Refiere Telémaco que el sucesor de Boccoris volvió todos los
prisioneros tirios: que él mismo fue conducido a Tiro en el navío de
Narbal, comandante de la armada tiria, y la pintura que este le hizo
de Pigmalión su rey, temible por su avaricia. Refiere también que
Narbal le instruyó en los reglamentos de comercio de Tiro y que ya iba
a embarcarse en un navío de Chipre para dirigirse por esta isla a la
de Ítaca cuando descubrió Pigmalión que era extranjero y quiso ponerle
preso: que estuvo entonces a pique de perecer; pero que Astarbé, dama
del tirano, le libertó haciendo morir en su lugar a un joven que la
tenía irritada porque había despreciado su amor.
[Ilustración]