Agora quiero cantar en este romance una gran verdad española, contra
una error francesa que defiende don Diego por tener mal frances, y es
la pasion que tiene por los franceses, diciendo que la batalla que
tuvieron en Roncesvalles con nuestros españoles, si fueron vencidos
fué por la traicion que su Galalon les hizo convidándoles á una caza,
que fué batalla, donde fueron vencidos y muertos muchos de los doce
pares; y la verdad española es esta que oiréis en este romance:
Mala la vistes, franceses,
La caza de Roncesvalles,
Que salida fué de Francia
Para alzaros con España.
Cuando don Alonso el Casto
Llamó al Emperador Carlo
Para conquistar los moros
De Castilla cativada,
Prometiéndole su reino
Si hacia esta jornada,
Y españoles no quisieron
Mostrar gente acobardada,
Que el gran leon español
Bravo Bernaldo del Cárpio,
Fué muy valerosa lanza
Y gran cortador d’espada.
Salió con sus españoles
Defendiendo vuestra entrada
En la muy cruel batalla
De Roncesvalles nombrada.
Don Cárlos perdió la honra,
Murieron los doce Pares,
Porque fuera tiranía
Francia reinar en España.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’os agradezco lo que vos debeis
agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el
servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar
y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de
Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la
error francesa contra la verdad española.
Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino
por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz.
¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas?
Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras,
porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os
curase, que es vuestra enxarmadora.
Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy
con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía
«Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de
vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.»
Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos
decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decís y
no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice:
los que no tienen sentir, no saben agradecer.
Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis
Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.
Y no es poco
Que desto se vuelva loco,
Que sólo de vos lo está
Quien nunca envidiado há.
Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha
envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no
revidaria con este envite:
Si n’os hubiera oido,
Pluguiera Dios que no fuera,
Porque yo no aborreciera
Cuantos han por mi tañido.
Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero
alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero
gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase
los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.
Dixo Joan Fernandez: Señoras, como á pan bendito habeis gustado y
comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él
quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las
damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si
es verdad.
Respondió don Francisco:
Amén, amén, dixo tio
Vámonos luégo á cenar,
Que diez horas son ya dadas
Y es bien irnos acostar.