Donde se prosiguen los sucesos de don Quixote con los representantes.
Admirados quedaron en sumo grado los comediantes de ver el estraño
genero de locura de don Quixote, y los disparates que ensartaba; pero
Sancho, que habia estado escuchando detras del autor todo lo que su amo
habia dicho, le dixo: Pues, señor Desamorado, ¿como va? Acá estamos
todos por la gracia de Dios. ¡Oh Sancho! dixo don Quixote, ¿qué hazes?
¿Hate hecho algun mal este nuestro enemigo? Ninguno, respondió Sancho;
si bien es verdad que me he visto ya casi con un asador en el rabo, en
que queria este señor moro asarme para comerme; pero hame perdonado
por ver me he tornado moro. ¿Qué dizes, Sancho? dixo don Quixote:
¡moro te has tornado!¿Es posible que tan gran necedad has hecho? Pues
pesie á las barbas del sacristan del Argamesilla, respondió Sancho,
¿no fuera peor que me comiera, y que despues no pudiera ser moro ni
cristiano? Calle; que yo me entiendo; escapemos una vez de aqui; que
luego despues verá lo que pasa. Entonzes el autor, apiadandose de las
congojas y trasudores en que veia á don Quixote, cansados ya de reir
los estudiantes, Barbara y toda la compañia, dixo: Agora sus, señor
caballero, no es ya tiempo de más disimular ni de traer encubierto lo
que es razon que se descubra; y asi habeis de saber, señor don Quixote,
que yo no soy el sabio vuestro contrario de ninguna manera; antes soy
un grande y fiel amigo vuestro, y cual tal siempre y en todas partes
he mirado y miro por vuestros negocios mejor que vos proprio, y agora
por probar vuestra prudencia y sufrimiento he hecho todo lo que habeis
visto: por tanto, dexenle todos luego, y huelgue y repose en este mi
castillo todo el tiempo que le pareciere; que para tales principes
y caballeros como él le tengo yo aparejado; y dadme ¡oh famosisimo
caballero andante! un abraço; que aqui estoy para serviros, y para
no hazeros daño alguno, como pensastes; y advertid que el venir aqui
vos y la gran reina Zenobia ha sido todo guiado por mi gran saber,
porque os importa infinito á vos y á vuestros servidores llegueis á
la gran corte del rey Catolico, en la cual os aguardan por momentos
un millon de principes, y de do habeis de salir con grande aplauso
y vitoria. Soltaronle en esos los moços, y el autor le abraçó, y
con él los compañeros hizieron lo mismo. Cuando don Quixote se vió
suelto, asombrado de como él le tenia por nigromantico, y lo que le
habia dicho, teniendolo todo por verdad, se levantó, y abiertos los
braços, se fue para él diziendo: Ya yo me maravillaba ¡oh sabio amigo!
que en tan grande trabajo y tribulacion como en la que agora me habia
puesto, dexasedes de favorecerme con vuestra prudentisima persona y
eficazes ardides: dadme esos braços, y tomad los mios, desmembradores
de robustos gigantes, y verdugos expertos de enemigos vuestros y
mios. Con esto todos le volvieron á abraçar con nuevas muestras de
alegria, y llegandose la muger del autor á ver el rostro de aquel loco,
á quien todos abraçaban, le dixo, considerada su ridicula figura:
Señor caballero, yo soy hija de aqueste grande sabio su amigo: mire
v. m. que si en algun tiempo hubiere menester su favor, ó si algun
gigante ó mago me llevare encantada, que no dexe de favorecerme en
todo caso; que aqui mi padre se lo pagará:--y aun (dixo otra de las
representantes, que estaba aparte riendo) le dexará entrar de balde
en la comedia, con solo medio real que le ponga en la mano. Respondió
don Quixote: No es menester, soberana señora, encargarme á mi lo que
á vuestro servicio toca, teniendo yo tantas obligaciones á vuestro
sabio padre; pero creedme, que aunque todo el universo se conjurase
contra vuestra beldad, y todos cuantos sabios y magos nacen en Egipto
viniesen á España para tocaros en un solo pelo de la cabeça, que
yo solo, dexado aparte el gran poder de vuestro padre, bastaria,
no sólo para defenderos y sacaros á pesar suyo de sus manos, sino
para poner en las vuestras sus alevosas y falsas cabeças. En esto le
llamó el autor diziendo: Señor caballero, ya la cena está aparejada
y las mesas puestas; y asi v. m. se sirva de venirnosla á honrar en
compañia mia y destos señores, porque despues tenemos que hazer un
negocio de importancia. Esto dixo porque pensaba ensayar en cenando
una comedia que habian estudiado para Alcala y la corte. Estaba Sancho
maravillado de ver á su amo libre de aquella prision, y tan alegre,
que llegandose al autor le dixo: ¡Ah señor sabio! esto de tornarme yo
moro, ya que su merced nos ha dado á conocer su valor, ¿ha de pasar
adelante? porque en Dios y en mi conciencia me parece que no lo puedo
ser de ninguna manera. Respondiole el autor diciendo: ¿Pues por que
no lo podeis ser? Porque quebrantaré, dixo él, cada dia la ley de
Mahoma, que manda no comer tocino ni beber vino; y soy tan bellaco
guardador deso, que en viendolo á mano, no dexaré de comer y beber
dello si me aspan. A esto respondió un clerigo que acaso se halló
en la venta: Si v. m., señor Sancho, ha prometido á este sabio mago
volverse moro, no se le dé nada de la promesa, pues yo, en virtud de
la bula de compesacion, le absuelvo asi della como de lo hecho; y lo
puedo hazer en su virtud, con sólo darle de penitencia que no coma ni
beba en tres dias enteros; y advierta que con sólo cumplir esta leve
penitencia se quedará tan cristiano como antes se estaba. Eso, señor
licenciado, no me lo mande, respondió Sancho, pues no digo tres dias,
pero aun tres horas no me atreveria á cumplir esa penitencia, aunque
supiese que me habian de quemar, no haziendolo: lo que v. m. me puede
recetar, si le parece, es que no duerma con los ojos abiertos, ni beba
con los dientes cerrados, ni traiga el sayo baxo la camisa, ni haga
mis necesidades atacado. Estas cosas, aunque tienen su dificultad,
yo le doy palabra de cumplillas, en Dios y mi conciencia. Llegaron
tras estas razones á sentarse á cenar á la mesa; y antes de hazello,
estando todos al rededor della en pie y quitados los sombreros, començó
el clerigo á echar la bendicion en latin, y començaron á cenar; y
dixo el autor: Sepan vs. ms., señores, que la causa por que Sancho
no se quitó la caperuça á la bendicion, es porque aun le han quedado
las reliquias de cuando era moro, si bien es verdad que aun está por
retaxar y circuncidar; pero he dilatado el hazello, porque lleno de
lagrimas me rogó denantes que le retaxase, si era forçoso hazello,
de la caperuça, y no de la parte en que de ordinario se ejecuta la
circuncision, por ser esa la de que su muger estaba más celosa, y de
quien le pedia más cuenta. Y tras esto fue contando todo lo que con
él le habia sucedido; y acabando de hazello con la cena, levantados
ya los manteles, prosiguió volviendose á don Quixote, y diziendole
como para hazerle fiesta en aquel su castillo habia mandado hazer una
comedia, en la cual entraba tambien él, y la que le dixo que era su
hija. Don Quixote se lo agradeció con mucho comedimiento; y sentandose
en el patio de la venta en compañia de Barbara, del clerigo, de los dos
estudiantes, y de Sancho y de los de la posada, començaron á ensayar
la grave comedia de El testimonio vengado, del insigne Lope de Vega
Carpio, en la cual un hijo levanta un testimonio á la Reina su madre en
ausencia del Rey, de que comete adulterio con cierto criado, instigado
del demonio, y agraviado de que le negase un caballo cordobes en cierta
ocasion de su gusto, guardando en negarle orden expreso que el Rey su
esposo le habia dado. Llegando pues la comedia á este paso, cuando don
Quixote vió á la muger del autor, á quien él tenia por su hija, tan
afligida, por hazer el personage de la Reina, á quien se levantaba el
testimonio, y por otra parte advirtió que no habia quien defendiese
su causa, se levantó con una repentina colera, diziendo: Esto es una
grandisima maldad, traicion y alevosia, que contra Dios y toda ley se
haze á la inocentisima y castisima señora reina; y aquel caballero que
tal testimonio le levanta, es traidor, fementido y alevoso, y por tal
le desafio y reto luego aqui á singular batalla, sin otras armas más
de las con que agora me hallo, que son sola espada. Y diziendo esto,
metió mano con increible furia, y començó á llamar al que levantaba el
testimonio, que era un buen representante, el cual riendose con todos
los demas de la necia colera de don Quixote, se puso en medio con
su espada desnuda, diziendole que aceptaba la batalla para la corte
delante de su magestad, con solos veinte dias de plaço; y mirando si
hallaba alguna cosa por alli que dalle en gaje, vió arrimada á un poste
de la venta una albarda, y sobre della un ataharre, y tomandole medio
riendo, se le arrojó diziendo: Alçad, caballero cobarde, esa mi rica
y preciada liga, en gaje y señal de que sea nuestra batalla delante
de su magestad para el tiempo que tengo dicho. Don Quixote se abaxó y
la tomó en la mano; y como vió que del hazello se reian todos, dixo:
No es de valientes principes reirse de que un traidor y alevoso como
este tenga animo para hazer batalla conmigo; antes habian de llorar,
viendo á la señora reina tan afligida, aunque su ventura ha sido no
poca en haberme hallado yo presente en tal trance, para que semejante
traicion no pase adelante. Y volviendo la cabeça dixo á Sancho: ¡Oh
mi fiel escudero! toma esta preciada liga del hijo del Rey, y metela
en nuestra maleta hasta de hoy en veinte dias; que tengo de matar á
este alevoso principe que tal testimonio ha levantado á mi señora la
Reina. Sancho la tomó y dixo á su amo: ¿Para que quiere v. m. que
metamos este ataharre en la maleta entre la ropa blanca, estando tan
sucio? Dele al diablo; que yo le ataré en la cincha del rucio, y alli
irá hasta que topemos cuyo es. ¡Oh necio! dixo don Quixote, ¡y eso
llamas ataharre! Pues ¿que diablos, dixo Sancho, es, sino ataharre?
¿No ves, animalazo, replicó don Quixote, que es una riquisima liga
del hijo del Rey, como lo dizen estos rapacejos de oro, de cada uno
de los cuales cuelga una esmeralda ó un rubi ó un diamante? Lo que yo
veo aqui, respondió Sancho, si no estoy borracho, es una empleita de
esparto con dos cordeles á los cabos, harto sucios, y sirve de ataharre
de algun jumento. ¿Hay tal locura semejante, dixo don Quixote, como
la de este escudero, que una liga de tafetan doble, encarnado, diga
que es ataharre? Digo, respondió Sancho, una y docientas vezes que
es tan ataharre como mi agüelo: no tiene que porfiar. Maravillaronse
todos de la porfia del amo y del criado sobre el ataharre; y llegando
el autor, le tomó en la mano diziendo: Señor Sancho, mire v. m. bien
lo que dize y abra los ojos; que este ataharre, para lo deste mundo
es liga, y de grandisimo valor; para lo del otro, no digo nada. Ello
será lo que yo digo, respondió Sancho; que no soy ciego, y tengo
gastados más ataharres destos, que hay estrellas en el limbo. En esto
salió un labrador de la caballeriza, cuya era la albarda y ataharre, y
llegandose á Sancho le dixo: Hermano, dad acá mi ataharre; que no está
ahi para que vos os alçeis con él. Holgó Sancho infinito de oir esto; y
volviendose lleno de risa á los circunstantes, les dixo: ¡Bendito sea
Dios, señores, que estaran contentos! A fe que agora, aunque les pese,
han de confesar mi buen juizio, pues ven que acerté de la primera vez
que este era ataharre, cosa en que jamas supieron caer tantos y tan
buenos entendimientos. Y diziendo esto, dió el ataharre al labrador,
lo cual viendolo don Quixote, se llegó á él, y tirando reciamente, se
le quitó diziendo: ¡Ah villano soez! ¿y de cuando acá fuiste tú digno
de traer una tan preciada liga como esta, ni todo tu çafio linage?
Tras lo cual se le iba á meter en la faltriquera; pero impedioselo el
labrador, que no sabia de burlas, asiendole del braço, y porfiando don
Quixote que se lo contradezia. El labrador, en fin, como era hombre
membrudo y de fuerça, y esas le faltaban á don Quixote, por estar tan
flaco, pudo darle un empellon tal en los pechos, que le hizo caer con
él de espaldas, y saltandole encima, le quitó por fuerça el ataharre
de la mano. Llegó Sancho en esto á ayudar á su amo, dando dos ó tres
crueles moxicones en la cabeça al labrador, el cual revolviendo hecho
un leon contra Sancho, le cinchó dos ó tres vezes el ataharre por
la cara. La risa de los comediantes era notable, grande la prisa de
los estudiantes en despartilles, notable la diligencia de Barbara en
ayudar á levantar á don Quixote, cuya colera era infinita, y mayor
el sufrimiento del pobre Sancho, el cual puesta la mano sobre las
narizes, de las cuales le salia mucha sangre, por haberle alcançado
el labrador con el ataharre en ellas, començó á ir furioso tras él
hazia la caballeriza diziendo: Aguarda, aguarda, descomunal arriero,
y verás si te hago confesar, mal que te pese, que eres mejor que yo,
con ser un grandisimo bellaco, puto y hijo de otro tal. Don Quixote
le dió vozes diziendo: Vuelvete, hijo Sancho, y dexale ir; que harto
trabajo lleva consigo, pues como infame ha huido de la batalla sin osar
atendernos; pero ¿qué ha de osar atender un sandio tal cual él es? Y ya
te he dicho muchas vezes que al enemigo que huye, la puente de plata;
y si nos lleva la preciada liga, no hay que espantar dello; porque
muchos ladrones, yo he leido en libros, que han robado á caballeros
andantes no sólo sus preciados caballos, sino tambien sus ricas armas,
ropa y joyas. No me espanto del hurto, dixo Sancho; que avezado está
v. m. á que ladrones se le atrevan á hurtar joyas preciosas; que ya en
Çaragoça otro me hurtó de las manos, con las uñas de las suyas, las
reales agujetas del ave fetrix, ó como se llama, que v. m. ganó por
su buena lança en la sortija. Encolerizose don Quixote desta nueva,
diziendo: Pues, ¿como villano, si tal pasó, no me lo dixiste luego
alli, para que hiziera añicos, al ladron atrevido? Por ahorrar de
pesadumbre á v. m., respondió Sancho, lo he callado, y por temor de que
no le causase alguna pasacolera el enojo; pero baste el que he tenido
por ello, y las lagrimas que me han costado las negras agujetas. Y
diziendo esto començó á llorar, repitiendo: ¡Ay agujetas de mi anima!
¡desdichada de la madre que os parió, pues tal desgracia ha visto
pasar por vosotras! No os olvideis, os ruego, por las entrañas de
Cristo, deste vuestro fiel y leal servidor, pues yo mientras viviere
no me olvidaré de vosotras ni de vuestra bonisima condicion. ¡Asi mal
provecho le hagan al ladron vuestra dulzura y sabor! Acallole don
Quixote, dandose por pagado de sus lagrimas y del perdon que tras
ellas le pidió por la perdida; y saliendo de su asiento el autor,
lleno de risa, le tomó por la mano y le dixo: V. m., señor caballero,
lo ha hecho muy bien en esta batalla, y asi tras ella será razon nos
vamos á acostar, por ser ya tarde y estar v. m. cansado; y quedese la
comedia en este punto. Y llevandole con Sancho á un mal aposento que
les habia prevenido, no se quiso salir dél hasta que los dexó á ambos
acostados y cerrados, temiendo no echasen sus moços al pobre de Sancho
una melecina de agua fria, como sabia lo tenian pensado. Llegada la
mañana, se salió sin dezirles nada, por consejo de los estudiantes,
el autor con toda su compañia, de la venta, y se fue para Alcala.
Levantose algo tarde, por el cansancio de las pendencias pasadas, don
Quixote, abriendole la puerta el ventero; y la primer cosa que hizo
en despertar fue preguntar á Sancho por la reina Zenobia, y si la
habian dado cama y todo recado la noche pasada, con la decencia que
su real persona merecia. Yo, señor, respondió Sancho, como estuve tan
ocupado en la sangrienta batalla que tuvimos con aquel que nos hurtó
el ataharre ó liga, ó como es su gracia, no me acordé della más que
si no fuera reina; pero á lo que entendi, dos moços de aquellos de los
representantes la hizieron merced de llevarla consigo, con no poco
gusto della, por no dar que dezir á malas lenguas. Estando en esto,
subió Barbara con los estudiantes adonde estaba don Quixote y Sancho,
diziendo: Muy buenos dias tenga la flor de los caballeros: ¿como le
ha ido á v. m. esta noche? ¡Oh señora reina! respondió don Quixote,
la v. m. perdone el descuido que con su real persona esta noche se ha
tenido, porque la culpa tiene el negligente Sancho, que, teniendole
mandado que ande siempre delante de v. m. para ver lo que se le antoja,
mirandola á la cara, se ha descuidado, de puro molido de las batallas
pasadas, segun agora me acababa de dezir. A esto respondió Sancho: Yo,
señor, harto la miro á la cara; pero como la tiene tan bellaca, todas
las vezes que la miro y la veo con aquel sepan cuantos en ella, me
provoca á dezirle, «cocale, marta,» cancion que dezian los niños á una
mona vieja que estos años atras tenia en la puerta de su casa el cura
de nuestro lugar. ¡Malos dias vivas, respondió Barbara, y no llegues,
bellaconazo, á los mios, plegue á Cristo! pero calla; que á fe no lo
vayas á penar al otro mundo; que hartas pesadumbres sé yo dar de noche
á otros más agudos que tú, y en manos está el pandero que le sabran
bien tañer. Los estudiantes dixeron á Sancho: Señor Sancho, no moleste
v. m. á la señora Reina, que sabe hazer lo que dize, mejor de obras
que de palabras. ¿Para qué, diga, quiere verse alguna noche volando
por las chimeneas entre vasares, platos y asadores, donde se vea y se
desee, y llore el no haber querido obedecerla? Pues si ella, respondió
Sancho, me haze volar por los vasares, yo me quexaré á quien por toda
su vida le haga bogar en las galeras. ¿Pues no ve v. m., replicó el
uno de los estudiantes, que las mugeres no reman? ¿Y que se me da á
mí que no remen? respondió Sancho; basta que si ella no remare, á lo
menos servirá de dar refresco á la chusma; que para eso yo sé que no
le faltará gracia; y estando alli con más comodidad, podrá parecerse
de veras en todo á las nubes, ya que por muger en algo les haya de
parecer. ¿Pues en qué, dixo el estudiante, les ha de parecer, ó como
les parece en todo? Respondió Sancho: En que cargará en la mar, como
hazen las nubes, lo que despues á pura fuerça de truenos y relampagos,
descargará en lluvia sobre la tierra; que eso hará si se empreñare
en el agua, pues á fuerça de gritos y suspiros, habrá despues de
vaziar su cargaçon; que en lo demas, llano es que todas las mugeres se
parecen á las nubes, de las cuales por experiencia sabemos donde y
como descargan, lo mismo que ignoramos donde y como se entró en ellas.
Rieron los estudiantes y la misma Barbara de la astrologa aplicacion
de Sancho; pero don Quixote, que no tenia de risible más que la nariz
y potencia remota, dixo con despego y zuño á Barbara: La v. m. no haga
caso ya más de lo que dixere este necio, pues lo es tanto, que jamas
dirá sino badajadas: lo que por agora importa es que tratemos de partir
de aqui; porque hoy pretendo entrar en la corte, si no es que se me
ofrezca en contrario alguna forçosa ocupacion y peligrosa aventura
que me detenga en Alcala. Y llamando al huesped, remató con él las
cuentas con solo agradecerle el hospedaje, y fuele facil salir de su
venta él y sus compañeros con tan ligera paga, por haberla ya hecho
cumplida por todos el autor de la dicha compañia, apiadado de la locura
de don Quixote y simplicidad de su escudero, y dandose por pagado con
los malos ratos que les habia dado, y buenos y entretenidos que él y
su compañia habian recebido. Subió don Quixote en Rocinante, armado
como solia, Sancho en su rucio, y Barbara en su mula, quedandose los
estudiantes atras, por estar ya tan cerca de Alcala, do por su honra
no quisieron entrar acompañados de compañia tan ocasionada para vayas
y fisgas y matracas, como la de don Quixote, á quien dixo Barbara en
començando á caminar: Señor caballero, v. m. me la ha hecho muy grande
en haberme traido desde Sigüença hasta aqui, y en haberme vestido, dado
de comer y cabalgadura, como si fuera una hermana suya; pero si v. m.
no me manda otra cosa, yo determino quedarme aqui en Alcala, que es mi
patria, do si en alguna cosa le pudiere servir, lo haré, mandandome
con la voluntad que diran las obras. Señora reina Zenobia, respondió
don Quixote, mucho me maravillo de oir tal resolucion á persona tan
discreta, y que ha hecho tantos, tan grandes y peligrosos caminos por
reinos incognitos solo por hallarme, obligada de la fama de mi valor y
persona. ¡Como es posible que agora que tiene mi compañia, que tanto ha
deseado y procurado, que la quiera asi dexar, no reparando en lo mucho
que he hecho y pienso hazer en su servicio, ni en las desgracias que
se le pueden ofrecer, atreviendosele sus enemigos y rebeldes vasallos,
sin el respeto debido al gran valor de su persona, viendola fuera de
mi amparo y lado! Por evitar pues estos y otros mayores inconvenientes
que se le pueden ofrecer, suplico á la v. m. cuan encarecidamente
puedo, se venga conmigo hasta la corte; que no pasaremos della en
muchos dias, atento que sabiendo los grandes mi llegada, es fuerça me
detengan, regalandome á porfia por honrarse de mi lado y aprender
cosas militares; y alli verá v. m. lo que en su servicio hago; y
despues que hubiere muerto al rey de Chipre, Bramidan de Tajayunque,
con quien tengo aplaçada la batalla, y al otro hijo del rey de Cordoba,
que ayer levantó aquel grave falso testimonio á su madre, quedará á la
eleccion de v. m. el irse á Chipre ó quedarse en la corte de España;
y asi por amor de mí se ha de hazer lo que agora suplico. Sancho, que
oyó lo que don Quixote habia dicho á Barbara, se llegó á él con mucha
colera diziendo: Par diez, señor, que yo no sé para que quiere que
llevemos con nosotros á la señora Reina; mucho mejor será que se quede
aqui en su lugar; que tanto nos ahorraremos. ¿Para que queremos llevar
con ella costa sin ningun provecho? ¡Gentil carga de basura para entrar
cargados de ella en la corte! Dela á Lucifer y no la ruegue más; que
el ruin, cuando le ruegan luego se ensancha; y no nos faltará sin ella
la misericordia de Dios. ¡Mirad que cuerpo, non de Judas Escariote,
con ella y con quien le parió y nos la dió á conocer! Pues á fe que
si se me suben las narizes á la mostaça y comienço á desbotricar, que
no sea mucho, estandose en su tierra, que la haga echar por la boca y
narizes más mocos y gargajos que echa un ahorcado en el rollo. Estanle
aqui haziendo á la muy cotorrera mil regalos y servicios, llamandola
reina y princesa, siendo lo que ella se sabe, como aquellos estudiantes
han dicho, ¡y agora se nos haze de pencas! Paguenos la saya y sayuelo
colorado y la mula y lo que nos ha hecho de costa, y adios, que me
mudo; ó como dize Aristoteles, alon, que pinta la uva; y á fe que si yo
fuera que mi señor, que se lo habia de quitar todo á moxicones, pues no
me conoce bien. ¡Oh villano! dixo don Quixote, y ¿quien te mete á tí
con la señora Reina? ¿Mereces tú, por ventura, descalçarle su pequeño
çapato? ¡Pequeño! respondió Sancho: en Sigüença me dixo suplicase á v.
m. la comprase un par de çapatos, y preguntandole yo cuantos puntos
calçaba, me respondió que entre quinze y diez y nueve, poco más.--¿Pues
no ves, insensato, que las amazonas son gente varonil, y como andan
siempre en las lides, no son tan delicadas y hermosas de pies como las
damas de la corte, que se estan en sus estrados regaladas y ociosas,
con que son más tiernas y femeniles que las valerosas amazonas? Con no
poca resolucion replicó Barbara á las malicias de Sancho, de que estaba
ofendida, diziendo: No pensaba, señor don Quixote, pasar de aqui; pero
por saber que doy á v. m. contento y hago rabiar á este bellaco de
Sancho, quiero llegar hasta Madrid, y alli servir á v. m. en cuanto
me mandare, á pesar deste villano harto de ajos. ¿Villano? respondió
Sancho; villano sea yo delante de Dios; que para lo deste mundo importa
poco serlo ó dexarlo de ser; pero es grandisima mentira dezir eso otro,
de que estoy harto de ajos, pues no comi esta mañana en la venta sino
cinco cabeças dellos que el ladron del ventero me dió por un cuarto:
¡miren si me habia de hartar con ellas! Mas dexando esto aparte, digame
por su vida, señora reina, ¿cual es peor? ¿haber estado ella esta noche
con aquellos dos moços de los comediantes, y almorzar con ellos esta
mañana una gentil asadura frita, bebiendose con ella dos azumbres de
vino, como dixo el ventero que ha hecho su merced, ó comer yo cinco
cabeças de ajos crudos? Hermano, respondió Barbara, si estuve con ellos
no fue por hazer mal á nadie; que libre soy como el cuclillo, y no
tengo marido á quien dar cuenta, gracias á Domino Dio: et vivit Domine;
que más lo hize porque hazia un poco de fresco que no por bellaqueria,
como vos sospechais, que sois un grandisimo malicioso. ¿Malicioso me
llamais? replicó Sancho; á fe que no me lo osarades vos dezir detras
como me lo dezis delante; pero vaya; que más longaniças hay que días, y
bien sabemos aqui mamarnos el dedo, aunque bobos.