Muchas y celebres conversaciones de sobremesa pasaron á la Historia
ilustradas con grandes nombres, y aún grandes acontecimientos de la
Historia se decidieron entre la _poir et le fromage_. De la panza sale
la danza, y esta danza del bien comer, danza de la vida, como aquellas
famosas danzas de la muerte, evocadas por poetas y pintores en la Edad
Media, á nadie excusa de danzar y todos hacen en ella su mudanza, unos
con gentileza y garbo, otros con más presunción que gracia; otros sin
una ni otra, tímidos y encogidos; pero todos al mismo son, que es la
armonía bien concertada de la vida que nunca pierde el compás, aunque
puede parecerlo alguna vez—á los que más atiendan al moverse de los
danzantes humanos que al son de la música divina.
Suelen ser mis comensales, muchas veces un periódico, revista ó libro,
sostenido entre la copa y el plato, cosa mal vista de los higienistas,
pero no se que más pueda perturbar la digestión, una lectura agradable
que un impertinente compañero de mesa ó que una orquesta próxima, así
sea la banda de alabarderos. Otras veces mis comensales son de las más
variadas condiciones y procedencias, y de todo se charla y de todo se
opina con la mayor disparidad de criterio, que no soy yo hombre de
compromisos políticos ni artísticos, ni mucho menos morales, para no
permitir la libre emisión de todos los disparates. Son juicios orales
sin reo y sin sentencia: personas y cosas son llamados á el, solo como
testigos y al final es siempre la absolución, sin más costas que haber
amenizado la sobremesa. Y he aquí, que como al terminar la comida
recoge el doméstico las migajas materiales, recojo yo las migajas del
alimento espiritual, que son estas charlas de sobremesa en que de todo
se habla, de todo se opina y nada se condena. Y para que nunca nos
falte qué comer ni de qué hablar, empecemos piadosamente diciendo: el
pan nuestro de cada día dánosle hoy ...
[Ilustración]