CAPITULO QUARENTA Y UNO

Que trata de la muerte de Don Hernando y de un clerigo y de otros

capitanes que mato juntos Aguirre.

Teniendo ya Lope de Aguirre auiso de como le querian matar en la forma

que en el capitulo antezedente se dize que le fue dado, determinado ya

de ganar por la mano y matar el primero a los que le querian matar,

acordo quel tiempo mas comodo para efetuar su proposito hera el tienpo

de la partida; y teniendo ya preuenidos sus amigos, no dando parte a

nadie de como queria matar al Principe, saluo a dos que lo auian de

matar a bueltas de otros, hordeno esto para vn dia o dos antes de la

partida, que estauan ya los uergantines acauados del todo y puestos a

pique para no mas de enbarcarse y caminar.

Esta rrancheria hera angosta y zercada de agua, y estauan alojados el

Principe de la parte de auajo, y Aguirre en medio, y Montoya y otros

capitanes arriva, como mas largo se dize en el capitulo treinta y nueue;

y para que lo que queria hazer fuese mas oculto, y que por el rrio ni

por tierra no pudiesen dar auissos los unos a los otros, mando echar

uando que todas las canoas las trajesen luego a donde estauan los

uergantines, y el y todos sus amigos metieron toda su rropa en ellos lo

mas desimuladamente que pudieron, porque si acaso fuesen sentidos de lo

que querian hazer y los quysiesen prender, no hiziesen mas de enbarcarse

y caminar.

Venida la noche[329] hizo juntar y llamar a todos sus amigos, y poniendo

guardas en el passo de aquella isla, que hera muy angosta, para que no

pudiesen yr a dar auiso al Principe de la junta de jente que Lope de

Aguirre tenia hecha y hazia, y teniendo ya juntos todos sus aliados y

que sienpre le ayudauan en semejantes negocios, les dijo que tenia

nezesidad de yr a castigar ciertos capitanes y soldados que se querian

amotinar contra su Principe; que les rrogaua que le fuesen aconpañar e

hiziesen lo que heran obligados; y saliendo bien armados todos se fue

con ellos a casa de Alonso de Montoya y del almirante Miguel Bouedo,

questauan rrancheados de la parte de ariua y bien descuidados de lo que

se les hurdia, y entrando Aguirre y sus amigos en sus buhios los mataron

a estocadas y lanzadas, sin que fuesen sentidos de nadie ni que su

Principe pudiese ser auisado de hello.

Muertos aqui estos dos capitanes, porque no le fueren algun estoruo o

ynpedimento o le hiciesen algun daño mientras yba a matar a su Principe,

luego yncontinente dijo a sus amigos que en el quartel o alojamiento de

auajo, que hera donde estaua alojado su Principe, auia otros

amotinadores contra su Principe que hera nezessario yllos luego a

matar; que fuesen a punto y bien aperceuidos, y que cada diez o doze de

ellos tuuiesen cuidado de matar a un capitan de aquellos que se querian

amotinar contra su Prinzype, señalandoles que auian de yr juntos, de

camarada, y el capitan que auian de matar; lo qual visto y entendido por

todos los que alli con el estauan, le dijieron questaua muy vien

hordenado, y que seria asi como su merced lo mandaua y lo hordenaua,

pero que entonzes no hera tienpo comodo por ser tan tarde y hazer la

noche tan oscura, por lo que se podrian matar y herir los unos a los

otros sin conozerse ni querello hazer. A Lope de Aguirre le parecio que

tenian rrazon, y por euitar que no se matasen unos a otros, que hera

cosa bien nueua para el, consintio que se quedase para en amanesciendo,

poniendo por guardas del passo personas de mucha confianza, para que

alguno no se atreuiese a yr a dar mandado a su Principe, y el con todos

sus aliados se metieron en los uergantines, donde estuuieron toda la

noche belando y puestos en arma, y muy a pique para que si su Principe

sintiese lo que hellos querian hazer y llamase jente, se fuese luego el

rrio auajo y dejasen alli a el Principe y a los demas que con el

estauan.

Venido el dia y bisto por Lope de Aguirre que en el canpo no auia rremor

de ser sentidos, salio de los uergantines con todos sus amigos, ninguno

de los quales sauia que quysiese matar a su Principe, saluo vn Joan de

Aguirre y Martin Perez, sarjento mayor, muy grandes amigos suyos, a los

quales el auia dicho y rrogado, deuajo de grandes prouessas[330] que

les auia echo, que tuuiesen cuidado de a las bueltas de los demas que se

auian de matar, dar con Don Hernando de Guzman al traves, los quales lo

lleuaron bien en la memoria.

Saltados en tierra, como se a dicho, luego se fueron derechos a casa del

Don Hernando de Guzman, dejando en los vergantines muy buena guarda de

amigos questuuiesen sobre auiso y lerta[331], y a todos quantos soldados

topaua en el camino los llevaua consigo, diciendoles que yba a castigar

ciertos amotinadores y que abriesen los ojos y mirasen por el Principe

su señor y le acatasen y rreuerenciasen, y si alguno de los amotinadores

se fuesen a anparar y defender con el Principe tuuiesen particular

cuidado y bijilancia no le hiriesen o lastimasen, porque podria ser que

como su Ecelencia hera tan bueno, que ynorando la traicion que tenian

contra su Ecelencia ordenada, aquellos a quien yban a matar[332] los

quisiese defender; mas que no por eso los dejasen de matar.

Yendo Lope de Aguirre caminando con estas platicas hacia casa de su

Principe, por prouar primero la mano en alguna cosa sagrada, y por dar

buen prencipio a lo que yba hazer, se entro por casa de un clerigo

llamado Alonso Henao, y por su propia mano le dio destocadas y lo mato;

y otros decian que no le mato, sino un Nauarro Casado lo mato pensando

que mataua a otro emulo suyo; que el vno o el otro lo hiziese, el se

quedo muerto de las estocadas que le dieron; y prosiguiendo su uiaje

llego a casa de su Principe, el qual estaua echado en la cama, y

descuidado del mucho cuidado que Aguirre traia, el qual oyendo el

estruendo y alboroto que aquellos ministros de Satanas traian, se

levanto de la cama desnudo en camisa, y como uio a Lope de Aguirre le

dijo: ques esto, padre mio; el qual le rrespondio: asegurese vuestra

Ecelencia, y pasando de largo entro donde estauan el capitan Miguel

Serrano y el mayordomo Gonzalo Duarte y un Baltasar Corthes Cano, y

dandoles muchas estocadas y laucadas y arcabuzazos los mataron.

El Martin Perez y Juan de Aguirre lo[333] oluidando lo que Lope de

Aguirre les auia mandado, biendo andar toda la jente rrebuelta y

alborotada, haziendose herradizos y contradizos con su Principe Don

Hernando de Guzman, le dieron ciertos arcabuzazos y estocadas con que

miserablemente y cruelmente acauaron y dieron fin aquel su ynfelize

estado.

Veis aqui cunplido lo que arriua se dijo: que Aguirre hazia rreyes y

quytaua rreyes; veis aqui acauado el estado y rreino de Don Hernando de

Guzman, principe de Tierra Firme; veis aqui conclusa su grauedad, que

auia ya tomado mucha y muy sin fundamento; veis aqui fenecida su gran

uanidad; veis aqui consumida su gran ynchazon; veis aqui desecha su

casa y majestad de Principe; veis aqui despedidos sus criados y

oficiales de su casa, y algunos muertos, y que no sauen quyen les pagara

el salario que les auia señalado[334], si Lope de Aguirre querra

descar[335] su conciencia con ellos; veis aqui los priuados auatidos;

veis aqui los gentiles honbres sin señor a quien aconpañar ni tener

palacio; veis aqui en que pararon y el fin y efeto que vuieron aquellas

quentas que echava Don Hernando con sus priuados, viendose con titulo de

Principe de Tierra Firme, diziendoles yremos a Piru y alla me coronare y

bosotros que me aueis colocado en este estado os hare muy grandes

mercedes, os dare muy ricos rrepartimientos, vos yntitulare señores de

Salica, y al fin todos seremos señores de todo lo que quysieremos; no

abra cosa que deseen nuestros corazones y boluntades que se les pueda

denegar, y tantos banos pensamientos como tubo, y de tanta prosperidad

como se prometia, no se dizen que le ayan oydo dezir que auia de

careszer su cuerpo de sepoltura, ni que avia de auer algun bario suceso

o desastrado fin, sauiendo por cosa clara que el paradero de los que

andando como el andaua no auia de ser otro del que obo a los ueinte y

dos de Mayo de mill e quinientos y sesenta y un años.

Historia de Venezuela, Tomo II · 第 99 / 273 题