A la hora fijada en la invitación, los dueños de la casa deben estar
en el salón, dispuestos a recibir a sus comensales.
La puntualidad de estos permitirá a la señora hacer las
presentaciones que considere oportunas.
Las señoras se quitan los abrigos en el gabinete destinado al objeto
o en la antesala, donde habrá un criado o mejor una doncella.
Una señora no debe presentarse en el salón con el abrigo puesto.
Los caballeros dejarán sus gabanes y sombreros en la antesala o en el
guardarropa respectivo. Deben llevar frac y corbata blanca, excepto
el Jueves y Viernes Santo, que puede usarse la corbata negra. Los
caballeros no han de llevar guantes; las señoras sí, y no se los
quitan sino después de sentarse a la mesa.
En los grandes convites un criado permanece en el recibimiento para
anunciar a los convidados conforme van llegando.
En las pequeñas comidas, o en las casas en que solo hay un criado o
una doncella, este o esta guiará y anunciará a los convidados.
La señora o las señoras han de entrar en el salón precediendo al
caballero acompañante: sería de mal gusto que un caballero y una
señora entrasen de frente, y más aún dándose el brazo.
Los dueños de la casa se adelantarán para estrechar la mano a cada
convidado que llegue.
Las señoras que van entrando en el salón se sientan inmediatamente.
Los caballeros permanecen de pie, formando grupos en la sala; pero
podrán sentarse los que hayan llegado primero.
Si una señora recién llegada conociese a alguno de los convidados
presentes, en vez de pasar inmediatamente a saludarle esperará una
oportunidad para darle la mano, contentándose, por de pronto, con una
ligera inclinación de cabeza o sonrisa si la persona conocida fuese
señora, o con una reverencia si caballero. En tal caso este irá a dar
la mano a la recién llegada, a no estar conversando con otra señora.
En un pequeño convite, si los invitados no se conociesen mutuamente,
la señora de la casa hará la presentación recíproca de los de rango
más elevado.
En los grandes convites no hará tal cosa, a no tener motivos
especiales para presentar a personas determinadas.
El criado anuncia la comida abriendo de par en par la puerta de la
sala y diciendo en voz alta y clara: «La comida está servida.»
Hará este anuncio cuando sepa que han llegado ya todos los convidados
que se esperan.
Dado que alguno tardase algo más de lo regular, si el dueño no estima
oportuno aguardar, entonces el criado hará el anuncio mencionado.
Únicamente será lícito aguardar algún rato más en el caso de que la
persona esperada sea una señora o un caballero de rango muy elevado.