CAPITULO VII

Como don Quixote y Sancho Pança llegaron á Ateca, y como un caritativo

clerigo llamado Mosen Valentin los recogió en su casa, haziendoles todo

buen acogimiento.

Començaron á caminar don Quixote con su adarga y Sancho con su albarda,

que le venia como anillo en dedo, y en entrando por la primera calle

del lugar, se les començó á juntar una grande multitud de muchachos

hasta que llegaron á la plaça, donde en viendo llegar aquellas estrañas

figuras, se empeçaron á reir los que en ella estaban, y llegaronseles

los jurados y seis ó siete clerigos, y otra gente honrada que con ellos

estaban. Como se vió don Quixote en la plaça cercado de tanta gente,

viendo que todos se reian, començó á dezir: Senado ilustre y pueblo

romano invicto, cuya ciudad es y ha sido cabeça del universo, mirad

si es licito que de vuestra famosa ciudad hayan salido salteadores,

los cuales vosotros jamas consentistes en vuestra clara republica en

los antiguos siglos, y me hayan robado á mí mi preciado caballo y á

mi fiel escudero su jumento, sobre quien trae las joyas y precios que

en diferentes justas y torneos he ganado ó podido ganar: por tanto,

si aquel valor antiguo ha quedado en vuestros coraçones de piadosos

romanos, dadnos aqui luego lo que se nos ha robado, juntamente con los

traidores que, estando nosotros á pie y descuidados, nos han ferido

de la suerte que veis; si no, yo os reto á todos por alevosos y hijos

de otros tales; y asi os aplaço á que salgais conmigo á singular

batalla uno á uno, ó todos para mí solo. Dieron todos, en oyendo estos

disparates, una grandisima risada, y llegandoseles un clerigo que más

discreto parecia, les rogó callasen; que él, poco más ó menos, conocia

la enfermedad de aquel hombre, y le haria dar de sí con entretenimiento

de todos; y tras esto y el universal silencio que los circunstantes

le dieron, se llegó á don Quixote diziendo: V. m., señor caballero,

sabranos dezir las señas de los que le han descalabrado y hurtado

ese caballo que dize; porque dando aqui á los ilustres consules

los malhechores, no solamente seran por ellos castigados, sino que

justamente se le volverá á v. m. todo lo que se hallare ser suyo. Don

Quixote le respondió: Al que hizo batalla conmigo, dificultosa cosa

será hallarlo, porque á mi parecer dixo que era el valeroso Orlando

el Furioso, ó por lo menos el traidor de Bellido de Olfos. Rieronse

todos; pero Sancho, que estaba cargado con su albarda á cuestas, dixo:

¿Para que es menester andar por zorrinloquios? El que derribó á mi amo

con una pedrada, es un hombre que guardaba un melonar; moço lampiño,

de barba larga, con unos mostachos rehondidos, á quien Dios cohonda:

este le hurtó á mi señor el rocin, y á mí me ha llevado el jumento; que

más quisiera me hubiera llevado las orejas que veo. Mosen Valentin,

que asi se llamaba el clerigo, acabó de conocer de que pie coxqueaban

don Quixote y su escudero; y asi, como era hombre caritativo, dixo

á don Quixote: V. m., señor caballero, se venga conmigo, y este su

moço; que todo se hará á su gusto. Llevoles luego á su casa, y hizo

acostar á don Quixote en una harto buena cama, y llamó al barbero del

lugar, que le curase los chichones que tenia en la cabeça, aunque no

eran heridas de mucho peligro; mas como vió don Quixote al barbero,

que ya le queria curar, le dixo: Huelgo mucho en extremo ¡oh maestro

Elicebad! en haber caido hoy en vuestras venturosas manos; que yo sé

y he leido que vos las teneis tales, juntamente con las medicinas y

yerbas que á las heridas aplicais, que Avicena, Averroes y Galeno

pudieran venir á aprender de vos. Asi que, ¡oh sabio maestro! dezidme

si estas penetrantes feridas son mortales; porque aquel furioso Orlando

me hirió con un terrible tronco de encina, y asi es imposible no lo

sean; y siendolo, os juro por el orden de caballeria que profeso,

de no consentir ser curado hasta que tome entera satisfaccion y

vengança de quien tan á su salvo me hirió á traicion, sin aguardar

como caballero á que yo metiese mano á la espada. El Clerigo y el

Barbero, que semejantes razones oyeron dezir á don Quixote, acabaron

de entender que estaba loco; y sin responderle, dixo el clerigo al

barbero que le curase y no le respondiese palabra, por no darle nueva

materia para hablar. Despues que fue curado, mandó Mosen Valentin que

le dexasen reposar; lo cual se hizo asi. Sancho, que habia tenido la

candela para curar á su amo, estaba reventando por hablar; y asi, en

viendose fuera del aposento, dixo á Mosen Valentin: V. m. ha de saber

que aquel Girnaldo el furioso me dió, no sé si era con la mesma encina

que dió á mi amo, ó con alguna barra de oro; y si haria, pues dizen

dél está encantado, y segun me duelen las costillas, sin duda me debió

de dexar alguna endiablada calentura en ellas; y es de suerte mi mal,

que en todo mi cuerpo, que Dios haya, ninguna cosa me ha dexado en

pie sino es, cuando mucho, alguna poquilla gana de comer; que si esta

me quitara, al diablo hubiera yo dado á todos los Roldanes, Ordoños y

Claras del mundo. Mosen Valentin, que entendió el apetito de Sancho,

le hizo dar de cenar muy bien, mientras él iba á informarse de quien

seria el que llevó á don Quixote el caballo y á Sancho su jumento; y

averiguado quien les hizo el asalto, dió orden en cobrar y volver á su

casa á Rocinante con el jumento, al cual, como vió Sancho, que estaba

sentado al çaguan, se levantó de la mesa, y abraçandolo le dixo: ¡Ay

asno de mi alma! tú seas tan bien venido como las buenas pascuas, y

detelas Dios á tí y á todas las cosas en que pusieres mano, tan buenas

como me las has dado á mí con tu vuelta; mas dime, ¿como te ha ido á tí

en el cerco de Zamora con aquel Rodamonte, á quien rodado vea yo por

el monte abaxo, en que Satanás tentó á nuestro Señor Jesucristo? Mosen

Valentin, que vió á Sancho tan alegre por haber hallado su asno, le

dixo: No se os dé nada, Sancho; que cuando vuestro asno no pareciera,

yo, por lo mucho que os quiero, os diera una burra tan buena como él,

y aun mejor. Eso no podia ser, dixo Sancho, porque este mi jumento me

sabe ya la condicion y yo sé la suya, de suerte que apenas ha començado

á rebuznar, cuando le entiendo, y sé si pide cebada ó paja, ó si quiere

beber ó que le desalbarde para echarse en la caballeriza; y en fin, le

conozco mejor que si le pariera. Pues ¿como, dixo el clerigo, señor

Sancho, entendeis vos cuando el jumento quiere reposar? Yo, señor

Valentin, respondió Sancho, entiendo la lengua asnuna muy lindamente.

Riyó el clerigo mucho de su respuesta, y mandó que le diesen muy buen

recado asi á él como á su jumento y á Rocinante, pues ya don Quixote

reposaba; lo cual fue hecho con mucha puntualidad. Despues de cena

llegaron otros dos clerigos, amigos de Mosen Valentin, á su casa,

á saber como le iba con los huespedes; el cual les dixo: Por Dios,

señores, que tenemos con ellos el mas lindo pasatiempo agora en esta

casa, que se puede imaginar; porque el principal, que es el que está

en la cama, se finge en su fantasia caballero andante como aquellos

antiguos Amadis ó Febo, que los mentirosos libros de caballerias

llaman andantes; y asi, segun me pareze, él piensa con esta locura ir

á las justas de Çaragoça y ganar en ellas muchas joyas y premios de

importancia; pero goçaremos de su conversacion los dias que aqui en

mi casa se estuviere curando, y aumentará nuestro entretenimiento la

intrinseca simplicidad deste labrador á quien el otro llama su fiel

escudero. Tras esto començaron á platicar con Sancho, y preguntole

punto por punto de todas las cosas de don Quixote; el cual les contó

todo lo que con él habia pasado el otro año, y los amores de Dulcinea

del Toboso, y como se llamaba don Quixote de la Mancha, y agora el

Caballero Desamorado para ir á las justas de Çaragoça; y á este compas

desbuchó Sancho todo lo que de[14] don Quixote sabia; pero rieron mucho

con lo de los galeotes y penitencia de Sierra Morena y encerramiento de

la jaula, con la cual acabaron de entender lo que don Quixote era, y

la simplicidad con que Sancho le seguia, alabando sus cosas. De suerte

que estuvieron en casa de Mosen Valentin casi ocho dias Sancho y don

Quixote, al cabo de los cuales, pareciendole á él que estaba ya bueno y

que era tiempo de ir á Çaragoça á mostrar el valor de su persona en las

justas, dixo un dia, despues de comer á Mosen Valentin: A mí me parece,

¡oh buen sabio Lirgando! pues por vuestro gran saber he sido traido y

curado en este vuestro insigne castillo sin tenerlo servido, que ya es

tiempo de que con vuestra buena licencia me parta luego para Çaragoça,

pues vos sabeis lo mucho que importa á mi honra y reputacion; que si

la fortuna me fuere favorable (y sí será siendo vos de mi parte), yo

pienso presentaros alguna de las mejores joyas que en ellas hubiere,

y la habeis de recebir por me hazer merced: solo os suplico que no me

olvideis en las mayores necesidades, porque muchos dias ha que el sabio

Alquife, á cuya cuenta está el escribir mis fazañas, no lo he visto, y

creo que de industria haze el dexarme solo en algunos trabajos, para

que asi aprenda dellos á comer el pan con corteça, y me valga por mi

pico, como dizen: por tanto, yo me quiero partir luego á la hora; y si

sois servido de enviar conmigo algun recado en mi recomendacion á la

sabia Urganda la desconocida, para que si fuere herido en las justas,

ella me cure, me hareis muy grande merced en ello. Mosen Valentin,

despues de haberle escuchado con mucha atencion, le dixo: V. m., señor

Quijada, se podrá ir cuando fuere servido; pero advierta que yo no

soy Lirgando, ese mentiroso sabio que dize, sino un sacerdote honrado

que, movido de compasion de ver la locura en que v. m. anda con sus

quimeras y caballerias, le he recebido con fin de dezirle y aconsejarle

lo que le haze al caso, y advertirle á solas, de las puertas adentro

de mi casa, como anda en pecado mortal, dexando la suya y su hacienda,

con aquel sobrinito que tiene, andando por esos caminos como loco,

dando nota de su persona, y haziendo tantos desatinos; y advierta que

alguna vez podrá hazer alguno por el cual le prenda la justicia, y

no conociendo su humor, le castigue con castigo público y publica

deshonra de su linage; ó no habiendo quien le favorezca y conozca,

quiçá por haber muerto alguno en la campaña, tomado de su locura, le

cogerá tal vez la Hermandad, que no consiente burlas, y le ahorcará,

perdiendo la vida del cuerpo, y lo que peor es, la del alma: tras que

anda escandaliçando, no solamente á los de su lugar, sino á todos los

que le ven ir desa suerte armado por los caminos; si no, v. m. lo vea

por el dia en que entró en este pueblo, como le seguian los muchachos

por las calles como si fuera loco, diziendo á vozes: ¡Al hombre

armado, muchachos, al hombre armado! Bien sé que v. m. ha hecho lo que

haze, por imitar, como dize, á aquellos caballeros antiguos Amadis y

Esplandian, con otros que los no menos fabulosos que perjudiciales[15]

libros de caballerias fingen, á los cuales v. m. tiene por autenticos

y verdaderos, sabiendo, como es verdad, que nunca hubo en el mundo

semejantes caballeros, ni hay historia española, francesa ni italiana,

á lo menos autentica, que haga dellos mencion; porque no son sino una

composicion ficticia, sacada á luz por gente de capricho, á fin de dar

entretenimiento á personas ociosas y amigas de semejantes mentiras; de

cuya licion se engendran secretamente en los animos malas costumbres,

como de los buenos buenas; y de aqui nace que hay tanta gente ignorante

en el mundo, que viendo aquellos libros tan grandes impresos, les

parece como á v. m. le ha parecido, que son verdaderos, siendo, como

tengo dicho, composicion mentirosa: por tanto, señor Quijada, por la

pasion que Dios pasó, le ruego que vuelva sobre sí y dexe esa locura

en que anda, volviendose á su tierra; y pues me dize Sancho que v. m.

tiene razonablemente hacienda, gastela en servicio de Dios y en hazer

bien á los pobres, confesando y comulgando á menudo, oyendo cada dia

su misa, visitando enfermos, leyendo libros devotos y conversando con

gente honrada, y sobre todo con los clerigos de su lugar, que no le

dirán otra cosa de lo que yo le digo; y verá con esto como será querido

y honrado, y no juzgado por hombre falto de juizio, como todos los de

su lugar y los que le ven andar desa manera le tienen; y más, que le

juro por las ordenes que tengo, que iré con v. m., si dello gusta,

hasta dexarle en su propria casa, aunque haya de aqui á ella cuarenta

leguas, y aun le haré todo el gasto por el camino, porque vea v. m.

como deseo yo más su honra y el bien de su alma, que v. m. proprio;

y dexe esas vanidades de aventuras, ó por mejor dezir, desventuras;

que ya es hombre mayor: no digan que se vuelve á la edad de los

niños, echandose á perder á sí y á este buen labrador que le sigue,

que tan poco ha cerrado la mollera como v. m. Sancho, que á todo lo

que Mosen Valentin habia dicho habia estado muy atento, sentado sobre

la albarda de su caro jumento, dixo: Por cierto, señor licenciado,

que su reverencia, tiene muchisima razon, y lo proprio que v. m. le

dize á mi señor, le digo yo y le ha dicho el cura de mi tierra; y

no hay remedio con él, sino que habemos de ir buscando tuertos por

ese mundo. El año pasado y este jamas habemos hallado sino quien nos

sacuda el polvo de las costillas, viendonos cada dia en peligro de

perder el pellejo por los grandes desaforismos que mi señor haze por

esos caminos, llamando á las ventas castillos, y á los hombres, á unos

Gaiteros, á otros Guirnaldos, á otros Bermudos, á otros Rodamontes, y

á otros diablos que se los lleven; y es lo bueno que son ó meloneros ó

arrieros ó gente pasagera, tanto que el otro dia á una moça gallega de

una venta, hecha una picarona, que me brindaba por cuatro cuartos con

los que sacó del vientre de su madre, llamaba á boca llena la infanta

galiciana, y por ella aporreó al ventero, y nos pensamos ver en un

inflicto de la maldicion; y creame v. m., y plegue á santa Barbara,

abogada de los truenos y relampagos, que si miento en cuanto digo,

esta albarda me falte á la hora de mi muerte; y tengo quebrada la

cabeça de predicarle sobre estos avisos; pero no hay remedio con él,

sino que quiere que aunque me pese le siga, y para ello me ha comprado

este mi buen jumento, y me da cada mes por mi trabajo nueve reales y

de comer; y mi muger que se lo busque, que asi hago yo, pues tiene tan

buenos cuartos. Don Quixote habia estado cabizbaxo á todo lo que Mosen

Valentin y Sancho Pança habian dicho; y como quien despierta, començó

á dezir desta manera: Afuera pereça. Mucho, señor Arçobispo Turpin, me

espanto de que siendo vueseñoria de aquella ilustre casa del emperador

Carlos, llamado el Magno por excelencia, pariente de los Doze Pares de

la noble Francia, sea tanta su pusilanimidad y cobardia, que huya de

las cosas arduas y dificultosas, apartandose de los peligros, sin los

cuales es imposible poderse alcançar la verdadera honra. Nunca cosas

grandes se adquirieron sin grandes dificultades y riesgos; y si yo me

pongo á los presentes y venideros, solo lo hago como magnanimo, por

alcançar honra para mí y cuantos me sucedieren; y esto es licito, pues

quien no mira por su honra, mal mirará por la de Dios; y asi, Sancho,

dame luego á la hora mis armas y caballo, y partamos para Çaragoça; que

si yo supiera la cobardia y pusilanimidad que habia en esta casa, nunca

jamas la ocupara; pero salgamos della al punto, porque no se nos apegue

tan mala polilla. Sancho fue luego á ensillar á Rocinante y albardar

juntamente su rucio; pero el buen clerigo, que vió tan resuelto y

empedernido á don Quixote, no le quiso replicar más; antes estaba

escuchando todo cuanto dezia á cada pieça que Sancho ponia del arnes,

que eran cosas graciosisimas, ensartando mil principios de romances

viejos sin ningun orden ni concierto; y al subir en el caballo dixo

con gravedad: Ya cabalga, Calainos, Calainos, el infante:--y luego,

volviendose á Mosen Valentin, con su lança y adarga en la mano, le dixo

con voz arrogante: Caballero ilustre, yo estoy muy agradecido de la

merced que en este vuestro imperial alcazar se me ha hecho á mí y á mi

escudero: por tanto mirad si yo os soy de algun provecho para hazeros

vengado de algun agravio que algun fiero gigante os haya hecho; que

aqui está Mucio Cevola, aquel que sin pavor ni miedo, pensando matar

al Porsena que tenia cercada á Roma, puso intrepido su desnudo braço

sobre el brasero de fuego, dando muestras en el hecho, de tan grande

esfuerço y valentia, cuanto las dió de corrimiento en la causa dél; y

estad cierto que os haré vengado de vuestros enemigos tan á vuestro

sabor, que digais que en buena hora me recebisteis en vuestra casa.--Y

diziendole tras esto se quedase con Dios, sin aguardar respuesta,

dió de espuelas á Rocinante; y llegando á la plaça, en viéndole los

muchachos començaron á gritar: ¡Al hombre armado, al hombre armado!--Y

seguido dellos, pasó adelante á medio galope, hasta que salió del

lugar, dexando maravillados á todos los que le miraban. El bueno de

Sancho enalbardó su jumento, y subiendo en él, dixo: Señor Valentin

yo no le ofrezco á v. m. peleas como mi amo ha hecho, porque más sé

de ser apaleado que de pelear; pero yo le agradezco mucho el servicio

que nos ha hecho: por muchos años lo pueda continuar. Mi lugar se

llama el Argamesilla: cuando yo esté allá, estaré aparejado para helle

toda merced, y mi muger Mari-Gutierrez sé de cierto que le besa á v.

m. las manos en este punto. Sancho hermano, dixo Mosen Valentin, Dios

os guarde; y mirad que os ruego que cuando vuestro señor vuelva á su

tierra, vengais por aqui; que sereis vos y él bien recebidos, y no

haya falta. Respondió Sancho: Yo se lo prometo á v. m.; y quedese con

Dios; y plegue á la señora santa Agueda, abogada de las tetas, que

viva v. m. tan largos años como vivió nuestro padre Abraham. Començó

tras esto con toda priesa á arrear su asno, y pasando por la plaça,

le cercaron los jurados y todos los que en ella estaban, por reir un

poco con él; el cual, como los vió juntos, les dixo: Señores, mi amo

va á Çaragoça á hazer unas justas y torneos reales; si matamos alguna

gruesa de aquellos gigantones ó Fierablases, que dizen hay allá muchos,

yo les prometo, pues nos han hecho servicio de volvernos á Rocinante

y al rucio, de traelles una de aquellas ricas joyas que ganaremos y

una media dozena de gigantones en escabeche; y si mi amo llegare á ser

(que sí hará, segun es de valiente) rey, ó por lo menos emperador, y

yo tras él me viere papa ó monarca de alguna iglesia, les prometemos

de hellos á todos los deste lugar, cuando menos canonigos de Toledo.

Dieron todos con el dicho de Sancho una grandísima risada, y los

muchachos que estaban detrás de todos, como vieron que los jurados y

clerigos hazian burla de Sancho, el cual estaba caballero en su asno,

començaron á silbarle, y juntamente á tirarle con pepinos y berenjenas,

de suerte que no bastaron todos los que alli estaban á detener su

furia; y asi á Sancho le fue forçoso baxar del asno y darle con el

palo muy aprisa, hasta que salió del lugar y topó á don Quixote, que

le estaba esperando, el cual le dixo: ¿Que es, Sancho? ¿Que has hecho?

¿En que te has entretenido? Respondió Sancho: ¡Oh, reniego de los

çancajos de la muger de Job! ¿Como se vino v. m. y me dexó en las manos

de los caldereros de Sodoma? Que le prometo, asi yo me vea arçobispo

de aquella ciudad que me prometió el año pasado, que me agarraron en

yendose v. m., entre seis ó siete de aquellos escribas y fariseos, y

me llevaron en casa del boticario, y me echaron una melecina de plomo

derretido, tal, que me haze venir despidiendo perdigones calientes por

la puerta falsa, sin que pueda reposar un punto. No se te dé nada, dixo

don Quixote; que ya vendrá tiempo en que nos hagamos bien vengados de

todos los agravios que en este lugar por no conocernos nos han hecho;

pero ahora caminemos para Çaragoça, que es lo que importa; que alli

oirás y verás maravillas.

[14] En la edición primera falta la preposición _de_.

[15] En la primera edición, _por judiciales_.

El Quijote apócrifo · 第 16 / 58 题