Es necesario felicitar por escrito o personalmente al amigo que
acaba de ser elevado a un alto cargo o ha sido agraciado con
alguna honorífica distinción; si no hay intimidad, conviene que la
felicitación no revele apresuramiento, porque entonces podría parecer
oficiosa e interesada. En cambio, al amigo que cae en desgracia se le
visitará inmediatamente, porque así se le demuestra sincera amistad.