El anfitrión o el caballero más próximo a la puerta, la abre para dar
paso a las señoras, que vuelven a la sala en el mismo orden con que
salieron de ella, siendo la última, la dueña de la casa.
Siguen inmediatamente los caballeros, si el dueño está ausente, de lo
contrario, suelen permanecer unos minutos más en el comedor, antes de
pasar al salón a dar conversación a las señoras.
Unos veinte minutos después de terminado el almuerzo, se despiden los
convidados.
Después del almuerzo se sirve el café y té en una pieza separada,
tomándolo las señoras sentadas y los caballeros de pie, sirviéndolo
las señoritas de la casa, que es lo más propio, o bien la dueña. Una
vez tomado el té o café, los caballeros recogen las tazas de las
señoras, y no los criados. Del licor que se sirve después del café
solo ha de tomarse una copa.
Es contrario a todas las reglas de la galantería y a la
consideración que merecen las señoras, el fumar mientras estas estén
presentes, si no media mucha intimidad con la dueña de la casa y esta
insiste para que se fume. En cambio, las señoras corresponden a esta
deferencia no prolongando su permanencia en la sala para dejar a los
hombres en libertad de fumar.
[Ilustración]
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