiso decir mal de mí, ó no me entendió,

que mejor mostró la señora doña Mencía entenderme, en lo que respondió

por mí; y aunque en mí no haya tanto bien como dixo, en su mercad hay

aviso para hacerme más de lo que soy, pues puso nombre risa de córte,

á la que la señora doña Beatriz dixo de perro; que no es perra ni

mofadora la risa que al reprendido mejora.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, mucho querria saber cómo se ha de

reir para alabar ó para reprender, que yo nunca he oido ni visto risas

que hablen, sino agora.

Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, razon sería que me

hubiésedes entendido las risas que me habeis hecho hacer muchas

veces; que por responder á lo que me habeis preguntado, contaré lo

que á muchos caballeros y á mí nos contastes en el Real, delante su

excelencia; y dixistes que viniendo muy tarde á dormir, pasada media

noche, os desnudastes solo por no ser sentido; despertó vuestra mujer,

muy brava y celosa riñéndos mucho, y como le sobrase la razon, á vos os

faltaba para respondelle, y siempre callando os acostastes; y ella, de

muy enojada, dándoos empujones os trajo hasta la orilla al despeñadero,

y como vos os vistes tan apretado, porque no os derribase de su cama,

dixístesnos que le tirastes una púa, y ella os dixo: _Vade retro_,

Satanas, que mi marido no era tan sucio; y huyendo de la cama, y vos

tras ella le respondistes: Mujer, no soy Satanas, sino puerco espin,

que cuando le aprietan tira púas. Y preguntándome el Duque qué me habia

parecido del cuento, yo le respondí: Señor, preguntaldo á mi risa; y

él me dixo: ¿Qué, las risas hablan? yo le dixe: Cuando el reir es con

zuño y gesto de menosprecio, entónces es reprender, y el sonreir con

gesto amoroso es alabar, que harto hablan las risas, que descubren á

los ánimos lo que sienten. Si Joan Fernandez me cree, ántes se dejará

despeñar de la cama, que hacer más el puerco espin.

Dixo Joan Fernandez: Bien será mudar de nuevas, porque mi mujer se ha

parado colorada y está corrida. Yo le he hecho del ojo que disimule, y

no sé si lo hará.

Respondió la señora doña Hierónima: No cumple hacerme del ojo, ni del

dedo, que calle, pues no es para disimular lo qu’es mal disimularlo;

que sufrir la mujer al marido, no ha de ser para que la tenga en poco

como vos haceis, que á su excelencia quiero pedir justicia de vos, que

os mande no saqueis cuentos sobre mí.

Dixo Joan Fernandez: Mujer, mirad lo que decis, que nunca saqué cuentos

sobre vos, que siempre quereis que yo esté debajo, y á vuestro mando,

que yo no he casado con mujer, sino con hombre; y así cuando las damas

me preguntan qué hace doña Hierónima, vuestra mujer, yo les digo:

Señoras, no se puede vivir con don Hierónimo, mi marido, que yo soy la

mujer, pues ella no lo quiere ser.

Respondió la señora doña Hierónima: Si yo no hiciese el hombre, ninguna

mujer ternia segura en casa de vos; y á tal marido tal mujer.

Dixo la Reina: Doña Hierónima, reir me habeis hecho de buena gana;

amostráme cómo haré el hombre, pues vuestro marido ha mostrado al

Duque, mi señor, á ir tras las de su casa.

Respondió el Duque: Vuestra alteza es tan celosa, que á mí me ha hecho

celoso, y por esto voy tanto tras sus damas, para guardallas.

Dixo Joan Fernandez: De la boca me lo quitó vuestra excelencia, que eso

mismo le queria decir á doña Hierónima, mi mujer.

Respondió la señora doña Hierónima: ¿Qué le parece á vuestra alteza,

qué buen médico y apotecario son? mejor visitan las sanas de casa que

las enfermas; que yo estando enferma poco há, halló al mio mi hermana

vestido como á médico, tentando el pulso á una criada mia, y díxole:

Hermano, ¿qué es eso que haceis? y él respondió: Señora, no soy quien

pensais, que el médico de casa soy.

Dixo don Francisco: Si vuestra alteza y su excelencia mandan, aquí está

á la puerta un Rey d’armas que viene á publicar un cartel; entrará si

le dan licencia.

Dixo el Duque: Hacelde entrar, que el corazon me dice qu’es alguna

fiesta que don Luis Milan quiere hacer en servicio de su dama. Entró el

Rey d’armas, y publicó este cartel, que dice:

Muy altos príncipes y señores: Yo Miraflor de Milan, caballero errante,

os hago saber que soy llegado á esta tierra, por dar cabo á una

aventura, ó acabar mi desventura, y es que hallándome por el reino de

Frigia, en el puerto Tenedo, donde la griega armada tuvo diez años

sitiada Troya, salí de mi galera, y siendo en tierra sentí una voz que

me dixo: Sube en ese monte nombrado Ida, que delante tienes, donde

Páris Alexandre fué criado, y estuvo hasta que hizo el juicio á las

diosas, dando la manzana de oro á la Vénus, por más hermosa que la Juno

y la Pallas, y sabrás lo que has de hacer. Y subiendo hallé al entrada

dél la fuente de Policena, que el retrato della, en bulto de cristal,

sobre una columna estaba, echando agua por un caño de oro que en los

pechos tenía con un letrero que decia:

Quien d’esta agua gustará,

Hermosura beberá.

Yo, queriendo beber della para que me viese hermoso la que feo le

parecia salió un caballero armado de unas muy hermosas y ricas armas,

con unas letras de oro por ellas sembradas, que decian:

Yo soy Achíles, mandado

Que l’agua de Policena

No deje beber de grado

Si Cupido no lo ordena.

Yo, que vi la guarda desta fuente ser Achíles, pensando cómo podia

ser esto, estuve más espantado que de verme en batalla con él; que la

muerte no deshonra cuando el matador da honra.

Y viniendo á palabras, me dixo: Nadi merece gustar del agua que no

pude beber; que do falta el merecer, nadi se debe probar. Yo, que

me vi despreciado, holgué que me dió ocasion de ensañarme con él, y

respondíle:

No estará sin merecer,

Quien ventura le quisiere,

Desta agua dejar beber.

Y él metiendo mano á su espada y yo á la mia, combatimos gran rato,

hasta que sentimos una voz que dixo:

Achíles, deja beber

Del agua de Policena

Á Miraflor á su placer.

Y él con un gran sospiro desapareció, que no vi por dónde se fué; yo,

bebido que hube del agua, vime en ella tan hermoso como ántes era feo.

Pasé más adelante, y vi un otra, nombrada la fuente de Casandra, hija

de Priamo, rey de Troya, que profetizó la destruccion de los troyanos y

no fué creida; y asimismo estaba un retrato della de bulto, de piedra

amatiste, sobre una columna, con un caño que de la frente le salia,

echando agua por él, con este letrero que decia:

Quien d’esta agua beberá,

La sciencia de Casandra

Alcanzará.

Yo, queriendo beber della, vime delante un caballero con unas armas

negras y unos letreros de oro por ellas, que decian:

Corebbo soy por querer,

Que si amor no me lo manda,

De mi señora Casandra

Su agua no dexe beber.

Conociendo que este caballero era Corebbo, que la hermosura de Casandra

le hizo enemigo de sus amigos, y amigo de sus enemigos, como amor suele

hacer, que por selle servidor, siendo griego, sirvió á los troyanos

contra sus griegos en la guerra que tuvieron, y viendo que de Troya

habian hurtado sus enemigos á Casandra, su señora, salió sólo contra

ellos, y peleó de tal manera, que su dama se salvó y él fué muerto allí

por ella; y viniendo él y yo á las armas, por defenderme que no bebiese

del agua, sentimos la misma voz que le dijo:

Corebbo, Cupido manda

Que del agua de Casandra

Á Miraflor dejes beber.

Desapareció, que ni sé cómo vino ni por dónde se fué, y bebí del agua,

que me pareció de tal gusto como lo que da á gustar; pues que nadi se

hartaria de beber sabiduría.

Y pasando más adelante, hallé un otra, nombrada la fuente de Elena,

mujer del rey Menelao, griego, que fué robada de Páris Alexandre,

hijo del rey Priamo de Troya, en venganza del robo que hizo Hércules,

griego, de Hesiona, troyana, hija del rey Loomedon, troyano, que

entónces reinaba, llevándola á Grecia, que fué causa de la destruccion

de Troya; y vi, como en las pasadas fuentes, que esta hermosa Elena

estaba de bulto damantino retratada sobre una columna, con un caño que

de la teta izquierda le salia, echando agua por él, con un letrero que

decia:

Quien d’esta agua beberá,

Otro Páris en amores se verá.

Yo, queriendo beber della, con gran desseo de verme tan venturoso

como Páris en amores, vi venir á gran prisa un caballero muy hermoso,

armado de muy ricas y hermosas armas, con un arco y saeta encarada para

mí, con un letrero que en la ventanilla de la celada traia, que desta

manera decia:

Páris só que voy en pena

Sino cuando vengo á ver

Para no dejar beber

L’agua de la reina Elena.

Yo, que por el letrero conocí que este caballero era Páris Alexandre,

hijo del rey Priamo de Troya, que siendo preñada dél la Reina, su

madre, ensoñó que paria una hacha quemando á toda Troya; y sabido por

el Rey, su marido, de los sabios que tenía, que este sueño significaba

la destruccion y pérdida de todo su reino, mandó por consejo dellos

que luégo en nacer lo matasen; y como nació este infante muy hermoso,

su madre no tuvo corazon de hacelle matar, y mandó á una criada suya

que ántes del dia lo echase al pié deste monte Ida, secretamente que

nadi lo supiese, y que lo dejase allí; viniendo el dia, fué hallado

por un pastor, que lo crió como á hijo suyo hasta que fué hombre, y

saliendo muy gran luchador, que jamas halló quien le venciese, llevólo

el pastor que lo habia criado á una fiesta de lucha que en Troya se

hizo, donde venció á Hector y á todos sus hermanos; y espantados dél,

quisieron saber quién era y supieron toda su historia. Y conocido

ser hijo del Rey, por decir la Reina que no lo habia hecho matar,

alegráronse todos y quedó con ellos; yo, pensando con el arte que me

hacian ver lo que via, muy espantado fuí á beber del agua, y Páris

tiróme una saeta que en mi escudo quedó enclavada, y echando mano á las

espadas, turó muy gran rato nuestra batalla, hasta que nos departió la

misma voz que siempre oido habia, que le dixo:

Páris, deja tu furor,

Que mi voluntad ordena

Que de la fuente de Elena

Beba el agua Miraflor.

Y desapareciendo como los otros, yo pude beber del agua desta fuente de

Elena, que tal sabor tenía como Páris la gustó, al principio dulce y á

la fin muy amarga; pues fué muerto de Pirro, hijo de Achíles, á quien

Páris mató en el templo de Pállas, viniendo sobre seguro á tratar con

la reina Hecuba y su hija Policena, para casar con ella; y si allí le

mató Páris con engaño, fué porque Achíles habia muerto á Hector en la

batalla á traicion, no osando acometelle cara á cara, que por traidor

era tenido entónces quien tal hacia.

Pasé más adelante y vine á parar en una muy hermosa plaza que en medio

de lo más alto deste monte estaba, con un palacio real que el rey

Priamo habia mandado hacer para cuando venía á cazar en este deleitoso

monte, lleno de caza y muchos deleites, que al parecer todo animal

allí vivia más tiempo; que el deleite virtuoso conserva la vida hasta

el término della: y recreando de ver estas maravillas, vime delante un

hombre de maravillosa presencia, y díxome: Sígueme y no receles, que

entre enemigos no va quien favorecido está, de la manera que tú has

sido en esta aventura de las fuentes, quedando más hermoso y más sabio

y más venturoso, por haber alcanzado con tanta honra á beber del agua

dellas. Tomóme de la mano y fuimos á parar donde paran los favorecidos

de Cupido, que fué en la sala del alegría, pues todo parece que reia,

y vi á Cupido y á su madre asentados sobre dos grifos de oro, que en

el aire por maravilloso artificio estaban, con este letrero que desta

manera decia:

Por la tierra y por la mar

Vuelan grifos del Amor,

Desde el rey hasta el pastor,

Qu’es reir y sospirar.

Yo, con el acato que debia, hablé desta manera al Amor: ¡Oh Cupido! no

sé cómo servirte las grandes mercedes que me has hecho, que por tu mano

haya sido merecedor de beber el agua de las tres fuentes que en este

monte tuyo están, que, por ser de tanto valor, muy pocos beberán dellas

si no es por tu favor; yo te suplico me mandes con qué te sirva porque

sepa lo mejor, y respondiendo con estas amorosas palabras, me dixo:

¡Oh Miraflor de Milan! tan pagado estoy de tí como tú deudor á mí, que

por lo que mereces te he pagado, y no por cuanto hecistes ni harás por

mí; tu has de partir luégo para la ciudad de Valencia de Aragon, mi

mortal enemiga, pues reino tan poco en ella, que me ahorcaron en una

justa, como tú sabes, que sólo en tí quedé vivo por una obra que en

honra mia heciste, mostrando tu gran lealtad y la poca que los jueces

tuvieron en dejarme ahorcar contra razon, siendo los aventureros que

me defendian ganadores y perdedores de perdidos, pues á la fin fuí

ahorcado por ser muy desconocidos; donde se vió el poco amor que tienen

y el mucho que hay en tí, pues se ve que por ser desamorados, las damas

hacen gestos á los caballeros burlando dellos, y ellos guiñan dellas de

cola de ojo, que dias hay que no se conocen los unos á los otros, pues

ellos parecen tuertos por guiñar, y ellas desamoradas por mofar, y de

aquí viene que se van cantando:

No fie nadi d’amor,

Qu’es mudable y burlador.

Y así no se fian unos de otros, que si un caballero quiere servir,

ha de dar fianzas que no ha de guiñar, y ellas dar fiadores que no

han de mofar; y en llegando á tu Valencia, enviarás un cartel por

el rey d’armas mio, que de aquí llevarás nombrado el Revolvedor, y

mandarle has presentar de parte tuya á los desamorados valencianos

tuyos, y tomarás por querella, que, por el desacato que me hicieron

y menosprecio de ahorcarme, les combatirás que me fueron traidores en

un torneo de pié, á tres golpes de pica y cinco de espada; y porque

vean cómo pago á mis leales amadores, como tú eres, escríbeles las

maravillas que en este monte te hice ver, y la gran honra y provecho

que has ganado por combatir con tan nombrados caballeros y beber del

agua destas tres fuentes, de tanto valor y propiedad como son; agora

véte y harás como quien eres, que yo nunca te faltaré. Y así me partí

el más contento hombre que del amor se partió, por donde os desafío con

ese cartel de hoy en un mes en la plaza Mayor, dicha el Mercado, con

las condiciones y armas y querella que aquí tengo dicho; y el combatir

será sobre el monte Ida que allí veréis, y al subir dél me hallaréis

á mí primero, defendiendo que no beban del agua de la fuente que yo

guardaré, y el que mejor lo hiciere que yo tenga libertad de pasar

adelante, si querrán probarse con Achíles y Corebbo y Páris, que allí

estarán guardando sus fuentes que no beban del agua dellas, y el que

pudiere pasar y vencer todos estos caballeros, y llegáre al palacio

real del dios d’amor, que allí verán, su madre, la diosa Vénus, le

alcanzará perdon que no esté en desgracia de su hijo Cupido, y daránle

un anillo nombrando el venturoso, con un letrero en torno dél que dirá:

Quien anillo llevará del amor,

Será anillo de su dedo el servidor.

Dixo el Duque: En mi vida oí cartel que más placer me diese, por

haber contado la maravillosa y extraña aventura de las fuentes del

monte Ida. Si en libertad estuviese, yo iria á probarme en ella, que

no es caballero el que no emplea su vida por alcanzar honra y fama,

mayormente donde se alcanzaria tan gran provecho bebiendo del agua

destas tres fuentes, que dellas se alcanza hermosura, que yo la querria

para parecer bien á la Reina, mi señora, y sabiduría para disimular los

celos que tengo de don Pedro Milan, y ventura para que no me fuese más

contraria.

Dixo la Reina: Y’os digo, por mi fe, que si fuese caballero, me iria

á probar en esta aventura por ganar hermosura para parecer bien á don

Pedro Milan, mi servidor, y sabiduría para saber cómo le va al Duque,

mi señor, en amores, y ventura para ser más querida dél.

Dixo don Francisco: Si una dama me diese licencia, yo iria á probarme

en ella, y si alcanzase la hermosura, no la querria, sino para matar de

celos á un competidor mio, y la sabiduría para saber si una dama burla

de mí ó no, en hacerme un higo debajo manga que me hace en verme, y la

ventura para que fuese venturoso con ella, que siempre me desengaña en

ponerme á la ventana una mona cuando le doy vueltas.

Dixo don Diego: Si no fuese que soy desdichado en aventuras, no

tardaria de verme en ésta, que muy poco se aventura para lo que

se gana; y si alcanzase la hermosura, la querria por no tener que

agradecer mucho á mi dama, que los feos han de agradecer que los dejen

servir, y á los hermosos se les ha de sufrir, pues hermoso alegre y feo

entristecen; y si alcanzase sabiduría la emplearia para que nunca me

acabasen de entender, que lo entendido desprecia el no saber que nada

aprecia; y si alcanzase la ventura, no la querria sino para no tomar

lo que se alcanza con ella, pues mucho mejor sabe lo que por merecer

se posee, como dixo un criado favorecido en este cuento que oiréis:

Un rey muy soberbio no queria hacer mercedes por merecer sino por

ventura, pretendiendo que todo servicio se le debia de deuda debida, y

queriendo usar desta mala plática, mandó henchir muchas arcas la metad

de caras que hacian gestos para burlar, y las otras de mano de fe, que

tienen solo un dedo alto, y los que habian de recibir las mercedes

abrian las arcas, y el que abria arca que hacia gestos de burlar,

decíale el Rey: Toma deso que tú me das, que la ventura le paga á quien

de su señor se burla; y el que abria arca de fe el Rey le decia: Toma

deso que tú me das, y hacíale mercedes. Y el criado favorecido no quiso

abrir arca ninguna y dixo:

No quiero bien por ventura,

Sino por merecimiento,

Que no puede dar contento

Lo que se da por locura.

Dixo Joan Fernandez: Si mi mujer no quisiese ser el marido, ternía

libertad de irme á probar en esta aventura, que tan hombre me hallo

para pelear con hombres, como mujer para resistir á mi mujer, y si

alcanzase la hermosura, no la querria sino para que una dama no dixese

una mentira de celos, porque se ha dado á entender que ando tras de una

camarera suya, y cuando paso por su puerta á hora de vueltas, arremete

á su criada, y dándole pellizcos, le dice: Toma, porque te festeja don

Feo, y su criada le dice: No es sino don Hermoso; No es sino feo; No

es sino hermoso: alborotan toda la casa hasta que las departen; y si

alcanzase la sabiduría no la emplearia sino para saber cuándo andan de

véras ó de burlas los amores desta criada de la dama de los pellizcos,

diciendo yo por un agujero que le hablo, decidme, por vuestra vida:

¿Andáis conmigo de burlas ó de véras? y respóndeme: Un dia de burlas

y otro de véras, porque veais quién son mujeres; y si alcanzase la

ventura, no la querria sino para ganar de venturoso lo que gano de

porfiado, que diez años, los mejores de mi vida, me ha costado una moza

aragonesa, y díceme cuando conmigo se enoja: Andad para porfiado. Yo

le digo: No soy sino venturoso en haberos alcanzado; y ella me dice:

No sois sino porfioso, que nunca me fuistes agradoso. Yo dígole: Andad

para moza; y ella me dice: Andad para viejo. Yo le digo: Troquemos si

pensais que os he enojado; y respóndeme: Ya he trocado, que bien troca

quien mejora.

Dixo don Luis Milan: Yo me he de ver en esta aventura y si alcanzase la

hermosura, no la querria sino para hacer celoso á Joan Fernandez, con

nuestra competencia, porque va diciendo que nuestra dama le dice que

me gana de gentil-hombre lo que yo le gano de más valido entre damas,

y él me gana de jugador de pelota á largas, lo que yo le gano á la

cuerda, y él me gana á la jineta lo que yo le gano á la brida, pues no

me voy tanto della como él; y si alcanzase la sabiduría no la emplearia

sino para saber qué le pasa por la cabeza á Joan Fernandez cuando

vuelve los ojos en blanco y mira al cielo, y dice, tan blanco el ojo,

que yo creeria que alguna moza se le ha ido de las redes quando retiga

los ojos, y si alcanzase la ventura, no la querria sino para ganalla

donde Juan Fernandez la pierde, y perdella donde él la gana;

Que segun dicen las gentes,

Entre damas siempre pierde,

Y con mozas siempre gana.

Dixo el Duque: Horas dan, ya debe ser muy tarde, aunque no les querria

dejar ir sin una condicion que nos veamos mañana, á la hora misma,

así como estamos, que mucho querria más largamente platicásemos de la

córte del rey Priamo de Troya, desde el principio de este reino hasta

su malaventurado fin. Y sea sin falta, porque si Joan Fernandez la

hace, don Luis Milan le ganará quince y treinta, con la ventaja que

mostraria tenelle ganándole á este juego.

_Aquí se acaba la tercera jornada._

[Illustration]

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Libro intitulado El cortesano. Libro de motes de damas y caballeros · 第 50 / 130 题