ZOR. Ven tú, Jarifa, que tengo

_Vase_ ZORAIDE.

Que hablarte.

JARIFA. Adiós; luego vengo.

_Vase_ JARIFA.

ABIND. ¿Que aquí mi padre se queda?

¿Posible es que vivir pueda

La esperanza que entretengo?--

Alborán, ¿que no hay jornada?

ALBOR. Ya el cristiano ha recogido

Sobre la pica ferrada

El tafetán descogido

De la bandera cruzada.

Ya Mendozas y Guzmanes,

Leivas, Toledos, Bazanes,

Enríquez, Rojas, Girones,

Pachecos, Lasos, Quiñones,

Pimenteles y Lujanes,

Truecan las armas por galas,

Por música el atambor,

Y por las plazas las salas;

A Belona por Amor,

A quien nacen nuevas alas.

Ya Bencerrajes, Zegríes,

Zaros, Muzas, Alfaquíes,

Abenabos, Aibenzaides,

Mazas, Gomeles y Zaides,

Hacenes y Almoradíes,

Dejan lanzas, toman varas,

Juegan cañas, corren yeguas;

Que se escuchan a dos leguas

Los relinchos y algazaras

Con que celebran las treguas.

ABIN. ¿Abencerrajes dijiste?

Pues ¿han quedado en Granada

Después del suceso triste?[13]

ALBOR. Fuése la lengua engañada

Al nombre ilustre que oíste;

Que ya no hay en todo el mundo

Sino tú.

ABIND. ¿Cómo?

ALBOR. No digo

Sino que eres tú segundo

Al valor de que es testigo

Cielo, tierra y mar profundo.

ABIND. No, Alborán, eso me di.

Dame esa mano.

ALBOR. Mancebo

¡Qué deudos perder te vi!

Reviente con llanto nuevo

El alma de nuevo aquí.

No te miro vez alguna

Que de su triste fortuna

Y próspera no me acuerde:

A nadie de vista pierde

La envidia, aunque esté en la luna,

Aún veo en viles espadas

Las cabezas separadas

De aquellos ilustres cuellos,

Y asidas de los cabellos,

En el Alhambra clavadas.

Aún corre la sangre aquí,

Y aún aquí la envidia aleve

Me parece que la bebe.

¡Oh vil Gomel, vil Zegrí!

¿Lloras?

ABIND. Su historia me mueve.

Pero dime, Alborán, así los cielos

Te dejen ver el fin de tu esperanza,

Y lo que quieres bien gozar sin celos;

Ansí en el campo la gallarda lanza

Y en la plaza tu caña sea famosa,

Y el Rey te dé su Alhambra en confianza;

Ansí de amiga cara o dulce esposa,

Si dellos tienes esperanzas vanas,

Alcances hijos, sucesión dichosa;

Y dellos, en moriscas africanas,

Los nietos, que colgados de tu cuello,

Con tiernas manos jueguen con tus canas

Ansí primero veas su cabello

Nevado que tu muerte, y lleno acabes

De fama y años, que Alá puede hacello,

Que me digas, pues sé yo que lo sabes,

Si soy yo Bencerraje, y si deciendo

De los que alabas y es razón que alabes,

O, como por ventura estoy temiendo,

Soy hijo del alcaide de Cartama,[14]

Puesto que la verdad del alma ofendo;[15]

Que por la fe que el noble estima y ama,[16]

De guardarte secreto eternamente.

Dime tú lo que dicen alma y fama.

ALBOR. ¡Oh ilustre y generoso decendiente

De aquellos malogrados Bencerrajes

Por su valor y envidia juntamente!

¡Oh reliquia de aquellos dos linajes![17]

¡Oh fénix de su muerte, sangre y fuego,

Porque mejor de los aromas bajes![18]

En este punto de Granada llego,

Y el traer sangre tuya en la memoria

(Que casi te la doy en llanto ciego),

Ha hecho que te obligue con su historia,

Que ya la sabes por ajena fama,

A restaurar su antiguo nombre y gloria.[19]

No es tu padre el alcaide de Cartama,

Que, puesto que es tan noble, fué Selimo,[20]

Pero el Alcaide, como ves, me llama.

No puedo detenerme.

ABIND. Tanto estimo...

ALBOR. Venme después a hablar.

ABIND. ¿Qué así me dejas?

ALBOR. Perdona un poco.

[_Vase._]

ABIND. Mi esperanza animo:

Cierre la puerta el alma a tantas quejas.

Hermosas, claras, cristalinas fuentes,

Jardines frescos, celebrados árboles,

Que aquí me vistes de Jarifa hermano,

Ya no soy el hermano de Jarifa;

Ya puedo ser su amante y ser su esposo:

Dad todos parabién a Abindarráez.

Ya no soy aquel triste Abindarráez

Que os daba tanto llanto, puras fuentes;

Ya no escribiré hermano sino esposo,

Por las cortezas de los verdes árboles.

Pero, si no me quiere mi Jarifa

¡Cuánto mejor me fuera ser su hermano!

Mas aunque no me quiera, el ser su hermano

Ya quita la esperanza a Abindarráez

De la gloria que el alma ve en Jarifa.

Dirán que esto es verdad las sordas fuentes,

Y sus hojas harán lenguas los árboles:

Tanto es el bien de poder ser su esposo.

Si sólo el ser posible ser su esposo

Estorbaba del todo el ser su hermano,

Jardines, yedras, flores, plantas, árboles,

Aquí, donde lloraba Abindarráez

Hechos sus ojos caudalosas fuentes,

Aquí se llama esposo de Jarifa.

¡Cielos! ¿Que gozar puedo de Jarifa?

¿Que ya es posible que yo sea su esposo?

Riendo lo murmuran estas fuentes,

Que me llamaron tristemente hermano.

Decid que soy su esposo Abindarráez

Que el viento os dará voz, amigos árboles.

¡Qué de veces al pie de aquestos árboles

Miré los bellos ojos de Jarifa,

Y ella me dijo: "¡Hermano Abindarráez!"

Pues ya su esposo soy, no soy su hermano,

O, a lo menos, ya puedo ser su esposo:

Decídselo, si vuelve, claras fuentes.

Fuentes, ya cesa el llanto; verdes árboles,

Ya parto a ser esposo de Jarifa,

Que ya no soy su hermano Abindarráez.

[_Vase._]

_Sale_ NARVÁEZ[21] _y_ NUÑO, _soldado_.

NARV. Bañaba el sol la crespa y rubia cresta

Del fogoso león, por alta parte,

Cuando Venus lasciva y tierno Marte

En Chipre estaban una ardiente siesta.

La diosa, por hacerle gusto y fiesta,

La túnica y el velo deja aparte,

Sus armas toma, y de la selva parte,

Del yelmo y plumas y el arnés compuesta.

Pasó por Grecia, y Palas vióla en Tebas,

Y díjole: "Esta vez tendrá mi espada

Vitoria igual de tu cobarde acero."[22]

Venus le respondió: "Cuando te atrevas,

Verás cuánto mejor te vence armada

La que desnuda te venció primero."[23]

NUÑO. Oyendo he estado hasta el fin,

Si en historias tengo parte,

Esa de Venus y Marte,

Desarmado en el jardín;

Y que Palas la vió en Tebas

Y vencerla quiso armada,

Porque cortase su espada

Desde la gola a las grebas;

Y que Venus respondió

(Que es todo filatería)

Que armada la vencería

Quien desnuda la venció.

Pero, señor, ¿a qué intento

Tanto estos días te inclinas

A Venus, cuanto afeminas

A nuestro Marte sangriento?

Dime la causa, señor.

NARV. Todo es, Nuño, declararte

Que puesto que armado Marte,

Le vence desnudo amor.

NUÑO. Pues qué, ¿un fuerte capitán

Puede a nadie estar sujeto?

NARV. ¿A un dios no?

NUÑO. ¿Dios?

NARV. En efeto,

A amor ese nombre dan.

NUÑO. Que le dió...

NARV. La antigüedad.

NUÑO. ¡Gentil dios! ¡Buena razón!

¡Donde hay tanta imperfección,

Inconstancia y variedad!

Entre otras mil cosas, dos

Le quitan ese gobierno.

NARV. ¿Cuáles son?

NUÑO. No ser eterno

Forzoso atributo en Dios,

Y carecer de razón.

NARV. Luego amor ¿no es inmortal?

NUÑO. No; que al primer vendaval

Suele mudar de opinión;

Y tarde se ve en mujer

Amor firme, amor durable.

NARV. Antes no hay mujer mudable

Cuando comienza a querer,

Y no hay para qué te afirmes

En el engaño que cobras:

Hacémoslas malas obras,

Y querémoslas muy firmes.

Antes amor en el hombre

Suele ser más imperfecto.

NUÑO. Antes, por ser más perfecto,

Le dieron como hombre el nombre,

Porque a ser, antes o agora,

Más en mujer su valor,

No le llamaran amor.

NARV. ¿Qué le llamaran?

NUÑO. Amora.

NARV. ¡Amora!

NUÑO. Sí. ¿No pintamos

Como mujer la piedad,

La castidad, la verdad,

Porque en ellas tanta hallamos?

Pues si en mujer el querer

Es de perfección capaz,

¿Por qué le pintan rapaz,

Sino en forma de mujer?[24]

Mas, dejando a las escuelas

Tan vanas sofisterías,

Dime, señor, ¿de qué días

Es este dolor de muelas?

NARV. De un mes.

NUÑO. Y ¿quién te enamora?

NARV. Bien dices; que mora fué.

NUÑO. ¡Mora!

NARV. Mora.

NUÑO. Bien podré

Cantarte _a la perra mora_.[25]

¿Dónde la viste?

NARV. En Coín.

NUÑO. ¿Cuándo?

NARV. En las treguas pasadas,

Dando a unas rejas doradas

Por remate un serafín.

NUÑO. ¿Y el zancarrón de Mahoma,

Y date desasosiego?[26]

NARV. ¡Oh Nuño! Todo soy fuego,

Que hable o calle, duerma o coma.

NUÑO. No se te dé dos cuatrines;

Consuelo y regalo toma,

Que en el cielo de Mahoma

Son bajos los serafines.

Estas moras son lascivas;

Tú eres hombre famoso;

No será dificultoso

Gozarla como la escribas.

Toda esta tierra te adora

Por galán, noble, discreto,

Valiente, rico: en efeto,

Ya te conoce esa mora.

Dame una carta, y yo haré

Que venga esa galga aquí.[27]

NARV. ¿Llevarássela tú?

NUÑO. Sí;

Que bien su arábigo sé.

Pondréme unos almaizales,

Y hecho moro, iré a Coín

A traerte el serafín,

Que aquesta noche regales;

Que basta por testimonio

Que te firmes don Rodrigo

De Narváez.

NARV. ¡Oh, Nuño amigo!

¡Vive Dios, que eres demonio!

Pero la letra cristiana,

¿Cómo la podrá entender?

NUÑO. Que para todo ha de haber

Remedio y industria humana.

Aquel moro, tu cautivo,

La escribirá.

NARV. Dices bien.

NUÑO. Pues voy por él.

NARV. Trae también

Recado.

NUÑO. Ya le apercibo.

[_Vase._]

NARV. Amor, si fuerais igual

A la edad y al cuerpo mío,

Yo os retara en desafío;

Pero así parece mal.

Aquel fronterizo fuerte,

Aquel andaluz temido,

Aquel Narváez, que ha sido

Entre moros rayo y muerte,

Hoy vencéis, hoy sujetáis

Con una mora. ¿Qué es esto?

_Salen_ NUÑO _y_ ARRÁEZ, _moro, y recado de escribir_.

NUÑO. Toma esa pluma y di presto.

ARR. ¿Qué es, señor, lo que mandáis?

NARV. Hinca la rodilla en tierra,

Y escribe.

ARR. Decid, señor.

NARV. ¿Eres hombre de valor?

ARR. Fuilo en la paz y la guerra.

NARV. ¿Dónde tan a solas ibas

Cuando ayer te cautivé?

ARR. Después te lo contaré,

Señor, que esta carta escribas.

NARV. ¿Cómo te llamas?

ARR. Arráez.

NARV. ¿De dónde eres?

ARR. De Coín.

NUÑO. ¿Conoces al serafín

De Rodrigo de Narváez?

NARV. Calla, loco, que ya escribo.

NUÑO. No creo que lo estás poco.--

¡Cuántos locos hace un loco!

¡Cuerdo yo, que libre vivo!

¡Vive Dios, que es gran flaqueza

Tropezar la voluntad!

Que amor es enfermedad

Y sale por la cabeza.

Yo no quiero más amor

Que mis armas y caballo;

En esto mis gustos hallo

Y me porto a mi sabor.

Sólo mi arnés es mi dama;

Este adoro, déste fío,

Tanto, que, a no ser tan frío,

Aun le acostara en la cama.

Yo le limpio, yo le visto,

Porque en la necesidad

Me muestra la voluntad

Con que una espada resisto.

Mi amor es lanza y caballo;

Soldado que a amor se inclina,

Tan cerca está de gallina

Cuanto pretende ser gallo.

Bien que, amor, ya os tengo a vos

Alguna vez por juez;

Pero esto sola una vez,

Que no ha de ser más, ¡por Dios!

La mujer, fácil estopa,

Es mancha de aceite, fuego,

Que, si no se ataja luego,

Cunde por toda la ropa.

NARV. No tengo que decir más.

ARR. Mucho debe a tu valor

Esta a quien tienes amor.

NARV. Bien la quiero.

ARR. Tierno estás,

Pues te confiesas vencido,

Siendo Narváez, señor,

El hombre más vencedor

Que el mundo ha visto y tenido.

NARV. (_Esto aparte._)

Toma, Nuño, y a un balcón

De cuatro rejas azules,[28]

Después que te disimules

Con la trazada invención,

Dirige tus pasos ciertos;

Que en la plaza le verás.

Llama a su puerta.

NUÑO. Y ¿qué más?

NARV. La respuesta y los conciertos.

NUÑO. La mora ¿se llama?

NARV. (_No lo oiga el moro._) Alara,

Y que es casada he sabido.

NUÑO. Creo que con su marido

Más presto se negociara;

Que te tienen tanto amor

Los moros destas fronteras,

Que es lo menos que pudieras

Alcanzar de su favor.

ARR. Dice Nuño la verdad:

Adoran tu nombre y fama.

NUÑO. Voyme.

ARR. ¡Dichosa la dama

A quien tienes voluntad!

NARV. Guíete amor.

_Vase_ NUÑO.

NARV. Dime, Arráez:

¿Dónde ayer ibas?

ARR. Señor,

Sólo a saber que el amor

Era mayor que Narváez.

Mi cautiverio he tenido,

Señor, por bien empleado,

Sólo por ver humillado

Hombre a quien nadie ha vencido.

Yo iba a ver mi labor

Y alejéme, sin pensallo,

Donde me llevó el caballo

Y a él le llevó el furor.

NARV. Pues ¿en qué ibas divertido?

ARR. En un largo pensamiento

Con que a veces mar y viento,

Cielo, fuego y tierra mido.

NARV. Moro, pues sabes el mío,

Dime el tuyo; que, si puedo,

Obligado a tu bien quedo.

ARR. De tu grandeza lo fío.

NARV. Esta mi pasión me obliga

A pensar que quieres.

ARR. Quiero...

Pero mi tormento fiero

No permitáis que os le diga;

Mayor es que amor airado.

NARV. ¿Mayor que amor puede ser?

ARR. Es celos de mi mujer,

Rodrigo, que soy casado.

NARV. ¡Con celos, y estás aquí!

No lo quiera Dios, Arráez;

Ya eres libre.

ARR. ¡Oh gran Narváez!

Hoy vive mi honor por ti.

Dame esos pies.

NARV. Vete luego.--

Páez.

_Sale_ PÁEZ, _soldado_.

PÁEZ. Señor.

NARV. Dale a este moro

Su caballo y armas.

ARR. Lloro.

De alegría.

PÁEZ. Ya lo entrego.

[_Vase._]

ARR. Yo te enviaré mi rescate,

A fe de hidalgo.

NARV. Con celos

No quieran, moro, los cielos

Que yo en la prisión te mate.

Vete libre, que es razón,

Aunque poco lo has quedado,

Que con celos y casado,

No quieras mayor prisión.

¿Tienes hermosa mujer?

ARR. No la hay más bella en Coín.

NARV. 'Aunque soy cristiano, en fin,

Te he de dar mi parecer:

Mira no entienda de ti[29]

Que de su amor no te fías,

Que, en viendo que desconfías,

Todo lo ha de hacer ansí.

Amala, sirve y regala,

Con celos no la des pena,

Que no hay mujer que sea buena

Si ve que piensan que es mala.

ARR. No sólo das libertad,

Mas saludables consejos.

NARV. Pues estoy de darlos lejos,

¡Y tengo necesidad![30]

Parte a Coín, por que veas

Mi mora, que no conoces.

ARR. ¡Plega al cielo que la goces

Con el gusto que deseas!

[_Vanse._]

_Salen_ ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA.

ABIND. Ya que no me amáis, señora,

Como antes, de amor tan llano,

Cual era el de vuestro hermano,

Habladme más tierno agora;

Decidme lo que sentís,

Jarifa hermosa, y creed

Que me hacéis mayor merced

Cuanto más de mí os servís:

Ya pasó el temor cobarde

Que la hermandad nos ponía;

Habladme, Jarifa mía,

Más tierno, así el Cielo os guarde.

JARIFA. ¿Qué te tengo de decir?

ABIND. ¿Tu ingenio puede ignorar

Qué es hablar, sabiendo amar?

¿Sabiendo amar, qué es sentir?

JARIFA. Si digo lo que te quiero,

¿Qué te puedo decir más?

ABIND. Es libro o carta que das

Sin el título primero;

Cuando al Rey quieren hablar,

O negociar por escrito,

¿No le llaman grande, invito?[31]

JARIFA. Ansí le suelen llamar.

ABIND. Pues títulos tiene amor.

JARIFA. ¿Cómo?

ABIND. Mi bien, alma y vida;

La esperanza entretenida,

Ansí negocia el favor.

JARIFA. Luego ¿diréte mi bien?

ABIND. ¿Soy tu bien?

JARIFA. Sí.

ABIND. Pues bien dices,

Y por que ansí le autorices

Al amor contra el desdén.

JARIFA. Luego, si mi alma eres,

¿Ansí tengo de llamarte?

ABIND. ¿Eso tengo de enseñarte,

O es que decirlo no quieres?

Nadie las ciencias podría

Sin la experiencia saber;

Mas no es posible aprender

El amor y la poesía:

El hacer versos y amar,

Naturalmente ha de ser.

JARIFA. Si no es siendo tu mujer,

Yo no me puedo esforzar.

ABIND. Pues, mi bien, si soy cautivo

De tu padre, y como preso,

Por aquel triste suceso,

En fe de su guarda vivo;

Si él piensa que yo no sé

Que soy preso Bencerraje,

Del envidiado linaje

Que un tiempo el más noble fué,

¿Cómo te podré pedir?

Casémonos de secreto,

Cuanto el ser preso y sujeto

Puedan, mi bien, permitir.

JARIFA. Como palabra me des

Que libre la cumplirás.

ABIND. Y eso ¿a quién le importa más?

Dame tus hermosos pies.

JARIFA. La mano te quiero dar,

Tuya soy desde este día.

ABIND. Yo tuyo, Jarifa mía:

Ya bien te puedo abrazar.

JARIFA. Como hermano y como esposo,

De que ya te doy la mano.

ABIND. No hables de eso de hermano

Que vuelvo a estar temeroso.

¡Oh famoso y claro día,

Que tanta gloria me apresta!

Cada año os haré una fiesta

Por señal de mi alegría.

¡Oh bien sufrido tormento!

¡Oh bien lograda esperanza,

Bien fundada confianza,

Bien nacido pensamiento!

Alegres pesares míos,

Discreta y justa porfía,

Cuerda y famosa osadía,

Venturosos desvaríos.

Dulce amar, dulce penar,

Dulce temer, dulce ver,

Dulcísimo padecer,

Felicísimo esperar.

¡Favoreced hasta el fin

Empresa tan justa, cielos,

Sin mudanza, olvido y celos!

JARIFA. Mi padre viene al jardín.

ABIND. Huyamos.

JARIFA. Dame la mano;

Deja de estar temeroso.

ABIND. Ya temo, secreto esposo,

Lo que no público hermano.

Vamos donde no nos vea

Tratar de nuestro contento,

Que aún temo que el pensamiento

Visto de sus ojos sea.

Mira que me has de querer.

JARIFA. Hasta morir te he de amar.

ABIND. Pues yo no te he de olvidar.

JARIFA. Eres hombre.

ABIND. Y tú mujer.

JARIFA. Para ti soy piedra.

ABIND. Y yo.

JARIFA.[32] Pues no temas.

ABIND. Probaré.

JARIFA. Quiéreme mucho.

ABIND. Sí haré.

JARIFA. ¿Ya no soy tu hermana?

ABIND. No.

JARIFA. ¿No en público?

ABIND. Aún no quisiera.

JARIFA. Ya eres mi bien.

ABIND. Tú mi vida.

JARIFA. ¿Soy tu hermana?

ABIND. Sí, fingida.

JARIFA. ¿Y tu esposa?

ABIND. Verdadera.

[_Vanse._]

_Sale_ ALARA, _mora_; DARÍN, _paje_.

ALARA. ¿Moro a mí de Alora?

DARÍN. A ti

Busca un morisco de Alora.[33]

ALARA. ¿Dice a Alara?

DARÍN. Sí, señora.

ALARA. Di que entre.

DARÍN. Ya viene aquí.

_Sale_ NUÑO, _en hábito de moro_.

NUÑO. Dame, señora, los pies,

Después que te guarde Alá.

ALARA. ¿Si mi Arráez preso está?--

Moro, di presto lo que es.

NUÑO. Solos habemos de hablar.

ALARA. Salte allá fuera, Darín.

NUÑO. Para venir a Coín

Quise este traje tomar;

Que sabed que soy cristiano

Y soldado de Narváez.

ALARA. No son nuevas de mi Arráez:

Salió el pensamiento vano.

Pues, cristiano, el capitán,

¿Qué puede quererme a mí?

NUÑO. No os quiere poco, si aquí

Correspondencia le dan.

Está perdido por vos,

Que os vió en las treguas pasadas

Sobre estas rejas doradas.

ALARA. ¡Qué necios que sois los dos!

¡El alcaide en enviarte,

Y tú en venir!

NUÑO. No entra bien;

Pero es el primer desdén.[34]

ALARA. A ti no debo culparte,

Que eres, en fin, mensajero;

Aunque a buen tiempo has venido,

Que no está aquí mi marido

Y ha tres días que le espero;

Pero a él, que es tan discreto

Como nos dice la fama,

Mucho le culpo.

NUÑO. Si os ama,

No tiene culpa, os prometo.

Esta carta leed agora;

Veréis en lo que se funda.

ALARA. Ya la necedad segunda.[35] _Lea._

"Narváez, alcaide de Alora."

¡Ay de mí! La firma es suya

Y la letra de mi Arráez.

¿Quién escribe esto a Narváez,

Cristiano, por vida tuya?

NUÑO. Un moro, para que fuese

Más claro.

ALARA. ¿Qué suerte de hombre?

NUÑO. Ni sus señas ni su nombre

Podré darte aunque quisiese.

Dos días ha que está cautivo,

Que en una celada dió.

ALARA. ¿Sabe a quién escribe?

NUÑO. No.

ALARA. Algún consuelo recibo;

Que es en estremo celoso.

Esta letra he conocido.

NUÑO. ¿Cómo?

ALARA. Que es de mi marido.

NUÑO. Aún será el cuento gracioso.

Luego el cautivo de allá,

¿Es vuestro marido?

ALARA. Sí.

NUÑO. Yo negocio por aquí:

Segura la prenda está.--

Pues alto: venid conmigo,

Trataréis de su rescate.

ALARA. Justo será que dél trate,

Aunque injusto el ir contigo.

Pero donde está mi Arráez,

Más sus celos aseguro,

Y más si su bien procuro.

Pero ¿qué dirá Narváez?

Que voy a lo que me llama,

Sin duda, creerá de mí.

NUÑO. Basta, que llevo de aquí

A uno mujer, y a otro dama.

ALARA. Mas diga lo que quisiere,

Pues se ha de desengañar:

Mis joyas quiero llevar

Y el dinero que pudiere.

Vamos, que es de amor indicio.

Haré ensillar en qué vamos.

NUÑO. Una para dos llevamos;

No anda muy malo el oficio.

[_Vanse._]

_Salen_ ZORAIDE, ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA.

ZOR. No me puede pesar con más estremo.

Forzosa es mi partida, Abindarráez,

Y el dejarte en Cartama es más forzoso,

En poder del alcaide que aquí viene;

Que así lo escribe el Rey y así lo manda.

ABIND. ¿Que así lo manda el Rey y así lo escribe?

ZOR. Que me parta a Coín con mi familia

Me manda el Rey y que te deje solo

Aquí en Cartama, mientras Zaro viene,

Que ha de ser el alcaide de Cartama.

Yo me he de partir hoy, porque me manda

Que acuda de Coín a la flaqueza,

De los fieros cristianos oprimida,

Ejercitados en continuos robos,

Celadas, quemas, correrías, talas

Y otras malas y ruines vecindades

Que suelen siempre hacer los fronterizos,

Y más donde Rodrigo de Narváez

Está con tal valor, consejo y fuerza,

Que es uno de los nueve que publica[36]

Del Sur al Norte la española fama.

ABIND. ¿Que así lo manda el Rey y así lo escribe?

ZOR. Hijo, Dios sabe lo que a mí me pesa;

Si basta solamente decir hijo.

¿Cómo puedo exceder de lo que él manda?

ABIND. ¿De qué me tiene el Rey a mí tal odio,

Si os hace el Rey a vos mercedes tantas?

¿Por ventura soy yo del Rey esclavo?

¿He cometido algún delito inorme

Contra sus leyes o real cabeza,

Que me manda dejar solo en Cartama

Y sujeto al alcaide que aquí viene;

Y a vos, que sois mi padre, y a Jarifa,

Mi amada hermana, que a Coín se partan?

ZOR. Hijo, el Rey me lo escribe, el Rey lo manda:

Yo voy a responder y obedecelle.

Tú entre tanto, Jarifa, haz que aperciban

Tus mujeres tu ropa, que esté a punto,

En tanto que Alborán parte a Granada.

JARIFA. Ansí lo haré, señor, que a la partida

Ya estoy desde esta tarde apercebida.

_Váyase el_ ALCAIDE.

ABIND. Sola esta vez quisiera,

Dulce Señora mía,

Hacerme lenguas para hablaros tanto,

Que del alma se viera

La pena y la porfía;

Mas salga por los ojos, vuelta en llanto.

De que viva me espanto

Tan desdichada vida,

Si ha de quedar en calma[37]

Apartándose el alma

De aquellos brazos donde estaba asida.

Fuí esposo ayer presente;

Hoy, ¿qué seré, si estoy de vos ausente?

¿Que os vais, hermosos ojos,[38]

Soles del mismo cielo?

¿Que dejáis vuestra tierra y vuestro amigo?

¿Qué de ausencia y enojos,

Nubes del bajo suelo,

Eclipsan vuestra luz, que adoro y sigo?

¿Que no hablaréis conmigo,

Ni me diréis amores?

¿Que no podré tocaros?

¿Que ya no podré hallaros

Entre estas aguas y olorosas flores?

¿Qué es esto, vida mía?

JARIFA. De la de entrambos el postrero día,

Si no me consolara,

Gallardo dueño mío,

Señor del alma, que la tuya adora,

Que la fortuna avara

No es peña, monte o río,

Sino mudable viento de hora en hora;

La ausencia, que ya llora

El corazón presente,

Me acabara la vida,

Que vive entretenida

De que has de estar tan poco tiempo ausente

Cuanto pueda llamarte

Para poder secretamente hablarte.

No habrá ocasión tan presto

Cuando te llame a verme,

Que presto la ha de haber, aunque ya es tarde.

Y en pago, esposo, desto,

Tan tuya quiero hacerme,

Que entre mis brazos tu venida aguarde.

ABIND. Huya el temor cobarde,

Señora, de mi pecho,

Si ese bien me prometes.

JARIFA. Paso: no te inquietes,

Que por ventura por mi bien se ha hecho;

Que, viniendo secreto,

Tendrán nuestros deseos dulce efeto.

Yo entiendo que mi padre

Irá presto a Granada

O que tendrá otro justo impedimento

Que a nuestra vida cuadre,

Y yo estaré ocupada

En sólo este cuidado y pensamiento.

ABIND. Y en este apartamiento,

¿Qué me dejas por vida,

Si la vida me llevas?

JARIFA. La esperanza y las nuevas

De que será tan presto tu partida.

ABIND. ¡Al fin te vas, señora!

¡Triste de mí, si yo me muero agora!

JARIFA. No morirás, mi vida,

Que la mía te queda.

ABIND. Pues viviré mil siglos inmortales.

Dame, esposa querida,

Tus brazos, en que pueda

El alma descansar de tantos males.

JARIFA. Véngante tan iguales

Como yo lo deseo.

ABIND. ¿Llamarásme?

JARIFA. ¿Eso dudas?

ABIND. No haré, si no te mudas.

¡Ay, cuantos siglos ha que no te veo!

JARIFA. ¿Cómo, si no has partido?

ABIND. Pensé que era pasado, y no es venido.

Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey · 第 19 / 89 题