CAPITULO SSETENTA Y QUATRO

Que trata del pregon que dio Lope de Aguirre en la Burburata contra

su Magestad, apregonando guerra a fuego y a sangre.

Llegado Lope de Aguirre con sus secazes al pueblo de la Burburata, se

alojo en el lo mejor que le parecio, poniendo en su persona y

alojamiento mucha mas guardia que asta halli, y biuiendo el muy mas

rrecatado, a causa de que como estaua en Tierra Firme temiase que alguno

o algunos de sus soldados, atreuiendose a sus pies, y queriendo rredemir

el castigo que merecian con dalle a el la muerte, no tuuiesen algun

atreuimiento viendolo solo y desaconpañado y lo matasen; de lo qual

podia su merced estar seguro, porque tenia tan leales ssoldados que

osaran zertificar muchas perssonas que segun las ganas de andar a rrouar

y hazer mal todos tenian, aunque le toparan en el monte solo y

desarmado, no le dieran la muerte, antes lo sacaran a tierra de paz y lo

conservaran para tenello siempre por caueza, porque no pensauan topar

con otro capitan que tan amigo fuese de rouar, hurtar y matar como Lope

de Aguirre, y que mas desimulase y se holgase con las uellaquerias y

crueldades que sus soldados hazian y desverguencas y blasfemias que

dezian; y queriendo dar horden en su abiamiento para pasar adelante,

luego esparcio algunos de sus soldados a la rredonda del pueblo para

que buscasen algunas caualgaduras en que lleuasen la municion y los

demas aparatos de guerra, y poniendo los soldados toda la solezytud y

diligencia que pudieron en auer caualgaduras, juntaron de por alli zerca

obra de beinte y cinco o treinta bestias cauallares y las mas yeguas

zerreras e yndomitas, en la busca de las quales se enpuyaron ziertos

soldados en puyas que en algunos caminos se auian puesto de yndustria

por los uecinos, no mirando por donde yban, ciegos con la desordenada

codicia que de hazer mal y rrouar lleuauan; lo qual sauido por Lope de

Aguirre, porque pareciese que sentia mucho la desgrazia sucedida

aquellos soldados y que los amaua mucho, comenzo a henzenderse en vna

yra enfernal, diziendo muchas blasfemias contra nuestro señor Dios y

contra sus santos, y haziendo muy crueles amenazas contra los uecinos de

aquel pueblo; y porque no pareziese que no se sastifacia con aquello que

dezia, sino que deseaua ponello por la hobra, mando luego como rrey

apregonar guerra zeuil[454] y creminal, a fuego y a sangre, contra el

Rrey de Castilla y sus uasallos, metiendo a cuchillo todos quantos por

delante topasen, con pena que al soldado de los suyos que a qualquiera

prisionero que a las manos oviesse luego no lo matase, por el mesmo caso

se le quytase la uida al tal soldado, y ecetando a solos aquellos que

sin ninguna fuerza y rresistencia, de su propia boluntad, le uiniesen a

seruir y seguir.

Esta guerra se apregono con toda solenidad de tronpetas y atavales en el

pueblo de la Burburata, y desmandandose sus soldados mas a lo largo y

hazer mal como en tierra de henemigos, andauan por los hatos, cortijos y

estancias de los uecinos, buscando que rrobar y en que hazer mal y daño,

y assi en vna estancia questaua hobra de quatro leguas del pueblo,

hallaron a vn Chauez, que hera alcalde hordinario de aquel pueblo, y

luego con muy gran rregocijo lo trajeron ante su capitan, y no lo

quysieron matar a fin de ynformarse del donde estauan los demas uezinos

y donde tenian sus haziendas, y dejaron en la propia estancia a su muger

del mismo Chauez y a una hija suya que alli estaua con el[455], que era

casada con vn Don Julian de Mendoza.

Assi mesmo prendieron estos traidores soldados otro mercader que andaua

al monte, llamado Pedro Nuñez, y trajeronlo ante su capitan Lope de

Aguirre, al qual le pregunto que porque se huia, y el soldado[456] le

rrespondio que de miedo del y de su jente, y el traidor le rreplico que

le dijese que dezian del y de sus conpañeros en aquella tierra, y el

Pero Nuñez le dijo que nonada, y Aguirre le torno a persuadir que dijese

la uerdad de lo que se decia, y que no ouiese miedo ni temor alguno, que

el le daua su fee y palabra que no rreciuiria por ello mal ni daño, y

asi mesmo todos los que alli estauan se lo persuadian, diziendole que

pues su jeneral se lo mandaua, que lo dijese y no obiese miedo. El pobre

mercader, uiendose tan acosado y persuadido de todos, dijo: «dizen,

señor, que vuestra merced, y todos los que con el bienen, luteranos,

malos y crueles». El traidor se enojo de lo que el mercader le dijo, y

quytandose una zelada que en la caueza traia, le amago a tirar con ella,

diziendole: «baruaro, necio, no sois mas majadero queso», pero no le

tiro la zelada; mas después lo mato, como adelante se dira.

Historia de Venezuela, Tomo II · 第 132 / 273 题