Un joven no necesita tratar de etiqueta a sus amigos íntimos, y
no importa mucho que deje de mandarles tarjetas; mas si quiere
pertenecer a la sociedad y desea conservar las relaciones que vaya
adquiriendo, debe mostrarse muy atento respecto a este asunto.
Por regla general, un soltero ha de dejar tarjetas para el señor y la
señora de la casa con quienes está relacionado, tan pronto como sepa
que la familia ha llegado al punto donde él se encuentra; y si es él
quien ha estado ausente por algún tiempo, tan luego como regrese.
Un caballero no dejará tarjeta para las hijas solteras, ni para
ninguna parienta hospedada, a menos que sea una señora casada, en
cuyo caso dejará una para esta y otra para su esposo.
Respecto a las nuevas relaciones, hay que advertir que un caballero
no debe dejar tarjeta para una señora casada o que represente la
casa en la que haya sido presentado, por más afable y benévola que
haya estado con él, a no ser que ella le invite expresamente a que
la visite, en cuyo caso dejará tarjeta no solo para la señora, sino
también para su marido o padre, aunque le sean desconocidos.
Si fue presentado a una señorita, tampoco podrá dejarle tarjeta sin
que le ofrezca ocasión de cultivar las relaciones la madre o persona
encargada, nunca la señorita misma.
Un caballero invitado a una comida, baile u otra diversión en casa
de una relación nueva, sea por la señora a quien recientemente fue
presentado, ora por mediación de un amigo común, debe ir a dejar su
tarjeta el día después del convite, haya o no asistido a él.
También irá a dejarla, aunque la relación no sea nueva, para
agradecer la fineza; pero en este caso bastará que lo haga dentro de
la semana, sin olvidar que la presteza avalora la cortesía.
Estas tarjetas se entregarán sin preguntar si la señora está en casa,
menos cuando la invitación fue para una comida, en cuyo caso se
procede como en visita.
Cuando es un soltero quien da el convite, observan ese mismo
ceremonial de las tarjetas los conocidos de poca intimidad, pero
no los amigos, que, por lo general, se encuentran con bastante
frecuencia para poder prescindir de la etiqueta de visitas y
tarjetas. De suerte que si uno va a ver a un amigo a quien no
encuentra en casa y le deja tarjeta, esto es más bien una prueba de
que desea verle que una muestra de fina atención.
La persona convidada a una reunión en casa de un conocimiento nuevo,
directamente, o por mediación, puede continuar pasando tarjetas en un
plazo razonable; mas si no se corresponde a ellas, deberá entender
que no han de continuar las relaciones.
Al llegar una señora a la ciudad, después de una ausencia larga,
dejará inmediatamente tarjeta a sus conocidas y amigas. Mas si,
atendida la brevedad de la expedición, no creyó oportuno despedirse,
reanudará el tarjeteo en el punto en que lo encuentre.
Es evidente que al llegar a cualquier punto o al regresar de una
expedición, la iniciativa de tarjetas o visitas corresponde al recién
llegado, no a sus conocidos, que en la generalidad de los casos
ignoran su llegada.
Si una señora hace visitas en coche, manda el lacayo a preguntar si
la señora de la casa recibe.
En caso negativo, la visitante entrega al criado dos tarjetas, una
propia dedicada a la señora y otra de su marido, doblada por el
centro.
Una señora únicamente deja tarjeta para otra señora.
Dado que una señora de rango superior corresponda a una tarjeta con
una visita, preguntando si la señora está en casa, su proceder es
de buena etiqueta y se considera como cumplido. Pero si pagase una
visita solo con tarjeta, significaría deseo de que las relaciones
sean muy superficiales.
La señora que corresponda con visita a una tarjeta, dejada por otra
señora de superior clase, cometerá una infracción de la etiqueta.
De aquí se infiere cuán importante es saber si la persona que dejó
tarjeta preguntó antes si la señora estaba en casa, en cuyo caso la
tarjeta equivale a una visita.
No debe apuntarse en la tarjeta el nombre de la persona a quien
se destina, a menos que esta se hospede en una fonda de mucha
concurrencia.
Si una señorita tiene que ir sin su padre o su madre a dejar tarjeta
en casas de conocidas o amigas, y la persona en cuya casa reside o
la acompaña no está relacionada con la familia objeto de la visita,
entregará una tarjeta que contenga su propio nombre debajo del de su
madre, borrando este con lápiz para indicar que no iba con ella.
La señora que va a visitar a una amiga en casa de personas
desconocidas, únicamente por aquella ha de dejar tarjeta. Pero por
poco que conozca a la dueña de la casa dejará otra para esta en su
primera visita, sin repetirlo en las sucesivas si son frecuentes.
Una señora presentada a otra en ocasión de una comida o un té,
no debe aventurarse a mandarle tarjeta sin haberla encontrado en
sociedad varias veces y sin tener la seguridad de que el deseo de
relacionarse es recíproco. No obstante, si una de ellas es de clase
elevada, puede tomar la iniciativa, bien mandando tarjeta a la otra,
bien rogándole que vaya a verla. Si son iguales en categoría, el buen
sentido aconsejará lo conveniente; mas, en todo caso, la visita debe
hacerse dentro de la misma semana.
Las personas de igual condición social dejan tarjetas o hacen
visitas, según deseen relaciones de cumplido o de amistad,
correspondiendo siempre la otra parte de la misma manera: a visita
con visita, a tarjeta con tarjeta.
Un forastero, aunque de rango superior, no puede ir primero a visitar
a un residente, pues debe esperar a que este tome la iniciativa.
Si el forastero no gusta de continuar las relaciones, las
interrumpirá no repitiendo la visita, y si deseare interrumpirlas,
pagará las visitas con tarjetas solamente.
Cuando una señora hace una visita puramente de negocio, debe entregar
su tarjeta al criado para que la pase a su amo o señora; pero tal
proceder, muy correcto en este caso, sería altamente impropio en
cualquier otra ocasión, estando en casa la señora.
Luego que se recibe una esquela participando un casamiento, un
bautizo o una defunción (estas dos últimas van pasando de moda), hay
que enviar tarjeta dentro de los ocho días siguientes a su recepción,
si no hay bastante confianza para hacer una visita a la persona que
tal atención tuvo.
A una esquela participando un casamiento, sin invitación para
asistir a la misa, no se envía más que una tarjeta, aunque se esté
emparentado con la familia.
Si una persona que reside en población distinta de la nuestra nos
envía una carta participando algún acontecimiento, es preciso
corresponder con otra de felicitación o de pésame, según el caso.
Al amigo o conocido que acaba de distinguirse por un hecho notable,
un triunfo artístico, literario o algo que le ponga en evidencia, se
le mandan tarjetas en señal de felicitación.
Deben enviarse tarjetas al salir de una enfermedad a todas las
personas que durante ella se han interesado enviando la suya o
mandando a preguntar por el paciente.
Cuando una persona a quien se trata, escribe solicitando caridad con
motivo de una colecta de la cual está encargada, se le manda el
donativo acompañado de una tarjeta bajo sobre.
Al marcharse de una población se envían tarjetas, escribiendo al
pie S. D. (se despide); puede añadirse el punto a donde se va, en
particular cuando no es la residencia habitual.
[Ilustración]
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