LA PRUDENCIA DEL RAPOSO

--Aquí debíamos jugarle una buena pasada a ese granuja--murmuró

Estúñiga, a quien desde la tarde del domingo se le había atragantado el

padrino de Corito.

--¿Dónde está alojado ese señor?--preguntó el Raposo.

--En el parador del Vizcaíno--contestó Estúñiga--. Una noche nos

quedamos fuera de puertas, al anochecer...

--¿Para qué?--preguntó brutalmente el Calavera.

--Toma, ¿para qué? Para salir del pueblo.

--¡Ja... ja... ja...!--rió el tabernero.

--¿De qué se ríe usted?--preguntó Estúñiga.

--¿Tú crees que nosotros necesitamos quedarnos fuera de puertas?

--Pues si no tendrán ustedes que salir por el portal de San Juan.

--Ni por el portal de San Juan, ni por ninguno. Pregúntale al Raposo.

--¡Silencio!--exclamó el Raposo--. Me parece que estás hablando

demasiado, Calavera. Cuando se tiene la cabeza dura como la tienes tú,

se espera a que hablen las personas de juicio.

El Calavera refunfuñó y se calló.

--Yo tengo pensado un plan--indicó el de la zamarra--; más tarde

hablaremos de eso.

--Y usted, ¿hace mucho tiempo que conoce a Aviraneta?--preguntó Pello.

--Mucho tiempo, mucho. Si no les molesta, en un momento les contaré cómo

le conocí. Por esta historia podrán ver los procedimientos que emplea

ese bandido de Aviraneta.

--Cuente, cuente usted--dijo Estúñiga.

--Trae un poco de vino, tú--dijo el Raposo al Calavera.

Este se levantó pesadamente, mascullando; volvió con un porrón y lo dejó

sobre la mesa.

El hombre de la zamarra bebió un sorbo, se limpió los labios con un

pañuelo de hierbas y comenzó la historia.

El aprendiz de conspirador · 第 73 / 204 题