Era la torre triste y solitaria; ni un ajimez se abria en sus muros,
ni un guarda vagaba en sus almenas; entre estas se elevaba una cúpula
dorada, y sobre ella una veleta de hierro rechinaba al embate de las
auras.
Ni un aduar, ni una aldea se veian á lo léjos de los extensos
horizontes; era la torre como una palmera solitaria en el desierto;
como una nave abandonada en la inmensidad de los mares.
Tras la pequeña puerta de herradura que habia dado paso á la gacela y á
Al-Hhamar, se extendia una galería con cupulinos matizados de colores y
sostenidos por delgadas columnas de jaspe; esta galería daba paso á una
sala embaldosada de alabastro y terminada por la cúpula cuya techumbre
se veia en el exterior.
Aquella cúpula estaba rodeada por hermosos trasparentes, á través
de los cuales pasaba una luz ténue y pálida, que daba un misterioso
prestigio á los versos del Koran, escritos en los muros con caractéres
de oro, sobre fondos azules y rojos.
En medio de la sala habia un braserillo con fuego, y sentado junto á
él, sobre almohadones de seda, estaba un anciano de semblante severo y
barba blanquísima, envuelto en una larga túnica; tenia junto á sí un
gran libro y en la diestra una vara mágica.
La gacela pasó como un relámpago por delante del anciano, y desapareció
por otra puerta, que se cerró con estruendo tras ella; Al-Hhamar se
detuvo no atreviéndose á allanar la morada ajena.
--Allah te guarde, anciano, dijo dirigiéndose al hombre de la barba
blanca; Allah te guarde y su paz sea contigo. ¿Qué tierra es esta
adonde se llega por un camino tenebroso como la tumba, á quien defiende
un abismo, y donde se eleva un alcázar solitario como mi alma y triste
como mi pensamiento?
El anciano se levantó dejando conocer su aventajada estatura, y su
ancho ropaje flotó como agitado por un impulso invisible.
--¡Creyente! exclamó con una voz vibrante y sonora como la de una
trompeta de guerra: tu corazon es fuerte y tu pensamiento noble; tu
brazo ha levantado la espada de Dios sobre la cabeza de los infieles,
y dias de ventura han sido para la raza de Ismael, aquellos que han
corrido desde el dia que tus ojos se abrieron á la luz; la misericordia
de Allah te ha hecho grande entre los poderosos, y el genio de las mil
lenguas ha extendido tu nombre sobre la haz de la tierra: has sido
justiciero con el malvado, consolador con el triste y generoso con el
vencido. Los pueblos acatan tus virtudes, y los hombres se inclinan
ante tí: y á pesar de tu grandeza, ¿por qué pides su paz á Allah, y
encuentras en _tu alma una tristeza profunda que hace tus dias sombríos
y tus noches sin sueño_?
--¡Poderoso genio! contestó prosternándose Al-Hhamar, porque el corazon
del hombre es insaciable, y sus ojos están ciegos. Yo he peregrinado
sobre la tierra pisando siempre un camino de espinas, y no me ha
abandonado la fe; he buscado un amigo entre esos hombres á quienes he
tratado como hermanos, y no le he encontrado; he codiciado una mujer
para dilatar mi espíritu en su amor, he visto mi alma solitaria y
sedienta, en medio de mi harem habitado por las mujeres más hermosas
del mundo, y en todas he hallado la impureza y la falsía. ¡Dichoso el
creyente á quien Dios concede una mirada de paz, mientras duerme en su
tienda de cuero, junto á una mujer alma de su alma!
El hermoso semblante de Al-Hhamar se contristó, y de su corazon, seco y
árido, brotó una ardiente lágrima.
--¡Al-Hhamar! dijo la pujante voz del viejo, has llegado hasta mí,
siguiendo á la gacela fugitiva de tu esperanza, y has recorrido sin
temblar el oscuro camino de la muerte; el puente Sirat no se ha roto
bajo tu planta, y estás en la última region donde la luz no alcanza
fin; el alcázar eterno se ha abierto para tí, y Allah te permite leer
en tu destino. Yo soy el que será; soy el genio del Porvenir.
--¡Allah Akbar! exclamó el rey uniendo su rostro al pavimento, ¿ha
llegado el dia en que mi espíritu venga á morar entre los séres
incorpóreos?
--Aún no, repuso el viejo; mas lo que ha de suceder sucederá.
Entonces tomó el libro y le abrió; sobre una de sus páginas se veia
escrito el nombre de Al-Hhamar con caractéres de fuego, el genio rompió
la hoja de pergamino que le contenia, y la arrojó al braserillo; bien
pronto se alzó una llama azulada á la que sucedió un humo blanco y
denso.
El anciano puso su vara en contacto con el humo que se dilató.
--¿Tienes valor para sufrir tu última prueba? preguntó el anciano al
rey.
--¡Dios es fuerte! contestó Al-Hhamar, sea con él mi espíritu.
--Cúmplase lo que está escrito, dijo el genio.
Entonces tomó formas y vida la neblina producida por el humo, y
Al-Hhamar vió levantarse ante él las montañas, la vega, y en fin,
Granada tendida á lo léjos sobre las distantes colinas; el sol, cercano
al ocaso, la iluminaba con sus rayos horizontales, y espesas nubes se
columpiaban en los aires presagiando una tormenta.
Un hombre, cabalgando en un caballo negro, corria al galope sobre el
camino que atraviesa el alto del Padul[21] en direccion á la ciudad. Su
alquicel flotaba al viento, y el sol reflejaba en el bonete de acero,
que rodeado de un turbante blanco, ceñia su cabeza; su fisonomía,
en que se notaba el paso de sesenta inviernos, tenia una expresion
semejante por lo feroz á la del lobo y por lo astuta á la de la zorra;
aquel hombre iba sin duda impulsado por un grave motivo, puesto que
espoleaba al bruto blasfemando, y blandiendo una larga lanza que
empuñaba fuertemente en su diestra.
[21] Conocido ahora con el nombre de _El Suspiro del Moro_.
--¿Conoces á ese hombre? preguntó el genio á Al-Hhamar.
--Es Abu-Yshac, el más valiente de mis walis; una de las columnas
del Islam, y el bravo entre mis guerreros. Mas ¿por qué abandona la
alcaidía de mi castillo de Comares, mientras los nazarenos recorren la
frontera, ansiando sorprendernos como el tigre africano que vaga en
derredor de los fuegos de una caravana, cuando despliega sus tiendas de
reposo en el desierto?
--Mira: dijo el genio extendiendo su vara mágica sobre la vision; ante
tu vista va á pasar el porvenir; tú mismo te verás entre tus gentes, y
mi poder te descubrirá los arcanos más profundos.
La vista de Al-Hhamar adquirió un alcance maravilloso y vió pasar ante
él lo siguiente.