UN HOMBRE ENIGMÁTICO

Antes de despedirse oyó Pello que el señor de la Piscina y el de

Ribavellosa hablaban del padrino de Corito.

--Debe ser hombre inteligente, ¿eh?--dijo él, mezclándose en la

conversación.

--Mucho.

--¿Es del partido?

--Sí; ¡ya lo creo!--contestó el de la Piscina, con su gravedad

acostumbrada--; trabaja infatigablemente por la buena causa.

Sin duda, el padrino de Corito era un carlista acérrimo.

Leguía se despidió de sus amigos; fué a la casa de huéspedes, y después

de cenar estuvo charlando con el capitán Herrera. De pronto se acordó

que el capitán había hablado con el padrino de Corito la noche anterior,

y le preguntó:

--¿Averiguó usted quién era el viajero del otro día?

--Sí.

--¿Quién es?

--Un enviado del Gobierno.

--¿Entonces será liberal?

--Liberalísimo. Un revolucionario impenitente.

Pello no replicó. El padrino de Corito resultaba un tipo raro y ambiguo.

Los unos le tenían por carlista entusiasta, los otros por un

revolucionario.

No podía ser las dos cosas al mismo tiempo; más fácil era que no fuese

ninguna de las dos, y que aparentase, según sus conveniencias, profesar

tan pronto una opinión como otra.

Realmente, su actitud era un poco misteriosa. Había estado en casa de

las Piscinas, había tenido una conferencia con Salazar y saludado a las

de Echaluce. Para que nada faltara estuvo media hora en la botica y un

momento en el café de Poli.

Aquel viajero audaz había pasado todos los Rubicones laguardienses como

quien salta un charco.

--¿Quién era este hombre? ¿Qué buscaba?

El aprendiz de conspirador · 第 69 / 204 题