De como al salir nuestro caballero de Sigüença encontró con dos
estudiantes, y de las graciosas cosas que con ellos pasaron hasta
Alcala.
Luego que hubo amanecido, se fue el mesonero á llamar, como don Quixote
le habia mandado, un ropavejero, y traxo consigo el más hacendado
del lugar, que vino cargado de dos ó tres vestidos de muger, para
que quien le mandaba llamar escogiese el que más le contentase.
Llegados á casa, hallaron á don Quixote y á Sancho, que se acababan
de levantar; y dando aviso el mesonero á su huesped de como estaba
alli quien traia las ropas de muger que le habia mandado buscar, salió
á verlas, y saludandole cortesmente, mandó salir á la reina Zenobia
para que escogiese la que fuese más de su gusto; y mirandolas todas,
á la postre, por mejor y de más gala, que era en lo que don Quixote
tenia más puesta la mira, escogieron una saya, jubon y ropa colorada,
con gorbiones amarillos y verdes, y vivos de raso azul; y dandole al
dueño por todo doze ducados, se lo mandó vestir alli en su propria
presencia á la señora Barbara, á la cual, como viese Sancho vestida
toda de rojo, dixo, lleno de risa: Por vida de mi amantisima muger
Mari-Gutierrez, que es sola mi consorte, por no permitir otra cosa
nuestra madre la Iglesia, señora reina Zenobia, que cuando la miro con
tan bellaca cara, y en ella con ese rasguño mal igual, vestida por otra
parte toda de colorado, me parece que veo pintiparada una yegua vieja
cuando la acaban de desollar para hazer de su duro pellejo harneros y
cribas. Fuese el ropavejero contento de la venta; y quedando el huesped
tambien de la que hizo á don Quixote de una mula razonable que tenia
de alquiler, en veinte y seis ducados, en que determinó llevar con el
mayor toldo que le fuese posible á la reina Zenobia hasta la corte,
donde pensaba hazer maravillas defendiendo su rara belleza y hermosura
en publico palenque, almorzaron esa mañana todos con mucho contento,
hechas las dichas compras; y habiendose armado don Quixote, se salió
de la posada, dexandola pagada, diziendo á Sancho Pança que se viniese
poco á poco con la Reina, cuidando solo de su regalo y comodidad;
que él los iria aguardando sin adelantarse demasiado. Albardó Sancho
su rucio y acomodó sobre él la maleta del dinero y la demas ropa; y
llamando luego á Barbara, le dixo: Venga acá, señora reina; que por
vida de nuestra madre Eva, que puede ser vuesa magestad, segun está
de colorada, reina de cuantas amapolas hay, no solo en los trigos de
mi lugar, pero aun en los de toda la Mancha. Y poniendose tras esto
á gatas, como solia, volvió la cabeça diziendo: Suba: ¡subida la
vea yo en la horca á ella, y á quien acá nos traxo tan gentil carga
de abadejo! Barbara subió diziendo: ¡Oh Sancho, qué gran bellaco
eres! Pues calla; que si la fortuna nos lleva con bien á Alcala, yo
te regalaré mejor que piensas. ¿Con que me ha de regalar? replicó
Sancho; porque sepa que si no ha de ser con cosas de comer, y desas
con abundancia, no le daria un higo de oro tamaño como el puño por
todo lo demas que me puede dar. Mal gusto teneis, dixo Barbara, Sancho
mio, pues poneis el vuestro en cosas más de brutos que de hombres. Lo
con que yo, amigo, os regalaré, si llegamos á Alcala con la salud que
deseo, y paramos alli algunos dias, será con una mocita como un pino
de oro, con que os divertais más de dos siestas; que las tengo alli
muchas y bonisimas, muy de manga; y aun si vuestro amo quisiera otra y
otras, se las daré á escoger como en botica. Pues á fe, señora reina
Zenobia, dixo Sancho, que me holgaria mucho de que me endilgase alguna
buena zagala; pero ha de ser, si lo haze, hermosa y de linda pezuña, y
amostachada, para que nadie me la aoje ni desencamine, dando que reir
al diablo, que sudar á alguna partera, y que hazer á algun vicario ó
cura en cristianar algun fructus ventris. Necio sois, dixo Barbara, en
quererla amostachada, pues no hay Barrabas que se llegue á muger que
lo sea: dexadme á mí la elecion; que yo la buscaré de tan buena carne,
que no sea más comer della que comer de una perdiz. ¡Oxte, puto! dixo
Sancho; eso no. Alla darás, sayo; que no en mi rayo, como dizen los
sabios; que no soy yo de los negros de las Indias ni de los luteranos
de Constantinopla, de quienes se dize que comen carne humana. No me
faltaba otro para que, sabiendolo la justicia, me castigara; pues
sin duda me echaran, á probarseme tal delito, tan á galeras como las
trescientas de Juan de Mena. A la que ambos iban en esto, emparejaron
con don Quixote, que yendo aguardando, habia encontrado con dos
mancebitos estudiantes que iban á Alcala, con quienes habia trabado
platica, hablandoles en un latin macarronico y lleno de solecismos,
olvidado, con las negras leturas de sus libros de caballerias, del
bueno y congruo que siendo muchacho habia estudiado. Y si bien los
compañeros estaban para reventar de risa, por ver los disparates que
dezia, todavia no le osaban contradezir, temerosos del humor colerico
que las armas con que le veian armado pronosticaban debia gastar.
Cuando llegó Sancho á ellos y les vió hablar de aquella manera, dixo, á
su amo: Guardese v. m., mi señor, destos vestidos como tordos, porque
son del linage de aquellos del colegio de Çaragoça, que me echaron más
de setecientos gargajos encima; pero con su pan se lo coman; que á fe
que les costó poco menos caro que la vida; porque, como dizen, haz mal
y no cates á quien, haz bien y guardate. Al reves lo habias, necio, de
dezir, dixo don Quixote; pero veamos qué vengança tomaste dellos, y si
será mejor que la que tomaste en la carcel de Sigüença de los que tan
mal te pararon en ella. Mucho mejor es, replicó Sancho, aunque á fe que
aquella no fue mala; pero oigan esta otra; que gustaran de mi animo.
Erase que se era, que nora buena sea... Cuando don Quixote le començó
á oir, le dixo riendo: Por Dios que eres simple de marca mayor, pues
comienças á fuer de conseja la narracion de tu vengança. Razon tiene,
por vida mia, dixo Sancho, y corrigiendome, digo que, como aquellos
hideputas de estudiantes, progenitores sin duda destos dos señores
barbiponientes, me començaron á gargajear y á darme de pescoçones,
recebido aquel cruel gargajo con que, como dize un grandisimo bellaco
me tapó este pobre ojo, començé á enhilar hazia la puerta; pero
luego otro demonio de aquellos, como me vió ir corriendo con solo un
ojo, me puso el pie atravesado delante, con que dí un tan terrible
tropeçon, que vine á dar con él de manos fuera de la puerta; aunque
de todo cuanto tengo dicho, me vengué muy á mi gusto, pues alçando la
caperuça que se me habia caido, la tiré á otro que vi estaba cerca de
mí, con la cual le dí un porrazo tal en su capa negra, que lo fuera
no poco su ventura si el golpe que le dí con ella se lo diera con una
culebrina. Diablo sois, señor Sancho, dixo uno de los estudiantes; y
si asi tratais á los de mi habito, aunque no fueron aquellos cosa mia,
como dezis, no quiero con vos guerra, sino mucha paz y serviros lo que
nos durare este camino por mí y por mi compañero, que sé dél ajustará
su gusto al mio en cosa tan justa. Seralo, dixo don Quixote, que vs.
ms. nos hagan merced de contar y referir las curiosas enigmas de que
me venian dando noticia; que lo seran siendo parto desos fecundos
ingenios; que los que profesamos el orden de la caballeria andantesca,
movidos de fervorosos deseos, espoleados ellos de las prendas de
alguna hermosisima dama, tambien gustamos de cosas de poesia, y aun
tenemos voto en ellas, y nuestra punta nos cabe del furor divino; que
dixo Horacio, est Deus in nobis. Tales cuales fueron los borrones
nuestros, replicó el estudiante, serviremos á vs. ms. con referirlos. Y
será, dixo don Quixote, con no poca calificacion de sus prendas de vs.
ms. el hazerlo en presencia de la gran reina Zenobia, que aqui asiste,
pues su raro discurso bastará á dar eterno valor á cuanto ella alabare,
y haralo como discretisima en las cosas de vs. ms. Miraron en esto á
Barbara los estudiantes con no poca risa suya y corrimiento della, que
conoció el humor de los moscateles en las lisonjas y aplauso con que de
fisga se le ofrecieron ambos; tras lo cual dixo el uno: Con condicion
que declare Sancho con su eminente ingenio los siguientes versos, va de
enigma: