Siempre indignada Venus contra Telémaco, pide a Júpiter que le
destruya; pero no permitiéndolo los hados concierta con Neptuno que
le aleje de Ítaca adonde Adoam le conducía. Válense para ello de una
engañosa divinidad que haga al piloto Acamas entrar a toda vela en
el puerto de Salento, creyendo arribar a la isla deseada. Entran con
efecto, y el rey Idomeneo recibe a Telémaco en su nueva corte a tiempo
que estaba preparando un sacrificio a Júpiter por el éxito de la
guerra que tenía con los mandurianos. Consultadas por el sacerdote las
entrañas de las víctimas, da al rey las esperanzas más halagüeñas y le
persuade de que será deudor de su felicidad a los dos nuevos huéspedes.
[Ilustración]