Viviendo el hombre en sociedad, procura cumplir los deberes que esta
le impone con la menor molestia posible; y como todos están sujetos
a las mismas reglas y sienten igual deseo, de aquí las fórmulas
convencionales que suplen ciertas obligaciones de sociedad.--Entre
ellas la principal es la tarjeta, que suple las visitas, equivaliendo
en determinados casos a estas con todas sus ventajas y sin ninguno de
sus inconvenientes.
Desde la segunda mitad del siglo pasado se han generalizado tanto,
que bien merecen capítulo aparte y que se fijen las reglas que la
costumbre ha ido estableciendo. Respecto a tamaño, el capricho de la
moda impera, pero a pesar de ella, hay algo que permanece fijo, y en
ese algo nos fundamos para marcar las dimensiones que deben tener, lo
cual no quiere decir que quien siga la moda caiga en ridículo.--La
costumbre de doblar las tarjetas no es fija, pues mientras unos la
doblan por el medio, otros doblan un ángulo o dos, si hay en la
familia varias personas con quien deseen cumplir. Lo último da a las
tarjetas feo aspecto, y por esto en buena sociedad se va aclimatando
la primera manera de doblarlas. El tarjeteo puede degenerar en abuso,
teniendo ya este carácter el del primer día del año; pero aunque
así sea, fuera falta de atención no corresponder con tarjeta a las
personas que envían la suya, pues el querer introducir innovaciones
podría tomarse por descortesía.