XXVII

De don Pedro Hillo a Fernando Calpena.

_Laguardia, agosto._

Distraído Fernando: ¿Pero no reparas que ya estoy aquí? ¿No me has

visto? Echa para Laguardia tu catalejo, y alcanzarás a ver a este

clérigo insigne, a esta lumbrera esplendorosa del Vicariato General

Castrense, esparciendo su claridad por los ámbitos de... No acabo la

figura, porque ignoro qué ámbitos debe iluminar la inspección que me

encomendaron... ni sé qué inspecciono, ni por qué me han mandado, ni a

qué he venido. Presumo que me traen a esta tierra todos los intereses

posibles, menos los del instituto religioso-militar a que pertenezco.

Por de pronto, aquí me tienes aposentado en la parroquial vivienda

del gran Navarridas, que es como decir que habito en el reino de la

cortesía y de la abundancia. Tanto el bondadosísimo don José como su

bendita hermana se desviven por agasajarme, y te aseguro que ni probé

jamás tan mullido y albo lecho como el que aquí disfruto, ni entraron

por esta boca pecadora condimentos tan sustanciosos, ricos y variados

como los que en obsequio mío presentan diariamente en su mesa. Hijo

mío, ¿qué tierra es esta, tan fecunda en galanos amigos y en frutos

regalados? Aquí quiero pasar mis días, entre la sencillez amable de

los hombres y las amorosas caricias de la prolífica tierra. Aunque te

enfades, _prorrumpo_ en versos clásicos:

¡Oh tú, del Arlas vagoroso, humilde

orilla, rica de la mies de Ceres,

de pámpanos y olivos! Verde prado

que pasta mudo el ganadillo errante,

áspero monte, opaca selva y fría...

En esta región de delicias he visto al fin la deidad que en ella

preside las funciones de la naturaleza, la que a todo imprime hermosura

y majestad con su divina presencia, la escogida entre las escogidas;

y de tal modo me prendaron su gracia y su nobleza, que a no hallarme

imposibilitado por mis votos, de que son emblema las negras ropas

que visto, entre el primer saludo que le dirigí y una respetuosa

declaración de amor, habrían mediado pocos alientos. ¡Pues si yo fuera

seglar y joven, cualquiera me quitaba a mí esa sin par hembra!... Nada

quiero decirte de su discreción, que conoces mejor que nadie. Sabrás

que hablamos largamente de _omni re scibile_, quedándome pasmado de la

solidez de su juicio y de su dulce serenidad. En fin, amado discípulo,

que aquí me tienes enamorado (no retiro la palabra), enamorado de ese

portento, y alabando al Supremo Artífice por esta nueva maravilla que

ha puesto ante mis ojos... Aquí me venía bien otra clásica estrofa

para expresarte mi entusiasmo:

¿A quién primero ensalzaré cantando

Sino al gran padre que la estirpe humana

Y la celeste rige...?

Él es primero y solo; igual no tiene

Su esencia soberana;

Si bien segunda en el honor divino

Inmediato lugar Palas obtiene.

Pienso, querido Fernando, que aquel condenado Rapella, a quien echamos

tantas maldiciones, merece ahora nuestra gratitud por haberte llevado

a Oñate, donde encontraste a la _celeste Palas_. No me retracto de

nada de lo que acabo de escribir. Todo lo sostengo, y lo hago cuestión

personal. Es Demetria el cielo en la tierra, y la divinidad humana. Así

lo firma y signa con el emblema de nuestra redención tu amigo — ✠_Pedro

Hillo._

La estafeta romántica · 第 30 / 68 题