Ocupan los banquetes el primer lugar entre los varios alicientes que
la sociedad ofrece, tanto por la frecuencia con que se dan como por
la significación social que se les atribuye y el aprecio que a los
concurrentes merecen.
Una invitación a comer implica mayor grado de estimación o de amistad
para con el convidado que el invitarle a cualquier otra reunión, y
constituye el cumplido más efectivo que en sociedad pueda una persona
ofrecer a otra.
Un banquete es, además, una demostración de cortesía fácil
de devolver, circunstancia que por sí sola basta para darle
superioridad sobre todas las demás atenciones.
No hay patente más válida en la buena sociedad que la reputación de
dar buenas comidas, pues además de revelar buena posición social
en el anfitrión, es medio eficaz para ensanchar el círculo de las
relaciones y consolidar las adquiridas.
En las buenas comidas no solo ha de ser perfecta la parte material
_culinaria_, sino que es preciso que nada deje que desear el arreglo
general, la colocación de los invitados y la observancia de la
etiqueta para con ellos.