[Ilustración]
El Traductor.
La primera traducción que hice de esta obra y publiqué en 1832, tuvo
por objeto no solo facilitar su lectura a las personas que careciesen
del conocimiento de la lengua francesa, sino presentar su texto vertido
literalmente en lo posible, a fin de que los que se dedicasen a
aprender aquella tuviesen mayor facilidad para traducir con exactitud,
sin incidir en la pésima locución que tan general se ha hecho para
el vulgo de traductores, que sin poseer la española, ni comprender
bien la francesa, han corrompido el original y afeado la primera por
medio de una locución defectuosa, adulterando sus modismos propios;
porque traducciones hay en que no se ha hecho otra cosa que calcar las
palabras, sustituyendo la material significación de las voces españolas
a las que encontraron en el original, de lo que, a más de hacer
desagradable la lectura, han resultado frases ininteligibles.
El público ilustrado tuvo la bondad de apreciar mi trabajo consumiendo
la primera edición; y siendo necesaria otra, me he creído obligado a
corregirla, o más bien a hacerla de nuevo; pues ya había desaparecido
el principal objeto de la primera. Aquella tuvo el indicado: esta solo
el de presentar a los conocedores de ambas lenguas una obra de que era
sensible careciese nuestra literatura, obra eminente y así considerada
en todos los países; y más sensible aún que en las traducciones
anteriores se hubiesen cometido tantos y tan graves errores.
Paréceme, pues, haber demostrado el objeto y necesidad de esta
publicación; mas no se crea tenga el orgullo y la vana presunción de
haber traducido bien: no. Por más que nada he omitido para verificarlo,
consultando todas las publicadas en inglés e italiano y el parecer de
personas instruidas y conocidas por su alto concepto literario; no por
ello creo haber hecho otra cosa que mejorar las anteriores, las cuales
juzgo no pueden compararse en nada con el presente fruto de mis tareas.