JUANITO. Pero si se han sentado tres curas...[154]

DON GONZALO. ¡Pues que se levanten!... ¿Se levantan, Juanito?

JUANITO. ¡Qué se han de levantar![155] Allí están de charla.

DON GONZALO. Como si los hubieran pegado al banco... No; si cuando los

curas cogen un sitio... ¡cualquiera los echa![156] Ven por aquí,

Juanito, ven por aquí.

_Se encamina hacia la derecha resueltamente. Juanito lo sigue._

DOÑA LAURA. _Indignada._ ¡Hombre de Dios!

DON GONZALO. _Volviéndose._ ¿Es a mí?

DOÑA LAURA. Sí, señor; a usted.

DON GONZALO. ¿Qué pasa?

DOÑA LAURA. ¡Que me ha espantado usted los gorriones, que estaban comiendo

miguitas de pan!

DON GONZALO. ¿Y yo qué tengo que ver con los gorriones?

DOÑA LAURA. ¡Tengo yo!

DON GONZALO. ¡El paseo es público!

DOÑA LAURA. Entonces no se queje usted de que le quiten el asiento los

curas.

DON GONZALO. Señora, no estamos presentados. No sé por qué se toma usted

la libertad de dirigirme la palabra. Sígueme, Juanito.

_Se van los dos por la derecha._

DOÑA LAURA. ¡El demonio del viejo! No hay como llegar a cierta edad para

ponerse impertinente. _Pausa._ Me alegro; le han quitado aquel banco

también. ¡Anda! para que me espante los pajaritos.[157] Está furioso...

Sí, sí; busca, busca. Como no te sientes en el sombrero...[158]

¡Pobrecillo! Se limpia el sudor... Ya viene, ya viene... Con los pies

levanta más polvo que un coche.

DON GONZALO. _Saliendo por donde se fué y encaminándose a la

izquierda._ ¿Se habrán ido los curas, Juanito?

JUANITO. No sueñe usted con eso, señor. Allí siguen.

DON GONZALO. ¡Por vida...! _Mirando a todas partes perplejo._ Este

Ayuntamiento, que no pone más bancos para estas mañanas de sol... Nada,

que me tengo que conformar con el de la vieja. _Refunfuñando, siéntase

al otro extremo que doña Laura, y la mira con indignación._ Buenos días.

DOÑA LAURA. ¡Hola! ¿Usted por aquí?

DON GONZALO. Insisto en que no estamos presentados.

DOÑA LAURA. Como me saluda usted, le contesto.

DON GONZALO. A los buenos días se contesta con los buenos días, que es

lo que ha debido usted hacer.

DOÑA LAURA. También usted ha debido pedirme permiso para sentarse en este

banco, que es mío.

DON GONZALO. Aquí no hay bancos de nadie.

DOÑA LAURA. Pues usted decía que el de los curas era suyo.

DON GONZALO. Bueno, bueno, bueno... se concluyó. _Entre dientes._

Vieja chocha... Podía estar haciendo calceta...

DOÑA LAURA. No gruña usted, porque no me voy.

DON GONZALO. _Sacudiéndose las botas con el pañuelo._ Si regaran un

poco más, tampoco perderíamos nada.

DOÑA LAURA. Ocurrencia es: limpiarse las botas con el pañuelo de la nariz.

DON GONZALO. ¿Eh?

DOÑA LAURA. ¿Se sonará usted con un cepillo?

DON GONZALO. ¿Eh? Pero, señora, ¿con qué derecho...?

DOÑA LAURA. Con el de vecindad.

DON GONZALO. _Cortando por lo sano._ Mira, Juanito, dame el libro;

que no tengo ganas de oír más tonteras.

DOÑA LAURA. Es usted muy amable.

DON GONZALO. Si no fuera usted tan entrometida...

DOÑA LAURA. Tengo el defecto de decir todo lo que pienso.

DON GONZALO. Y el de hablar más de lo que conviene. Dame el libro, Juanito.

JUANITO. Vaya, señor. _Saca del bolsillo un libro y se lo entrega.

Paseando luego por el foro, se aleja hacia la derecha y desaparece._

_Don Gonzalo, mirando a doña Laura siempre con rabia, se pone unas gafas

prehistóricas, saca una gran lente, y con el auxilio de toda esa

cristalería se dispone a leer._

DOÑA LAURA. Creí que iba usted a sacar ahora un telescopio.

DON GONZALO. ¡Oiga usted!

DOÑA LAURA. Debe usted de tener muy buena vista.

DON GONZALO. Como cuatro veces mejor que usted.

DOÑA LAURA. Ya, ya se conoce.

DON GONZALO. Algunas liebres y algunas perdices lo pudieran atestiguar.

DOÑA LAURA. ¿Es usted cazador?

DON GONZALO. Lo he sido... Y aún... aún...

DOÑA LAURA. ¿Ah, sí?

DON GONZALO. Sí, señora. Todos los domingos, ¿sabe usted? cojo mi

escopeta y mi perro, ¿sabe usted? y me voy a una finca de mi propiedad,

cerca de Aravaca... A matar el tiempo, ¿sabe usted?

DOÑA LAURA. Sí; como no mate usted el tiempo... ¡lo que es otra

cosa![159]

DON GONZALO. ¿Conque no? Ya le enseñaría yo a usted una cabeza de jabalí

que tengo en mi despacho.

DOÑA LAURA. ¡Toma! y yo a usted una piel de tigre que tengo en mi sala.

¡Vaya un argumento!

DON GONZALO. Bien está, señora. Déjeme usted leer. No estoy por darle a

usted más palique.[160]

DOÑA LAURA. Pues con callar, hace usted su gusto.

DON GONZALO. Antes voy a tomar un polvito. _Saca una caja de rapé._

De esto sí le doy. ¿Quiere usted?

DOÑA LAURA. Según. ¿Es fino?

DON GONZALO. No lo hay mejor. Le agradará.

DOÑA LAURA. A mí me descarga mucho la cabeza.

DON GONZALO. Y a mí.

DOÑA LAURA. ¿Usted estornuda?

DON GONZALO. Sí, señora: tres veces.

DOÑA LAURA. Hombre, y yo otras tres: ¡qué casualidad!

_Después de tomar cada uno su polvito, aguardan los estornudos haciendo

visajes, y estornudan alternativamente._

DOÑA LAURA. ¡Ah... chis!

DON GONZALO. ¡Ah... chis!

DOÑA LAURA. ¡Ah... chis!

DON GONZALO. ¡Ah...chis!

DOÑA LAURA. ¡Ah... chis!

DON GONZALO. ¡Ah... chis!

DOÑA LAURA. ¡Jesús!

DON GONZALO. Gracias. Buen provechito.

Doña Clarines y Mañana de Sol · 第 48 / 72 题